miércoles, 15 de julio de 2026

FÚTBOL

                En otra oportunidad había hablado de lo que opinaba sobre el fútbol y a lo que su fanatismo conducía y, como estamos en el mundial, me da pie para volver por el tema, sin haber cambiado de opinión, aunque ahora lo hago desde otra perspectiva, creo. 

               Deporte de caballeros, así lo conocí en mis lejanas épocas. Lo practiqué en su momento pero el solo dar cabezazos a esa pelota tan dura me llevó a abandonarlo para evitarme dolores de cabeza. Practiqué igualmente el microfútbol y las banquitas, en donde la cabeza no era muy dada para ser usada. Supongo que por lo corta de la cancha terminé aburrido dando empujones, en donde me di cuenta que no era tan deporte de caballeros, sobre todo cuando el contrincante no era demasiado caballero. Esa fue mi experiencia en el tema y a la larga me alegro de no haber continuado porque seguro hubiera terminado con alguna fractura. 

               Ahora, el deporte de caballeros lo trataré de acuerdo a sus integrantes. El árbitro, los jugadores, los narradores deportivos y los seguidores, sin olvidar el llamado cuerpo técnico. 

               El árbitro, los hay parcializados, los ciegos, los que ven lo que les conviene y toman partido, según el partido, aunque lo que es cierto es que la hinchada nunca está conforme con ellos y los hijueputazos son corrientes contra ellos. Aunque hoy el tal VAR es el árbitro final, pero como da para interpretaciones según la FIFA, tampoco es confiable y en todo caso el hijueputazo se lo gana el árbitro, no hay de otra. 

               Los jugadores y el mismo cuerpo técnico. De caballeros no tienen ni el nombre. Desde que los argentinos se inventaron el entrenamiento del teatro, de la zancadilla y de la pantalla, el fútbol se pervirtió. Ver en los partidos cómo cae al suelo el jugador contrario y el atacante malvado y este último hace la pantomima de herido para que el árbitro crea que fue el otro el atacante y ver adicionalmente a este mismo malandro levantarse como si nada nada más ve que el juego siguió, es teatro de segunda. En este mundial vi toda guachada posible: empujones, golpes malintencionados, zancadillas y hasta alguien que desgarró la camiseta del contrincante con el fin de frenarlo y tumbarlo y naturalmente, el árbitro no vio nada, ni con la prueba de la camiseta rota. Y cuando se ven perdidos quién dijo miedo, jugar a matar; sin mencionar a los jugadores que cada equipo tiene, el provocador, como ese uruguayo, creo que era, que mordía a los contrincantes. Pero es el juego, dicen[1]. 

               El narrador deportivo, que es el gurú que nunca ha jugado un partido pero se las sabe todas y puede demeritar o endiosar a cualquiera. Además de ser pervertidor del idioma, parece que nunca hubieran estudiado lenguaje, dicen unas barbaridades que la real academia debería oír y hacerles ver la corrupción a que llevan al pueblo inculto por demás, pero es lo que hay. Bárbaros del idioma y fuera de eso, supongo que para que no los critiquen, viven del eufemismo: Entró con todo, por decir que le dio patada en las güevas. Pierna fuerte, por decir que se están dando pata. No tenía de otra o no tenía opción, por decir que tiró a matar o, para decir lo mismo dicen que es un partido correoso o afirman que vale todo, así es el fútbol. Ahí lo atendió, ya sabrán los fanáticos a qué se refieren. No entendí qué querían decir canal de salida. Así es el fútbol, es lo que hay. Mientras el árbitro no vea, vale todo. 

               Y los aficionados, sin mentar a los fanáticos, que se las saben todas, son directores técnicos natos y gurús como los narradores, por lo que no diré mayor cosa al respecto. Lo que me llamó la atención era verlos en los estadios, al menos en los que Colombia jugó. Estadios de sesenta o setenta mil espectadores y casi el 80% de ellos eran colombianos, deduje por el color de las camisetas. Los colombianos nos quejamos de que no hay plata, que estamos jodidos, pero tan jodidos que más de treinta mil compatriotas se fueron para las extranjas. Sin ser economista deduzco que el costo de una semana por tierras extranjeras, pasando de una frontera a otra, según donde jugara (Méjico, Canadá, USA), cada persona ha gastado al menos treinta millones de pesos, treinta millones que no es cualquier cosa, lo que incluye boletas, avión, hospedaje, comida y si va en plan familiar, multiplicar la suma correspondiente. De dónde sacaron esa fortuna? Y si estamos tan jodidos no se pudieron ahorrar la platica viendo el partido por televisión? (no es lo mismo, oigo decir. Allá cada cual, digo yo). De esa cantidad de gente que viajó, no todos son ricos ni se pueden dar esos lujos, pero de dónde sacaron la plata y cuántos años estarán endeudados los que no son ricos, me sigo preguntando. Pero así somos los colombianos, jodidos pero contentos. 

               Y sobre la FIFA y demás federaciones, baste leer una columna de Samper Pizano[2], Los golazos de la FIFA. 

               Qué más se puede decir. 

Dice Rodrigo que felicitaciones, que ya estás donde tenías que estar. Que en este país uno sólo es alguien cuando alguien más quiere hacerle daño.[3]




[1] Eso me hizo recordar una vivencia del año pasado si mal no estoy. Lorenzo, de seis años, en alguna reunión colegial se encontró con otro amigo, de edad similar y se pusieron a jugar con un balón. El otro, cuando no tenía el balón, atacaba sin agüero y antes de ser tocado ya estaba en el suelo haciendo la pantomima de faul, con solo 6 años ya era un mal aprendiz y supe que estaba en una escuela de fútbol y decía que eso se lo habían enseñado allá. Pero es el juego y los padres festejan lo vivo que son sus niños. Por Dios, por eso estamos como estamos!

[2] https://cambiocolombia.com/los-danieles/articulo/2026/7/los-golazos-de-la-fifa

[3] Las reputaciones. Juan Gabriel Vásquez.

viernes, 10 de julio de 2026

EFÍMEROS

                Somos tan efímeros que preferimos no pensar en ello, para no preocuparnos de antemano, aunque debería hacerse para evitar el dolor subsiguiente al estar anunciados, avisados, advertidos y notificados. 

               Nada más pensar en la vida de una mascota que no será, si grande, de más de diez o doce años y si pequeña, de catorce o quince años. Eso lo sabemos, lo tenemos claro, pero al llegar a la edad del desenlace final lo vemos como una tragedia, sin que realmente lo sea, si tuviéramos presente que de antemano la vida nos lo anunció. 

               Y somos tan efímeros que aún nosotros a la vuelta de un siglo ya seremos olvido, nadie sabrá que alguna vez existimos en ese lejano pasado que verán, en ese lejano futuro que no es tan lejano, o quién recuerda a un bisabuelo o un tatarabuelo, tan indiferentes para uno, como lo somos para los siguientes, sombras nominales simplemente. 

               Por eso somos tan efímeros, como la memoria, y ya lo sabemos, ya la vida nos lo anunció y llegado el día y pasados los días, con el tiempo, ya nadie sabrá que por este mundo pasamos, salvo que la historia nos hubiera podido inscribir en ella, pero ya es demasiado tarde para hacer historia. 

               Somos tan efímeros… que para qué preocuparnos por algo que ya está escrito. 

Y déjenme que les confiese una cosa: todavía no entiendo nada. O quizás es que las cosas no han cambiado tanto. En estos cuarenta años, se me ocurre ahora, hay por lo menos dos cosas que no han cambiado: primero, lo que nos preocupa; segundo, lo que nos hace reír. Eso sigue igual, sigue igual que hace cuarenta años, y mucho me temo que seguirá igual dentro de cuarenta años más.[1] 

Foto JHB



[1] Las reputaciones. Juan Gabriel Vásquez.

miércoles, 8 de julio de 2026

NOVEDADES

                Resurgió en mí una vieja pregunta al comparar mi juventud con la actual, donde se produjeron los cambios tecnológicos más sorprendentes del mundo, pregunta que se sintetizaba si hubiera sido mejor nacer en esta época que en la mía. Hasta estos días decía que sí, que hubiera sido más inteligente de lo que soy ahora, con más herramientas, con más posibilidades. Pero, y viene el pero, traté de verme en el pasado, nutriéndome en enciclopedias de esas de papel que ya no se usan ni para limpiar… ventanas pues el papel es muy áspero para esos efectos; mi ignorancia trataba de vencerla consultando el diccionario, que igualmente está en desuso y el aburrimiento me llevaba a la lectura. Y eso me llevó a replantear la pregunta y llegué a la conclusión de que, si hubiera nacido en estos tiempos, con tantas facilidades, herramientas y distractores no hubiera sido más inteligente, por el contrario, hubiera sido más vago. Vaya paradigma retórico. 

               Con sabiduría me llegó una respuesta: Leer textos hechos con inteligencia artificial es como leer Wikipedia: uno no se queda acordando de nada, las palabras no dejan huella[1]. 

               Y para la muestra un botón, permitiéndome transcribir un artículo de Sara Jaramillo, que ilustra mucho la idea que tenía en mente:

 La tarea final era escribir un ensayo. Había pasado una mañana entera con los alumnos del último año de un colegio. Juntos revisamos las ideas y buscamos la mejor manera de darles una salida creativa. Al cabo de una semana comenzaron a llegar los textos. El primero me sorprendió, sin embargo, al leer el siguiente, comencé a notar un patrón que tenía que ver con la estructura y el ritmo de las frases. De doce textos que leí, nueve estaban armados de la misma manera. Arrancan con la exposición de la idea lo cual da pie a reflexiones que empiezan todas con una retórica de la negación: “No es tal cosa, no es tal otra”; luego terminan con una revelación: “Es esto”. Días después vi un video del escritor Federico Andahazi hablando sobre esta problemática con un ejemplo que seguramente todos recuerdan: “No es un pájaro, no es un avión, es Superman”.
Otra cosa que detecté en los ensayos es el excesivo uso de triadas. Los adverbios y los adjetivos son lanzados en ráfagas de a tres y van escritos con punto aparte:
“Llamativo.
Contundente.
Efectivo”.
Hacia el final hay, por lo general, una reflexión que termina con una conjunción adversativa, en otras palabras, con una frase corta, pero contundente que incluye la conjunción “sino” y que tiene la siguiente estructura: “No era maldad sino supervivencia”. Otro infaltable es una conclusión que empieza siempre con la palabra porque: “Porque en este mundo no sobresale el mejor, sino el que pisa más duro”. Del abuso de lugares comunes y la ausencia de frases subordinadas hablamos en otra columna.
Como mi oficio es la escritura, no he parado de pensar en esta problemática. Me niego a creer que los nueve alumnos hayan escrito el ensayo con inteligencia artificial, principalmente, porque la asistencia a la clase no era obligatoria y todos ellos estaban, de verdad, muy motivados. Siempre se ha dicho que el problema es cuando los estudiantes le delegan sus tareas a la IA, ahora creo que ocurre algo peor: muchos han venido abusando tanto de la herramienta que, incluso cuando no la están usando, parece como si lo hicieran, sin darse cuenta adoptan la misma estructura para escribir sus textos propios y autónomos. Estamos ante la automatización de una estructura cansina y predecible, armada con frases que aparentan ser profundas, pero que no dicen nada y que componen relatos que prescinden de lo más importante: la magia y la emoción. Leer textos hechos con inteligencia artificial es como leer Wikipedia: uno no se queda acordando de nada, las palabras no dejan huella.
En un principio las máquinas se alimentaron de los hombres y ahora muchos hombres se alimentan de las máquinas. ¿El resultado? Quedan atrapados en un bucle en el cual no cabe la novedad, no cabe la originalidad y mucho menos aquello que siempre debería estar presente en un texto: la capacidad de asombrar al lector a través de lo que cuenta, pero sobre todo, por la forma como lo cuenta. No tengo dudas de que la IA es una gran herramienta para muchas, muchísimas cosas, pero ninguna de ellas es escribir [2]. 

               Quién no se deprime ante este panorama. Hacia dónde va esta humanidad si sigue bajo estas premisas. 

Me encanta la puta tecnología moderna [3]

Tomado de Facebook


[1] Sara Jaramillo Klinkert.

[2] https://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/sara-jaramillo-klinkert-superman-triadas-y-bucles-PA36363286

[3] Un trago antes de la guerra. Dennis Lehane.


lunes, 6 de julio de 2026

ECOLÓGICOS

                En este mundo en que todos y todas las actividades se escudan en discursos ecológicos que no buscan realmente protegerlo sino proteger su propio negocio, pensaba en, por ejemplo, la imposición de vehículos eléctricos movilizados por sus correspondientes baterías. Están planeándolo para que sea realidad hacia el 2030 o 2040, en que desaparecerá, según ellos, la necesidad de la energía fósil.

                Y cuántos vehículos hay en el mundo hoy? La IA me responde que Actualmente existen aproximadamente 1.699 millones de vehículos en circulación en todo el mundo, cifra que abarca desde automóviles de pasajeros hasta camiones y vehículos comerciales. Digamos que hay 1.500 hoy por hoy, sin pensar en la chatarra que hay de vehículos viejos y que según la misma IA solo actualmente hay 80 millones eléctricos.

                Muy bonito lo ecológico, está bien que piensen en eso, no hay problema. Pero… siempre tengo un pero; alguien se ha puesto a pensar qué va a pasar con la basura que dejarán esos 1.500 millones de chatarra cuando se produzca la transición? Digamos que, siendo optimistas, pero muy optimista, que el cincuenta por ciento de esa basura se recicla y me pregunto en dónde van a enterrar el resto? Estarán colonizando la luna para mandar toda la basura para allá? O usarán las tierras del tercer mundo como cementerios, tal como parece que están haciendo con el resto de basura que ya no les cabe en el primer mundo? Y si se piensa solo en las baterías actuales que mueven esa millonada de vehículos, con los ácidos que contienen, qué va a ser de ellos. Buena pregunta, a alguien se le ha ocurrido qué va a pasar con las consecuencias de las nuevas tecnologías? Preguntas que me hago y que me confirman las inquietudes con un artículo que leí, que se titulaba: China llenó sus calles de coches eléctricos y ahora empieza la parte más difícil de la revolución verde. Para 2030 tendrá que gestionar más de un millón de toneladas de baterías usadas cada año[1]. Y eso que se refiere solo a las baterías de los eléctricos y de los carros chinos que, como los paneles solares, grandes y estorbosos, tienen que cambiarse periódicamente y naturalmente desecharse el sobrante.

                Gíreme ese trompo en la uña, decían mis ancestros.

                Sé que negocio es negocio, pero alguien, con poder, claro está, se habrá hecho estas preguntas?

                Yo ya me las hice y no tengo clara ninguna solución y aclaro, no soy ningún experto en nada, pero me encanta hacer preguntas retóricas. 

Naturalmente, los componentes sociales entran en juego, y sin duda hay más hijos de agricultores que hijos de jefazos en la gran familia de la bicicleta. No voy a ocultar que también hay tipos sin interés. Y también, como en cualquier otro lugar, gilipollas: la gilipollez es, como sabemos, la cosa del mundo mejor repartida[2].

Tomado de Google



[1] https://es.gizmodo.com/china-lleno-sus-calles-de-coches-electricos-ahora-empieza-la-parte-mas-dificil-de-la-revolucion-verde-para-2030-tendra-que-gestionar-mas-de-un-millon-de-toneladas-de-baterias-usadas-cada-ano-2000239319

[2] Sócrates en bicicleta. Guillaume Martin.

viernes, 26 de junio de 2026

CONSTITUCIÓN

 

Ley de leyes, suprema ley y resulta ser la más violada, por desconocida, aunque basta con decir lo dice la Constitución como para creer que se abren todas las puertas celestiales para un país perfecto gobernado por hombres imperfectos y como políticos que son, lo menos honorables que ha parido el mundo. 

Y me hago algunas reflexiones sobre su contenido a raíz de tantas propuestas de cambio. Una parte filosófica, otra de poderes. 

La filosofía, como tal y como lo es, puede entenderse como un blablablá que de todos modos necesitamos para darle un soporte a ese estado que está representado en esas letras, un soporte social o como dirían los que saben el contrato social que nunca suscribimos pero que por virtud de una fe ciega, creemos y al que nos adherimos nada más nacemos (parece herencia bíblica). 

República, soberana, pueblo, quienes son y quienes no son, igualitaria, aunque le concede más derechos a los menos que a los más y que reconoce derechos a diestra y siniestra, pues tenemos derecho a una salud digna, a un trabajo digno, pero vaya y exijamos. Y el blablablá del medio ambiente, la felicidad y demás, aquí entre nos, estupideces que nos hacen sentir importantes. 

Qué hay que cambiar a ese blablablá filosófico? Creo que nada, como filosofía habla de todo y de nada, de todos los derechos que podemos tener, pero nada de las herramientas para exigir un eficiente resultado. Y dicen que es una constitución de avanzada hasta donde recuerdo, pero la mayoría de postulados vienen de la Constitución de 1886, vaya descubrimiento y si se es más sutil, viene de construcciones más viejas que esas. Vaya novedad. 

Y luego viene el poder y su equilibrio, quiénes son y qué pueden hacer. El gobierno, los honorables miembros de senado y cámara, la justicia y los otros poderes que no son poderes pero son poder (creo recordar de mis viejas enseñanzas), añadidos con el tiempo como experimentos adicionales: procuraduría, contraloría, registraduría, defensoría del Pueblo, en una palabra el régimen de la burocracia. 

Qué hay que cambiarle? Sinceramente nada de fondo; si se quiere, los requisitos de acceso, el número, poner o quitar ciertas facultades, que ni quitan ni ponen en el fondo.

Y así las cosas quieren una constituyente para una reforma de una constitución que no amerita cambio, tal vez retoques, que no requieren de constituyente, que basta con una reforma ordinaria. Qué el periodo presidencial sea de 6 y 8 años, reelegible o no; que no sean 100 senadores sino 20 o 300 y por 6 u 8 años, que para serlo se necesite o no primaria, para todo eso no se necesita, como digo, una constituyente y si se es sensato, con un país quebrado, tanto por plata como por división ideológica, sería botar a la alcantarilla lo que puede costar, si la del 91 costó más de 7 mil millones de la época ... 

Y con todo lo dicho, vale la pena una constituyente? A la izquierda[1] le gusta porque es un buen distractor y en el fondo mantendrá el mismo blablablá pero con sentido supuestamente popular y social barato, ecológico y de avanzada, dirán. Y a los otros, también les sirve de distractor. 

Eso es todo[2]. 

No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría.[3]

Tomado de Facebook
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[1] Nada más ver las palabras del ministro de justicia soportándola: En el siglo XX, el mundo presenció con asombro una de las revoluciones más grandes de la humanidad: la transformación de la República Popular China en un coloso económico. Un ejemplo de cómo un ejército de campesinos pobres puede cambiar la tierra. Después de una larga marcha, rompieron las viejas cadenas y decidieron ser libres. Bajo la dirección de muchos sectores sociales diversos —campesinos, obreros, mujeres cabeza de familia, gitanos, jóvenes, víctimas del conflicto, negros e indígenas— en la Plaza de Bolívar de Bogotá, bajo la mirada de su espada libertadora, Colombia iniciará un camino para lograr un salto adelante en busca de la dignidad humana. Autónomo, sin imposiciones imperiales. Sin humillaciones extranjeras. Daremos comienzo a un proceso constituyente que transforme el país y le brinde nuevas instituciones que respondan a las necesidades del siglo XXI. Algunas del 91 se volvieron obsoletas. Otras son utilizadas por sectores profundamente retardatarios para destruir las conquistas sociales. Esto debe cambiar. Y se vale de un ejemplo como el Chino que si se evaluara deja mucho qué desear. Izquierdosos. https://www.minjusticia.gov.co/Sala-de-prensa/Documents/ASAMBLEA%20CONSTITUYENTE%20PROPUESTA%20E%20MONTELAEGRE.pdf

[2] Desde que el presidente empezó a hablar de Constituyente, el jurista Rodrigo Uprimny ha reiterado en numerosas columnas que la considera una propuesta improvisada, inconveniente y riesgosa. La sustentación de la necesidad de convocarla nunca ha sido clara, señala. No hace falta para enfrentar el cambio climático, ni para implementar el acuerdo de paz, la reforma agraria o para mejorar la calidad de vida de los grupos desfavorecidos, algunas de las justificaciones que Petro ha sugerido, valora Uprimny. Tampoco valida la narrativa del bloqueo institucional, que el presidente ha esgrimido cada vez que sus reformas se atascan en el Congreso. “Sin demonizar la posibilidad de una Constituyente limitada –que está en la Constitución y puede ser útil para ciertos temas–, soy muy crítico de este proyecto y creo que genera un riesgo enorme”, valora por teléfono Uprimny, un reconocido constitucionalista. “El primer resultado negativo ha sido el alejamiento de la izquierda de la Constitución, cuando había sido una defensora de esa Constitución; era más bien la derecha la que había querido echarla para atrás. Ya tiene el efecto de que algo que nos unía, ahora nos divide”, se lamenta. “Esta no es una Constituyente de origen ciudadano, es claramente de origen presidencial”. https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-05-09/la-constituyente-de-petro-dinamita-el-espiritu-de-la-constitucion-del-91.html

[3] JEAN COCTEAU. Citado en El mensaje de Pandora. Javier Sierra.


miércoles, 24 de junio de 2026

CALOR DE HOGAR

                En otro blog, al hablar de bellas mansiones, dije que a pesar de lo bellas que eran, a su vez eran asépticas y por ello carentes de calor de hogar. 

               Eso me hizo volver a pensar en este otro tema. Y qué es el calor de hogar? Tres palabras que, por sí solas, no definen mucho, pero que unidas entrañan todo un concepto, una sensación, un sentimiento. Cómo definir lo que no tiene definición, que resulta inexplicable con simples palabras o porque no requieren de explicación porque ellas mismas, unidas, contienen todo lo que son. 

               Hay palabras o frases que lo dicen todo y que no requieren de más explicación, porque todo está allí contenido. Son contenido y continente a la vez, son ellas mismas, por sí mismas. 

               Calor de hogar. Tres palabras: un sustantivo (común y abstracto), una preposición y otro sustantivo (común, masculino, singular), sin verbo, porque está ínsito en él mismo, como el sentimiento que expresa. 

Calor de hogar, cómo explicarlo, siendo un sentimiento, una sensación. De allí que una definición lexicográfica no pueda satisfacer. Es vínculo, es estímulo, es satisfacción, es seguridad. Es presencia, presencia de sentimiento y de sensación. No importa qué tan bien o mal arreglado esté, si lo tiene, no necesita de nada más. 

Ahora que lo pienso, tratar de explicar lo que significa calor de hogar es como tratar de explicar lo que significa mamá. Conceptos indeterminados, de variables indefinidas que solo cada cual puede contar, pero que todos podrán entender, fácilmente. Parece que el tema me terminó quedando grande. 

Veo los hogares de gente joven, que pueden contener todo, estar al tanto de la tecnología y de los deseos, pero en la sola entrada se encuentra la ausencia de ese todo, que es precisamente el calor de hogar. Porque el calor de hogar se nota en lo invisible, en el aroma, en el entorno, en la seguridad de dar un paso adelante, en la visual invisible que le envuelve, en el deseo de seguir, invitación de abrazo, de consuelo, de querer estar, de sentirse bien, bienvenido, entorno acariciador, qué más podría añadirse, si son solo sentimientos y sensaciones lo que hace imposible una definición adecuada. 

… un encuentro de emociones, un movimiento de músculos, y después pensaría en el milagro del rostro humano, que con tan pocas herramientas puede transmitir más emociones de las que hemos aprendido a nombrar[1]

Tomado de Google
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[1] Canciones para el incendio. Juan Gabriel Vásquez.


lunes, 22 de junio de 2026

SUSURROS

                Son muchos los murmullos y susurros[1] que nos acompañan en nuestra vigilia, de pensamientos ajenos (para ser más precisos de conversaciones ajenas) que por retazos nos llegan. 

               Otros, los propios, esos pensamientos que nos llegan en murmullo o en susurro, pero ya no externos sino internos, de esos que nos hablan en la cabeza, siendo o no propios de nosotros mismos, todos esos que de no estar centrados van como locas, como bolas de billar de un lado a otro, en que llegan unos, desplazan a otros, se interpone alguno, se hace presente el olvidado, se rechaza el malquerido, al que hay que ocultar, por misterioso, por pecaminoso, por vergonzoso. 

               Para la muestra unos ejemplos de lo que sería mi mente, si pudiera verse, aún en la distancia. 

               Caminando por un parque, viendo gente y mirando un paisaje y de repente pienso al ver a una madre dirigiéndose a un hijo que se comporta como lo que es, un niño: Es la manera que a menudo tenemos los adultos de hablar a los niños. Sabemos que no van a escucharnos, pero queremos decírselo de todos modos, sólo por saber que lo hemos hecho[2] 

Y viendo al niño, me asalta otro pensamiento: Si consigues parecer listo, la gente creerá que lo eres[3] 

Y más allá, en una banca, dos mariguaneros, se ve a la vista y me los imagino diciéndose: Quiero una pelea limpia. En su defecto, quiero que parezca limpia. ¿Alguna pregunta?[4] 

Y dos pensionados a los que alcanzo a oír quejándose: —¿Te has fijado alguna vez en que cuando nos necesitan, hablan del deber, pero cuando nosotros los necesitamos a ellos, hablan de presupuestos?[5] 

Al oírlos pienso en que Los sueños sólo son eso, sueños, y en ellos no tiene por qué haber significados razonables[6]Ya que su extraña labor es la de «arrancarle el alma a las piedras», con el fin de evitar el olvido, la ausencia de la memoria y mantener la dignidad del recuerdo[7]. 

Y eso me lleva a pensar, sin saber por qué, que quien lo decía Tiene todas las flaquezas propias de los hombres con conciencia, pero ninguna de las virtudes[8]Lo que me trajo a la memoria una lectura que decía: «La verdad existe», escribió el pintor Georges Braque. «Solo las mentiras se inventan»[9] 

Se podía, y se debía, perdonar, pues tal era el sentido de mensaje evangélico y el deber que imponía la caridad cristiana, pero de eso a olvidar mediaba un abismo[10]Solo pensar en quién es capaz de perdonar y menos de olvidar. Al menos yo no, que se jodan. Tal vez se aminoren o se oculten, hasta puede que queden apagados, pero que resurgen… 

Es curioso —se dijo— cómo la distancia y la soledad avivan los sentimientos medio apagados[11] 

Y vea a un extraño lector, porque ya no abundan los lectores en un parque y … levantó la cabeza y descubrió que estaba leyendo mecánicamente, sin enterarse de nada[12]Y tuve que darle la razón, muchas veces la concentración aparentaba lo que la realidad ocultaba. 

Y así, en pocos minutos, ver cómo mi loca cabeza pasaba de un asunto a otro sin sincronía, atemporalmente, sin justificación, pero supongo que para eso era el cerebro, para tener pensamientos constantes, no importaba el sentido ni el contenido, debe estar siempre y constantemente ocupado porque de lo contrario, se aburriría? Y si él se aburre, me aburro yo igualmente, qué coincidencia o qué contradicción, aún no alcanzo a digerirlo. 

… llegó ese silencio que suele aparecer cuando alguien se lleva un reloj para repararlo, y, al cabo de un tiempo, te das cuenta de su ausencia, porque su tictac delicado y tranquilizador ya no está y lo echas de menos.[13] 

Tomado de Facebook
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[1] La diferencia principal radica en la inteligibilidad y el propósito del sonido. Un susurro es una acción voluntaria y clara para comunicarse en privado, mientras que un murmullo es un sonido confuso, de bajo volumen y, a menudo, sin palabras distinguibles.

El susurro (o susurrar) se utiliza para tener una conversación tranquila, íntima o secreta.

El murmullo (o murmurar) es un sonido bajo, confuso e indistinto. Vea pues lo que uno va aprendiendo a pesar de la vejez, una precisión necesaria.

[2] El último golpe. Robert Crais.

[3] El último golpe. Robert Crais.

[4] Cualquier otro día. Denis Lehane.

[5] Cualquier otro día. Denis Lehane.

[6] El alma de las piedras. Paloma Sánchez-Garnica.

[7] El alma de las piedras. Paloma Sánchez-Garnica.

[8] Perfil asesino. John Connolly.

[9] Perfil asesino. John Connolly.

[10] La lápida templaria. Juan Eslava Galán seudónimo de Nicholas Wilcox.

[11] La lápida templaria. Juan Eslava Galán.

[12] La lápida templaria. Juan Eslava Galán seudónimo de Nicholas Wilcox.

[13] El libro de las cosas perdidas. John Connolly.

viernes, 19 de junio de 2026

HOGARES INCREÍBLES

                La serie del arquitecto inglés Dermot Bannan lo lleva a uno a tan disímiles lugares del mundo mostrando casas espectaculares, de ingenio, de curiosidad, de líneas raras. En esta serie se muestran casas lujosas, naturalmente de ricos, no puede ser de otra. Y construidas por famosos arquitectos, no puede ser de otra. En uno de sus capítulos (episodio 7, 1ª temporada), sobre casas en Canadá, mostró la de James Drewry Stewart[1], que siendo además de matemático y violinista, por lo que dentro de la casa hizo una sala de conciertos. Bella casa. Lo curioso es que invirtió en la casa 25 millones de euros, pues pensó en qué podría gastar parte de su fortuna, pues tenía más de lo que necesitaba y terminó con esa casa y lo llamativo es que luego de su muerte se vendió en solo 9 millones; para eso es la plata, me digo. Y a la vez me preguntaba si a uno le preguntaran en qué quería gastar la fortuna, sabiendo que había más que suficiente, en qué lo haría? Buena pregunta que queda en el aire, naturalmente sé que ese sueño no lo puede tener un pensionado que vive de esa mesada, pero envidia sí da. 

               Ahora bien, hay otra curiosidad en la serie. Dije que las casas eran de ricos, lujosas, construidas por famosos arquitectos, en su mayoría, aparentemente hogares, pero todas ellas tenían un común denominador, además de ser de lujo y buen gusto, en ninguna de ellas se sentía el calor de hogar, ausencia del concepto de familia, de hogar. Por eso las hace asépticas, frías, sin ese toque particular que debe contener la palabra misma de hogar. Eso me hace acordar de las épocas en que mi mamá me llevaba de visita a alguna conocida considerada, por ella y por la época, como de gente bien, según ese estereotipo, en el que estábamos tan bien condicionados, que la orden era sentarse en donde nos dijeran y que nos quedáramos quietos, bien quietos, dígame a mí a esa edad, porque qué vergüenza que dejáramos caer una gota de nuestro ADN que ensuciara la pulcritud de la gente bien. Cosas de la vida. 

               Pero como eran casas, más que hogares, de gente rica, construidas, como dije, por famosos arquitectos, parece que no importara la sensación de hogar, sino de lujo, tal vez el arquitecto pensara en estructuras, vigas y paredes, pero qué importaba eso de calor de hogar (tal vez porque sus propietarios eran viejos, maricas o solitarios, o… no sigo). Eso sí, bellas pero sin calor, de hogar. 

               Eso me lleva a pensar que una casa debe tener primordialmente ese calor, el calor de hogar, de familia, de pertenencia, de querer estar allí, que le envuelva esa sensación que solo se obtiene en una casa que tenga calor de hogar, más que la construcción individualmente considerada. 

—¿Y qué piensa?

—¿Sobre lo que usted hizo?

—Sí.
—Que hizo lo correcto —sentenció.

—Oh —casi le sonreí, de pura gratitud.

Me miró a los ojos:

—Pero se equivocó.[2]

Tomadas de Google


[1] Matemático canadiense que hizo su fortuna con la publicación de libros didácticos.

[2] La última causa perdida. Dennis Lehane