miércoles, 23 de septiembre de 2026

MERCATOR

                Para iniciar vale la pena decir que Mercator fue un cartógrafo del siglo XVI, cuando no había internet ni satélites orbitales y lo que hizo, dentro de sus limitados recursos fue hacer el planisferio desde la visión de la época. 

               La propuesta de Togo ante la ONU de eliminar ese mapamundi porque África y particularmente Togo no se muestran del tamaño que son, demuestra una vez más la estupidez humana y una forma de perder el tiempo en estupideces habiendo cosas más importantes en este mundo lleno de guerras, hambre, ambición, tiranía, injusticias y falta de coherencia. 

               Esta vez, gracias a Togo, un pueblito africano diminuto y olvidado de Dios decidió dárselas de importante, distrayendo a la ONU de cosas importantes, aunque lo que resulta cierto es que la ONU no discute cosas importantes y parecería que su agenda actual no tiene mayor cosa qué hacer, a pesar de guerras, hambre, etcétera y mientras el planeta se incendia. 

               Pues Togo quería que el mapa de Mercator, de más de cuatrocientos años fuera cambiado como referente del mapamundi y en su deseo que tal mapa desapareciera del mundo de las referencias. Varias cosas qué advertir. Ya visto desde el espacio sabemos el tamaño real del planeta, el de cada uno de los países, con la precisión del caso, milímetro a milímetro. Con ello queda claro que el mapamundi de Mercator es hoy indiferente, es simplemente una obra de arte. El interés de Togo, además de distraer la atención y ser noticia mundial, era que África y el pueblito de Togo no se vieran tan chiquitos en el mapa. Togo puso la cáscara y el resto del mundo, para que no les tildaran de discriminadores, decidió: Apoyemos a los pobrecitos africanos que se quieren ver grandes, demostrando una vez más que las mayorías no siempre tienen la razón y que las democracias no es que estén funcionando bien. Pues bien, ganaron los negritos de Togo, qué más podía decir la ONU en su magnánima y magnífica sabiduría? No sé cuánto tiempo perdieron discutiendo la moción, ni cuánta plata gastaron en ello (y pensar que mientras tanto la UNICEF con su propaganda victimizante está recaudando fondos, no propiamente para la niñez sino para cubrir su propia burocracia). Pero ganó Togo, apareció en la prensa mundial, resurgió, como distractor de algo que no se aprecia a simple vista. Pero qué ganó? Es lo que me pregunto, un pueblo africano minúsculo (más grande es Antioquia), y según Wikipedia la corrupción del país es bastante, sin mencionar su atraso por culpa de ella misma[1]. 

               Luego de escribir este blog me entero que el único que estuvo en contra de la decisión fueron los gringos, cosa curiosa. Y lo mejor, que sus argumentos concuerdan con los expuestos, por fin nos hemos puesto de acuerdo con los gringos[2].

               Y como diría algún amigo mío: A quién putas le importa cómo se ve un país en el mapamundi? Eso me pregunto igualmente. Y pasadas unas semanas de la noticia, ésta pasó a la historia y con ello, Togo también pasó a la historia, se volvió otra vez invisible y ya nadie quiere saber de ellos, he ahí su victoria y Mercator, continuará formando parte de la historia. 

               Así son las cosas, qué se le va a hacer si la nimiedad está por encima de las cosas importantes. 

Yo estaba fracasando: ahora me parece evidente, pero entonces no me lo parecía tanto: somos pródigos en mecanismos para rechazar esta evidencia.[3] 

Tomado de Google


[1] A pesar de los esfuerzos por promover el desarrollo económico y mejorar la gobernanza, la corrupción en Togo sigue siendo un problema grave. Este problema impregna diversos sectores, obstaculizando el progreso del país y erosionando la confianza pública. Informes de organizaciones como Transparencia Internacional sitúan sistemáticamente al país en puestos relativamente bajos en los índices de percepción de la corrupción, lo que subraya la gravedad de los desafíos que aún enfrenta la reforma anticorrupción. Nepotismo y corrupción. El panorama político de Togo, marcado por un largo período de gobierno monofamiliar, ha fomentado una cultura donde el clientelismo y el nepotismo prevalecen sobre la meritocracia .

[2] : Desviación de prioridades: Washington argumentó que la Asamblea General dedicaba tiempo a discutir asuntos de los mapas del siglo XVI y conceptos como "justicia cognitiva" o reparaciones históricas en lugar de atender problemas globales urgentes de paz y prosperidad. Crítica institucional: El representante estadounidense calificó la moción como un distractor que resta credibilidad al trabajo de la organización.

[3] Canciones para el incendio. Juan Gabriel Vásquez.


viernes, 11 de septiembre de 2026

DUALIDADES

               Un documental sobre Julian Assange, el del portal WikiLeaks[1], me llevó a encontrarme con una contradicción al ponerme a su favor por lo que había hecho y la forma como fue tratado. El señor era un hacker, palabras más, palabras menos, así obtuvo la información que le condenó. Una palabra con dos connotaciones, una positiva y otra negativa, hacker.

                Según la IA de Google proviene de la palabra "hack": Modificar o manipular un sistema fuera de su uso original planeado. La palabra clave está en manipular en el sentido de influir de forma oculta en una persona para obtener un beneficio personal o si se quiere Alterar datos, cifras, textos o situaciones de forma astuta para cambiar la realidad en favor de intereses propios, según me dice la IA de Google. 

                Pues bien, lo que hizo Assange supongo fue honesto a pesar de las intenciones últimas, a sabiendas que lo hizo como hacker de forma oculta para un beneficio altruista, según pareciera ser. Eso es como entrar a casa ajena sin permiso, a mansalva, aprovechando el descuido, si se mira desde la mayor objetividad posible.

                Si saca información de otro que ilegalmente la tiene, de otro que tramposamente lo hace y lo tiene de la misma manera, eso lo libera de culpabilidad, me pregunto. Y eso me lleva a pensar hasta dónde se lava la culpabilidad y el hecho malo se vuelve bueno.

                Es todo un juego de moralidad. La información que ha obtenido la CIA, por ejemplo, que no debe ser muy buena (refiriéndome a la bondad) y se mete un hacker en el servidor de la CIA y saca información secreta, que como dije no ha de haber sido obtenida muy católicamente, que ha sido manipulada o que refleja en sí misma la corrupción misma de la CIA, el destapar el hacker esa cañería hace que el hacker que lo hizo se vuelva bueno por destapar la cañería, es mi pregunta.

                Y hablando de hakqueo (si se me permite la palabra) viene la misma moralidad a hacer de las suyas pues hay diversidad de jaqueos (como enseñaría actualmente la RAE). Porque hay una buena variedad de sombreros[2] (como se les reconoce también en español). Los hay según la IA del mismo Google de Sombrero blanco (White Hat): Expertos en seguridad ética que buscan fallos con permiso para ayudar a las empresas a protegerse. De Sombrero negro (Black Hat): Ciberdelincuentes que explotan vulnerabilidades para beneficio propio, robo de datos o daño. De Sombrero gris (Grey Hat): Se sitúan entre ambos; a veces buscan vulnerabilidades sin permiso pero sin intención destructiva, aunque pueden exponerlos públicamente. Y Hacktivistas: Activistas que usan sus habilidades digitales por causas sociales, políticas o religiosas.

                Entonces, me pregunto nuevamente, dependiendo del color del sombrero la actividad se vuelve moralmente buena o mala o hasta regular, según al que se le pregunte. Es decir, el concepto de moral ya se trastocó y ya no es lo que fue, entendida como el conjunto de normas, valores, costumbres y creencias aceptadas por una sociedad que sirven como guía para distinguir lo que está bien de lo que está mal.

                Parece que entre el bien y el mal ya no hay límite, esa frontera ya se va desvaneciendo y entonces el señor Assange hizo algo moralmente aceptable, me pregunto por enésima vez. 

No lo llame «soborno». Es un favor monetario, una propina, por así decirlo, para inspirar buena voluntad, y una señal de respeto.[3] 

Tomado de Google
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[1] Resume Google: Julian Assange fundó el portal WikiLeaks en 2006 y publicó millones de documentos secretos de gobiernos y ejércitos, destapando abusos de poder y crímenes de guerra.

[2] En el ámbito de la ciberseguridad, el concepto de sombrero se refiere a la categoría o la intención moral con la que actúa un hacker. Esta clasificación proviene de las antiguas películas del oeste, donde los héroes usaban sombreros blancos y los villanos usaban sombreros negros. Dice la IA.

[3] La llave del faraón. Lincoln Child, Douglas Preston 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

DESENTRAÑANDO

                Un sueño que no he podido desentrañar. De pronto se encontró en un lugar a la vez extraño y familiar[1]. La casa estaba regida por la monotonía y la precisión: las horas, los días, los años pasaban lentos y sin ningún atractivo[2]. 

                Me acosté para hacer la siesta, aunque la llame hora de la meditación luego del almuerzo, que inicia con meditación y termina en algún sueño, como el que voy a tratar de relatar, porque es difícil de expresarlo por ser medio surrealista, dentro de su propia realidad. Como sea, me dormí y soñé que estaba durmiendo la siesta y que a la vez estaba soñando, siendo consciente, si es posible el término, en esas dos realidades. Es decir que me dormí soñando que estaba durmiendo y soñando a su vez, todo al mismo tiempo, algo parecido a la visión que se tiene del reflejo del espejo sobre el espejo que se traduce en imágenes hasta el infinito. Espero que me hayan comprendido hasta el momento, porque con esta aclaración pareciera que hasta yo mismo he limitado la explicación. 

               Estar acostado soñando y soñaba que estaba acostado soñando mi propio sueño, qué locura. 

Y viene la siguiente fase. Estando en el sueño verdadero recuerdo que en el segundo sueño me despertaba, que esa era mi realidad en el momento y entreabriendo los ojos miraba a la ventana que iluminaba el cuarto en donde estaba durmiendo (en el segundo sueño, un lugar que me era cómodo, conocido, pero que luego no supe cuál era, pero que sentía como mi hogar, aún no sé en dónde era a pesar de haberle reconocido como un lugar que en algún lejano tiempo conocí, pero en otro sueño) y sentí la realidad del segundo sueño, en la distancia alguien lavando con cepillo una zona comunal, con movimientos rítmicos y arrulladores, una ventana que reflejaba un cálido sol de medio día, que transparentaba los rayos a través de esa ventana, dando un especial calor al cuarto. Y la pesadez del sueño me impedía abrir totalmente los ojos lo que me obligaba a cerrarlos para seguir durmiendo, hasta oí decirme que estaba muy rico y que lo mejor era seguir durmiendo, quedando entonces dormido en el segundo sueño, continuando con el sueño que traía, que no era otro que el ver la realidad de estar soñando dos veces, el real y el irreal que a la vez era real. Por eso creo que era un buen sueño surrealista, porque ese cuento no se lo come nadie. Pero así fue. Y al despertar, en uno y otro sueño, supongo, la natural reacción de preguntarme en dónde estoy, y qué hora es, aterrizar poco a poco, al no saber si me había despertado por segunda vez en el segundo sueño o ya era el definitivo. 

Definitivamente un sueño de locos, pero una experiencia, agradable, por cierto, que me permitió sentir dos realidades al mismo tiempo, a pesar de que no lo fueran, aunque todo es posible, me digo. Una realidad dentro de otra realidad, pues ambas lo son, a pesar de lo onírico que fueron, así fuera a través del sueño, pues acaso los sueños no son una forma de realidad, al menos para el que sueña, me pregunto ahora. 

Se acordaría de esa despedida como tratamos de iluminar en la memoria las escenas pasadas que de repente se han vuelto importantes, y nos preguntamos por qué no supimos entonces reconocer su importancia; y nos decimos enseguida que nadie lo sabe nunca, y que no podemos vivir cada momento como si después fuera a resultar que allí nos cambió la vida.[3] 

Foto JHB



[1] El círculo oscuro. Lincoln Child, Douglas Preston.

[2] La reina Victoria. Lytton Strachey.

[3] Los nombres de Feliza. Juan Gabriel Vásquez.

lunes, 7 de septiembre de 2026

PREGUNTAS INCÓMODAS

                Ante situaciones o circunstancias generalmente trágicas o tristes hay palabras o frases que resultan contradictorias, vergonzantes, odiosas o inapropiadas pero que a fuerza de costumbre terminamos diciéndolas. Momentos en que las palabras que se quieren decir, nada dicen. 

               Por ejemplo, en un velorio, preguntarle al deudo: cómo estás. A un accidentado preguntarle cómo te sientes. O preguntas como el inicio de decirle buenos días, o qué tal, o qué hay de nuevo, etcétera etcétera.

                Entonces me preguntaba cuáles serían las frases adecuadas para cada situación. A lo mejor lo más sería inapropiado guardar silencio, un prudente silencio y en tal silencio bastaba con un apretón de manos o un abrazo fundido. 

               No lo sé, sigo sin saberlo. 

… creo que nuestras obras conversan de formas misteriosas.[1]  

No llore, Samanta», dijo él; se sintió inmediata, irrevocablemente estúpido; pero no encontró en los archivos de su cabeza otras palabras de consuelo. No tenía muchas, tampoco, y no las usaba a menudo. Y se sintió inmediata, irrevocablemente estúpido.[2] 

 

Tomado de Google



[1] Los nombres de Feliza. Juan Gabriel Vásquez.

[2] Las reputaciones. Juan Gabriel Vásquez.

viernes, 4 de septiembre de 2026

LOTERÍA

                Por fin me gané la lotería. Por fin. Luego de tantos años esperándola, de tantas veces que me decía que me la tenía que ganar, eso me decía cuando la compraba, ésta es mía, ésta sí es mía. Era la única oportunidad que tenía para hacerme millonario, ya que como empleado no lo hice y tampoco heredé fortuna alguna, como era la otra opción posible, pero esta vez sí me tocó el gordo. 

               Tantos años tentando a la suerte, tenía claro que si no la compraba, cómo iba a ganarla; jugaba como juega un ludópata, apostaba al cincuenta cincuenta, por las posibilidades que había, aunque siempre me quedaba con el cincuenta que no ganaba; a duras penas, si me iba bien, me devolvían el valor del billete, es decir, lo invertido. 

               Pero por fin me gané el gordo y es verdad que la constancia gana lo que la dicha no alcanza (o era al revés?), como se decía en mi tiempo. Pero por fin me gané la lotería y eso me alegró la vida, me hizo el hombre más dichoso de esta tierra, saber que por fin me había ganado la lotería. 

               No me acuerdo si la compré, pero me desperté feliz sabiendo que había ganado la lotería y ese solo pensamiento ya me arregló la vida, al saber que por lo menos una vez en la vida la suerte me había favorecido. Tampoco me acuerdo cuánto gané, solo fue un sueño que valió la pena tener. 

Las personas también necesitamos que la lluvia nos riegue la piel.[1]

Tomado de Google



[1] Ciudad Satélite. Toni Hill.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

REGLAS

 Envejecer es mudarse de casa, no de alma. Por Whatsup me llegó una cadena llamada Reglas Para Ser Feliz Viviendo en la Casa de los Años Bien Vividos. Normalmente no participo de tales cadenas bien por el altruismo disfrazado, por las frases de autoayuda y demás sinfines, pero esta en particular me llamó la atención y que, ante la falta de tema, me gustaría compartir para evidenciar un poco verdades que uno olvida o que no quiere recordar, sin cargar sentimientos de culpa, de los cuales uno debe ir deshaciéndose para hacer más llevadera esta vida, punto que debería ser crucial, al menos en los últimos años. Eso me hizo recordar una frase del sabio judío Hillel que decía: Si no estoy para mí, quién estará para mí? 

En fin, las frases que más me gustaron decían: 

1. No te metas en la vida de tus hijos. Ellos ya tienen GPS (y aun así se perderán).

2. No interfieras en la crianza de los nietos. Los abuelos están para amar, no para educar.

3. Acepta al yerno o la nuera. Fue el corazón de tu hijo quien eligió, no el tuyo.

4. Mantente neutral en los matrimonios ajenos. El amor ajeno no se toca.

5. Quejarte demasiado espanta visitas. Cultiva más silencio que lamentos.

6. Nada de lástima por ti mismo. Ser mayor es un privilegio, no un castigo.

7. “En mis tiempos” ya pasaron. Vive tu presente con brillo en los ojos.

8. Ten planes. El mañana solo llega para quien lo espera con café hecho

9. No seas un boletín médico ambulante. Nadie quiere escuchar tus dolores todo el día.

10. Ahorra. Cualquier dinero guardado es señal de sabiduría.

11. Olvida los pagos a plazos. El adulto mayor paga al contado o no paga.

12. Ten seguro médico o ahorros. La enfermedad no avisa.

13. Planifica tu funeral. Sí, es raro. Pero evita líos después.

14. Deja todo en orden. Testamento, cuentas, mensajes. Vive ligero.

15. Apaga un poco las noticias. El mundo no se va a acabar solo porque no lo viste.

16. Usa la TV para reír, no para enfadarte.

17. Muévete. Camina, planta, pinta, inventa. Estar quieto atrae telarañas.

18. Siempre limpio y perfumado. Edad sí, mal olor nunca.

19. Siente alegría por seguir aquí. Muchos se quedaron en el camino.

20. Haz de tu casa un lugar donde la gente quiera estar. Solo depende de ti.

21. Usa la edad como puente hacia nuevos sueños, no como escalera hacia lamentos.

22. Vete dejando nostalgia, no alivio.

23. Ríe. Mucho. Y haz reír. La risa es el último músculo que debemos dejar caer.

24. No guardes ese vino especial. Ni la cerveza bien fría. Mañana puede ser tarde — o no tener energía para abrir la botella.

                Qué más se podría agregar, con practicar conscientemente algunas de ellas basta. 

«Todos necesitamos que nos recuerden cuáles son las cosas importantes de la vida», se dijo.[1] 

Tomado de Google



lunes, 31 de agosto de 2026

HEMBRAS

                No se ofendan por el título, no hablo como sexista, ni como acosador, ni nada por el estilo y dada esta aclaración no podrán eventualmente denunciarme por nada. 

               Vi un programa de la NatGeo que hablaba del dominio de la hembra en la naturaleza, aunque el símil se me antojó parecido a la realidad. Y cosa curiosa, el pobre macho (no se me entienda discriminatorio, aunque sea el realmente discriminado), decía que es el sometido. Sobre todo en lo sexual (pobre de él), debe suplicar, arrodillarse, humillarse y todo por un polvito. Y la titular de todo estaba en la mantis religiosa, que espera ver al macho suplicando, arrodillado, humillado para dejarse montar a hacerle el favor, como si no lo estuviera utilizando (pues para ella se reduce solo a dejarse fecundar) y su agradecimiento es que, si tiene hambre, deja que el macho se acerque, la monte y zúas tras lo decapita y permite que aún sin cabeza y en sus últimos estertores de vida la fecunde (vaya orgasmo el del hombre, me digo, desde que haya valido la pena). Los siguientes al decapitado, si la hembra ha saciado el hambre, se salvan, en cuanto sean veloces, claro está. Olvidaba decir que mientras el decapitado suspira su último aire, la hembra sigue comiendo como si nada, ajena a la sexualidad que se supone debería haber, lo cual confirmaría que la hembra puede hacer dos cosas al mismo tiempo (aunque bien visto el macho también, pierde la cabeza y se derrama, lo cual serviría de consuelo de que algo es algo). 

               Me sigo preguntando por qué los machos seguimos (digo, siguen) siendo sometidos y por qué las hembras siguen sosteniendo lo contrario, quién las entiende. 

Aquel no era mi día; pero de hecho ya no recordaba el último día que había sido mío.[1]

Tomada de Google



[1] Mercurio. Bill Pronzini.

miércoles, 26 de agosto de 2026

FINITUD

                En la vida lo más finito es la vida misma, hecho tan cierto que nadie la espera, la disuelve en los pensamientos para no pensar en ella, la sepulta en la mayor profundidad posible, para no pensar en ello, aún a sabiendas que tal finitud puede estar en la esquina, o a la vuelta de la esquina, en cualquier momento, pero aún así queremos ser eternos. Y lo peor, o lo mejor, según se vea, es que el sistema solar también está envejeciendo y desaparecerá y al hacerlo lo hará con todo nuestro sistema solar, lo que será como en cinco mil años[1], entonces por qué preocuparnos? Aunque siempre supusimos que el sol sería eterno, pero no lo es, se acaba porque se acaba, es un hecho con certeza incorporada y una vez ocurra nadie podrá recordar que alguna vez existió un planeta llamado Tierra y mucho menos, un sistema solar, que como dije ya no existirá. Aunque falta todo ese tiempo, tal vez, digo tal vez porque el hombre depredador no sabemos qué podría llegar a hacer, de pronto para ese tiempo ya haya logrado viajar a otros mundos bien lejanos y no me extrañaría que lo estuviera depredando en su beneficio, como lo ha hecho acá, vaya uno a saber, con el ser humano nunca se sabe. 

               Me dirán fatalista, pero la culpa (siempre hay que echarle la culpa a otro) fue la de estar viendo un documental de NatGeo que me hizo pensar en la fatalidad, en la mortalidad que nos negamos. 

               Y siguiendo en esta tónica llegan a mí frases ajenas: … ese mismo mantra me había enseñado también a desconfiar cuando algo bueno sucede porque “si todo va bien, es porque algo malo va a pasar”[2]. 

Porque la normalidad no se define según su contenido sino según su frecuencia, y por eso lo que es inaudito o aterrador o escandaloso, visto una y otra y demasiadas veces, nos termina por parecer normal[3]. Y… pienso que las oportunidades que se nos presentan en la vida son frágiles y fugaces, fruto del azar, el resultado de una serie de hechos casuales que pueden cambiar en un instante y por eso hay que aprovecharlas cuando estas se dan; agarrarlas del cuello, si me permites la expresión[4].  

«Por si las moscas», solía decir el secretario. «Es mejor tenerla y no necesitarla, que necesitarla y no tenerla», sentenciaba con seriedad al referirse a su arma de escolta[5].  

Sí, por si las moscas, … sin nada que perder y con todas las de ganar. Porque cuando no se tiene nada, todo es ganancia[6]. Y cuando se tiene todo, ya es otro cuento. 

Es la finitud de la vida, vale recordarlo todos los días. 

Soy de una generación que creyó tocar el cielo con las manos porque pensaba que la construcción de una sociedad mejor estaba a la vuelta de la vida.[7] 

Tomado de Google. Nasa.


[1] Me informa la IA de Google: El Sol se apagará dentro de unos 5.000 millones de años. Tiene una edad cercana a los 4.600 millones de años y está a la mitad de su vida. Cuando gaste su combustible de hidrógeno, la estrella cambiará de forma radical.

[2] La parábola del salmón. Sánchez Baute.

[3] Los hechos casuales. Juan Carlos Botero.

[4] Los hechos casuales. Juan Carlos Botero.

[5] Los hechos casuales. Juan Carlos Botero.

[6] Los hechos casuales. Juan Carlos Botero.

[7] José Mujica. En sus palabras.


lunes, 24 de agosto de 2026

DIVAGACIONES

                La vida de uno es de por sí aburrida. No amerita ni siquiera un artículo, salvo que se trate del aburrimiento de la rutina. 

               Eso me llevó a pensar en que había personas, importantes claro está, tales como científicos, filósofos, escritores, no tanto como los que nos han presentado de bata blanca y despeine a lo Einstein los primeros, acostumbrados a ir de tablero en tablero, de mesa a mesa, de probeta a probeta, haciendo fórmulas o qué sé yo, que pareciera que no se aburren a pesar de que esa sea su rutina.

                Me imagino, para mejor comprensión, a un filósofo o a un escritor, importantes, insisto, me los imagino, tal como los vemos en novelas o películas, caminando por los jardines de su propiedad o en medio de una lujosa biblioteca, rodeado de saber, no de las que se compran por metros, siendo cada libro hojeado y leído a conciencia. Eso me llevó también a pensar en las personas importantes, a los que me refiero, cuando no existía tanta tecnología, cuando los libros se leían de pe a pa, hoja por hoja. Imaginar la vida de Zweig o de Balzac, de Dumas o de Dickens. Todo el día encerrados en sus pensamientos, a parte de su vida social, que también tenían, llenas de profundas conversaciones, personales y sociales. 

               Verlos en su sala biblioteca, tenuemente iluminadas, con la sabiduría del pensamiento y verme a mí, hombre moderno, con lo que es mi estudio a mi alrededor, en una rutina que solo me llevó a imaginarme al importante hombre concentrado en pensamientos importantes y compararle con un ser rutinario, sin mayores pretensiones que la de la envidia a esos pensadores que se ganaron su puesto en la historia, por el solo hecho de pensar y escribir. Y la mía, qué historia tan pobre que ni siquiera merece ser mencionada. Y como tal, me llevó a pensar en el Papa entronizado, rascándose las bolas de puro aburrimiento, ya cansado de andar por laberintos llenos de historia pero que en virtud de su propio aburrimiento se enclaustra en cuatro paredes a rascarse las bolas, porque no hay nada qué hacer en uno de sus rutinarios días, pues todo se lo hacen. 

               Y así mismo, pienso en que Dios, ante su obra terminada, debe estar en la misma situación que su representante, ya que todo está hecho y muy poco o casi nada por hacer, encerrado en sus cuatro paredes preferidas, paredes insonorizadas para no oír tanta quejadera de tanta gente insatisfecha, deseosa de un favor o de un milagro ante la imposibilidad de hacerse el favor o de lograr su propio milagro que solo requiere de acción. 

               Y eso me lleva a la última pregunta, será que Dios en su vasto cielo no termina aburrido? Parece ser que esa fue la herencia que se digno heredarnos y con ella la envidia, a los importantes que saben pensar y escribir, como Dios manda. 

«Scribendi otium non erat», al que escribe no le quedaba tiempo libre.[1] 

… pero con el tiempo descubrí una verdad atroz, Roberto, una de las más terribles de la condición humana, y es que todo sufrimiento, por profundo y abrumador que sea, precisamente no nos mata. Aunque nos parezca insoportable y así pensemos que el duelo nos va a aniquilar, pues la vida con semejante carga es invivible, y aunque la existencia carezca de sentido a raíz de esa aflicción y de esa ausencia inconmensurable, la triste realidad es que somos lo suficientemente duros y egoístas para seguir viviendo.[2]  

Pero ahora que se ve obligado a permanecer inactivo, quiere aprovecharlo al menos en el sentido de la espléndida frase de Escipión, que de sí mismo dijo que nunca estuvo más activo que cuando no tuvo nada que hacer y nunca menos solo que cuando estaba solo consigo mismo.[3] 

Foto JHB


[1] Momentos estelares de la humanidad. Stefan Zweig.

[2] Los hechos casuales. Juan Carlos Botero.

[3] Momentos estelares de la humanidad. Stefan Zweig.