En otra oportunidad
había hablado de lo que opinaba sobre el fútbol y a lo que su fanatismo
conducía y, como estamos en el mundial, me da pie para volver por el tema, sin
haber cambiado de opinión, aunque ahora lo hago desde otra perspectiva, creo.
Deporte de
caballeros, así lo conocí en mis lejanas épocas. Lo practiqué en su momento
pero el solo dar cabezazos a esa pelota tan dura me llevó a abandonarlo para
evitarme dolores de cabeza. Practiqué igualmente el microfútbol y las
banquitas, en donde la cabeza no era muy dada para ser usada. Supongo que por
lo corta de la cancha terminé aburrido dando empujones, en donde me di cuenta
que no era tan deporte de caballeros, sobre todo cuando el contrincante no era
demasiado caballero. Esa fue mi experiencia en el tema y a la larga me alegro
de no haber continuado porque seguro hubiera terminado con alguna fractura.
Ahora, el deporte
de caballeros lo trataré de acuerdo a sus integrantes. El árbitro, los
jugadores, los narradores deportivos y los seguidores, sin olvidar el llamado
cuerpo técnico.
El árbitro, los hay
parcializados, los ciegos, los que ven lo que les conviene y toman partido,
según el partido, aunque lo que es cierto es que la hinchada nunca está
conforme con ellos y los hijueputazos son corrientes contra ellos. Aunque hoy
el tal VAR es el árbitro final, pero como da para interpretaciones según la
FIFA, tampoco es confiable y en todo caso el hijueputazo se lo gana el árbitro,
no hay de otra.
Los jugadores y el
mismo cuerpo técnico. De caballeros no tienen ni el nombre. Desde que los
argentinos se inventaron el entrenamiento del teatro, de la zancadilla y de la
pantalla, el fútbol se pervirtió. Ver en los partidos cómo cae al suelo el
jugador contrario y el atacante malvado y este último hace la pantomima de
herido para que el árbitro crea que fue el otro el atacante y ver
adicionalmente a este mismo malandro levantarse como si nada nada más ve que el
juego siguió, es teatro de segunda. En este mundial vi toda guachada posible:
empujones, golpes malintencionados, zancadillas y hasta alguien que desgarró la
camiseta del contrincante con el fin de frenarlo y tumbarlo y naturalmente, el
árbitro no vio nada, ni con la prueba de la camiseta rota. Y cuando se ven
perdidos quién dijo miedo, jugar a matar; sin mencionar a los jugadores que
cada equipo tiene, el provocador, como ese uruguayo, creo que era, que mordía a
los contrincantes. Pero es el juego, dicen.
El narrador
deportivo, que es el gurú que nunca ha jugado un partido pero se las sabe todas
y puede demeritar o endiosar a cualquiera. Además de ser pervertidor del
idioma, parece que nunca hubieran estudiado lenguaje, dicen unas barbaridades
que la real academia debería oír y hacerles ver la corrupción a que llevan al
pueblo inculto por demás, pero es lo que hay. Bárbaros del idioma y fuera de
eso, supongo que para que no los critiquen, viven del eufemismo: Entró con
todo, por decir que le dio patada en las güevas. Pierna fuerte, por
decir que se están dando pata. No tenía de otra o no tenía opción, por
decir que tiró a matar o, para decir lo mismo dicen que es un partido
correoso o afirman que vale todo, así es el fútbol. Ahí lo
atendió, ya sabrán los fanáticos a qué se refieren. No entendí qué querían
decir canal de salida. Así es el fútbol, es lo que hay. Mientras el
árbitro no vea, vale todo.
Y los aficionados, sin mentar a los fanáticos, que se
las saben todas, son directores técnicos natos y gurús como los narradores, por
lo que no diré mayor cosa al respecto. Lo que me llamó la atención era verlos
en los estadios, al menos en los que Colombia jugó. Estadios de sesenta o
setenta mil espectadores y casi el 80% de ellos eran colombianos, deduje por el
color de las camisetas. Los colombianos nos quejamos de que no hay plata, que
estamos jodidos, pero tan jodidos que más de treinta mil compatriotas se fueron
para las extranjas. Sin ser economista deduzco que el costo de una semana por
tierras extranjeras, pasando de una frontera a otra, según donde jugara
(Méjico, Canadá, USA), cada persona ha gastado al menos treinta millones de
pesos, treinta millones que no es cualquier cosa, lo que incluye boletas,
avión, hospedaje, comida y si va en plan
familiar, multiplicar la suma correspondiente. De dónde sacaron esa fortuna? Y
si estamos tan jodidos no se pudieron ahorrar la platica viendo el partido por
televisión? (no es lo mismo, oigo decir. Allá cada cual, digo yo). De esa
cantidad de gente que viajó, no todos son ricos ni se pueden dar esos lujos,
pero de dónde sacaron la plata y cuántos años estarán endeudados los que no son
ricos, me sigo preguntando. Pero así somos los colombianos, jodidos pero
contentos.
Y sobre la FIFA y
demás federaciones, baste leer una columna de Samper Pizano,
Los golazos de la FIFA.
Qué más se puede
decir.
Dice
Rodrigo que felicitaciones, que ya estás donde tenías que estar. Que en este
país uno sólo es alguien cuando alguien más quiere hacerle daño.