viernes, 6 de marzo de 2026

EFÍMEROS MODERNOS

             Recordé, no sé por qué, o tal vez porque noté su ausencia, que en menos de diez años, supongo (ante mi imposibilidad de ubicarme temporalmente), decía que noté la desaparición de algunas cosas que habían nacido con la modernidad, nada más pensar en los armatostes que teníamos de computador, en los inicios de nuestros tiempos, los cuales engallábamos a medida que surgían novedades y ver cómo eran enterrados y surgían portátiles y tabletas. Y qué decir de los celulares, mucha tela para recortar. Anuncios de novedades de celulares que hoy cuestan entre siete y diez millones y que tendrán una vida útil calculada de tres años, si les va bien y sin acabar de pagarlos hay que reponerlos por otros más costosos; ver gente que no tiene en dónde caerse muerta y se matan por comprar uno de esos, empeñando su futuro. Y así puedo seguir criticando, porque vos sos muy criticón me recordaría mi mamá. Pero allá ellos. Aunque curiosamente un me encontré hoy un artículo que predecía ya la desaparición de la USB, vea pues. (https://www.infobae.com/tecno/2026/03/05/fin-de-las-usb-en-2026-las-formas-de-reemplazar-este-formato-de-almacenamiento-retro/)

             Lo que noté fue la ausencia de puestos que había para hacer una llamada, en todas las esquinas había alguien ofreciendo el servicio, a cien pesos el minuto, si mal no recuerdo, y el consabido afán de quien llamaba para que el costo no subiera demasiado (rápido que se me acabó el minuto) y así como nació el negocio, el negocio desapareció y en cosa de menos de diez años. Esa es la modernidad, me digo, en la que hay de todo pero ya no eterno, ahora las cosas las construyen con una aspiración de vida no mayor de tres años, he ahí el negocio, desechables, para botar y comprar uno más nuevo, que hace lo mismo que el anterior, pero más costoso y de allí que hasta hayan desaparecido el todero, el que arreglaba todo, porque hoy resulta más rentable comprar uno nuevo que mandar arreglar uno viejo, que todavía está siendo pagado, pero que ya es viejo, caduco e inútil, como yo mismo.

             Qué ironía de vida. 

Siempre que contamos con el tiempo cambia la naturaleza de cualquier relación. Así nos sucede en el amor también. Al cabo de años de convivencia, una parte aumenta su deuda y la otra se vuelve más acreedora.[1]

Tomada de Google



[1] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.

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