lunes, 4 de mayo de 2026

OBSESIONES

                No hay tema que más me pique y al que procuro alejar como es el de la religión, lo habrán notado. Pero libro que leo, libro que de alguna manera me produce la piquiña de la iglesia, lo que me ha llevado a concluir que se está convirtiendo en obsesión.

                Esta vez fue el Vaticano, centro que consideramos de pureza, de caridad cristiana, de belleza estatal y leyendo La lápida templaria[1] fue la que me alborotó la obsesión. Un estado teocrático pequeñito, por no decir diminuto, pero que concentra un gran poder. Me permito transcribir lo que decía el autor, que al parecer tiene la misma mala leche que yo tocando este tema:

                El Estado vaticano es el más antiguo del mundo. Se remonta al siglo III, cuando el emperador Constantino concedió libertad de culto a los cristianos y reconoció a sus jerarquías. Hasta mediados del siglo XIX los territorios de la Iglesia se extendían a buena parte de Italia, pero en 1870 el naciente Estado italiano le arrebató casi todas sus posesiones, El Vaticano es el Estado más pequeño del mundo, poco más que una insignificante aldea de dos kilómetros cuadrados y menos de mil habitantes. Sin embargo continúa siendo un formidable centro de poder. La población católica del mundo, cuya jefatura espiritual retiene el jefe del Estado vaticano, asciende a casi novecientos millones de personas, un quinto de la población del planeta. Un quinto, cabe añadir, cuyo peso específico es mayor que el de los cuatro quintos restantes porque es mayoría en cinco países europeos y en toda Sudamérica y puede influir decisivamente en una docena de países igualmente importantes donde los católicos constituyen minorías significativas; por ejemplo, en Estados Unidos de América.

Eso otorga al jefe del Estado vaticano un inmenso poder. También una enorme responsabilidad.
La aldea vaticana se gobierna por una teocracia en la que la autoridad divina se encarna en un monarca absoluto, el papa, designado con carácter vitalicio por el Espíritu Santo, es decir, por el propio Dios, entre los miembros del Colegio Cardenalicio. Los cardenales son los príncipes de la Iglesia, su aristocracia. No existe un cupo fijo de cardenales, pero su número actual se aproxima a los ciento once. Ellos son, a un tiempo, electores y elegibles. La teocracia vaticana se viene manteniendo, no sin altibajos ciertamente, desde los tiempos de Constantino.
Algunos observadores ingenuos se han admirado de que, siendo la elección del papa inspirada por el propio Dios, el Espíritu Santo muestre especial predilección por los miembros de la Curia romana. Hace cuatro siglos que todos los papas son elegidos entre los treinta y tantos cardenales romanos, procedentes muchos de ellos de poderosas familias tradicionalmente vinculadas a la corte pontificia. En realidad, esta camarilla romana constituye el gobierno efectivo de la Iglesia. No se trata de un grupo uniforme. La Curia romana está dividida en distintas facciones que luchan solapadamente por el poder y se disputan el control de la política romana. Sólo forman un bloque monolítico cuando se trata de defender el interés común y de mantener sus privilegios de grupo. Al menos esto ocurría hasta muy recientemente. Ahora las cosas tienden a cambiar, quizá para que todo siga siendo igual.

La preeminencia histórica de los cardenales romanos resulta, por otra parte, lógica. Ellos residían en Roma, a la sombra del pontífice, en el mismo epicentro del poder donde se cocían las decisiones importantes, mientras que los ochenta y pico cardenales restantes se encontraban desperdigados por el ancho mundo, a cientos de kilómetros unos de otros, cada uno aislado en su diócesis. Apenas tenían ocasión de conocerse. Cuando se reunían en Roma, durante unos días, para la elección de un nuevo pontífice casi no podían hacer otra cosa que dejarse captar por alguna de las distintas facciones ya establecidas en la Curia romana. El resultado era que salía elegido un miembro de esa Curia. Los «vaticanólogos» aseguran que sólo modernamente, cuando las comunicaciones han permitido que los cardenales del mundo se conozcan y puedan constituir sus propios grupos, se ha observado cierta tendencia a elegir papa fuera del reducido círculo de los romanos. Los «vaticanólogos» no han detectado relación de causa a efecto entre la atípica y sorprendente elección de un papa procedente del otro lado del telón de acero y la casi inmediata desintegración de ese telón de acero, con la consiguiente desmembración del bloque comunista.

No es un secreto que el Estado vaticano era enemigo del comunismo, al que había anatematizado en múltiples ocasiones. Cabe decir que el odio era mutuo. Desde su propagación mundial, a finales del siglo XIX, el comunismo ha querido destruir a la Iglesia o, al menos, ha intentado suplantarla como religión del pueblo. 

Como todos los servicios secretos, el del Vaticano tiene una tendencia a actuar por su cuenta en muchos asuntos. Es una medida prudente, cuantos menos lo sepan más garantías hay de que se mantenga el secreto, Y el secreto es la cualidad fundamental, porque una indiscreción, por leve que sea, puede dar al traste con la paciente labor de muchos meses de trabajo. Además, la prudencia tiene otra ventaja: si la operación se malogra, no hay que informar al jefe. Los que están arriba rara vez se muestran dispuestos a compartir responsabilidades, prefieren no enterarse. Así, si salta un escándalo, pueden rasgarse las vestiduras y asegurar que nunca lo hubieran consentido.

En la aldea vaticana el servicio secreto ha de mostrarse especialmente cauteloso porque allí todo el mundo se conoce y todo el mundo habla mal del vecino. Es natural que cada bando intente atraerse a los servicios secretos. Aunque los detalles difícilmente trascienden al exterior, cuando escribimos estas líneas, en Octubre de 1994, no es ningún secreto que dos importantes facciones vaticanas se encuentran enzarzadas en incruenta guerra por la sucesión del pontífice, cuyos días en la tierra parecen contados.
«Hay dos cosas difíciles de encontrar en el Vaticano: la honradez y una buena taza de café». 

Los servicios secretos, y todos los países tienen el suyo, incluso los más pobres, sin contar los propios de las multinacionales, de las mafias y de las grandes empresas, tienen por misión informar a sus respectivos gobiernos sobre temas referentes a otros países con los que están en conflicto o con los que mantienen pacíficas relaciones de vecindad o alianza. El noventa por ciento de esa información procede de analistas, simples funcionarios que se pasan el día en un despacho, detrás de una mesa, criando panza, y se limitan a examinar críticamente prensa, libros, emisiones radiofónicas e informes confidenciales generalmente conseguidos mediante soborno (también mediante chantaje), de los que obtienen gran cantidad de datos que, una vez exprimidos y barajados, pueden suministrar la información requerida. Esta avidez por la información ha dado lugar a la estrategia contraria, que consiste en desinformar, es decir, suministrar información falsa cuyos efectos anulen los de la verdadera. Un buen analista es el que sabe separar el grano de la cizaña, es decir, el que sabe distinguir la información falsa de la verdadera.  

 

               Qué más se puede agregar, que la paz que se obtiene en la Plaza de San Pedro y en sus alrededores es una farsa al ver sólo una capa de lo que realmente entrañan sus profundidades y que vulneran toda la palabra divina de una manera ostensible.

                He dicho. 

Corell consultó la paradoja del mentiroso en la Enciclopedia Británica. No esperaba encontrarles una explicación a las anotaciones de Rimmer en las actas del interrogatorio ni tampoco aprender nada del trabajo del matemático muerto (Turing), pero sí pretendía entender mejor qué era lo que tanto le atraía de esa paradoja.
Leyó que se trataba de una frase que afirma ser falsa y que en consecuencia es verdadera justo cuando es falsa, y que por su innata contradicción provoca el derrumbamiento de nuestro concepto de verdad, o, al menos, su suspensión temporal.

La paradoja se atribuye a un filósofo cretense, Epiménides, siglos antes de Cristo. En la versión original rezaba «Todos los cretenses son mentirosos, como me dijo un poeta cretense», pero se podía formular de otra manera, por ejemplo, de la forma más sencilla: Miento. Corell no sabía muy bien por qué, pero le parecía que la oración tenía una suerte de calidad evasiva. No llegaba hasta el extremo de creer las palabras de Rimmer cuando decía que la frase había provocado una crisis en la ciencia matemática y que había dado lugar a una nueva máquina, pero le gustaba reflexionar sobre ella —la frase estimulaba sus pensamientos— e intentó inventar variantes. Entre otras murmuró No existo, pero reconoció enseguida que se trataba de otro tipo de contradicción: una oración que debido a las condiciones vitales no podía pronunciarse sin mentir.[2] 

Tomada de Google



[1] Juan Eslava Galán, con el seudónimo de Nicholas Wilcox.

[2] El enigma Turing. David Lagercrantz.

 

viernes, 1 de mayo de 2026

COREANOS

                Con el tiempo terminé viendo películas y series coreanas. Tanto que es Netflix la que se encarga de recomendar los temas que me gustan y casi siempre acierta con sus consejos. He de reconocerlo.

                Están bien hechas, buenas tramas, supieron copiar lo que nos gusta en occidente o puede que sean buenos en eso por méritos propios, lo que sea. Simplemente me he aficionado a ellas.

                Y por qué no decirlo, muestran una hermosa arquitectura, nueva o vieja, ciudades pujantes, grandes avenidas y visto con buen ojo, un pueblo para envidiar. Y lo que es la vieja Corea, su arquitectura es fascinante, con su antigüedad bastante grata, de la que no ha perdido personalidad a pesar del paso del tiempo. Claro que hay lugares feos y poco recomendables, como en toda ciudad, pero si uno es acomodado solo ve lo que le gusta.

                La raza es bastante particular, bonita por demás, tan distinta a los otros fenotipos orientales a los que nos acostumbraron.

                Pero… viene el pero. Las relaciones interpersonales dejan mucho qué desear y sobre todo, al menos lo que muestran las películas, se dan en las relaciones jerárquicas. Un jefe parece que está autorizado hasta llegar a pegarle a un subalterno, puede insultarle, puede arrastrarle. Ese pero es al que no me he podido acostumbrar, resultan groseros, patanes y cómo decirlo, ruines en ese tipo de relaciones. Y no les da pena mostrarlo, no sé si es lo peor o es que son menos hipócritas, todo según se vea.

                El problema en la vida es que todo tiene su pero. 

Igual que en un bar no tenemos en cuenta al camarero como persona, sino únicamente en relación a lo que hace, es casi inconcebible que un corredor pueda ser otra cosa sino un cuerpo montado en bicicleta.[1] 

Tomada de Google



[1] Sócrates en bicicleta. Guillaume Martin.

miércoles, 29 de abril de 2026

INCONGRUENCIAS (MENTALES)

                Estaba viendo un documental sobre el big bang y recordé a Pascal o a alguno de esos filósofos que decía: Duda de todo. Y ahí comenzaron mis dudas.

                Y comencé a preguntarme qué pasaba antes del big bang. La IA de Google me informó: La ciencia actual indica que no existía un "antes" temporal al Big Bang, ya que el tiempo y el espacio se originaron con él hace 13.800 millones de años. Sin embargo, la física teórica postula conceptos como la energía del vacío, un universo en contracción, o un estado de alta densidad, sugiriendo que nuestro universo podría provenir de un evento cíclico (rebote) o una "nada" inestable[1]. Y el artículo concluyó: En resumen, la respuesta sigue siendo objeto de estudio especulativo, ya que requiere unificar la relatividad general y la mecánica cuántica.

                Eso me llevó a pensar en otra teoría especulativa, la divina, en la que me educaron, en la judeocristiana, en la que Dios creó el mundo. Especulativa, lo es y una forma de entender, en aquellos tiempos, cómo surgió el universo. Del caos surgió el universo y Dios fue componiendo las cosas. La ciencia opina que antes del big bang no había nada. Es más, no tiene sentido preguntar qué hubo antes del big bang, pues hablamos del origen del tiempo: no puede haber “antes” del principio. Así como no puede preguntarse dónde estaba uno antes de existir, o qué temperaturas hay por debajo del cero absoluto. Pero pudo intervenir una mano de un ser superior? Pudo ese ser jugar a los dados?

                Ambas teorías, como teorías que son (que no han podido ser demostradas hasta el momento) hablan de la nada y científicamente me preguntaba cómo de la nada pudo surgir algo y ese algo hizo otro algo para coalicionar y generar todo un universo, hoy igualmente desconocido, a pesar del conocimiento precario que se tiene de él.

                Pensamientos retóricos, lo sé y que, al menos en mi caso, da igual saber que no saber, pues en mí no hay nada de religioso ni de científico y el saber tampoco afecta para nada mi vida, rutinaria por demás. Igual a lo sucedido cuando me enseñaron el binomio completo, es decir, quedo en las mismas y hasta el momento no me he visto obligado a acudir al binomio completo y por tanto dos más dos siguen siendo cuatro.

 Teoría[2] que la convierte en hipótesis[3] mientras no se demuestre lo contrario. Uno podría concluir que ambas son tan ciertas mientras no se demuestre lo contrario, pues cabe la posibilidad de que un ente superior haya ayudado a toda esta creación, o no? De allí la incoherencia que surgió en mi pensamiento.

 Pensamientos seniles, me digo y me consuelo. 

Al emplear los cálculos de Kepler estaban usando los únicos dos instrumentos que los humanos poseían desde los inicios de la evolución: el ojo desnudo, el primer instrumento astronómico humano, y la razón, la primera (y todavía mayor) herramienta científica; aquella herramienta que, a partir del siglo XVII, la gente seguiría empleando sin las limitaciones y las imposiciones a menudo peligrosas de la ortodoxia religiosa. Ortodoxia significa «creencia correcta»: por aquel entonces, el problema de la humanidad era (y sigue siendo, para algunos) su tendencia a pensar que, cuanto más antigua una creencia, más correcta es.[4]

Tomado de Google



[1] El tiempo no existía: Al igual que no hay nada al norte del polo norte, no hay un "antes" del comienzo del tiempo. La pregunta carece de sentido temporal, ya que el Big Bang es el origen de la línea temporal. Energía del vacío: El universo surgió de una inmensa inestabilidad energética o fluctuación cuántica en un vacío, no necesariamente una "nada" absoluta. Universo Cíclico o Big Bounce: Algunas teorías como la Gravedad Cuántica de Bucles sugieren un "gran rebote", donde nuestro universo es el resultado de la contracción de un universo anterior. Inflación Cósmica: Una fase de expansión rapidísima que ocurrió justo antes de la expansión caliente del Big Bang, indicando que hubo un proceso previo. La postura de Hawking: Stephen Hawking sugirió que la respuesta era "nada" (en términos de tiempo y espacio físicos), visualizando el inicio como un punto sin bordes.

[2] Una teoría es un sistema lógico-deductivo ​ constituido por un conjunto de hipótesis, un campo de aplicación y algunas reglas que permitan extraer consecuencias de las hipótesis.

[3] Hipótesis: Una suposición comprobable, no una verdad consolidada.

[4] La era del ingenio. Anthony C. Grayling.

lunes, 27 de abril de 2026

SIMILITUDES

                A mis manos cayó un libro escrito antes de los cuarentas del siglo pasado, antes de la segunda guerra mundial. Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin. Y un cuarto: Prusia.[1] Por demás interesante en el que se muestran las personalidades de personajes que quisiéramos no haber conocido, pero lo curioso es que a través de la historia se vuelven repetitivos.

                Veamos por ejemplo a Hitler: Antes de las diez no ve a nadie. Los ministros esperan con frecuencia hasta mediodía. Habla continuamente, y rara vez escucha; con frecuencia charla hora y media sobre un mismo asunto, de modo que el despacho de las otras cosas tiene que quedar pendiente. Me hizo pensar en Petro.

 Ni Alemania es la única nación, ni Hitler el único hombre de Estado que hayan quebrado tratados, pisoteado la moral y oprimido pueblos, ni siquiera en la época actual. Pero es el único que ha hecho un principio de la amoralidad, y una religión de la perfidia. Nadie antes que él ha hecho proclamar por su ministro de Justicia: «Es Derecho lo que es útil a Alemania». Con él cesa, no sólo el Estado de Derecho, sino hasta la voluntad de vivir en un Estado de Derecho. Y además: Todo lo que se le repite constantemente a una multitud, escribe él también (Hitler), «lo mismo si es verdad que si es mentira», estará dispuesta a creerlo; sólo hay que repetir lo mismo siempre.

                Y me encontré en mi ignorancia el saber que en Nuremberg Hitler fue también un acusado, a pesar de su suicidio (afortunado para la humanidad) y curiosamente estas son palabras del fiscal del proceso: Por lo que acusamos a este hombre en nombre de la Historia es por la vacuidad de su ser, el nihilismo de su espíritu, la oquedad de sus discursos, la insensatez de sus ideales. Lo que le echamos en cara hoy es la mentira inmensa con que ha querido engañar a hombres y mujeres, familias y estirpes de un gran pueblo hondamente agitado en lo espiritual, sólo para superar el sentimiento de su propia inferioridad y para encontrar en el aplauso de millones de personas engañadas un sustitutivo de aquello que a su ser pequeño-burgués se le había cerrado para siempre. Nada de lo que acaba de exponer su defensor acerca de sus motivos es cierto; son pretextos fríos y meditados. Tenemos ante nosotros al más consumado farsante de la Historia moderna, y sólo un pueblo tan paciente y tan dócil a la voz de mando como el alemán ha podido dejarse engañar por él durante largos años. Mediante la astucia y la trampa, mediante una ilimitada capacidad de hablar y de mentir, consiguió el acusado, en un pueblo sin oradores y sin educación política, ser, primero, nombrado tambor mayor de un grupo de aventureros sedientos de poder, y elevarse finalmente a héroe nacional, con todos los trucos de la guardarropía. El pueblo más paciente y menos ejercitado en los negocios de Estado del mundo entero se sintió feliz de ver en la cúspide a un hombre que osaba armarle de nuevo, que le libraba de una breve e incómoda libertad y de una responsabilidad a la que no estaba habituado, y que volvía a darle banderas y música, ordenación y jerarquías, sin lo que la mayoría de los alemanes no encuentran sal a la vida. Mientras que todo esto lo lanzaba envuelto en un manto de mística nebulosa, encontró a la multitud. Quizá su mayor promesa consistió en que habría de fundar la dominación de un caudillo de vándalos con ideas de pensadores. El hombre que se encuentra aquí ante vosotros, señores jueces, no ha sido nunca salvador ni libertador de su pueblo. Hay un tremendo engaño en el fondo de sus actos que han conmovido al mundo. Le acusamos porque la suma de miseria que ha concitado, no ha reconocido el servicio de ninguna idea, de ningún espíritu ni genio alguno, sino el servicio de un alma estrecha, insegura, que busca masas gigantescas para olvidar su limitación. Le acusamos porque ha asfixiado los talentos de su pueblo para hacerse empujar hacia arriba por sus debilidades. Le acusamos en nombre de la Humanidad porque él, que produjo este mar de lágrimas, no deja tras de sí otra cosa que la figura y el rostro de un Cagliostro, quien, por otra parte sólo movió a los hombres por su dinero.

El acusado, al contrario, ha robado a hombres innumerables todos aquellos bienes que significan la felicidad. No ha considerado en nada la vida humana, y sólo se ha cuidado de proteger la suya. Ha reducido la propiedad de todos, y sólo la suya y la de sus amigos ha aumentado. De todas las libertades, sólo ha guardado y aumentado la suya propia. Para crear la sugestión de un Emperador medieval, ha arruinado a un pueblo. Si inclinándose en su favor se le considera un enfermo mental, habría que castigar entonces a todos los cuerdos que le han obedecido, y ello sería absurdo. La lógica y la astucia que transparece en el fondo de sus fingidos éxtasis, demuestra que no lo es. Pues, como todos los histéricos, fue frío y claro, siempre que así le convenía. Por eso su engaño terminaba al llegar a su conciencia, y él no sucumbía a sus humores salvajes, a los que sucumbían los demás. Pues como en lugar de una gran ambición le impulsaba sólo la vanidad quejosa, permaneció siempre dentro del camino de su «yo», sin ponerlo nunca en peligro. Al emplear la mentira no simplemente como medio de lucha, sino elevándola, según sus palabras, a dogma de la influencia sobre la opinión, ha educado en la mentira a un pueblo que no es peor que los otros; lo ha inducido a martirizar y matar a ciudadanos inocentes a causa de su fe. Sigo pensando en Petro, qué similitud.

 Si alguna vez la Humanidad ha tenido derecho a pedir todo el castigo para un solo individuo; si alguna vez la Historia se ha alzado reclamando una alta justicia, es en este caso. Señores jueces: el acusado de la Humanidad se encuentra ante vosotros.  Y curiosamente Petro viene a mi memoria, ojalá que luego de que deje el poder sea sometido a un verdadero juicio, por... tantas cosas que se le podrían endilgar.

 Como dijo Cicerón: Como es natural, ninguno de estos grandes héroes militares confía en los otros. Demasiado a menudo se han llamado unos a otros en sus proclamas mentiroso, canalla, usurpador, enemigo del Estado, bandido y ladrón, como para no estar al corriente del cinismo de los otros. Pero a quien está hambriento de poder sólo le importa ejercerlo y no la opinión de los demás, únicamente el botín y no el honor.[2]

 Naturalmente todos somos responsables, por activa o por pasiva, y aún seguiremos repitiendo la historia: Todas estas pesquisas, búsquedas y revelaciones podían llevarnos de nuevo en esa dirección, hacernos regresar a la evidencia de que ningún ser humano está del todo bien. Nuestros corazones y nuestras mentes no sólo están cubiertos porque son frágiles, sino también porque albergan a veces un horror y una depravación que nadie soportaría contemplar.[3] 

                Todo eso se aplica a Petro, a Stalin, a Mussolini y a tantos dictadores depravados que la historia nos ha traído y de los que no podremos huir, porque siempre la estupidez humana hará que sean seguidos como ciegos en rebaño. 

Pero en la Historia, como en la vida del hombre, el lamentarse no devuelve una ocasión perdida. En miles de años no se repone lo que se pierde en una sola hora.[4] 

Tomado de Google
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[2] Momentos estelares de la humanidad. Stefan Zweig.

[3] Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin. Y un cuarto: Prusia. Emil Ludwig.

[4] Momentos estelares de la humanidad. Stefan Zweig.

viernes, 24 de abril de 2026

PREGUNTAS

                Me ha llamado la atención las preguntas finales que se le hacen a los escritores cuando son entrevistados. Qué libro te ha marcado. Qué persona o personaje ha influido en ti. Cuál es el libro que recomiendas o que ha ejercido mayor influencia en ti. (Ahora las entrevistas se hacen tuteando).

                Si yo fuera un famoso escritor, no tendría respuesta alguna. He leído tanto que cada libro me ha dado una respuesta, me ha generado una inquietud o ha pasado intrascendente. He releído unos cuantos libros, es verdad, pero que me haya marcado, creo que ninguno, ni aún habiendo leído todas las obras de Saramago, de la Allende, Verne, Coelho, por citar algunos. Y ni qué decir de los autores de novela negra, a lo que ahora me dedico. Marcado… más bien he sido yo el que ha marcado los libros leídos, con las subrayadas de frases que me llegan a gustar o me invitan a reflexionar, pero en concreto, nadie.

                Y qué personaje o persona ha influido en mi vida… Otras pregunta siniestra. En concreto, ninguno, muchos me han enseñado, me habrán guiado por el lento trasegar de la vida. La influencia ha sido social, laboral, familiar, pero determinante como para que yo sea yo, no lo veo claro como para poder contestar acertadamente una pregunta que realmente termina incomodando o cuya respuesta se improvisa en el momento, pienso ahora.

                Y qué libro me ha influido, es otra pregunta que no tiene respuesta, al menos para mí. Y podría citar muchos para demostrar que he leído bastante y he releído algunos más, pero eso no puede responder a uno en particular que haya sido el determinante.

                Tal vez por eso no sea escritor ni famoso y lo curioso es que muchas veces se oyen discursos rimbombantes al responder y pocos los que pueden reconocer una respuesta negativa, como la que expreso. 

 

La mayoría de los hombres y las mujeres pasan desapercibidos durante su estancia en la Tierra. Sus vidas están marcadas por una callada desesperación. Nacen, existen durante un tiempo, con sus particulares pasiones, amores, sueños y desgracias, y luego se mueren. Sin que casi nadie se dé por aludido. Patrick, hay billones de gente así a lo largo de la historia, gente que ha vivido sin dejar la menor huella, gente que tanto daba que naciera o no.[1] 

 

Tomado de Facebook
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[1] Abrázame, oscuridad. Dennis Lehane.

miércoles, 22 de abril de 2026

MURPHY

                Como en alguna oportunidad mencioné, en mis ratos de ocio laborales, con la reciente aparición del Internet, me dediqué a coleccionar las llamadas leyes de Murphy, escrito al que en algún momento le dedicaré más atención para ver si sale de él un libro, es un principio del desocupado, me digo, si sigo la línea que vengo tratando. 

               Y quién era ese Murphy y cómo se dedicó a sacar tantas leyes aplicables a todos los campos? Lo que tenía en la cabeza no era nada de lo que pensaba, el señor Edward Aloysius Murphy era un ingeniero espacial que en una prueba, siendo especialista en sistemas de seguridad críticos dijo: "Si hay varias maneras de hacer una tarea, y uno de estos caminos conduce al desastre, entonces alguien utilizará ese camino", que luego se tradujo popularmente en: Algo que pueda ir mal, irá mal en el peor momento posible[1]. Y en cuanto que Edward Murphy hubiera sido el autor del resto de leyes, nada qué ver, sólo hizo esa apuntación transcrita y a partir de allí surgieron la infinidad de leyes a él atribuida[2]. Y aunque no lo quisiera le concedieron, a título póstumo, el Premio Ig Nobel de Ingeniería en 2003. Otro producto del ingenio humano es ese premio IG: Los Premios Ig Nobel son una parodia estadounidense del Premio Nobel. Se entregan cada año a principios de octubre para reconocer los logros de diez grupos de científicos que «primero hacen reír a la gente, y luego la hacen pensar». Organizado por la revista de humor científico Annals of Improbable Research (AIR), los premios son presentados por una serie de colaboradores que incluye a auténticos Premios Nobel, en una ceremonia organizada en el Sanders Theatre, de la Universidad de Harvard. «Los premios pretenden celebrar lo inusual, honrar lo imaginativo y estimular el interés de todos por la ciencia, la medicina, y la tecnología»[3]. Vea pues lo que uno viene aprendiendo y de las curiosidades de las que uno viene averiguando. 

               Pero bueno, lo que hay se conoce como leyes de Murphy no son producto de su ingenio, salvo la primera citada … él no pronunció todas las frases, leyes y corolarios que hoy se conocen bajo ese nombre. (…) Con el tiempo, la frase se transformó y popularizó en la cultura popular como "Si algo puede salir mal, saldrá mal". Las otras frases: La inmensa mayoría de las "leyes de Murphy" graciosas o cotidianas (ej: "la tostada siempre cae del lado de la mantequilla") son corolarios, máximas y principios añadidos posteriormente por otras personas y recopilados en libros o humor popular, no por el propio Murphy[4]. En resumen, Edward Murphy sentó la base lógica de la ley, pero el folclore popular ha creado cientos de variaciones que él nunca dijo. 

               Qué tan ignorante me ha hecho ver el tema, pero me consuela con saber que no hay edad en la que no se aprenda, si se quiere. 

               Y a partir de esa idea original a su alrededor se fue creando una serie de ingeniosas sentencias, cortas, jocosas pero que llevan a la reflexión. Y de la ley empezaron a surgir corolarios, teoremas, reglas, hipótesis, observaciones, variantes y definiciones alrededor de un mismo tema, cada cual más jocoso, más venenoso pero más preciso con las verdades que les rodean.

                Para la muestra un botón y que sólo hacen referencia a la actividad laboral, unas pocas porque el ingenio humano ha generado muchas más y cada cual curiosa en su respectiva medida.

 Es imposible hacer algo a prueba de idiotas, porque los idiotas resultan siendo muy inteligentes[5].

 Errar es humano. Echarle la culpa a otro es más humano todavía[6].

 Cuando un subordinado tuyo te plantee una cuestión pertinente y difícil, mírale a los ojos como si hubiera perdido la razón; en cuanto baje la mirada, repítele la pregunta como si fuera tuya.

 Si hay alguna vía para demorar una decisión importante, la burocracia dará con ella.

 Las comisiones: a) No hables hasta pasado un buen rato, esto te hará adquirir fama de sabio. b) Procura ser lo más impreciso posible, así evitarás irritar a los demás. c) Si dudas qué decisión adoptar, apresúrate a proponer que se nombre a una comisión. d) Sé el primero en sugerir que se levante la sesión. Es lo que todos están esperando.

 Cuando todo falle, intente lo que sugirió el jefe[7].

 En el trabajo, cuando vayas a preguntar qué persona ha hecho un cosa, esa persona estará de vacaciones.

 Si llevas toda la mañana sentada en tu mesa y decides dedicarte cinco minutos para ir al water porque ya no puedes aguantar más, cuando hayas vuelto te habrán dejado tres recados en el contestador, tu jefe se habrá enterado por las quejas de los que han llamado y te echará una bronca de campeonato.

 En los trabajos en grupo siempre algo irá mal y, por supuesto, la culpa ha sido tuya.

 

La última persona que se marchó o despidieron de la empresa, será la que tenga la culpa de que todo vaya mal... hasta que despidan a otra[8].

 Nunca seas el primero.  Nunca seas el último. Nunca te presentes voluntario[9]

 Cada organización incluye un determinado número de puestos a ocupar por incompetentes[10].

Corolario: Cuando un incompetente se marcha reclutarán a otro.

                A pesar de lo jocosas que suenen las frases, muchas de ellas las viví en su momento, una razón de más para poder decir qué tan ciertas son. 

Como te ves, me vi;

como me ves, te verás.

Att. Ex-burócrata

Tomado de Google


[1] Ley de Finagle sobre la Negatividad Dinámica (también conocida como Corolario de Finagle a la Ley de Murphy)

[2] Murphy era infeliz con la interpretación banal que se hacía de su ley, que es vista como capturando "el espíritu de contradicción" esencial de objetos inanimados. Murphy consideraba a la ley como la cristalización de un principio clave de diseño defensivo, en el cual siempre se debe considerar el peor de los escenarios posibles. Murphy, según relatos de su hijo, consideraba a muchas versiones jocosas de la ley como "ridículas, triviales y erróneas". Sus tentativas fracasadas de hacer que la ley fuera tomada más en serio sólo lograron convertirlo en una víctima de su propia ley. Wikipedia.

[3] Wikipedia.

[4] Visión general creada por IA.

[5] Cuarto Corolario de la Ley de Murphy:

[6] Ley de Jacob:

[7][7] Ley de Strano:

[8] Sexta ley de Murphy sobre la oficina.

[9] (Ley del señor Caqui)

[10] Ley de la desviación organizativa


viernes, 17 de abril de 2026

IMÁGENES PASADAS

                Un nuevo libro cae en mis manos: Burócrata imperfecto de Wilson Orozco[1], que me llevó a mis años laborales y ver cómo se movía esa rueda que llamamos trabajo, que no es el rudimentario, que mucho esfuerzo conlleva, ni el intelectual que lleva a la profundidad, sino del trabajo de empleado de escritorio, en donde vi y viví multitud de experiencias y vi cantidad de inútiles y de trámites inútiles, claro está. Como se ve, siempre me han molestado los ignorantes y más los que se creen inteligentes, pero eso ya es otra cosa. El libro lo resume de manera sencilla:  Eso sí, siempre simulando que estás trabajando. Recuerda que quien es bueno para engañar ya no necesita ser bueno para nada más. Recuérdalo solamente. No lo digas. Eso es de mal gusto y caería muy mal entre quienes sí creen en el trabajo duro y esforzado. O que por lo menos simulan creerlo. 

                Y me llevó al recuerdo de los comités, en los que de una u otra manera con el tiempo lo van a uno involucrando sin ninguna querencia. Esos comités los supe odiar, horas para no decidir nada y darle vueltas a un asunto que se resuelve con la sola palabra de quien es el jefe. Algo que puede ser decidido en unos minutos se transforma en horas de indecisión, el mal sabor del tiempo perdido.

                Sinceramente cómo los odié, muy pocos a los que asistí merecían la asistencia. Otra curiosidad de los comités, nunca empezaban a tiempo, quien lo presidía nunca era cumplido, llegaba con demora, afanado y excusándose porque había alguna cosa urgente que le retuvo, como si fuera verdad y dicho como si todos le creyeran. La calidad del jefe definitivamente se define por la puntualidad y la concreción, muy pocos de esos tuve. Lo otro, los citados van llegando a cuentagotas y mientras se inicia hay como media hora para las trivialidades, de cómo le fue el fin de semana, qué hizo y los chismes del día. Y luego, luego empezar a perder el tiempo teniendo uno mejores cosas qué hacer, como sentarse en la oficina a leer. Eso me recuerda unos grafitis, de los que recopilé en mis momentos de ocio, que terminaban siendo muchos, como el que decía:

 Muchos funcionarios públicos descansan en jornada continua. Y de allí a que: Una burocracia le resulta finalmente al pueblo siempre más costosa que una clase alta. O estos otros: Experiencia es lo que conseguimos cuando no conseguimos lo que queremos. Experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones. Y con los comités: Si algo parece fácil, es difícil; y si parece difícil, es imposible.

 Y de estos grafitis me llevaron a las leyes de Murphy y sus diferentes variantes, generalmente sabias y olvidadas (colección que igualmente recopilé en mis ratos de ocio laboral, he de confesar sin rubor) y que condensan claramente a lo que me refiero.

 La persona más poderosa de una organización tiene tendencia a emplear su tiempo en asistir a reuniones y firmar cartas[2].

Una reunión es un acontecimiento en el que se cuentan los minutos y se pierden las horas[3].

Cualquier problema sencillo se convierte en insalvable si se hacen las suficientes reuniones para discutirlo[4].

Cualquier problema sencillo se convierte en insalvable, si se hacen las suficientes reuniones para discutirlo[5].

          Cierra siempre la puerta del despacho. Esto coloca las visitas a la defensiva y hace que siempre parezca que estés en una reunión importante[6].

S        Si haces alguna cosa convencido de que todos lo agradecerán, habrá alguien que lo encontrará mal hecho[7]. O su variante: Si explicas una cosa con toda claridad para que todos lo entiendan habrá alguien que no lo entenderá. De allí la Paradoja de Murphy: Hacerlo del modo más difícil siempre resulta más fácil. Porque No hay ningún trabajo tan sencillo que no pueda hacerse mal[8].

 Y tratando de comités, comisiones y demás inventos gerenciales tenemos por ejemplo, las siguientes verdades: El número de gente que forma cualquier grupo de trabajo tiende a aumentar, al margen de la cantidad de trabajo que se haga[9].

                Y qué decir sobre los seminarios a que me mandaban, para actualizaciones, inútiles, por demás, o de esas a las que había que mandar a alguien y uno era el elegido. Otro mal que soporté, aunque lo supe hacer. Me sentaba en los últimos asientos, cerca de la puerta, dejaba que el expositor iniciara su charla y al cuarto de hora ya lo tenía calibrado y sabía si era o no pérdida de tiempo quedarme. Si lo era, al primer descuido partía en huida a hacer cualquier cosa menos perder el tiempo oyendo babosadas y lo digo sin rubor, pero logré huir de muchos; si expedían certificados pues volvía a en la tarde para reclamarlo y listo el paseo.

                Es que el ser empleado requiere de mucha maña y saber hacerlo. Por eso logré subsistir en la burocracia por cerca de treinta y pico de años. Y eso que no me consideré un inepto, hacía lo que tenía que hacer y procuraba hacerlo bien, es mi consuelo. 

El trabajo en equipo es esencial, te permitirá echarle la culpa a otro.[10]

Tomado de Google


[1] He de ser sincero, no logré pasar del cuarto o quinto capítulo. Uno de esos libros en los que uno termina con el mal sabor de haber perdido el tiempo leyéndolo y eso que dice ser profesor en la Universidad de Antioquia.

[2] Ley de Oeser.

[3] Axioma de Gourd.

[4] Ley de Mitchell sobre las comisiones:

[5] (Ley de Mitchell sobre las comisiones)

[6] (Quinta regla de Spark para los ejecutivos)

[7] (Primer corolario de Chislom)

[8] Ley de Perrusel.

[9] Cuarta ley de Parkinson.

[10] Ley de los Grandes Grupos de Repoort (Anexo II)