lunes, 23 de marzo de 2026

CIUDADES

 Es muy común encontrarme con frases en Facebook de lo bella que era mi ciudad hace cincuenta, sesenta años, para el caso de Bogotá. Es una constante que se lee en redes cuando se ven fotos viejas de Bogotá. Y se pavonean diciéndolo. Y es más, parecen comentarios de personas que no parecen tan viejas y, por ende, que no la conocieron como era.

Yo, por mi parte, la conocí conscientemente desde los sesenta. Bogotá, en mi recuerdo, específicamente del centro de la ciudad, siempre fue gris, siempre con lluvia, lo que implicaba calles encharcadas, mal alcantarillado, calles estrechas, exceso de gente, todas bien abrigadas, hasta con sombrero y sombrilla, gabán, chaleco y corbata, eran escasos los días de sol, más los días de lluvia que la hacían gris y en todo caso era mejor ir bien preparado. Además, todos pendientes por donde caminaban porque eran muy normales los raponeros y qué decir de mendigos y gamines o pelafustanes, que también abundaban.

 Qué linda mi ciudad, seguirán diciendo los que no quieren ver la verdad o quienes ni siquiera la avistaron. Y qué frío el que hacía.

 Había zonas intransitables, por lo angostas, por la inseguridad. Las Cruces, la Caracas, la 13, la 10ª, la 6ª por citar algunas; pero qué bonita era mi ciudad, seguirán diciendo.

 El centro colmado de iglesias y pasar por sus laterales era pasar por el hedor de orina y mierda debidamente mezcladas. La Catedral y las Nieves, por citar algunas y eso que en casi cada cuadra había una (Santa Bárbara, San Agustín, Santa Clara, San Ignacio, la Bordadita, San Francisco, la Tercera, Veracruz, por citar las más conocidas, sin olvidar Monserrate, Guadalupe, la Peña, las Aguas, Egipto y otras más). En su época mal mantenidas, su recuperación creo que se inició luego de los ochenta, cuando se tomó, supongo, conciencia de la conservación de monumentos y para hacerla parecer menos parroquial. Eran lúgubres, lo recuerdo; oliendo a incienso y vela y otros olores menos recomendables, aunque tampoco eran tan lúgubres como pinto la ciudad. Se me viene a la memoria San Victorino, la Estanzuela, el Voto Nacional, Medicina legal, zonas igualmente poco recomendables para las personas de bien, como se nos conocía.

 Todo eso lo conocí bien, desde 1969 estudié en el centro, en la Plaza de Bolívar y cada día lo viví, tanto que me volví experto en esquivar carros y buses, en la 10ª, la Caracas, la 13, la Jiménez, entre otras. Uno pasaba las calles grandes, porque aún no tenían la denominación de avenidas, como podía, como dije, haciéndole el quite a buses y carros, camiones, zorras (vehículos de tracción animal, se diría hoy), cada cual iba a su antojo porque no había cebras para pasar y la escasez de semáforos era notoria. Pero qué tan bonita ciudad era, seguirán diciendo algunos. Y eso que no menciono lo que era la ciudad antes del cincuenta, por lo que oí contar, porque ese es otro cuento, se llamaba ciudad pero no pasaba de ser un pueblo grande que comenzaba a tener conciencia de lo que era una ciudad.

 Pero tenía su encanto, he de reconocerlo y viví su transformación. Hoy ya es una ciudad, hoy ya puedo decir qué bonita es mi ciudad y es una ciudad capital con todo lo que puede ofrecer en casi todos los aspectos, aunque sigan existiendo, como en toda ciudad, zonas poco recomendables y lo digo con conocimiento de causa. Mis últimos años laborables los viví en la 19 con Caracas, quienes sepan del lugar sabrán de qué hablo y desde mi oficina me entretenía viendo desde la comodidad de mi oficina todo lo peor que puede haber en una ciudad, prostitución, locos, mendigos y hampones. Me quedé con un buen registro fotográfico de la zona.

 Pero esta es Bogotá, mi ciudad, de patito feo que se convirtió en cisne, aunque algo desplumado en ciertos lugares. Qué se le va a hacer. 

Al fin y al cabo hay cosas que es mejor no decir.[1] 

 

(Fotos tomadas de Facebook, dicientes de lo que digo)



[1] ¿Quién ocupó el despacho de Einstein? Ed Regis.








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