Para iniciar vale la pena decir que Mercator fue un cartógrafo del siglo XVI, cuando no había internet ni satélites orbitales y lo que hizo, dentro de sus limitados recursos fue hacer el planisferio desde la visión de la época.
La propuesta de Togo ante la ONU de eliminar ese mapamundi porque África y particularmente Togo no se muestran del tamaño que son, demuestra una vez más la estupidez humana y una forma de perder el tiempo en estupideces habiendo cosas más importantes en este mundo lleno de guerras, hambre, ambición, tiranía, injusticias y falta de coherencia.
Esta vez, gracias a Togo, un pueblito africano diminuto y olvidado de Dios decidió dárselas de importante, distrayendo a la ONU de cosas importantes, aunque lo que resulta cierto es que la ONU no discute cosas importantes y parecería que su agenda actual no tiene mayor cosa qué hacer, a pesar de guerras, hambre, etcétera y mientras el planeta se incendia.
Pues Togo quería que el mapa de Mercator, de más de cuatrocientos años fuera cambiado como referente del mapamundi y en su deseo que tal mapa desapareciera del mundo de las referencias. Varias cosas qué advertir. Ya visto desde el espacio sabemos el tamaño real del planeta, el de cada uno de los países, con la precisión del caso, milímetro a milímetro. Con ello queda claro que el mapamundi de Mercator es hoy indiferente, es simplemente una obra de arte. El interés de Togo, además de distraer la atención y ser noticia mundial, era que África y el pueblito de Togo no se vieran tan chiquitos en el mapa. Togo puso la cáscara y el resto del mundo, para que no les tildaran de discriminadores, decidió: Apoyemos a los pobrecitos africanos que se quieren ver grandes, demostrando una vez más que las mayorías no siempre tienen la razón y que las democracias no es que estén funcionando bien. Pues bien, ganaron los negritos de Togo, qué más podía decir la ONU en su magnánima y magnífica sabiduría? No sé cuánto tiempo perdieron discutiendo la moción, ni cuánta plata gastaron en ello (y pensar que mientras tanto la UNICEF con su propaganda victimizante está recaudando fondos, no propiamente para la niñez sino para cubrir su propia burocracia). Pero ganó Togo, apareció en la prensa mundial, resurgió, como distractor de algo que no se aprecia a simple vista. Pero qué ganó? Es lo que me pregunto, un pueblo africano minúsculo (más grande es Antioquia), y según Wikipedia la corrupción del país es bastante, sin mencionar su atraso por culpa de ella misma[1].
Luego de escribir este blog me entero que el único que estuvo en contra de la decisión fueron los gringos, cosa curiosa. Y lo mejor, que sus argumentos concuerdan con los expuestos, por fin nos hemos puesto de acuerdo con los gringos[2].
Y como diría algún amigo mío: A quién putas le importa cómo se ve un país en el mapamundi? Eso me pregunto igualmente. Y pasadas unas semanas de la noticia, ésta pasó a la historia y con ello, Togo también pasó a la historia, se volvió otra vez invisible y ya nadie quiere saber de ellos, he ahí su victoria y Mercator, continuará formando parte de la historia.
Así son las cosas, qué se le va a hacer si la nimiedad está por encima de las cosas importantes.
Yo estaba
fracasando: ahora me parece evidente, pero entonces no me lo parecía tanto:
somos pródigos en mecanismos para rechazar esta evidencia.[3]
[1] A pesar de los
esfuerzos por promover el desarrollo económico y mejorar la gobernanza, la
corrupción en Togo sigue siendo un problema grave. Este problema impregna
diversos sectores, obstaculizando el progreso del país y erosionando la confianza pública. Informes de organizaciones
como Transparencia
Internacional sitúan sistemáticamente al país en puestos
relativamente bajos en los índices de percepción de la corrupción, lo que
subraya la gravedad de los desafíos que aún enfrenta la reforma anticorrupción.
Nepotismo y corrupción. El panorama político de Togo, marcado por un largo
período de gobierno monofamiliar, ha fomentado una cultura donde el clientelismo y el nepotismo prevalecen sobre la meritocracia .
[2] : Desviación de prioridades: Washington argumentó que
la Asamblea General dedicaba tiempo a discutir asuntos de los mapas del siglo
XVI y conceptos como "justicia cognitiva" o reparaciones históricas
en lugar de atender problemas globales urgentes de paz y prosperidad. Crítica
institucional: El representante estadounidense calificó la moción como un
distractor que resta credibilidad al trabajo de la organización.
[3] Canciones
para el incendio. Juan Gabriel Vásquez.
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