miércoles, 27 de mayo de 2026

INCOMPRENSION

                Esa sensación de cuando algo falta, sin saberse qué es, interno o externo, solo se sabe que algo falta. Como cuando queremos algo pero no sabemos qué. Como cuando queremos comer algo pero tampoco sabemos qué, si dulce o salado, si algo conocido o algo extraordinario.

                Esa ausencia de algo lo deja a uno en un estado de incomprensión, de un algo ausente y uno se pregunta y se pregunta qué es lo que quiero, qué es lo que necesito, qué es lo que me hace falta en ese momento.

                Y la respuesta no llega a pesar del esfuerzo, se queda en la penumbra, en la insatisfacción y nada se concreta, lejos está de concretarse, dejando solo la incomprensión, la insatisfacción, el dejo de saber que hay algo que quisiera, pero que al no dejarse ver, genera la desazón.

                Tengo ganas de… y la frase queda inconclusa, sé que es de algo pero ese algo se queda en la indefinición, en la insatisfacción. Cosa berraca.

                Pero tengo ganas de algo, pero no sé de qué y con las ganas me quedé. 

También hay otros que saben algo.

Severo Sebojt, Obisposirio, 662 D. C.[1] 



Foto JHB



[1] Historia del calendario. David Ewing Duncan.

lunes, 25 de mayo de 2026

IMPERCEPTIBLES

                Por lo general los cambios son imperceptibles y nos damos cuenta de su ausencia cuando ya no están. No nos damos cuenta del cambio que se va produciendo sino cuando ya no hay remedio.

                Recuerdo mis primeros viajes a Armenia, el ir al parque de los Fundadores era todo un espectáculo, todo amarillo y no propiamente de flores sino de canarios, era tal la cantidad que a veces el paso había que hacerse con cuidado para no chocar con ellos. En otro viaje los seguía habiendo, pero no en tal cantidad. En este último viaje en el parque no había ninguno a la vista y me preguntaba a dónde se habían ido en estos años. Hasta le pregunté a alguien al respecto y admirado dijo que no se había dado cuenta de esa ausencia.

                Por la mera curiosidad tomé una de las fotos que tenía a mano y le pregunté a Google Lens sobre el nombre del que yo conocía como canario. Me supo contestar que Este pájaro amarillo brillante es comúnmente conocido como chirigüe azafranado o canario costeño (Sicalis flaveola). Vea pues. Y, en otras oportunidades, había fotografiado el pájaro emblema de la ciudad, el barranquero[1], hermoso pájaro por demás. Esta vez no logré ver ni uno solo y eso que mi estancia fue larga. Y parece que nadie se ha dado cuenta de su ausencia, desde que no sea cuando se den cuenta de su extinción, ya tarde se quedarán sin el pájaro emblema y solo quedará constancia de su existencia a través de los murales que le han dedicado.

                Ya su hábitat original había cambiado, sutilmente, nadie se había dado cuenta y por eso nadie había hecho nada al respecto, supongo que nadie se tomó la molestia de investigarlo y las autoridades, ajenas a detalles tan nimios, ni les importaba.

                Esas son las sutilezas que dejamos pasar diariamente y que solo en su ausencia nos damos cuenta que algo pasó, pero a su vez, no nos interesa saber qué fue lo que pasó. Eso somos la raza que se llama humana. 

—Querida amiga, ¿por qué tratas de conocer nuestro destino si, de todas maneras, no podemos cambiar nada en él?[2] 

Foto JHB. El grito.



[1] Barranquero (Momotus aequatorialis) Se le llama "barranquero" porque cava túneles en los barrancos para anidar.

[2] La Egipcia. Gilbert Sinoue.

miércoles, 20 de mayo de 2026

MODORRA

               Modorra según el diccionario es una sensación de pesadez, somnolencia profunda o letargo extremo que suele aparecer tras comer en exceso (somnolencia postprandial) o por cansancio físico. También puede describir un estado de aturdimiento general. Su hermana, la abulia, que es la pérdida extrema de voluntad, motivación e iniciativa para actuar, pensar o tomar decisiones, a menudo descrita como una forma severa de apatía. Las personas con abulia experimentan desinterés generalizado, pasividad y dificultad para iniciar o terminar tareas, lo que impacta significativamente su vida diaria.

                Hay días en que estamos así, con modorra tirando a la abulia, al parecer hermanas de una misma madre, la pereza? Tirados en la cama, sin hacer nada, mirando al infinito de una esquina de la pared, perezosos hasta de pensamiento, esa mirada de un horizonte infinito, siendo nada más la esquina de una pared, de un techo, mirada que se pierde en perezosos recuerdos, en no pensamientos, en la nada y en el todo.

                Una apatía completa hasta de moverse, una indecisión sacramental de levantarse o no, de buscar excusas para no hacerlo, llevando la contraria a la orden que dice que es hora de levantarse, pero sin que el cuerpo pueda obedecer, discrepancia entre cuerpo y mente, inactividad total que solo invita a continuar con la inactividad, con esa mirada sin futuro a una pared en blanco esperando, quién sabe esperando qué, pero esperando.

                Y hasta surgen dilemas entre levantarse, a no hacer nada, o seguir acostado, sin hacer nada.

                Todo da igual, mientras no surja la culpa. Es igual porque ambas cosas son la misma cosa, aunque el uno implica movimiento y el otro pasividad, dejadez de no hacer nada, no porque no haya nada qué hacer, sino de no querer hacer porque a la larga no hay nada qué hacer y entre el hacer nada y el no hacer da lo mismo que hacer. 

Volver a un sitio no siempre es regresar.[1]

Tomado de Google
https://www.infobae.com/america/mexico



[1] El pibe que arruinaba las fotos. Hernán Casciari.


















lunes, 18 de mayo de 2026

VICTIMIZACIÓN

                Matando el tiempo, al no haber otros canales ni plataformas disponibles, me puse a ver un reality, que para mi gusto da vergüenza, pero no había más en qué matar el tiempo. Y hay que recordar que al pueblo hay que darle pan y circo para que esté embolatado viendo estupideces en vez de pensar en cosas más importantes. (Eso último fue mi caso, he de reconocer sin vergüenza, pues de vez en cuando uno debe acercarse a los medios que están embruteciendo a este pueblo mío).

                Tipos mayores, llorando como señoritas (sin eufemismo diría llorando como maricones), porque mi esposita está como enfermita, que porque hace días no veo a mis niños por estar en este concurso, porque mi abuelita está en sus últimas pero me dijo que persistiera y así un montón de estupideces que terminan enervando, al menos a mí.

                Me llevó a pensar en la victimización, iniciando con el presidente de la república, sus hijitos y sus mujercitas, a las que echó (o lo echaron, aunque para los efectos es lo mismo) y a los que nunca crió por estar borracho.

                Supongo que en algún momento de mi vida acudí a la victimización para oír ese pobrecito, muchas veces no tan sincero pero preciso para la ocasión. Afortunadamente hace tiempo me deshice de esa… cómo se podría calificar, tara social? Pero dentro del gen social, particularmente colombiano, se imbricó de tal manera que ya es un deporte victimizarse, naturalmente para conseguir algo, así sea obtener una cara de tristeza mientras afirman pobrecito, ese que nos hace sentir el centro del mundo al menos por unos segundos.

                Nada más veo que una persona comienza a victimizarse (para conseguir algo, recalco) solo veo a un estúpido abusivo que pretende algo que no logró conseguir por sus propios méritos.

                He dicho y amén. 

Eso sí, siempre simulando que estás trabajando. Recuerda que quien es bueno para engañar ya no necesita ser bueno para nada más. Recuérdalo solamente. No lo digas. Eso es de mal gusto y caería muy mal entre quienes sí creen en el trabajo duro y esforzado. O que por lo menos simulan creerlo.[1] 

Tomado de Google



[1] Burócrata imperfecto. Wilson Orozco.

viernes, 15 de mayo de 2026

CRUCIFIXIÓN

 No voy a tratar específicamente del Redentor, que sus motivos tendría para soportar a esta pobre humanidad agobiada y doliente y encima de todo meterse de redentor y por ello murió en la cruz, como me decía mi mamá, cuando me metía de lambón.

 Mi tema se dirige a otro punto, respecto de los demás mortales que sí, nos metemos a redentores y salimos crucificados, pero por lambones, que es otra cosa. En tiempos romanos, a los no romanos, delincuentes de alto calibre o alborotadores que ponían en peligro el imperio, uno de sus máximos castigos era la crucifixión, para que sirviera de ejemplo y de escarmiento[1], y así demostrar que con los romanos nadie se metía, eso quedaba claro, mientras ellos fueron los mandamases del occidente.  Y vea lo curioso de la ley romana, el Redentor no cometió ninguno de ellos, pero murió en la cruz. Eso se llama justicia para los de ruana, me digo. Y de una forma infame, si no tenemos en consideración su especial condición.

 Dice Wikipedia: La crucifixión[2] es un método de ejecución en el que el reo es clavado o atado a una cruz de madera, normalmente desnudo, y es abandonado allí hasta su muerte por el agotamiento físico y la asfixia. La crucifixión era usualmente utilizada para exponer a la víctima a una muerte particularmente lenta, horrible (para disuadir a la gente de cometer crímenes parecidos) y pública, utilizando todos los medios necesarios para su realización. Los métodos de la crucifixión variaban considerablemente con el lugar y el tiempo donde se efectuaban. En algunos casos, antes de la crucifixión, los romanos acostumbraban a dar latigazos (flagelar) al reo. Luego, y durante el trayecto hasta el lugar de ejecución, el condenado era obligado a cargar un yugo de madera ("Patibulum" o "furca") sobre sus propios hombros, que posteriormente solía ser usado como travesaño de la cruz. (Al Cristo se la aplicaron completa, por meterse de redentor de este pueblo desagradecido y por demás ingrato).

 Pero vuelvo al cuento, el ser sentenciado a la crucifixión, previos latigazos y torturas, con qué ganas se alzaba una cruz y en Jerusalén, la distancia, en el caso del pobre Jesús, entre la cárcel y el Calvario: Aunque son menos de 1 km, era un camino empinado, irregular y estrecho que recorrió cargando el travesaño[3] de la cruz tras haber sido flagelado.

 El Cristo lo aguantó, porque como dice mi tía: Cristo pa’ guapo, un caso muy particular y le tocaba hacerlo. Pero refiriéndome al resto de mortales que murieron flagelados y crucificados, muchos pelotas, por decirlo con cierto eufemismo, porque después de la tortura, ponerse a cargar el travesaño, un kilómetro en subida y fuera de eso con centurión al lado dando latigazos para agilizar el paso, yo, personalmente paso. Y muchos pelotas (güevones sin eufemismo) si uno es condenado a muerte para qué carajos se las va a dar de valiente, mejor que acaben de una vez por todas con un tiestazo, de todos modos se va a morir. De igual manera me hace acordar de todos los casos en que les van a pegar un tiro pero primero les hacen cavar la tumba, suena como estúpido, pero lo cierto es que cuando uno se va a morir para qué ponerse a ayudarles a hacerles más simple la ejecución, que al menos además de la bala pongan algo de su parte, me digo. 

Es una mera inquietud que tenía, porque hasta ese punto llega el sinsentido común del ser humano. 

… todos debemos vivir hasta que morimos. 

El hombre siempre aspira a limitar su sufrimiento[4].

Tomado de Facebook
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[1] Los romanos utilizaban la crucifixión como pena máxima para esclavos, rebeldes, piratas y enemigos del Estado, principalmente por delitos de sedición, traición y agitación política. Era una forma de tortura pública diseñada para humillar y sembrar el terror, raramente aplicada a ciudadanos romanos. La crucifixión era una muerte lenta y agonizante, por lo que se reservaba para los delitos que Roma consideraba más peligrosos para la estabilidad del Estado, actuando como un escarmiento ejemplar. Los romanos habitualmente rompían las piernas de los condenados para acelerar su muerte y evitar su entierro. El emperador Constantino abolió la crucifixión en el Imperio romano al final de su reinado.

[2] Como dato curioso no fue exclusivo de los romanos: métodos similares habían sido inventados por el Imperio persa. … Actualmente, en ciertos países con interpretaciones legales de la sharía dentro de su código penal como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos,[3] Sudán[4] y grupos terroristas como el Estado Islámico la usan como método de tortura y ejecución.

[3] Otro dato curioso que nunca me habían aclarado ni lo había pensado. Se estima que la cruz completa utilizada para la crucifixión de Jesús pesaba alrededor de 136 kg (300 libras). Jesús probablemente cargó solo el travesaño horizontal (patíbulum), que pesaba entre 32 y 57 kg (70-125 libras), durante el trayecto al Gólgota. Detalles del peso: Especialistas indican que la estructura total superaba los 130 kg. El travesaño (Patíbulum): Era común que los condenados romanos cargaran solo el travesaño (aprox. 34-57 kg), no la cruz entera. Estimaciones históricas: El arquitecto Charles Rohault de Fleury estimó en 1870 que la cruz completa pesaba aproximadamente 74.8 kg, con una altura de 3 a 4 metros.

[4] El enigma Turing. David Lagercrantz.


miércoles, 13 de mayo de 2026

TIC TAC

                Tic, tac, tic, tac, solo eso se oye. Un eterno tictac, relativo según la pila. Solo eso se oye y al reloj no le importa, por qué habría de importarle, si lo construyeron solo para eso, para que viera pasar el tiempo impasible, imperturbable, como para matar el tiempo, sin importar el movimiento de las manecillas, solo un tictac indicaba que estaba haciendo su tarea. Que si el minutero se movía tres números, que si la manecilla de la hora se movió hasta el cinco, todo eso poco importaba, ni tan importaba como que fuera visto siempre a las ocho de la mañana y a las cinco de la tarde, todo eso poco importaba porque solo tenía que estar atento al tictac, no al movimiento en sí. Eterno, constante, permanente tictac. Rutinario si se quiere. Solo eso, hacer tictac; el movimiento le era intrascendente, trascendente tal vez para el que le viera las manecillas, porque ni aún así, porque a veces solo era visto con la angustia de ser las ocho de la mañana o las cinco de la tarde y generalmente como si se viera una pared desnuda, una blanca pared, que no dice ni fu ni fa. Cosa curiosa, pensaría. No importaban los efectos, conque hiciera tictac bastaba, lo demás intrascendente, inocuo si se quiere. Solo le preocupa dejar de hacer tictac o que se acabara la pila, que iba a ser lo mismo. O no?

  

 

(Esta es la forma como me comunico con mi siquiatra, para que me vaya graduando la dosis).

 

Quien lo probó lo sabe: nada hay más trabajoso. Escribir es parecido a lavarse por las mañanas. Uno va al río convencido, casi con entusiasmo, pero en cuanto se acerca a la orilla se queda tieso mirando el agua. ¿No estará demasiado fría?[1] 

Tomado de Google


[1] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.


lunes, 11 de mayo de 2026

FANTASMA

                Entraste y saliste de mi vida como un fantasma, casi ni te pude ver.

               Entraste casi sin darme cuenta y de esa misma manera saliste.

               Como sombra en mi vida, invisible como mi propia vida, simplemente una sombra que pasó por mi vida y que de esa misma forma salió.

               Una sombra, un recuerdo, una sombra que tal vez solo era imaginación o un deseo incontrolablemente escondido.

               Dicen que los fantasmas solo se pueden ver en la mente, pero te veo en el recuerdo.

               Fugaz, indefinible, indescriptible, etéreo y volátil, apenas percibido, apenas perceptible, apenas notado, difícil de entender, de comprender, de asimilar.

               Difícil saber qué era, si realmente era.

               Sin saber si solo fue la imaginación que en una sola pasada captó su presencia, sin ser presencia, simplemente sombra de una sombra, imaginada, deseada, pero sombra nada más.

               Un instante o una eternidad, da lo mismo, porque entraste en un instante y al instante siguiente, que fue una eternidad, ya no estabas.

               Fugaz presencia, eterna ausencia.

               Imaginación o realidad, fantasma o realidad, instante o eternidad, ese fantasma quedó, para no irse, yéndose; estando sin estar, permaneciendo en ausencia.

               Pero aquí está, aquí se quedó, solo yo lo sé.

               Y qué más da, fantasma que se ha eternizado en un instante, compañía de soledad, ausencia en presencia.

               Inspiración que no es desaparición, que es presencia en el no estar.

               Entraste y saliste de mi vida como un fantasma y casi ni te pude ver, pero el recuerdo, la eternidad y la conciencia saben que entraste y saliste en un eterno instante.

 

—No somos desconocidos —dijo Louis—. Somos amigos que aún no se conocen.[1] 

Tomada de Google 
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[1] Todo lo que muere. John Connolly.

viernes, 8 de mayo de 2026

SOCIEDAD MODERNA

                Leí una frase de Pérez Reverte bastante contundente.

 "Hoy estamos en la fase idiota del proceso: el insulto sin responsabilidad. En las redes sociales se vomita bilis sin pagar el precio ni dar la cara, incluso sumándose a otros con un simple clic del ordenador o el teléfono. Tampoco se ataca el honor o la lealtad a lo que sea —averiguarlo requiere esfuerzo y tiempo—, sino la supuesta filiación del objetivo en cuestión: machista, masón, nazi, cuñado, taurino, seguidor del Real Madrid o del Barça. El insulto español contemporáneo es rápido, fácil y pobre, una contraseña tribal: tú, cabrón, puta, no eres de los míos. No se insulta a alguien por lo que es, sino por lo que se supone que es. Incluso por lo que se supone que no es."[1]

               Así es. Y viene mi mea culpa, cuando en Facebook comparto las barbaridades que cada día, en medio de su traba, hace el supuesto presidente de mi tierra, Petro. Me desboco como loca libre con mis comentarios que efectivamente vomitan bilis, insulto sin responsabilidad. Me he prometido muchas veces no hacerlo, pero la bilis es superior a mi deseo. Es una cara que solo conocen unos cuantos, supongo, y que desconfiguran la imagen que tienen de mí, supongo, pero es mayor el odio que la prudencia, que hace verdaderos sabios. Y me exculpo diciéndome que es preciso que otros vean lo que yo veo, la estupidez de un ser humano, poca cosa, para mí. Sigo prometiéndome no hacerlo, pero ante la estupidez no puedo, es algo que me supera. No soporto que haya gente que todavía crea en él, a la que considero más estúpida que a su líder.

                Así son las cosas y es mi mea culpa, qué le vamos a hacer. 

La desgracia propia nos la callamos, mientras que la deshonra ajena la pregonamos[2]

Tomado de Facebook
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[2] El enigma Turing. David Lagercrantz.


lunes, 4 de mayo de 2026

OBSESIONES

                No hay tema que más me pique y al que procuro alejar como es el de la religión, lo habrán notado. Pero libro que leo, libro que de alguna manera me produce la piquiña de la iglesia, lo que me ha llevado a concluir que se está convirtiendo en obsesión.

                Esta vez fue el Vaticano, centro que consideramos de pureza, de caridad cristiana, de belleza estatal y leyendo La lápida templaria[1] fue la que me alborotó la obsesión. Un estado teocrático pequeñito, por no decir diminuto, pero que concentra un gran poder. Me permito transcribir lo que decía el autor, que al parecer tiene la misma mala leche que yo tocando este tema:

                El Estado vaticano es el más antiguo del mundo. Se remonta al siglo III, cuando el emperador Constantino concedió libertad de culto a los cristianos y reconoció a sus jerarquías. Hasta mediados del siglo XIX los territorios de la Iglesia se extendían a buena parte de Italia, pero en 1870 el naciente Estado italiano le arrebató casi todas sus posesiones, El Vaticano es el Estado más pequeño del mundo, poco más que una insignificante aldea de dos kilómetros cuadrados y menos de mil habitantes. Sin embargo continúa siendo un formidable centro de poder. La población católica del mundo, cuya jefatura espiritual retiene el jefe del Estado vaticano, asciende a casi novecientos millones de personas, un quinto de la población del planeta. Un quinto, cabe añadir, cuyo peso específico es mayor que el de los cuatro quintos restantes porque es mayoría en cinco países europeos y en toda Sudamérica y puede influir decisivamente en una docena de países igualmente importantes donde los católicos constituyen minorías significativas; por ejemplo, en Estados Unidos de América.

Eso otorga al jefe del Estado vaticano un inmenso poder. También una enorme responsabilidad.
La aldea vaticana se gobierna por una teocracia en la que la autoridad divina se encarna en un monarca absoluto, el papa, designado con carácter vitalicio por el Espíritu Santo, es decir, por el propio Dios, entre los miembros del Colegio Cardenalicio. Los cardenales son los príncipes de la Iglesia, su aristocracia. No existe un cupo fijo de cardenales, pero su número actual se aproxima a los ciento once. Ellos son, a un tiempo, electores y elegibles. La teocracia vaticana se viene manteniendo, no sin altibajos ciertamente, desde los tiempos de Constantino.
Algunos observadores ingenuos se han admirado de que, siendo la elección del papa inspirada por el propio Dios, el Espíritu Santo muestre especial predilección por los miembros de la Curia romana. Hace cuatro siglos que todos los papas son elegidos entre los treinta y tantos cardenales romanos, procedentes muchos de ellos de poderosas familias tradicionalmente vinculadas a la corte pontificia. En realidad, esta camarilla romana constituye el gobierno efectivo de la Iglesia. No se trata de un grupo uniforme. La Curia romana está dividida en distintas facciones que luchan solapadamente por el poder y se disputan el control de la política romana. Sólo forman un bloque monolítico cuando se trata de defender el interés común y de mantener sus privilegios de grupo. Al menos esto ocurría hasta muy recientemente. Ahora las cosas tienden a cambiar, quizá para que todo siga siendo igual.

La preeminencia histórica de los cardenales romanos resulta, por otra parte, lógica. Ellos residían en Roma, a la sombra del pontífice, en el mismo epicentro del poder donde se cocían las decisiones importantes, mientras que los ochenta y pico cardenales restantes se encontraban desperdigados por el ancho mundo, a cientos de kilómetros unos de otros, cada uno aislado en su diócesis. Apenas tenían ocasión de conocerse. Cuando se reunían en Roma, durante unos días, para la elección de un nuevo pontífice casi no podían hacer otra cosa que dejarse captar por alguna de las distintas facciones ya establecidas en la Curia romana. El resultado era que salía elegido un miembro de esa Curia. Los «vaticanólogos» aseguran que sólo modernamente, cuando las comunicaciones han permitido que los cardenales del mundo se conozcan y puedan constituir sus propios grupos, se ha observado cierta tendencia a elegir papa fuera del reducido círculo de los romanos. Los «vaticanólogos» no han detectado relación de causa a efecto entre la atípica y sorprendente elección de un papa procedente del otro lado del telón de acero y la casi inmediata desintegración de ese telón de acero, con la consiguiente desmembración del bloque comunista.

No es un secreto que el Estado vaticano era enemigo del comunismo, al que había anatematizado en múltiples ocasiones. Cabe decir que el odio era mutuo. Desde su propagación mundial, a finales del siglo XIX, el comunismo ha querido destruir a la Iglesia o, al menos, ha intentado suplantarla como religión del pueblo. 

Como todos los servicios secretos, el del Vaticano tiene una tendencia a actuar por su cuenta en muchos asuntos. Es una medida prudente, cuantos menos lo sepan más garantías hay de que se mantenga el secreto, Y el secreto es la cualidad fundamental, porque una indiscreción, por leve que sea, puede dar al traste con la paciente labor de muchos meses de trabajo. Además, la prudencia tiene otra ventaja: si la operación se malogra, no hay que informar al jefe. Los que están arriba rara vez se muestran dispuestos a compartir responsabilidades, prefieren no enterarse. Así, si salta un escándalo, pueden rasgarse las vestiduras y asegurar que nunca lo hubieran consentido.

En la aldea vaticana el servicio secreto ha de mostrarse especialmente cauteloso porque allí todo el mundo se conoce y todo el mundo habla mal del vecino. Es natural que cada bando intente atraerse a los servicios secretos. Aunque los detalles difícilmente trascienden al exterior, cuando escribimos estas líneas, en Octubre de 1994, no es ningún secreto que dos importantes facciones vaticanas se encuentran enzarzadas en incruenta guerra por la sucesión del pontífice, cuyos días en la tierra parecen contados.
«Hay dos cosas difíciles de encontrar en el Vaticano: la honradez y una buena taza de café». 

Los servicios secretos, y todos los países tienen el suyo, incluso los más pobres, sin contar los propios de las multinacionales, de las mafias y de las grandes empresas, tienen por misión informar a sus respectivos gobiernos sobre temas referentes a otros países con los que están en conflicto o con los que mantienen pacíficas relaciones de vecindad o alianza. El noventa por ciento de esa información procede de analistas, simples funcionarios que se pasan el día en un despacho, detrás de una mesa, criando panza, y se limitan a examinar críticamente prensa, libros, emisiones radiofónicas e informes confidenciales generalmente conseguidos mediante soborno (también mediante chantaje), de los que obtienen gran cantidad de datos que, una vez exprimidos y barajados, pueden suministrar la información requerida. Esta avidez por la información ha dado lugar a la estrategia contraria, que consiste en desinformar, es decir, suministrar información falsa cuyos efectos anulen los de la verdadera. Un buen analista es el que sabe separar el grano de la cizaña, es decir, el que sabe distinguir la información falsa de la verdadera.  

 

               Qué más se puede agregar, que la paz que se obtiene en la Plaza de San Pedro y en sus alrededores es una farsa al ver sólo una capa de lo que realmente entrañan sus profundidades y que vulneran toda la palabra divina de una manera ostensible.

                He dicho. 

Corell consultó la paradoja del mentiroso en la Enciclopedia Británica. No esperaba encontrarles una explicación a las anotaciones de Rimmer en las actas del interrogatorio ni tampoco aprender nada del trabajo del matemático muerto (Turing), pero sí pretendía entender mejor qué era lo que tanto le atraía de esa paradoja.
Leyó que se trataba de una frase que afirma ser falsa y que en consecuencia es verdadera justo cuando es falsa, y que por su innata contradicción provoca el derrumbamiento de nuestro concepto de verdad, o, al menos, su suspensión temporal.

La paradoja se atribuye a un filósofo cretense, Epiménides, siglos antes de Cristo. En la versión original rezaba «Todos los cretenses son mentirosos, como me dijo un poeta cretense», pero se podía formular de otra manera, por ejemplo, de la forma más sencilla: Miento. Corell no sabía muy bien por qué, pero le parecía que la oración tenía una suerte de calidad evasiva. No llegaba hasta el extremo de creer las palabras de Rimmer cuando decía que la frase había provocado una crisis en la ciencia matemática y que había dado lugar a una nueva máquina, pero le gustaba reflexionar sobre ella —la frase estimulaba sus pensamientos— e intentó inventar variantes. Entre otras murmuró No existo, pero reconoció enseguida que se trataba de otro tipo de contradicción: una oración que debido a las condiciones vitales no podía pronunciarse sin mentir.[2] 

Tomada de Google



[1] Juan Eslava Galán, con el seudónimo de Nicholas Wilcox.

[2] El enigma Turing. David Lagercrantz.

 

viernes, 1 de mayo de 2026

COREANOS

                Con el tiempo terminé viendo películas y series coreanas. Tanto que es Netflix la que se encarga de recomendar los temas que me gustan y casi siempre acierta con sus consejos. He de reconocerlo.

                Están bien hechas, buenas tramas, supieron copiar lo que nos gusta en occidente o puede que sean buenos en eso por méritos propios, lo que sea. Simplemente me he aficionado a ellas.

                Y por qué no decirlo, muestran una hermosa arquitectura, nueva o vieja, ciudades pujantes, grandes avenidas y visto con buen ojo, un pueblo para envidiar. Y lo que es la vieja Corea, su arquitectura es fascinante, con su antigüedad bastante grata, de la que no ha perdido personalidad a pesar del paso del tiempo. Claro que hay lugares feos y poco recomendables, como en toda ciudad, pero si uno es acomodado solo ve lo que le gusta.

                La raza es bastante particular, bonita por demás, tan distinta a los otros fenotipos orientales a los que nos acostumbraron.

                Pero… viene el pero. Las relaciones interpersonales dejan mucho qué desear y sobre todo, al menos lo que muestran las películas, se dan en las relaciones jerárquicas. Un jefe parece que está autorizado hasta llegar a pegarle a un subalterno, puede insultarle, puede arrastrarle. Ese pero es al que no me he podido acostumbrar, resultan groseros, patanes y cómo decirlo, ruines en ese tipo de relaciones. Y no les da pena mostrarlo, no sé si es lo peor o es que son menos hipócritas, todo según se vea.

                El problema en la vida es que todo tiene su pero. 

Igual que en un bar no tenemos en cuenta al camarero como persona, sino únicamente en relación a lo que hace, es casi inconcebible que un corredor pueda ser otra cosa sino un cuerpo montado en bicicleta.[1] 

Tomada de Google



[1] Sócrates en bicicleta. Guillaume Martin.

miércoles, 29 de abril de 2026

INCONGRUENCIAS (MENTALES)

                Estaba viendo un documental sobre el big bang y recordé a Pascal o a alguno de esos filósofos que decía: Duda de todo. Y ahí comenzaron mis dudas.

                Y comencé a preguntarme qué pasaba antes del big bang. La IA de Google me informó: La ciencia actual indica que no existía un "antes" temporal al Big Bang, ya que el tiempo y el espacio se originaron con él hace 13.800 millones de años. Sin embargo, la física teórica postula conceptos como la energía del vacío, un universo en contracción, o un estado de alta densidad, sugiriendo que nuestro universo podría provenir de un evento cíclico (rebote) o una "nada" inestable[1]. Y el artículo concluyó: En resumen, la respuesta sigue siendo objeto de estudio especulativo, ya que requiere unificar la relatividad general y la mecánica cuántica.

                Eso me llevó a pensar en otra teoría especulativa, la divina, en la que me educaron, en la judeocristiana, en la que Dios creó el mundo. Especulativa, lo es y una forma de entender, en aquellos tiempos, cómo surgió el universo. Del caos surgió el universo y Dios fue componiendo las cosas. La ciencia opina que antes del big bang no había nada. Es más, no tiene sentido preguntar qué hubo antes del big bang, pues hablamos del origen del tiempo: no puede haber “antes” del principio. Así como no puede preguntarse dónde estaba uno antes de existir, o qué temperaturas hay por debajo del cero absoluto. Pero pudo intervenir una mano de un ser superior? Pudo ese ser jugar a los dados?

                Ambas teorías, como teorías que son (que no han podido ser demostradas hasta el momento) hablan de la nada y científicamente me preguntaba cómo de la nada pudo surgir algo y ese algo hizo otro algo para coalicionar y generar todo un universo, hoy igualmente desconocido, a pesar del conocimiento precario que se tiene de él.

                Pensamientos retóricos, lo sé y que, al menos en mi caso, da igual saber que no saber, pues en mí no hay nada de religioso ni de científico y el saber tampoco afecta para nada mi vida, rutinaria por demás. Igual a lo sucedido cuando me enseñaron el binomio completo, es decir, quedo en las mismas y hasta el momento no me he visto obligado a acudir al binomio completo y por tanto dos más dos siguen siendo cuatro.

 Teoría[2] que la convierte en hipótesis[3] mientras no se demuestre lo contrario. Uno podría concluir que ambas son tan ciertas mientras no se demuestre lo contrario, pues cabe la posibilidad de que un ente superior haya ayudado a toda esta creación, o no? De allí la incoherencia que surgió en mi pensamiento.

 Pensamientos seniles, me digo y me consuelo. 

Al emplear los cálculos de Kepler estaban usando los únicos dos instrumentos que los humanos poseían desde los inicios de la evolución: el ojo desnudo, el primer instrumento astronómico humano, y la razón, la primera (y todavía mayor) herramienta científica; aquella herramienta que, a partir del siglo XVII, la gente seguiría empleando sin las limitaciones y las imposiciones a menudo peligrosas de la ortodoxia religiosa. Ortodoxia significa «creencia correcta»: por aquel entonces, el problema de la humanidad era (y sigue siendo, para algunos) su tendencia a pensar que, cuanto más antigua una creencia, más correcta es.[4]

Tomado de Google



[1] El tiempo no existía: Al igual que no hay nada al norte del polo norte, no hay un "antes" del comienzo del tiempo. La pregunta carece de sentido temporal, ya que el Big Bang es el origen de la línea temporal. Energía del vacío: El universo surgió de una inmensa inestabilidad energética o fluctuación cuántica en un vacío, no necesariamente una "nada" absoluta. Universo Cíclico o Big Bounce: Algunas teorías como la Gravedad Cuántica de Bucles sugieren un "gran rebote", donde nuestro universo es el resultado de la contracción de un universo anterior. Inflación Cósmica: Una fase de expansión rapidísima que ocurrió justo antes de la expansión caliente del Big Bang, indicando que hubo un proceso previo. La postura de Hawking: Stephen Hawking sugirió que la respuesta era "nada" (en términos de tiempo y espacio físicos), visualizando el inicio como un punto sin bordes.

[2] Una teoría es un sistema lógico-deductivo ​ constituido por un conjunto de hipótesis, un campo de aplicación y algunas reglas que permitan extraer consecuencias de las hipótesis.

[3] Hipótesis: Una suposición comprobable, no una verdad consolidada.

[4] La era del ingenio. Anthony C. Grayling.