miércoles, 11 de marzo de 2026

             ¿Y qué vas a hacer después de que mueras?

             Una lágrima asomó y no era de tristeza, simplemente era una lágrima. 

Podía parecer una pregunta impertinente, pero no lo era. Era una cuestión de vida. Nunca lo había pensado. Qué sería de mi vida después de que muriera, resonó en mi pensamiento esa pregunta. Me gustaría saberlo, pero me era imposible imaginarlo. ¿Acaso uno podía elegir? ¿O acaso el destino ya había elegido, como eligió lo que había sido esta vida que se iba? Allí surgió la inquietud, qué iba a hacer después de morir. No era una decisión que se pudiera tomar a la ligera, porque era una decisión definitiva. Aunque también podía ser que no fuera una decisión que uno pudiera tomar, no de antemano, supondría uno o, tal vez, con lo irresponsable que uno podía llegar a ser dejaría que el destino jugara o que fuera Dios el que tirara los dados, simplemente dejar que fuera lo que fuera o lo que debería ser. Aún agotando la vida, agotada ya, de cansancio y de vigencia, no era para tomarse la pregunta tan a la ligera, pues podía estar en manos de uno decidir sobre la continuación y la continuidad de la vida en otra vida. Si dependiera de uno… si dependiera de uno tal vez no estaría interesado en repetir la historia y de ser posible quién no la mejoraría, claro está. Aunque surgiría la duda, pues se trataría de otra vida, en otro plano, sin saberse si era igual que el de acá, del que se estaba acabando.

 Es angustiante la pregunta.

             Tan angustiante que otra lágrima hizo su aparición, sin saberse si era por la pregunta angustiosa o por la misma incertidumbre de lo que le esperaba. Repetir la historia no valía la pena y no creía en los karmas pendientes. Las lágrimas afloraron, lágrimas de impotencia, lágrimas de tristeza, aunque daba lo mismo porque era el tiempo el que se acababa, sin saber realmente si había un tiempo en que reiniciara todo nuevamente. 

¿Adónde puede ir un muerto? Una pregunta cuya respuesta solo los muertos conocen.[1] 

Joven, no voy a ninguna parte.[2] 

Foto JHB



[1] Nickel Creek, When in Rome (Citado en Los atormentados. John Connolly.)

[2] El poder de las tinieblas.  John Connolly.

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