Durante, diría los últimos veinte años, he venido notando la dificultad que se viene presentando al leer números. Nada más recordar la diferencia entre el billón gringo y el billón en habla hispana, la diferencia son tres ceros. El gringo tiene nueve ceros, mientras que el nuestro viene a ser de doce, es decir el uno quiere expresar mil millones y el otro un millón de millones. Pero bueno, creo que esa confusión ya nadie la arregla, salvo cuando se va a prestar o se va a cobrar y a quién le importa si no tenemos disponibles ni el millón.
Pero bueno, el asunto viene a la lectura de
números, de cifras. En estos días me llamó la atención de una locutora, avezada
en su campo, que tenía que citar una cifra semejante a 859.347, se pegó un
enredo empezando a leerlo, porque lo leía como cifra y no como palabra y patinó
diciendo ochocientos y comenzó a dudar con el resto de guarismos; me tocó
ayudarle mentalmente soplándole que era ochocientos cincuenta y nueve mil
trescientos cuarenta y siete. A su vez, me hizo recordar que hay países, creo
que Chile o Argentina, o ambos, en donde no dicen mil novecientos noventa y
nueve sino mil nueve noventa y nueve, o algo parecido, ya ni recuerdo. Y otro
ejemplo, creo que copia de los gringos es que el año dos mil veinte es veinte
veinte, maña que las nuevas generaciones han adoptado. Me hace recordar a mi mamá
y a mi papá que cuando les pedían el número de cédula la recitaban con millones
y miles.
¿Podemos estar de acuerdo en que no estamos de
acuerdo?[1]
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