lunes, 9 de marzo de 2026

DE VITA

             Hasta quedar en deuda conmigo mismo. Oí a Franco De Vita (Tú de qué vas). La letra la tomo fuera del contexto de la canción, porque me hizo pensar si estoy en deuda conmigo mismo.

             Estar en deuda es deber, más que obligación, aunque el deber es obligación, obligación de pagar algo que le fue prestado, pero no es ese deber precisamente al que me refiero. Me hace pensar en el uso de las palabras y en sus diferentes variaciones y acepciones, pues el deber es una obligación que se tiene por algo que le fue prestado, como dije, pero que no cuadra con lo que quiero significar, aunque en últimas sí.

             Con esta disquisición demuestro la existencia de la galimatías[1], es decir el enredo que formé. Y así es, si partimos de la definición de la IA de Google: Un galimatías es un lenguaje oscuro, confuso o incomprensible, ya sea por el uso incorrecto de palabras o por el desorden en las ideas. Se refiere a un discurso o escrito que parece no tener sentido, un "jerigonza" o un enredo que dificulta la comprensión. También se utiliza coloquialmente para describir una situación caótica, un lío o un gran desorden. Vaya qué desorden de ideas y así sucede cuando uno pretende explicar algo, debido al desorden de ideas y el uso incorrecto de la palabra.

             De allí que quedé en deuda conmigo mismo, al no poderme explicar, ni quererlo hacer después, porque la confusión quedó y el tratar de desembarrarla lo lleva a uno a enredar más de lo que está. Será el principio de mi senilidad, me pregunto.

             Mejor dejar así y pensar que no estoy en deuda conmigo mismo, aunque sea cuestión De Vita. 

El problema es que no hay males menores.[2] 

Tomado de Facebook
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[1] Y me tocó usarla en plural, porque es una palabra así escrita, que no acepta el singular que sería galimatía, cosas que hay que ver y uno no sabe en dónde ponen las gallinas, pero se aprende algo.

[2] El ángel negro. John Connolly.


viernes, 6 de marzo de 2026

EFÍMEROS MODERNOS

             Recordé, no sé por qué, o tal vez porque noté su ausencia, que en menos de diez años, supongo (ante mi imposibilidad de ubicarme temporalmente), decía que noté la desaparición de algunas cosas que habían nacido con la modernidad, nada más pensar en los armatostes que teníamos de computador, en los inicios de nuestros tiempos, los cuales engallábamos a medida que surgían novedades y ver cómo eran enterrados y surgían portátiles y tabletas. Y qué decir de los celulares, mucha tela para recortar. Anuncios de novedades de celulares que hoy cuestan entre siete y diez millones y que tendrán una vida útil calculada de tres años, si les va bien y sin acabar de pagarlos hay que reponerlos por otros más costosos; ver gente que no tiene en dónde caerse muerta y se matan por comprar uno de esos, empeñando su futuro. Y así puedo seguir criticando, porque vos sos muy criticón me recordaría mi mamá. Pero allá ellos. Aunque curiosamente un me encontré hoy un artículo que predecía ya la desaparición de la USB, vea pues. (https://www.infobae.com/tecno/2026/03/05/fin-de-las-usb-en-2026-las-formas-de-reemplazar-este-formato-de-almacenamiento-retro/)

             Lo que noté fue la ausencia de puestos que había para hacer una llamada, en todas las esquinas había alguien ofreciendo el servicio, a cien pesos el minuto, si mal no recuerdo, y el consabido afán de quien llamaba para que el costo no subiera demasiado (rápido que se me acabó el minuto) y así como nació el negocio, el negocio desapareció y en cosa de menos de diez años. Esa es la modernidad, me digo, en la que hay de todo pero ya no eterno, ahora las cosas las construyen con una aspiración de vida no mayor de tres años, he ahí el negocio, desechables, para botar y comprar uno más nuevo, que hace lo mismo que el anterior, pero más costoso y de allí que hasta hayan desaparecido el todero, el que arreglaba todo, porque hoy resulta más rentable comprar uno nuevo que mandar arreglar uno viejo, que todavía está siendo pagado, pero que ya es viejo, caduco e inútil, como yo mismo.

             Qué ironía de vida. 

Siempre que contamos con el tiempo cambia la naturaleza de cualquier relación. Así nos sucede en el amor también. Al cabo de años de convivencia, una parte aumenta su deuda y la otra se vuelve más acreedora.[1]

Tomada de Google



[1] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.

miércoles, 4 de marzo de 2026

CIFRAS

 

            Durante, diría los últimos veinte años, he venido notando la dificultad que se viene presentando al leer números. Nada más recordar la diferencia entre el billón gringo y el billón en habla hispana, la diferencia son tres ceros. El gringo tiene nueve ceros, mientras que el nuestro viene a ser de doce, es decir el uno quiere expresar mil millones y el otro un millón de millones. Pero bueno, creo que esa confusión ya nadie la arregla, salvo cuando se va a prestar o se va a cobrar y a quién le importa si no tenemos disponibles ni el millón.

Pero bueno, el asunto viene a la lectura de números, de cifras. En estos días me llamó la atención de una locutora, avezada en su campo, que tenía que citar una cifra semejante a 859.347, se pegó un enredo empezando a leerlo, porque lo leía como cifra y no como palabra y patinó diciendo ochocientos y comenzó a dudar con el resto de guarismos; me tocó ayudarle mentalmente soplándole que era ochocientos cincuenta y nueve mil trescientos cuarenta y siete. A su vez, me hizo recordar que hay países, creo que Chile o Argentina, o ambos, en donde no dicen mil novecientos noventa y nueve sino mil nueve noventa y nueve, o algo parecido, ya ni recuerdo. Y otro ejemplo, creo que copia de los gringos es que el año dos mil veinte es veinte veinte, maña que las nuevas generaciones han adoptado. Me hace recordar a mi mamá y a mi papá que cuando les pedían el número de cédula la recitaban con millones y miles.

 Nada más cierto que hacer el experimento con un joven (menor de cuarenta, diría yo a mi edad) y decirle que lea un número que contenga seis cifras, para que no se enreden demasiado, y ahí notará uno la diferencia de generaciones.

 A eso se llama modernidad, me digo con preocupación. Y eso que estamos en el veinte veintiséis. 

¿Podemos estar de acuerdo en que no estamos de acuerdo?[1]

Tomado de Google


[1] Agatha Raisin y la boda sangrienta. Marion Chesney.


lunes, 2 de marzo de 2026

ANCESTROS

 

Más allá, vi el resplandor de los canales en las marismas, convergiendo en algunos sitios al abrirse paso entre los juncos, las aguas de uno entremezclándose con las de otro, cada uno cambiado irreversiblemente al confluir. Así eran las vidas: cuando sus caminos se cruzaban, quedaban alteradas para siempre por el encuentro, unas veces de una manera leve, casi invisible, y otras de forma tan profunda que ya nada podía ser después igual. El residuo de otras vidas nos contagia, y nosotros a nuestra vez lo transmitimos a quienes encontramos más adelante.[1]

             Ya había hablado del desconocimiento de nuestros ancestros, de los cuales solo llegábamos a conocer algo, bastante poco a medida que se retrocedía en el tiempo en el cual se iba diluyendo la memoria familiar.

             Pues bien, oyendo un podcast, Ecos del Olimpo[2], hablaba de la progresión geométrica que existe en uno relacionada a la casi imposible tarea de poder determinar la rama común del ADN que hoy nos acompaña, gracias a las sucesivas procreaciones que se han sucedido desde quién sabe cuándo.

             Eso me hizo pensar ahora en dos aspectos más.

             El primero, si partimos como ejemplo de mi caso, mi papá insistía en que era indígena, particularmente chibcha, y que sus ancestros lo eran; vaya uno a saber. Mi mamá, por su parte, muy engreída se regodeaba de ancestros italianos, al haber sido su abuelo uno de ellos; su mamá, nortesantandereana y si se sigue la línea ancestral procedería de los guanes, cosa que ella no aceptaría ni por el chiras. Vaya uno a saber. Lo que es cierto es que… no sabemos nada de nada. Lo cierto es que con la fusión indígena propia de tiempos inmemoriales se llegó a una fusión entre indígenas de diferentes tribus, y a su vez, con la conquista hubo fusión de fusión, con la española, por citar la predominante, pues hubo conquistadores alemanes y más adelantico franceses e ingleses, por citar algo más. Con el esclavismo pues llegaron los negros africanos. Es decir, sin saberlo, somos la amalgama directa o indirecta de todas esas razas, tenemos una mezcla bastante curiosa y nada más ver un examen de ADN le dice a uno los porcentajes que tiene de indígena, de africano, de europeo y qué tanto de asiáticos. En consecuencia, no somos nada y somos todo, pero odiamos a unos extranjeros y admiramos a otros, que es la curiosidad que me nació, cada día nos parecemos más a Trump, hijo de inmigrantes europeos, pero que se cree más gringo que los realmente autóctonos y por ello tiene derecho a perseguir a otros inmigrantes. Vea pues.

             La otra duda que me surgió, teniendo en cuenta todo lo dicho, es el ADN. Se sabe que se trasmite de generación en generación, de donde deduzco que tengo que tener una parte de ADN originario[3], sin saber de hace cuántos miles de años. Sin embargo, siguiendo el mismo pensamiento del punto anterior, me preguntaba qué tanto se diluye el ADN al mezclarse con el de la pareja y así progresivamente en cada generación. Eso ocupó mi cabeza, saltarina como siempre, pensando en que sabemos (creo) que somos todos, pero somos únicos (pensando genéticamente). Cómo saber si el genio que tengo (entendido como carácter más que como intelecto, vaya uno a presumir), decía que cómo puedo saber si el carácter que me prima no se parece al de algún ancestro de por allá la Edad Media, o de la era anterior a Cristo o que resulte semejante al de Calígula, Nerón o Stalin, con la esperanza de que hubiera también parte angelical, pues hubo una época en que los papas eran muy fértiles y algunos santos igualmente, lo que me hace acordar de las veces en que he oído que algún rasgo o gesto era el propio del tatarabuelo, al que nunca conocería y del que poco se sabría, salvo si hubiera sido adinerado o hubiera tenido poder. Vaya uno a saber.

             Si somos la suma de todos (al menos de toda una familia que viene de muchísimos siglos atrás, así la ignoremos, sea por desprecio o por verdadera ignorancia) cómo en pleno siglo XXI seguimos rechazando al inmigrante que, en algún momento pudo hacer parte de esa familia ignorada.

             La retórica me sigue rondando (no el arte sino las preguntas inconclusas con respuestas igualmente inconclusas). 

… porque no te queda más remedio, porque no existen otras alternativas.
—Eso tampoco lo entiendo. Todo el mundo tiene alternativas, ¿no?[4] 




[1] El ángel negro. John Connolly.

[2] Alex Rovira.

[3] La IA me dice que se mantienen para dar Estabilidad Genética: La Especie: La estructura de doble hélice y la secuencia general del ADN humano se mantienen, garantizando que un humano produzca un humano. La Mayoría del Genoma: Más del 99% de la secuencia de bases de ADN es igual entre todas las personas, manteniendo la funcionalidad biológica. Instrucciones Proteicas: Los genes, que son segmentos de ADN, mantienen las instrucciones para construir y mantener el organismo (ej. grupo sanguíneo, estructura ósea). Y faltaría la atávica, me atrevería a incluir dentro de mi propia ignorancia.

[4] El ojo de Eva (Inspector Sejer 1) Karin Fossum.

viernes, 27 de febrero de 2026

DESAPERCIBIDOS

                La historia tiene historias que pasan desapercibidas pero que pueden decir mucho de su actor. Así como hay historias que no deberían pasar, pero como todo en la vida depende de la visión del historiador. Oyendo en BBVA un podcast de un director de cine español[1], relacionada con los cinco años que estuvo preso Cervantes en Argel, mencionaba que curiosamente todo el mundo había leído el Quijote, todos mencionábamos tanto al Quijote como a Cervantes como buenos conocedores, pero que en la práctica se sabía más del primero que del segundo. Igual que con Pío XII que dicen que era pronazi mientras otros afirman que hizo lo posible para la liberación de judíos, vaya a saber uno cuál es la verdadera historia.

                Como sea, leí una novela Cartas a Palacio de Jorge Díaz. Cuenta una de esas historias desapercibidas, en este caso de Alfonso XIII, rey de España durante la primera guerra mundial (acoto que no soy monarquista, ni la figura me gusta, creo por demás que la monarquía hoy debería desaparecer al tener un costo innecesario y una función netamente figurativa, pero allá ellos).

                La misma novela resume esa parte de la historia totalmente desconocida: Ahora que la guerra ya es historia, ha llegado el momento de cerrar la Oficina Pro-Cautivos, aquella iniciativa del rey de España, don Alfonso XIII, para demostrar que su país podía ser neutral pero no indiferente al sufrimiento de Europa. Cuando hayan pasado los años, es posible que nadie recuerde que esa modesta oficina que empezó en un desván de palacio llegó a tener cincuenta y cuatro empleados a su servicio, que contó con la colaboración de sesenta agregados militares y más de trescientos diplomáticos, y que este pequeño grupo de personas consiguieron algo tan grande como la atención de doscientos mil prisioneros, la repatriación de más de veinte mil soldados heridos, y de setenta mil civiles desplazados por el conflicto.

 Y como colofón añade: crear la oficina y dedicarla a ayudar a los prisioneros, sin importar nacionalidad, graduación o religión, fue uno de los grandes aciertos de la vida de Alfonso XIII. Supongo que con eso su majestad se habría ya ganado su pase en la historia, a pesar de la otra cara de la historia que ya los españoles sabrán contar, según lo cuente cada lado.

 Concluyo pensando que son estos pequeños detalles históricos lo que nos podrían alimentar en los momentos más cruciales de la misma historia. 

… lo que ocurre es que nunca pensarán lo mismo, ni siquiera en los temas en los que están de acuerdo.[2]

Tomada de Google



[1] El Cautivo, película de Alejandro Amenábar.

[2] Cartas a Palacio. Jorge Díaz.

miércoles, 25 de febrero de 2026

TRISTEZAS DEL ALMA

             Una frase oída en Netflix (Los renglones torcidos de Dios[1]): Qué Dios ha permitido tanta imperfección.

             Cada día encuentro más incongruencias bíblicas. Es asunto que me persigue, sin quererlo, sin buscarlo, que me pican como tábanos al ganado y eso que me he prometido una y otra vez no escribir sobre religión, pero aquí estamos.

             Desde asesinos a inocentes sonámbulos por la vida, creados a su imagen y semejanza. No hay un hombre igual, ni a Dios ni a otro semejante, pero semejante afirmación al ser considerada como que el creador nos hizo semejantes, pone en duda la perfección divina. En algo debió equivocarse y me pregunto en qué. Tal vez en creerse perfecto o en haberse creído que El lo era.

             Somos perfectos por la gracia de Dios, creo recordar de alguna clase de religión escuchada en mi niñez, o fue mal enseñada o fue mal aprendida, pero que refuerza la noción de imperfección.

             Eso me lleva a pensar en tanto incapacitado inocente y pienso en que Dios no tiene piedad, pienso en las personas que las tienen a su cargo, rogándole al mismo Dios que les mantenga con vida, a ellos, para que sus pupilos inocentes no queden desamparados, incapaces e inocentes, por la gracia de Dios.

             Cuidadores que tratan de prolongar su vida lo más posible, a toda costa, con el fin de no dejar abandonado a ese inocente incapaz, repito. Incapaces que no logran entender el sentido de lo que es vivir a plenitud, que no comprenden las causas de su incapacidad y las limitantes que le ha impuesto la vida.

             Y solo me puedo preguntar cómo ha permitido Dios, si es que existe, tanta imperfección, salvo que él mismo fuera un esquizofrénico y de alguna manera nos transmitió sus genes corruptos.

             Pobres aquellos incapaces inocentes, al saber que Dios no tiene misericordia con ellos. Me gustaría saber si Dios diría que todo esto es evolución, que todo esto es por su bien.

             Parece que todo esto es parte de los renglones torcidos de Dios. 


Se interesaba demasiado por las cosas de este mundo y demasiado poco por la promesa del más allá.[2]  

Foto JHB


[1] Basado en la novela del mismo nombre de Torcuato Luca de Tena.

[2] Perfil asesino. John Connolly

lunes, 23 de febrero de 2026

SILENCIOS

             Últimamente he notado la necesidad de estar en medio del silencio, aunque demasiado tiempo también aburre. Pero en uno de esos silencios (exteriores, porque los interiores son más bien escasos al tener una mente en constante movimiento), decía que en uno de sus silencios me dio por pensar en el silencio, en el pacífico aclaro y empecé por el diccionario: 1. m. Abstención de hablar. 2. m. Falta de ruido[1]. El silencio de los bosques, del claustro, de la noche. 3. m. Falta u omisión de algo por escrito. Dice lo que dice pero no lo que quisiéramos que dijera, no lo de estar callados, no la falta de ruido, porque en un lugar tan citadino siempre hay ruido, hasta del vecino que no sé por qué carajos a cierta hora de todos los días le da por abrir un hueco en la pared, taladro incluido. Aunque aclaro que la definición habla de la falta de ruido no la ausencia de sonido, que también es casi imposible de lograr. Como sea, hay momentos en que requerimos silencio, que nadie nos moleste, que sean solo los sonidos de la naturaleza o de la ciudad los que nos arrullen en esa abstinencia de palabras. Hay otros en que necesitamos compartir de viva voz (no de mensajes de WhatsApp a los que les falta sonoridad, cadencia, emoción, a pesar de los emoticones que pongamos), en los que necesitamos música, de la buena, de la que nos gusta, no la de esos reguetoneros desadaptados.

            El cuento llegó a que hasta en el silencio hay variedades, como el silencio elocuente (cuando no queremos o evitamos contestar, pero la respuesta está dada por la transformación de la cara), del odioso (cuando no queremos emitir ni el saludo por la situación desagradable en que nos encontramos), el cómplice (ese que va acompañado de una sutil sonrisita, buena o mala, según se trate), del incómodo, del compartido, del retador, el de espera (en que no hay nada qué decir, la situación queda congelada), el de odio (diferente al odioso aclaro), el angelical y así por cada emoción que pueda haber, así habrá silencios. Hasta hay silencios tranquilizadores, en los que la sola presencia basta para sentirse a salvo con esa sutil tranquilidad que le es propia. El cortante, el despectivo y hasta el abrazador, cuando no es enigmático. Y no sigo porque terminaría como lo hace el diccionario, queriendo decir algo pero no diciendo lo que quisiéramos que dijera.

             Solo eso, que en un silencio pude ver tantas clases de silencios que el mismo silencio me tranquilizó y me hizo recordar que en alguna oportunidad alguien me dijo: vos si sos venenoso cuando hablás. Otra forma de guardarme las palabras, de callar, de comerme mis comentarios, hasta eso me enseñó el momento de silencio disfrutado. 

—Tengo la esperanza de morir pronto. Quiero marcharme de aquí.

No contesté. Al fin y al cabo, ¿qué podía decir?[2] 

Tomado de Facebook
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[1] El ruido se describe comúnmente como sonido sin afinación definida, incontrolado o desagradable. En un contexto musical, este enfoque busca desafiar la noción de melodía y armonía convencional.

[2] El poder de las tinieblas.  John Connolly.


viernes, 20 de febrero de 2026

INTELIGENCIAS

             No sé por qué diablos terminé pensando si la inteligencia solo radicaba en el cerebro y eso me llevó a pensar que, por ejemplo, la comida cuando llegaba al estómago empezaba una función inimaginable que pareciera hiciera autónomamente al cerebro, él solito se manda, pensé. Y luego, siguiendo la comida en su camino, pensé en ese colador que debe ser el estómago. Usted siga derecho para los riñones, usted se queda aquí quietico, usted siga el túnel que allá se encargarán de darle más instrucciones y así con los demás. Eso pensando en comida. Pensando en bebida, el estómago como director de función dirá a usted lo necesito y usted váyase para los riñones y los riñones, recibido el mensaje, encarrila el líquido por unos tubitos y determinará esto me sirve, esto no, esto es un desecho, siga por aquí, siga por allá. Por no decir de la larga cadena que hay que pasar por el intestino, cada cual se queda con su parte y el resto, para la basura (siendo sutilmente decente). En cada víscera se produce un proceso y cada cual atiende su tema sin necesidad de que el cerebro esté dando órdenes de lo que debe hacer. De allí que llegue a la conclusión, errada o no, que el cuerpo tiene muchas inteligencias, pareciera que autónomas y libres, aunque como sistemas interconectados habrá alguna vía para informarle al cerebro (entiéndase que es para informarle no para pedir permiso ni instrucción) sobre defectos, desperfectos o bienestar, ya que es el cerebro el que supongo debe informar tales efectos a través del dolor o del placer, me digo yo, dentro de mi ignorancia en el tema[1].

             Eso me hizo pensar en el chiste que hablaba de la huelga de los órganos del cuerpo, cuento más viejo que yo, con sus diferentes variantes y decencias: Los órganos del cuerpo estaban reunidos en asamblea para decidir quién debía ser el jefe. —Yo debo ser el jefe —dijo el Cerebro—, porque yo controlo todos los sistemas y pienso por todos. —¡Ni hablar! —dijo el Corazón—. Yo bombeo la sangre y les doy vida a todos. El jefe soy yo. —¡Negativo! —dijeron los Pulmones—. Sin el oxígeno que yo proveo, nadie duraría ni cinco minutos. Y así siguieron el Estómago, los Riñones y las Manos, todos peleando por el puesto. De pronto, se escuchó una voz profunda desde abajo: —Yo voy a ser el jefe.

Todos se rieron al ver que era el Trasero. —¿Tú? —se burló el Cerebro—. ¡Si ni siquiera puedes pensar! El Trasero, ofendido, no dijo nada más y se declaró en huelga. Se cerró por completo. A los dos días, el Cuerpo empezó a sentirse fatal. A los cuatro días, el Estómago estaba a punto de estallar. A los seis días, los Ojos estaban nublados y el Cerebro tenía una migraña insoportable. Finalmente, todos los órganos se reunieron de urgencia y votaron unánimemente: El Trasero sería el jefe. Finalmente, todos los órganos se reunieron de urgencia y votaron unánimemente: El Trasero sería el jefe. Y la moraleja es: a veces, el trabajo menos glamuroso es el más importante. Efectivamente, este es un chiste con moraleja, el grosero que me sabía no traía moraleja y parecía que hacía reír más.

             Como sea, cada vez que me pongo a pensar pendejadas termino viendo que mi ignorancia es cada vez mayor y me consuela que a través de esa inquietud me informo un poco más (vaya moraleja que me salió). 

—Sois tan distintos que no sé cómo os podéis llevar bien.
—Porque dos no discuten si uno no quiere. Yo no quiero discutir, dejo que ella hable y hago lo que me parece más oportuno; eso sí, callado. El día que te cases, recuérdalo.[2] 

Tomado de Google



[1] Naturalmente no me quedo con la ignorancia total, acudo al doctor Google, como siempre que quiero aclarar algo de lo que no sé, de lo que tengo dudas o de lo que quisiera saber y me dijo: Muchas partes del cuerpo funcionan con relativa independencia del cerebro. Como ya se ha mencionado, el corazón tiene su propio marcapasos en el nódulo sinoauricular (aunque está regulado por el nervio vago, que proviene del cerebro). El tracto gastrointestinal también es conocido por tener su propio sistema nervioso entérico, que regula las contracciones, secreciones y otros mensajes. También existen reflejos espinales (también conocidos como reflejo rotuliano) que son independientes del cerebro. Además, existen muchas otras funciones metabólicas o endocrinas que no requieren el cerebro. Por ejemplo, la hipoxia induce a los riñones a liberar eritropoyetina, lo que aumenta la producción de glóbulos rojos en la médula ósea.

[2] Cartas a Palacio. Jorge Díaz.

lunes, 16 de febrero de 2026

ME ECHARON UN CUENTO

             Estaba viendo una buena serie: La vida en nuestro planeta, capítulo VI, De las cenizas, Netflix.

 En medio del capítulo, narrado como todo documental, se habla de la aparición de las primeras especies voladoras, que, en virtud de la teoría de la evolución empezaron a surgir, una especie de dinosaurios al que le empezaron a crecer plumas, hace sesenta y seis millones de años, -era jurásica-, (y lo dicen con una precisión temporal que abruma de sabiduría a cualquiera[1]), y allí aparecía el anchiornis huxleyi (me tocó devolver la película varias veces para poder copiar el nombre que traduce casi -anch- ave -iornis-) o dinosaurio terópodo maniraptor (dinosaurio con plumas, según entendí). Pues bien y aquí comienza el cuento, este bicho andaba algún día caminando y comiendo insectos, razón por la cual saltaba para cazarlos y supongo que de esa actividad le fueron saliendo plumas; de repente un sinraptor joven (un familiar por ser un dinosaurio también) que tenía un hambre feroz se encontró con el anchiornis y quien dijo miedo a la luz del hambre, pues agarró a cazarlo y el otro a no dejarse hasta que por desgracia el camino les llevó a un precipicio, tipo película, la sin salida, y el anchiornis al verse atrapado y cuya única salida era saltar al vacío del acantilado, para evitar ser presa de su primo, pues saltó. Pues dicho y hecho, recordando que en esa época nos dicen que los precipicios eran precipicios, el bicho saltó y caída libre, pero a mitad de camino, supongo que del susto de verse caer sin sentido, decidió empezar a mover desesperado sus alas, con sus incipientes plumas, y voilá, la caída se fue frenando y frenética la primera ave comenzó a mover sus alas con mayor resolución y cuando menos se dio cuenta empezó a planear, supongo que inspirado en Juan Salvador Gaviota. Y de esa manera la primera ave voló, gracias a la necesidad y al hambre ajeno.

 Ahora viene mi primera inquietud, cómo supieron sus congéneres que podían volar? Será que la presa del cuento fue con el cuento de sobreviviente con el resto de hermandad y a través del chisme que se fue esparciendo, como todo en una buena familia, todos empezaron a practicar? Ese debió ser el principio del concepto de conciencia colectiva. Y me sigo preguntando cómo supieron las otras que podían hacerlo? Y a eso se llama evolución. Y parangonando la frase lunar, en la narración se dice que fue un pequeño paso para el pequeño dinosaurio pero un paso gigante para la evolución. Vea pues.

                       Con todo, sigo sin creerme o entender al detalle del todo la teoría de la evolución y las elucubraciones que a su alrededor recitan con una precisión los sabedores, como si fuera dogma de fe y por eso no lo discuto con los paleontólogos, porque ellos son los que lo se inventaron y ellos también se creen el cuento. Como todo cuento, es bueno en cuanto esté bien contado y haya gente que lo crea. 

Hay muchas cosas que no sabemos de nosotros mismos —continuó Ingerid—. Debemos dar gracias al destino por las pruebas a las que no nos somete[2]

Tomado de Facebook
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[1] Ultima rama de los ovíparos de la familia de los dinosaurios, el aviar, antepasados de las aves y me pregunto con la extinción de los dinosaurios si los padres murieron cómo sobrevivieron los huevos después de esa explosión, siendo tan frágil la cáscara. Y esa no es la única pregunta que tengo, tengo un montón más, pero lo pregunto como pie de página para no distraerlos ni aburrirlos.

[2] Malas intenciones. Karin Fossum.


viernes, 13 de febrero de 2026

LECTURAS

 Diferentes lecturas de tema religioso me llevaron a pensar aún más en mi escepticismo o en mi parcial ateísmo, dado que me la juego al cincuenta cincuenta, de donde nace el tibio o agnóstico que puedo ser ahora, no sé si mañana tenga otra opinión, uno nunca sabe cuándo se aparece la virgen o la desilusión se hace más profunda.

Eso me hace recordar las intransigencias de los curas, tanto de los que me educaron como sus dirigentes de la época (excluyendo a Juan XXIII que me parecía lleno de bondad, lejos de la pompa de los tiempos papales). Me llevó a recordar que a Roger Bacon estuvo a punto de no realizar sus estudios, ni publicar los resultados de su trabajo, debido a las exigencias de su orden religiosa, los franciscanos. Esto hace que uno se pregunte cuántos Galileos silenciados yacen en los cementerios de los monasterios. O, dados los efectos de las exigencias de la ortodoxia en el pensamiento de todo el mundo, en cualquier cementerio[1]. Y que en efecto ese Galileo Fue obligado a decir «abjuro, maldigo y detesto mis errores» y a negar que la Tierra se moviera[2]. 

                Y recordaba que no se admitían preguntas que ellos consideraban impertinentes. Tú no tienes que entenderlo —añadió con tono algo exasperado—, tan sólo tienes que actuar de acuerdo a lo que la Iglesia te imponga. No te corresponde a ti preguntar cuál es la voluntad de Dios[3]

 —Pues basta ya de disquisiciones absurdas. La fe es la virtud más apreciada que un hombre puede tener. Ten fe y concéntrate en servir a nuestro Señor Jesucristo. Todo lo demás sobra. Nadie te pide que pienses, aprende de una vez que la necesaria humildad te debe llevar sólo a obedecer lo que te manda tu superior. Los oficios se cumplen a rajatabla, la comida es frugal y escasa, el silencio es casi absoluto y los baños del cuerpo entero han vuelto a restablecerse tan sólo una vez al año, por Pascua. Hasta en esto intervenía la honorable iglesia: Llegó incluso a instaurarse la posibilidad de un baño para todo el cuerpo una vez al mes.

Le miré desconcertado. —¿Una vez al mes… todo el cuerpo? —Así es, muchacho. Todo el cuerpo. Era un derroche descomunal en los placeres más terrenales que te puedas imaginar[4]Antes no estamos más subyugados gracias a la Era de Acuario que hizo, pareciera, que el mundo se deshiciera del poder terrenal de la madre iglesia.

 Era en que la expresión se pudo hacer más expresiva, aparecen textos escondidos e ignorados. —¡Qué ingenua eres, Laura! —Me sonrió con indulgencia—. No te das cuenta de lo que supondría para la Iglesia semejante hallazgo; toda su estructura se vendría abajo, todos sus dogmas, basados en la divinización de Jesús que se iniciaron con san Pablo quedarían sin sentido, sin contenido. Los cristianos parece que no os queréis dar cuenta de que vuestras creencias rayan el politeísmo, veneráis a Dios, a Cristo, a la Virgen, a los santos, tenéis varios dioses y los adoráis a todos, incluso algunas veces con mayor vehemencia y sentimiento que al propio Dios[5]

 Y ante tantas barbaridades dichas, me parece oír al cura que me hubiera de confesar: Espero que la oración y la penitencia hayan aclarado tu conciencia para responder en este capítulo a las graves acusaciones que recaen sobre ti, y que tengas la humildad suficiente para reconocer tu grave pecado, asumir tu penitencia y castigo y enmendar la terrible falta con la que cargarás toda tu vida. Que Dios se apiade de ti, muchacho[6]. Pero como decía san Agustín, «el que canta bien ora dos veces». Arrullado por ese oleaje monódico y a capela di una breve cabezada que me transportó a mi niñez. (…) Y también puedo cantar sin desafinar, con voz cristalina, pero solo en el interior de mi cabeza. En cuanto intervienen las cuerdas vocales, lo que se oye desde el exterior recuerda a lo que suele escucharse al encerrar a un gato en un saco[7]. Por eso la penitencia no haría mella en mí, con esta voz de tarro que me cargo.

  Y mientras, yo pensando para mis adentros: A menudo pienso que el dinero acabará siendo la nueva religión, y la moneda sustituirá a la cruz. Al Crucificado le debemos nuestra salvación, pero al dinero le debemos el cumplimiento de nuestros deseos[8].

 Y para terminar por ahora, el colofón de todo este pensamiento poco clerical me lleva a un chiste, que en últimas no lo es tanto: «¿De verdad quieres ser cura?», me preguntó mi padre. Le dije que sí y añadí que con toda mi alma. «Tendrás que estudiar mucho», me advirtió. «Si estudias mucho, podrás llegar a obispo». Admití que me encantaría ser obispo. «Si estudias más todavía, te harán cardenal». No oculté mis ganas de ser cardenal. «Si sigues estudiando y no crees en Dios, entonces podrás ser hasta papa»[9]

             Amén. 

yo no tengo las respuestas, sino distintas formas de expresar las mismas preguntas[10].

Tomado de Facebook
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[1] La era del ingenio. Anthony C. Grayling.

[2] La era del ingenio. Anthony C. Grayling.

[3] La brisa de Oriente. Paloma Sánchez-Garnica.

[4] La brisa de Oriente. Paloma Sánchez-Garnica.

[5] El gran arcano. Paloma Sánchez-Garnica.

[6] La brisa de Oriente. Paloma Sánchez-Garnica.

[7] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.

[8] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.

[9] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.

[10] El poder de las tinieblas.  John Connolly.

lunes, 9 de febrero de 2026

NO HEMOS MEJORADO COMO HUMANIDAD

             Esta frase la oí en la película de Prime, La última sesión de Freud. Llevamos 2.026 años después de Cristo y ni aún sus enseñanzas nos mejoraron. Y si me voy a atrás, dice el doctor Google que el homo sapiens apareció hace 200 o 300.000 años, lo que quiere decir que cuando llegó Cristo y luego Mahoma y otros profetas más, ya deberíamos tener experiencia y aún así pareciera que no es así, no hemos avanzado nada como humanidad.

             Humanidad, humanitas, naturaleza humana, bondad, sentimiento amable que los seres humanos a menudo tienen entre sí, o en su 4ª acepción de la RAE sensibilidad, compasión de la desgracia de otras personas.

             Como sea, entendamos como humanidad al grupo humano (1ª acepción). Grupo que debería tener en la mira al menos el bienestar colectivo y colectivo no son algunos, ni muchos, sino todos.

             Sin embargo, han pasado miles de años o miles de siglos si se quiere y como humanidad, como se puede observar, no hemos adelantado mayor cosa en esta materia desde que se encontró el fuego o se inventó la rueda y eso que cada época ha tenido su desarrollo y sus invenciones, sus avances y como no, el cerebro se ha desarrollado hasta el homus modernus (si existe la palabreja), todo eso es innegable, pero a su vez cada siglo se ha visto envuelto en guerra, aquí o allá, interna o externa, sin que haya habido un período grande de estabilidad no guerrera, o en otras palabras, sin paz, siendo el común denominador la guerra, de poder, de subyugación, con sus correlativas causas, la mayoría por razones estúpidas, como el poder, la subyugación o cualquier mirada que no le gustó a tal o cual dictador.

             Basta con ver la historia, no aprendemos, tantos siglos y no hemos madurado, por el contrario, cada vez pareciera que nos alejamos más de lo que significa la humanidad y siendo así, al menos en los próximos siglos tampoco aparecerá su significación, viendo como vamos.

             No tenemos humanidad, en el concepto más amplio y creo que nunca la tendremos, así como nunca lo seremos a pesar de las excepciones (de personas buenas, no de sociedades) que esporádicamente se presentan; en una palabra nunca habrá un mundo perfecto, porque esa es la misma imperfección de la humanidad y así ha de aceptarse.

             Qué pesimista estoy, pero así es, así será, a pesar de mi opinión. 

Jamás, nunca, siempre. Había aprendido a desconfiar de quienes quieren ponerle límites al tiempo. Los años y los desengaños me habían ido empujando a los quizá, a menudo y rara vez. No sé si por prudencia o por resignación.[1] 

Tomada de Facebook
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[1] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.

viernes, 6 de febrero de 2026

VIEJAS COSTUMBRES

             La sutileza del tiempo va diluyendo las costumbres, especialmente las sanas costumbres que se tenían en otra época y van desapareciendo de tal manera que uno no se da cuenta porque se van evaporando como el roció en las mañanas ante la salida de un sol que abraza el entorno. 

            No sé por qué me di cuenta de la desaparición paulatina de una costumbre generalizada, solo sé que andaba pensando pendejadas cuando mi recuerdo se disparó sin razón aparente. Ya nadie ayudaba a subir o bajar de un bus a una mujer, eso era muy común en mi época y así nos habían enseñado y más si venía con paquetes o estaba embarazada. Ya nadie lo hacía. Y, creo, que obedece a la desconfianza que se vino generando con el paso del tiempo. La época de los caballeros (no los de la edad media) se fue disipando y la costumbre se fue evaporando, seguramente, me digo, por la desconfianza de ser robado y eso que vengo de una época en que los raponeros se fijaban en los aretes y los relojes, que era lo más común, pero curiosamente esa costumbre de robar tales adminículos hoy también estaba desapareciendo, ya no es común. Curiosa metáfora de la vida.

             Y la gentileza, caballerosidad o como quiera llamársele se ha ido evaporando, sutilmente, como he dicho; nada más entrar al conjunto residencial u oficina que se quiera, limitadas por una puerta de acceso, nadie se toma la molestia de mantenerla abierta mientras que el que va detrás pasa, simplemente se pasa y el problema es del siguiente, con lo difícil que es tener la puerta mientras el otro pasa. Primero eran las damas o los mayores, se decía, como una forma de respeto y de gentileza. 

            Son cosas curiosas que pasan desapercibidas y lo curioso es que ni siquiera lo notamos y aunque se me tilde de retrógrado, añoro las costumbres que en su época era de caballeros, de gentileza, de buenas costumbres. 

—¿Juegas a las cartas? —preguntó cuando acabaron de reírse.

—Únicamente al solitario. Me gusta jugar con alguien en quien pueda confiar[1]

Tomado de Google


[1] El poder de las tinieblas.  John Connolly.