viernes, 6 de noviembre de 2026

LO QUE HAY QUE VER

                Cuando algo que normalmente está, no lo extrañamos, solo lo hacemos cuando nos hace falta (y no se tomen estas palabras como de libro de autoayuda, lejos de mí). Me refiero a que damos por normal, por corriente, tener constantemente luz, agua, gas, servicios públicos. El día en que por cualquier razón se nota su ausencia, así sea temporal, vemos las cosas de otro color. 

               En días pasados nos quitaron el gas (no por falta de pago, advierto). Al parecer hubo una fuga de gas, según pude averiguar, y cortaron el suministro en toda la torre. Qué vaina, pensé. Nada más. En el curso del día me fui encontrando con vecinos y como el tema del día era el del común, oí diferentes comentarios sobre la situación. 

-        Cuánto durará? Dijo alguno.

-        Y yo qué voy a hacer? Pensaron y dijeron varias vecinas.

-        Hasta cuándo será? Inquirió algún otro. 

Y así sucesivamente. Pero una en particular llamó mi atención. Una señora que venía sola, nadie a su alrededor que la pudiera oír o con quien estuviera departiendo y alcancé a oírla, luego de tirar la puerta de acceso con rabia, diciendo en voz alta: Qué desgracia, siempre pasa lo mismo, desgraciados. Quedé asombrado, porque no es común que suceda y menos ver a la rubicunda señora que lo decía de mala manera, de forma grosera a un indeterminado público que le tenía sin cuidado sus comentarios rabiosos. Se quejaba de tal manera para sí misma, brava, grosera, intolerante. Y por ese solo hecho me hice una imagen de lo que puede ser esa persona, la cual prefiero que esté bien lejos de mi entorno, porque es de las que envenenan porque ya están en su propia vida envenenadas. 

Me hizo pensar en que una sola actitud puede dibujar o desdibujar a una persona, llamando al rechazo tácito por ese solo hecho. 

Y eso me hizo acordar de otra señora del conjunto, con fama de conflictiva e intolerante, por su propia naturaleza, de esas que nunca saludan y que para evitarlo de antemano ponen mala jeta (se diría en mis tiempos), como si odiara a la humanidad. 

Pues coincidió que me la encontré en un ascensor, yo ya bajaba en él y ella se subió. Saludé por educación, aunque me enseñaron que el que entra es el que saluda, pero bueno, se hizo un silencio embarazoso como única respuesta. Simplemente me dije: vea pues. Y lo curioso es que una vez entró al ascensor lo primero que hizo fue voltearse para no verme, y lo hizo de tal forma que adoptaba su posición contra la pared del ascensor, como si estuviera castigada mirando a la pared. Ese hecho me llamó la atención y en principio pensé que era un movimiento para luego reacomodarse. Pero no, todo el camino lo hizo mirando a un rincón como si estuviera castigada. Al llegar al primer piso intenté cederle el paso, por educación, como me enseñaron, esas costumbres no he podido perderlas. Pero nada, siguió mirando hacia el rincón, como si siguiera castigada. Pues simplemente salí y de reojo vi que se quedaba allí quieta hasta que me vio alejándome y ahí sí salió. El que es no deja de ser, pensé. Pobre mujer (o mejor, pobre bruja), fue lo que pensé, con razón que nadie la quiere, hasta de pronto es una sociópata que no debería… vivir en comunidad, digo, preciso, tan malo no soy o sí? 

Personajes que uno se encuentra en la vida y de los que es mejor huir. Cómo una situación habla de la persona, concluí. 

La cara de la gente cambia cuando no tiene miedo. La cara de la gente dice muchas cosas.[1]

Tomado de Google



[1] Canciones para el incendio. Juan Gabriel Vásquez.

miércoles, 4 de noviembre de 2026

FASCISTAS

                Es el nuevo grito de guerra de todos los vándalos, los pobres, los manifestantes, los inconformes que no saben por qué lo son. Antes el grito era el de hijueputas, ahora se grita sin ton ni son el de fascista o facho cuando no se tiene más argumento para la pelea.

                Y me pregunto si alguno de ellos, de esos gritones de manifestación saben lo que es o lo que fue el fascismo[1]. Con la vejez se olvida lo aprendido en la universidad, por eso, para no quedar tan mal, refresco mis conocimientos con la ayuda de la IA de Google, que sabe mucho más que yo. Y me dice: es un movimiento político e ideología de extrema derecha, antidemocrática, ultranacionalista y totalitaria. Bajo este presupuesto la izquierda lo es, mírese China, Putin entronizado, el nicaragüense aquél que se dice socialista y se puede seguir con el resto de lista. Nótese que la palabra aplica ahora más a aquellos regímenes que nacieron directa o indirectamente del comunismo, salvo por lo de extrema derecha. Ese movimiento lo inventó Mussolini en Italia, anticomunista hasta el tuétano, en donde lo importante era el ultranacionalismo, el control estatal, el culto al líder y como colateral militarista y violento.

                Bajo estas premisas me pregunto si la palabra aplica en estas democracias (o lo que pensamos que fuera).

                Esos gritos de guerra ahora parecen fuera de lugar, pues lo importante es salir a gritar y vandalizar, escudándose en palabras que no tienen sentido y menos para el que grita[2], que simplemente grita por gritar sin pararse a pensar en lo que está gritando, de ahí que es más razonable salir a gritar: hijueputas, porque tiene más sentido, no en sentido literal, sino como ofensa que resulta más ofensiva o al menos así era en mi época.

                Pero así somos, qué le vamos a hacer. Al menos hoy, sin pelo y con canas, me es indiferente que me digan facho o nazi sabiendo que no lo soy, aunque me gustaría tener poder para poder darles chumbimba ventiada a todos esos vándalos. 

… gente despreocupada enfrascada en sus insignificantes asuntos.[3]

Tomado de Google



[1] Ahora que lo pienso, tampoco saben mucho cuando gritan o son nazis. Olviden lo de la pureza de la raza y se ven hasta negros siéndolos. Las cosas que hay que ver.

[2] Un caso curioso y es un solo ejemplo en Francia entre las grandes marchas de actualidad: Hubo otro grupo interesante. Un debate televisivo se difundió por miles en las redes. En él, una joven rubia defendía el vandalismo porque “tenemos hambre”. Decía que su madre, que es maestra, no comía en la cafetería del colegio y almorzaba con dos galletas (no creo que un maestro francés sufra de hambre). La controvertía otra mujer que había emigrado del Congo a los 9 años, vivió con su padre, durante once años, en diez metros cuadrados. Estudió, y hoy es una empresaria exitosa que estaba viendo cómo destruían su empresa. Las redes hicieron su magia y salió a la luz que la joven ‘con hambre’ era hija de un funcionario de la petrolera Shell. En sus redes había fotos de paseos en yate por el Mediterráneo, y en alguna llevaba un bolso que debió costarle 2.000 euros. Esa joven representa a otro grupo que crece, y que confluyó en las protestas. Francia tiene altos niveles de bienestar social: salud, educación, pensiones, semanas de 35 horas y vacaciones de cinco semanas, entre otras. Los jóvenes como ella se sienten culpables; los han convencido de que son opresores. Participan en protestas para expiar su culpa, su supuesta gran culpa. Moisés Wasserman. https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/quien-entiende-a-francia-3597235

[3] La ciudad que no descansa. Lincoln Child, Douglas Preston.

viernes, 30 de octubre de 2026

REPETICIÓN DE UNA MIRADA

                Recuerdo cuando la tecnología de internet y celulares llegó, cuando nuestros padres ya eran mayores (por no decir viejos) y nosotros, éramos mayores, pero no tan viejos. Y arrasó con los principios que ellos tenían de tiempos ancestrales (y que ya habían inoculado en nosotros, al menos un poco).

                Y nosotros, como dije, ya adultos, pero no tan viejos, nos vimos enfrentados a esos avances y aprendimos a manejarlos de cualquier manera hasta convertirlos en utensilios de diario uso y de fácil acceso, sin necesidad de preguntarnos ni comprender cómo funcionaban, qué tecnología había detrás de ellos, simplemente los aceptamos porque facilitaron nuestras vidas (y a la vez dificultaron otras, pues debe partirse de la premisa de que todo avance representa un lado bueno y otro malo).

                Pero lo curioso del caso es que una vez aprendimos nosotros (a las buenas o a las malas) terminamos criticando a esos padres que se veían incapacitados para asumir esa nueva realidad, la modernidad nuestra y no los comprendíamos ni los comprendimos. Me oigo decir: Pero mamá eso se lo he explicado mil veces, se espicha acá, se le da enter, se va acá y listo. Y además se lo escribí en un papelito, en dónde está?

                Ya idos ellos y nosotros viniendo a ocupar su espacio pareciera que estamos condenados a repetir la historia, a pesar de que nos habíamos acomodado a esa modernidad galopante. Nada más pensemos en un nuevo programa, app o como se diga al que accedemos por primera vez y ante la falta de comprensión acudimos a nuestros hijos o nietos, que ya saben más del tema, y ver la cara que ponen cuando pedimos su ayuda. Me acuerdo que, por cuestiones de edad, me tocó ponerle a la pantalla del celular una más letra grande y tuve que montar la app del banco para hacer una operación; empezaba diligenciando juiciosamente los pasos que indicaban pero llegaba al último y de ahí no podía pasar. Me tocó ir al banco para que me ayudaran ante mi imposibilidad (y eso que soy curioso en la materia tecnológica, digo en mi defensa) y el muchacho que me atendió, afortunadamente no daba con el chiste, hasta que cayó en la nota y simplemente le bajó el tamaño de la letra y se pudo ver el continuar para concluir la operación. Solo me quedó reírme de lo ridículo de la situación[1].

                Y con tanta tecnología me estrellé ante otra realidad. Iba de turista y en un restaurante me dicen que no reciben efectivo (que es lo único que trato de usar), dando a entender que ahora es pecado usar billetes y estar condenado de antemano. Que solo recibían nequi y yo no sé qué billeteras electrónicas. Eso me bloqueó y me dije, ahora sí que estamos jodidos. Luego caí en la nota que también recibían tarjetas débito y crédito, lo que me hizo recuperarme del asombro. Lento pero me iluminé.

                Con ello concluí que estaba viejo y fuera de circulación, pero me niego a usar todas esas apps de transferencia de dinero, sea por miedo o por desconfianza del sistema, porque ese fue otro vicio que me fue inoculado y que se vuelve realidad cuando uno se vuelve viejo. Jodidos estamos y tanto que criticamos a nuestros viejos padres, me digo, la historia se repite. Y con ello estoy pasado de moda y pronto los intransigentes hijos, hijos de su propio tiempo, ya no tendrán la paciencia para encaminarnos a la nueva modernidad y se desesperarán tanto como nos desesperamos nosotros al tratar de enseñar a nuestros padres sobre la modernidad de antaño, que era más simple que la de ahora, a pesar de que digan que hasta un niño lo puede hacer, por eso es que serán nuestros nietos los que nos enseñen, para que la historia pueda volver a repetirse. 

… te aconsejo que no seas tan apasionado. La vida es mucho más difícil que todo lo que se aprende en los libros. Hay que mirar también por uno mismo… Ya, ya te irán enseñando los años. Cuando se tienen sólo veinticinco todo se ve de color de rosa. Cuando se tienen más de setenta…[2] 

Tomado de Facebook
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[1] Y aquí entre nos, muy seriamente me dije a mí mismo: mucha güeva!

[2] La tierra sin mal. Jesús Sánchez Adalid

miércoles, 28 de octubre de 2026

TIEMPO

  

El tiempo es uno de los grandes misterios del universo. Todos nos vemos arrastrados en el río del tiempo contra nuestra voluntad. Alrededor del 400 d. C., san Agustín escribió extensamente sobre la naturaleza paradójica del tiempo: «¿Cómo pueden ser pasado y futuro, cuando el pasado ya no es, y el futuro no es todavía? Respecto al presente, si siempre hubiera presente y nunca llegara a convertirse en pasado, no habría tiempo, sino eternidad». Si llevamos más lejos la lógica de san Agustín vemos que el tiempo no es posible, puesto que el pasado se ha ido, el futuro no existe y el presente existe solo por un instante[1]. 

 Y eso por no hablar del tiempo tiempo, del que experimentamos en la vida cotidiana, que cité, si mal no recuerdo ya hace algún tiempo, de ese tiempo que va acompañado de sentimientos que son los indicadores de su duración, del tiempo de espera, si se tiene afán, si se tiene angustia, si se tiene deseo, en donde un segundo es eterno o simplemente tan efímero como una brisa de mar. 

Y pensar en la posibilidad de viajar en él que al parecer no es tan imposible como se cree, según la cuántica, a pesar de las dudas que también conlleva, basta con citar a Stephen Hawking (aunque parece que luego de dichas ha evaluado la otra posibilidad) que dijo: Si el viaje en el tiempo es posible, entonces, ¿dónde están los turistas que vienen del futuro? A lo que H.G. Wells respondió:

El viaje en el tiempo es contrario a la razón —dijo Filby—.

¿Qué razón? —dijo el Viajero en el Tiempo[2].

 Irónico no?

 Y si se pasa a la teoría de las cuerdas Los universos alternativos nos permiten explorar el mundo del «qué pasaría si» y sus deliciosas e intrigantes posibilidades[3]. Esa eterna dubitativa cuando se presentan alternativas y que uno termina preguntándose qué hubiera pasado si me hubiera casado con aquella otra, si hubiera aceptado ese otro empleo, si hubiera hecho eso otro. Pudiendo ver esos universos alternativos, que no sería uno adicional sino múltiples, en cuanto las alternativas fueran variadas, deberíamos darnos por satisfechos pues en alguno de ellos habríamos cumplido con el deseo íntimo que realmente soñamos y eso ya es un gran consuelo.

 Cualquiera diría que son reflexiones de un viejo pensionado al que nunca le gustaron las ciencias físicas ni matemáticas, pero que en su aburrimiento le dio por leer de todo un poco.

 Viaje al pasado, para qué? Viaje al futuro, para qué? Ser eterno ... Salvo que sea siendo rico, saludable y feliz. Tal vez por intereses mezquinos, avaricia, venganza…

  

Henry Miller escribió: «Hasta que aceptemos que la vida está fundamentada en el misterio, no aprenderemos nada».[4]

 

El universo no solo es más extraño de lo que suponemos. Es más extraño de lo que podemos suponer.

—¿Y a quién pertenece esa perla inmortal de conocimiento?

—A Heisenberg.[5]

Tomado de Google

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[1] Física de lo imposible. Michio Kaku.

[2] Citados en Física de lo imposible. Michio Kaku.

[3] Física de lo imposible. Michio Kaku.

[4] Versos para un muerto. Lincoln Child, Douglas Preston.

[5] Sin una gota de sangre. Lincoln Child, Douglas Preston.

lunes, 26 de octubre de 2026

DESPLAZADOS

                Somos un pueblo de desplazados desde que el hombre es hombre. Así se inició todo. En las cavernas algún forzudo dijo esto es mío y fue de él, incluida compañera. Ante tal valentía otro más allá dijo lo mismo y fue de él, así de simple nacería el sentimiento de pertenencia. Con el tiempo el primero sintió celos del otro que tenía algo que le gustaría tener y gritó esto es mío y fue suyo, luego de largo combate. Así nacería la envidia y el gusto de poder. 

               Y así evolucionaría la propiedad, sin título alguno, bastaba con un grito y un garrote bien mantenido. (Conste que no soy arqueólogo ni sociólogo pero, como ellos, me atrevo a formular mi hipótesis, respetable por demás, se podría decir, en estos tiempos en que la opinión del otro importa, de boca para afuera).

                Y pensándolo así debió suceder con los cavernícolas, si los hubo, en las Américas. Cuando ya fueron tribus, la una mirando recelosa a la otra más o menos semejante, se atrevió a gritar esto es mío y de ellos fue, luego de combates con garrote, naturalmente y así nacieron los imperios aztecas e incas y los de estas tierras. Hasta que llegaron los europeos con caballos y arcabuces y fueron ellos los que dijeron esto es mío y fue de ellos.

                Todo eso a su vez me hace pensar en cómo nos desplazamos unos a otros. En virtud de la guerra y la de la fuerza, que viene acompañada necesariamente de la envidia, el ansia de poder. Unos indios desplazando a otros y vienen unos europeos que les desplazan (y la misma historia allende los mares) y llegan otros que a su vez desplazan y se sienten fuertes y se independizan y llegan inmigrantes a desplazar al verse desplazados y así sucesivamente y todos esos hombres desplazaron la fauna original, de los que nunca se pudieron defender (el sentido ecológico hay que meterlo de alguna manera, siendo además cierto y ante la proliferación de poblados y ciudades los animales nativos fueron desplazados, sin tener parte en el asunto. Daño colateral se dice ahora).

                Pero hay un dato imperceptible con el transcurso de los siglos, cuando los europeos en tierras americanas se sintieron seguros de su posesión (arrancada, como dije, a la fuerza a sus tenedores originales, que a su vez se lo quitaron a otros tenedores y así sucesivamente) el esto es mío europeo requería de algo más que el dicho a viva voz. Necesitó de un papelito que así lo estipulara, el título de propiedad, tal vez porque ya nadie confiaba en nadie y el que tuviera el papelito era el que tenía el derecho, no importando cómo lo había obtenido.

                Toda esta perorata me vino a la cabeza al pensar en el desierto del Sáhara, será que allá hay títulos de propiedad que acreditan la pertenencia de alguna persona. El desierto tendrá dueño? Eso mismo pienso cuando estoy de paseo y veo esas cordilleras gigantescas y me pregunto si todas ellas ya tienen dueño. Tal vez no, pero nada más se sepa que hay petróleo o minas de tierras raras fijo que aparecerán los dueños o mejor los vivos que dirán: esto es mío. Hasta que alguien, si no lo ha hecho ya, se titule un pedazo de desierto o de cordillera.

 Eso me lleva a pensar en el hombre y su pobre sentido de propiedad. (Naturalmente lo dice alguien que no tiene un título de propiedad).

 

Hay cosas que desearía no haber visto.

—Ser testigo del mal es ser humano.[1] 

 

Tomado de Google




[1] La ciudad que no descansa. Lincoln Child, Douglas Preston.

viernes, 23 de octubre de 2026

ESPERANZA

                Viendo algún documental sobre la vida campesina oía a una niña expresar las esperanzas de vida que le gustaría tener. Conmovedor verla pero a la vez da tristeza al saber si algún día lograría al menos alguno de sus deseos.

                Eso me llevó a pensar en la esperanza, un mecanismo mental de defensa ante la realidad y me llevó al mundo de la sinonimia. Y me alentó a pensar en: afán, aliento, ambición, anhelo, ánimo, ansia, apetencia, aplomo, aspiración, avidez, brío, certeza, certidumbre, certitud, confianza, constancia, convencimiento, convicción, decisión, deseo, empeño, ensoñación, ensueño, entusiasmo, esperanza, estabilidad, evidencia, expectación, expectativa, fantasía, fe, fijeza, firmeza, gana, horizonte, ideal, ilusión, necesidad, oportunidad, optimismo, perspectiva, posibilidad, pretensión, promesa, quimera, resolución, sed, seguridad, sueño, suposición, tranquilidad, utopía. Vaya variedad de formas para expresarla y como toda autoayuda, obligarse a sonreír a pesar de la diversidad. 

               Pero para colmo, la RAE me bajó de la nube, como a todos cuando el horizonte se aleja en vez de acercase y me hizo pensar en aquella niña campesina: 

alimentarse alguien de esperanzas, Esperar con poco fundamento que se conseguirá lo deseado o pretendido.

dar esperanza o esperanzas a alguien, Darle a entender que puede lograr lo que solicita o desea,

qué esperanzas, para indicar la improbabilidad de que se logre o suceda algo. 

Así visto, qué esperanzas, a pesar de todos los sinónimos que pudieran cambiar las cosas. Bastan unas palabras para con ellas matar toda ilusión. 

"La vida ha sido una larga conversación con la soledad"[1]

miércoles, 21 de octubre de 2026

MUNDO CUÁNTICO

                No tanto para aprender sino para distraer mi cerebro con temas diferentes, me ha dado por leer física cuántica, escrita de manera amena e interesante por un físico, Michio Kaku, al que encontré por casualidad de la vida[1], con temas variados sobre las posibilidades de que algo de lo que se considera imposible pueda ser en un momento dado posible y no por comprobaciones de laboratorio sino a partir de las meras matemáticas (sobre recordar que soy negado para la matemáticas y para la física mucho más[2]). Lo que me hizo pensar que en cada época hay cuestiones que se consideran imposibles, pero ello ha obligado a los científicos a redefinir lo que entendían por «imposible». Como dijo en cierta ocasión sir William Osler, «las filosofías de una época se han convertido en los absurdos de la siguiente, y las locuras de ayer se han convertido en la sabiduría del mañana»[3].  

            Me acerqué a lo de la teoría de cuerdas, mundos paralelos y demás viendo a Sheldon, The Big bang theory, nada menos; ya pueden ver lo que es mi cultura. Y para mejorar el tema, me encontré el mejor resumen de los universos paralelos donde menos se puede pensar, en una novela, sí en una novela para colmo de las catalogadas negras[4] y en ella aprendí lo que no había encontrado en otras fuentes: 

La interpretación de los universos paralelos afirma que vivimos en un multiverso, un lugar en el que todos los resultados posibles de una acción están produciéndose de forma simultánea. El gato de Schrödinger está vivo en un mundo y muerto en otro. (…) Los acontecimientos que se producen en universos paralelos al nuestro no siempre cambian de manera tan drástica. Los físicos creen que los universos más similares al nuestro son los que existen más cerca de nosotros en el devenir del tiempo cuántico. Según la teoría de branas[5], esos universos están estratificados uno al lado del otro, como membranas, en un espacio dimensional más elevado. Están tan cerca que a veces se tocan y, de ese modo, se abre una ventana o portal entre ambos.[6]  

            Y de ser cierto, me gustaría saber de la vida del otro Juan, poder avistar, desde la hendidura de una persiana, sobre su vida cotidiana y saber si le debo envidiar o es él el que debería envidiarme o, a lo mejor, sea él el que me está avistando desde otro momento de nuestras vidas. 

Recuerden, todo es posible, en la dimensión desconocida, como anunciaba ese viejo programa[7]. 

Es prerrogativa de un loco decir verdades que nadie más dirá.
Shakespeare.[8]

Tomado de Facebook
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[1] Y realmente fue toda una casualidad, estaba tomando un expreso en alguna cafetería y la persona de al lado estaba leyendo un libro, cuya carátula me cautivó y haciéndome el pendejo logré ver el autor. Naturalmente lo consulté en el entretanto con mi doctor Google y las referencias que me dio sobre lo didáctico que eran sus libros me llevó a mi página de búsqueda de libros gratis, naturalmente, y allí estaban todos sus escritos y voilá, en las noches me entretengo con la física que, insisto, no entiendo pero que me llevan a la reflexión.

[2] Baste recordar que en 5º de bachillerato perdí física, (como cálculo, trigonometría y demás afines), pero para pasar física ese año el profesor nos dijo que si le traíamos todas las respuestas a los problemas del libro que teníamos, cuyo autor ya olvidé (aunque recuerdo que el de química era de un señor Quiñones) y como no era el único, sino que los vagos del salón éramos varios, logramos hacernos a una copia y de copia en copia logré pasar ese año física. A su turno, en 6º perdía creo que cálculo, no tenía ni idea de qué iba a estudiar, pero ya presintiendo la pérdida, un día me acerqué al profesor y me lo charlé y lo último que le dije, aún sin saber que estaba previendo el futuro, le dije que si iba a ser abogado para qué necesitaba el cálculo. Parece que la frase caló en él y me pasó o al menos no perdí esa materia, a Dios gracias.

[3] Citado en Física de lo imposible. Michio Kaku.

[4] Me dice la IA de Google: La novela negra (o roman noir / hard-boiled) es un subgénero de la literatura policial que trasciende la simple resolución de un misterio para retratar la corrupción social, la violencia y las zonas grises de la moral humana. A diferencia del policial clásico (en el que un detective brillante resuelve un enigma y se restablece el orden social), la novela negra expone un entorno urbano decadente donde las instituciones suelen estar corrompidas y la justicia es difícil o imposible de alcanzar.

[5] La teoría de branas es una extensión de la teoría de cuerdas que postula que nuestro universo es una "brana" tridimensional (o de 4 dimensiones contando el tiempo) que flota dentro de un espacio de dimensiones superiores llamado bulk. No entendí gran cosa, pero logré desentrañar que brana significa membrana.

[6] Sin una gota de sangre. Lincoln Child, Douglas Preston

[7] Si la memoria no me falla, algún capítulo de la Dimensión desconocida trataba algo parecido o pueden ser suposiciones de la memoria de un viejo. Vaya uno a saber.

[8] Citado en Física de lo imposible. Michio Kaku.

lunes, 19 de octubre de 2026

LIBROS

                Una pregunta que personalmente me ofende es cuando un periodista le pregunta a algún famoso qué libro le marcó en la vida.

                Me he hecho esa pregunta una y mil veces cada vez que la oigo pronunciar. A lo largo de mi vida he leído bastante y bastante es bastante, desde la juventud y ahora como pensionado desocupado con mayor razón. 

Y dicho eso, El poder del libro para expandir el alma, para construir el mundo y articular nuestra vida personal, nuestra intimidad, suele pasarnos desapercibido salvo en raras ocasiones, y cuando cobramos conciencia de su importancia, tampoco lo manifestamos. Hace mucho que el libro se ha convertido en algo natural, en un objeto cotidiano cuyas maravillosas cualidades no despiertan ni nuestro asombro ni nuestra gratitud. Del mismo modo que no somos conscientes del oxígeno que introducimos en nuestro organismo cada vez que respiramos ni de los misteriosos procesos químicos con los que nuestra sangre aprovecha este invisible alimento, tampoco advertimos la materia espiritual que absorben nuestros ojos y que nutre (o debilita) nuestro intelecto continuamente. Para nosotros, hijos y nietos de siglos de escritura, leer se ha convertido en otra función vital, una actividad automática, casi física, y el libro, que ponen en nuestras manos el primer día de escuela, se percibe como algo natural, algo que nos acompaña siempre, que forma parte de nuestro entorno, y por eso la mayoría de las veces lo abrimos con la misma indiferencia, con la misma desgana con la que cogemos nuestra chaqueta, nuestros guantes, un cigarrillo o cualquier otro objeto de consumo de los que se producen en serie para las masas. Cualquier artículo, por valioso que sea, se trata con desdén cuando puede conseguirse con facilidad, y sólo en los instantes más creativos de nuestra vida, cuando reflexionamos, cuando nos volcamos en la contemplación interior, conseguimos que lo que ha llegado a ser común y corriente vuelva a resultar asombroso.[1]  

               Antecedidas esas palabras de Zweig, me sigue carcomiendo la pregunta: Qué libros te han marcado. Para la IA debe entenderse como indagar por aquellas lecturas que dejaron una huella profunda en tu forma de pensar, sentir o ver la vida, más allá de que la historia haya sido solo entretenida. Siempre he llegado a la conclusión de que, en mi caso, al menos conscientemente, ninguno me cambió, ni me hizo diferente a lo que he podido ser. Sí he encontrado enseñanzas, frases muy particulares, he subrayado muchas hojas, he hecho anotaciones, me han inspirado, pero marcado mi vida, ninguno en particular y recuerdo que bajo esas premisas encuentro en este momento una cita: Siempre te acostarás sabiendo una cosa más[2]. Porque eso sí, no recuerdo un libro que no haya subrayado, que no me haya abierto los ojos a mi ignorancia y es curioso, he encontrado verdades en los libros menos esperados, en las novelas, por ejemplo, particularmente en la novela negra, quién lo creería. 

            De allí que termine pensando que esa pregunta es absurda, por no decir otra cosa. 

Los libros descienden de los libros como las familias descienden de las familias… Se parecen a sus padres, tal como los hijos humanos se parecen a sus padres; y sin embargo difieren de ellos tal como los hijos difieren, y se rebelan tal como los hijos se rebelan. [3]

Foto JHB (D.R.A.=



[1] Encuentro con libros. Stephen Zweig.

[2] El laberinto azul. Lincoln Child, Douglas Preston.

[3] Palabras de Virginia Woolf, La torre inclinada. Citadas en Viaje con un mapa en blanco. Juan Gabriel Vásquez.