Recopilando pensamientos ajenos me vi ante una
larga lista y cada uno de ellos llevaba a la reflexión, si es que hay tiempo
para ello en estos tiempos modernos o, mejor, si hay reflexión en estos
tiempos, pues nos hemos convertido en unos culiprontos que nos limitamos a leer,
si nos impacta por ser una verdad, un chisme, una mala mentira. También muchos
de ellos, de los pensamientos ajenos, dicen verdades que no queremos aceptar,
que nos llevan a pensar que eso ya lo había pensado yo o que simplemente fueron
otros tiempos que retornaron sin darnos cuenta.
Para la muestra un botón:
—Las normas… Los buenos tenemos demasiadas y
los malos casi ninguna.
Cuánta
razón, cuántas veces no hemos visto la injusticia presente y nos sentimos
impunemente desamparados, sin lograr entender la verdad de la frase. Nunca
he comprendido que dejen en libertad a alguien por buen comportamiento. Si
estás en prisión, ¿no debes comportarte bien todo el tiempo?
Igualmente deprimente.
La verdad! —Montserrat Martorell hizo un gesto
que casi podía ser de fastidio—. Los jóvenes tienen una obsesión por ella que
resulta casi ingenua. ¿Usted cree que el mundo podría funcionar a base de
verdades? Le diré una cosa, agente Castro: la sinceridad es un concepto
sobrevalorado en nuestros días. Y hay otros que lamentablemente han perdido su
vigor, como la lealtad, la obediencia. El respeto a unas normas que llevan años
funcionando mejor o peor. No, agente Castro, no es la verdad lo que sostiene el
mundo. Piénselo.
—Creo
que el mundo al que se refiere ya no existe —repuso Leire casi con tristeza.
—¿No?
—preguntó, con una sonrisa irónica—. Mire a su alrededor. ¿Usted cree que la
gente que va por la calle, la gente normal, sabe toda la verdad? No. Hay cosas
a las que las personas normales, como usted y como yo, no podemos tener acceso.
Es así, siempre lo ha sido, por mucho que ahora se crean con derecho a
saberlas. Si lo lleva a otra escala, más pequeña, verá que también se aplica en
los hogares, en las familias… Cuando tenga a su hijo se dará cuenta de que la
verdad no es importante si choca contra otros valores como la seguridad, la
protección. Y lo quiera o no, tendrá que decidir por él. Para eso es su madre:
para trazarle un camino seguro y evitar que sufra.
Por eso había roto su mutismo,
porque como la abuela le decía a veces: «Mejor que una se arrepienta de lo que
ha hecho que de lo que no se ha atrevido a realizar». Violeta no era cobarde,
de eso estaba segura; sólo era prudente.
Y cambiando de tema: Podemos
aprender a prolongar la vida de los hombres mucho más de lo que hoy parece
posible; pero si hay alguna verdad en la física moderna, y más particularmente
en la segunda ley de la termodinámica, no podemos esperar que la especie humana
dure eternamente. Algunas personas podrán encontrar lúgubre esta conclusión,
pero si somos honrados con nosotros mismos, tendremos que admitir que lo que
suceda dentro de muchos millones de años no tiene mayor interés emocional para
nosotros ahora. Y la ciencia, mientras reduce nuestras pretensiones cósmicas,
aumenta nuestra comodidad terrena. Es por esto que, a pesar del horror de los
teólogos, la ciencia en general haya sido tolerada.
Pensando en la modernidad y en lo solos que
nos vamos sintiendo, resulta que Mientras la fábrica representa la
organización económica determinada por el industrialismo, las pequeñas casitas
representan el aislamiento social a que aspira una población individualista.
Donde el alto valor del suelo hace deseable la construcción de grandes
edificios, éstos tienen una unidad meramente arquitectónica, no social; son
bloques de oficinas, casas de apartamentos u hoteles cuyos ocupantes no forman
una comunidad, como los monjes en un monasterio, sino que tratan, en todo lo
posible, de permanecer ignorantes de la existencia de los demás.
Y con ello llegó hasta el cambio de la forma
de hablar, porque no sé por qué ni cuando el idioma se volvió ofensivo,
naturalmente para aquellos idiotas que no entendieron. Aunque hoy día ya
nadie decía «barriada pobre», claro. Ahora lo llamaban Zona Céntrica
Desfavorecida, como si el eufemismo pudiera borrar la mugre, la violencia y la
desesperación. Los fariseos hablaban sin parar de pobreza, pero nadie se moría
de hambre, a excepción de los pensionistas ancianos que no eran lo bastante
duros para exigir los subsidios que les correspondían. Era una pobreza del
alma, en la que la imaginación se alimentaba con vídeos violentos, bebida y
drogas.
Y de esa forma también
nos enseñó a convivir con el otro mal de la humanidad, la corrupción. El
periódico rebosaba tal grado de corrupción que era extraño que el papel no se
pudriera: dos policías detenidos por tráfico de drogas, una investigación
federal sobre el procedimiento de las últimas elecciones al Senado, sospechas
sobre un exgobernador.
A los idiotas de la prensa no les importa que algo sea verdad, pero necesitan
que sea posible. Vivimos de eso. Crecimos gracias a la idiotez ajena, ¡no la
nuestra!
Desafortunadamente Lo que nos diferencia
del mono es una guerra interna, secreta y despiadada. Por un lado sabemos que
todo lo que hagamos en la vida será en vano. Por otro lado, somos conscientes
de que no podríamos vivir sin hacer algo. ¿Paradoja? Nada de eso. La fuerza que
nos mueve, la pasión, vive gracias a estos dos ejércitos en lucha constante.
Por eso, tal vez La transmisión
del fútbol en diferido debería incluirse como materia en la Universidad de
Filosofía y Letras de cada ciudad del mundo. Y es que esta práctica muestra
—como ninguna otra— la textura del alma humana: una mitad de nosotros es
crédula y tiene esperanzas (el alma), mientras que la otra desconfía, se
encierra y quiere encontrar las verdades concretas del mundo (la razón).
Viendo este mundo tan traslocado
vengo a entender que Suicidarse es un derecho humano. —¿Un derecho humano?
¿Eso opina? La doctora se miró las manos. —No me gustan nada esos terapeutas
que dicen al paciente: Has de entender que la muerte no es la solución. Claro
que es la solución para la persona en cuestión. El que algunos elijan la muerte
es una consecuencia lógica y clarísima de nuestra capacidad de elección, y una
solución que el ser humano ha conocido y algunos han elegido en todos los
tiempos.
Antes, a toda esta gente le quedaba únicamente la opción de matarse. Era
imposible para ellos pensar que encontrarían, en su barrio, en su ciudad, a
otros con las mismas aficiones descarriadas. La gente, cara a cara, no es muy
dada a hablar sobre sus patologías. Lo que propicia Internet no es sólo una
comunicación global en donde todos los locos pueden encontrarse buscándose en
Google, sino también la oportunidad de hablar sin los velos que existen en el
mundo real.
Después de nuestra escueta pero intensa
conversación, ella se marchó igual que había venido, sigilosa, serena y
discreta, y yo continué viviendo pausado, apoyando mi mano sobre mi bastón de
madera, caminando despacio, mirando al cielo en la soledad acompañada de los
que ya partieron precediéndome en el viaje final que anhelaba emprender,
sintiendo en el rostro esa brisa que viene de Oriente de mis últimos amaneceres.
Tomado de Facebook
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