lunes, 23 de febrero de 2026

SILENCIOS

             Últimamente he notado la necesidad de estar en medio del silencio, aunque demasiado tiempo también aburre. Pero en uno de esos silencios (exteriores, porque los interiores son más bien escasos al tener una mente en constante movimiento), decía que en uno de sus silencios me dio por pensar en el silencio, en el pacífico aclaro y empecé por el diccionario: 1. m. Abstención de hablar. 2. m. Falta de ruido[1]. El silencio de los bosques, del claustro, de la noche. 3. m. Falta u omisión de algo por escrito. Dice lo que dice pero no lo que quisiéramos que dijera, no lo de estar callados, no la falta de ruido, porque en un lugar tan citadino siempre hay ruido, hasta del vecino que no sé por qué carajos a cierta hora de todos los días le da por abrir un hueco en la pared, taladro incluido. Aunque aclaro que la definición habla de la falta de ruido no la ausencia de sonido, que también es casi imposible de lograr. Como sea, hay momentos en que requerimos silencio, que nadie nos moleste, que sean solo los sonidos de la naturaleza o de la ciudad los que nos arrullen en esa abstinencia de palabras. Hay otros en que necesitamos compartir de viva voz (no de mensajes de WhatsApp a los que les falta sonoridad, cadencia, emoción, a pesar de los emoticones que pongamos), en los que necesitamos música, de la buena, de la que nos gusta, no la de esos reguetoneros desadaptados.

            El cuento llegó a que hasta en el silencio hay variedades, como el silencio elocuente (cuando no queremos o evitamos contestar, pero la respuesta está dada por la transformación de la cara), del odioso (cuando no queremos emitir ni el saludo por la situación desagradable en que nos encontramos), el cómplice (ese que va acompañado de una sutil sonrisita, buena o mala, según se trate), del incómodo, del compartido, del retador, el de espera (en que no hay nada qué decir, la situación queda congelada), el de odio (diferente al odioso aclaro), el angelical y así por cada emoción que pueda haber, así habrá silencios. Hasta hay silencios tranquilizadores, en los que la sola presencia basta para sentirse a salvo con esa sutil tranquilidad que le es propia. El cortante, el despectivo y hasta el abrazador, cuando no es enigmático. Y no sigo porque terminaría como lo hace el diccionario, queriendo decir algo pero no diciendo lo que quisiéramos que dijera.

             Solo eso, que en un silencio pude ver tantas clases de silencios que el mismo silencio me tranquilizó y me hizo recordar que en alguna oportunidad alguien me dijo: vos si sos venenoso cuando hablás. Otra forma de guardarme las palabras, de callar, de comerme mis comentarios, hasta eso me enseñó el momento de silencio disfrutado. 

—Tengo la esperanza de morir pronto. Quiero marcharme de aquí.

No contesté. Al fin y al cabo, ¿qué podía decir?[2] 

Tomado de Facebook
528297412_1271641094343481_4459978412665199296_n


[1] El ruido se describe comúnmente como sonido sin afinación definida, incontrolado o desagradable. En un contexto musical, este enfoque busca desafiar la noción de melodía y armonía convencional.

[2] El poder de las tinieblas.  John Connolly.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Para ser incluido en entregas personalizadas pueden solicitarse en: jhernandezbayona@gmail.com