Recordé, no sé por qué, o tal vez porque noté su ausencia, que en menos de diez años, supongo (ante mi imposibilidad de ubicarme temporalmente), decía que noté la desaparición de algunas cosas que habían nacido con la modernidad, nada más pensar en los armatostes que teníamos de computador, en los inicios de nuestros tiempos, los cuales engallábamos a medida que surgían novedades y ver cómo eran enterrados y surgían portátiles y tabletas. Y qué decir de los celulares, mucha tela para recortar. Anuncios de novedades de celulares que hoy cuestan entre siete y diez millones y que tendrán una vida útil calculada de tres años, si les va bien y sin acabar de pagarlos hay que reponerlos por otros más costosos; ver gente que no tiene en dónde caerse muerta y se matan por comprar uno de esos, empeñando su futuro. Y así puedo seguir criticando, porque vos sos muy criticón me recordaría mi mamá. Pero allá ellos. Aunque curiosamente un me encontré hoy un artículo que predecía ya la desaparición de la USB, vea pues. (https://www.infobae.com/tecno/2026/03/05/fin-de-las-usb-en-2026-las-formas-de-reemplazar-este-formato-de-almacenamiento-retro/)
Siempre que contamos con el tiempo cambia la
naturaleza de cualquier relación. Así nos sucede en el amor también. Al cabo de
años de convivencia, una parte aumenta su deuda y la otra se vuelve más
acreedora.[1]
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