Siempre me ha llamado la atención la humildad colombiana, en un principio propio de los paisas (Medellín la mejor ciudad del mundo; Antioquia el ombligo del mundo; las mejores telas, las mejores cosas, todas paisas), sí, siempre los primeros en todo y esa maña se nos pegó a todos los colombianos, ya nos creemos que somos los primeros en todo. Hasta ya casi, si es que no es ya, somos los primeros en casi todo, o eso replican los noticieros.
Y no sigo, basta con un amén, hermanos!
Pero los niños ven las cosas del mundo por los
ojos de la inocencia, bañadas por una luz y un candor que no son sino la imagen
más dulce de su verdadera semblanza. Que luego viene la vida a poner a cada uno
en su sitio y a templar los ánimos con desencantos y padecimientos, para
hacerles salir del engaño que habían traído y vengan a ennoblecerse y
endurecerse como el más puro acero.[5]
[2] —En el campo, cualquier cosa es
siempre señal de un crudo invierno —dijo James—, basta con que la gente lo
repita lo suficiente para acabar teniendo razón algún año. Agatha Raisin y la
boda sangrienta. Marion Chesney.
[3] Dice
Wikipedia: Fue
un posadero deshonesto y malintencionado
que regentaba una hospedería en el Ática (según
algunas versiones, a las afueras de Eleusis) en
la que asaltaba y robaba a sus huéspedes. Fue uno de los malhechores muertos
por Teseo.
Procusto tenía su casa en las colinas, donde ofrecía posada al viajero solitario. Allí
lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro donde, mientras el viajero dormía,
lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la víctima era alta y
su cuerpo era más largo que la cama, procedía a aserrar las partes del cuerpo
que sobresalieran: los pies y las manos o la cabeza. Si, por el contrario, era
de menor longitud que la cama, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo
(de aquí viene su nombre). Según otras versiones, nadie coincidía jamás con el
tamaño de la cama porque Procusto poseía dos, una muy larga y otra demasiado
corta, o bien una de longitud ajustable. Procusto continuó con su reinado de
terror hasta que se encontró con el héroe Teseo, quien invirtió el juego, retando
a Procusto a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama.
Cuando el posadero se hubo tumbado, Teseo lo amordazó y ató a la cama y, allí,
lo torturó para «ajustarlo» como él hacía a los viajeros, cortándole a hachazos
los pies y la cabeza.
[4] Sigue
Wikipedia: El
«lecho de Procusto» es una forma proverbial o norma arbitraria para
la que se fuerza una conformidad exacta. Se aplica también a aquella falacia pseudocientífica en
la que se tratan de deformar los datos de la realidad, para que se adapten a
una hipótesis preconcebida.
[5] El cautivo. Jesús Sánchez Adalid.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Para ser incluido en entregas personalizadas pueden solicitarse en: jhernandezbayona@gmail.com