miércoles, 10 de junio de 2026

EN EL TIEMPO

                Pensaba en el tiempo, esa palabra que es indefinición pero a su vez concreción, dependiendo del momento, otra palabra indefinida e imprecisa que puede decir sin decir. Tantas palabras que dicen sin decir, que dicen pero no dicen nada, que no dicen pero que con gestos dicen. Y ahora que lo pienso, no existe en español una palabra que designe el amor que un hombre puede sentir por su perro.[1] 

Comprendió, también, otras cosas, pero estas cosas estaban más allá de las palabras inmediatas, en un terreno de intuición parecida a la intuición de la fe[2] 

Y en peor situación nos colocamos cuando tenemos el concepto, la noción, la imagen, pero no encontramos la palabra, esa que se evapora en el momento en que más la necesitamos, la que nos hace ver como olvidadizos, como desmemoriados, como ridículos seres que han olvidado el léxico. Que nos deja en ridículo, pero que se queda allí atornillada en el pasado sin querer venir al presente inmediato, en el que la necesitamos, con urgencia, así sea en conversación insulsa. La memoria tiene la capacidad maravillosa de acordarse del olvido, de su existencia y su acecho, y así nos permite mantenernos alerta cuando no queremos olvidar y olvidar cuando lo preferimos[3]. Maravillosa memoria me digo, esa traicionera a la que no se le debe creer, del todo. Cuando quiere nuestra atención, la memoria suele apelar a la distorsión o al engaño[4]. 

El pasado se le figuró a Mallarino como una criatura acuosa de contornos imprecisos, una suerte de ameba engañosa y deshonesta que no se puede investigar, pues, al volver a buscarla en el microscopio, nos encontramos con que ya no está, y sospechamos que se ha ido, y comprendemos enseguida que ha cambiado de forma y resulta imposible reconocerla. Porque si ella no sabe, usted tampoco. De manera que las certezas adquiridas en algún momento del pasado podían dejar de ser certezas con el tiempo: algo podía suceder, un hecho fortuito o voluntario, y de repente toda evidencia quedaba invalidada, lo verdadero dejaba de ser verdadero, lo visto dejaba de haber sido visto y lo ocurrido de haber ocurrido: perdía su lugar en el tiempo y en el espacio; era devorado y pasaba a otro mundo, o a otra dimensión de nuestro mundo, una dimensión que no conocíamos. ¿Pero dónde estaba? ¿Adónde se iba el pasado cuando cambiaba? ¿En qué pliegues de nuestro mundo se escondían, cobardes y avergonzados, los hechos que habían sido incapaces de permanecer, de seguir siendo ciertos a pesar del deterioro que les imprimía el tiempo, de ganarse su lugar en la historia de los hombres? Porque si ella no sabe, usted tampoco[5]. 

Y qué decir de La memoria de los otros: ¡cuánto daría en este momento por una entrada a ese espectáculo! Allí, pensó Mallarino, tenían origen nuestra insatisfacción y nuestras tristezas: en la imposibilidad de compartir con los otros la memoria[6] 

Y era así, Uno podía engañarse con la idea de que siempre recordaba las cosas importantes, pero no era así. Uno recordaba lo que no había olvidado, fuera importante o no[7] 

Vuelvo al tiempo, esos tres estadios que hemos aprendido, presente, pasado y futuro y resulta curioso que siempre les mencionamos en ese orden, nunca en el orden temporal: ayer, hoy y mañana, siempre presente, pasado y futuro, aunque siempre recordando y el recordar es pasado, siempre vislumbrando y vislumbrar es horizonte y el pensar en ello es presente, que pasa sin advertencia. Para una tribu indígena de Paraguay, o quizás era de Bolivia, el pasado es lo que está delante de nosotros, porque podemos verlo y conocerlo, y el futuro, en cambio, es lo que está detrás: lo que no vemos ni podemos conocer. El meteorito siempre viene por la espalda, no lo vemos, no podemos verlo. Hay que verlo, verlo venir y hacerse a un lado. Hay que ponerse de cara al futuro. Es muy pobre la memoria que sólo funciona hacia atrás[8]Quiero saber de quién es mi pasado, dijo Borges[9] y si él se lo preguntó quién soy yo para volver a hacerlo, si no siquiera sé qué es de mi presente, aunque de mi futuro, a mi edad, ya lo preveo, en la distancia, es cierto, pero más cerca de lo planeado. 

—Qué desastre —dijo Angie—. Toda una vida resumida en… Se puso a buscar la palabra adecuada.
—Nada —le ayudé[10].
 

No hagas preguntas que tu pequeño cerebro no pueda responder. (Dijo dios)[11].

Foto JHB



[1] La mirada de Humilda - Alonso Sánchez Baute

[2] Las reputaciones. Juan Gabriel Vásquez.

[3] Las reputaciones. Juan Gabriel Vásquez.

[4] Canciones para el incendio. Juan Gabriel Vásquez.

[5] Las reputaciones. Juan Gabriel Vásquez.

[6] Las reputaciones. Juan Gabriel Vásquez.

[7] Los amantes. John Connolly.

[8] Las reputaciones. Juan Gabriel Vásquez.

[9] «All your yesterdays» citado en Canciones para el incendio. Juan Gabriel Vásquez.

[10] La última causa perdida. Dennis Lehane.

[11] Desapareció una noche. Dennis Lehane

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