miércoles, 4 de febrero de 2026

INVISIBLES PERO ESENCIALES

             Hace algún tiempo escribí sobre algunos servicios que resultan invisibles para nuestra percepción pero que resultan esenciales y que son notorios cuando no se prestan adecuada y oportunamente. El servicio de alcantarillado, el mantenimiento de los parques y canecas y así un sinfín de actividades a las que no se les presta atención, pero lleguen a faltar y ahí sí comenzamos a criticar, porque para eso sí que somos buenos.

             Hay una, a la cual me quiero referir, muy común en mis tiempos y hoy, mucho más, por aquello de la modernidad. 

La abuela. Sí, esa abuela que sin ser su responsabilidad terminaba criando nuestros hijos, como fue mi caso, a esa abuela a la que nunca se le preguntó si podía hacerse cargo de ellos, a la que nunca se le preguntó si necesitaba algo, a la que se le delegó esa crianza mientras trabajábamos y a la que nunca se le dio las gracias con el corazón. 

Y eso fue así porque no teníamos conciencia de que era una responsabilidad nuestra, porque se dio y así fue asumida por ambas partes y nunca fuimos agradecidos y menos en esa época en que no había un día designado como el día de la abuela criadora, no sé si hoy exista. 

Luego de treinta años y ya con la ausencia de esa abuela criadora es que vengo a darme cuenta de la insensibilidad mía, por no decir de la irresponsabilidad de, al menos, darle cada día un gracias sentido, no ese gracias que se da automáticamente, sino del sentido, del abrazo, del beso, del agradecimiento verdadero. Nunca le pregunté si necesitaba una ayuda, si requería algo de mí, si podía yo aportar algo, no como retribución, sino como una forma de que se sintiera apoyada en su labor impuesta. 

Ya no puedo darle ese agradecimiento ni ese reconocimiento a esa abuela, materna aclaro o suegra para mayor precisión, que realmente se sacrificó y soportó la crianza de un hijo y que lo asumió como si fuera su responsabilidad y la que nunca se quejó sino que aceptó la situación, a ese ser invisible, para estos menesteres, pero que fue esencial en su momento. 

Desde donde esté quiero este homenaje y pedirle perdón por esta inconciencia mía, homenaje que solo puedo hacerle desde mi pensamiento, agradecimiento que solo hoy reconozco desde muy dentro de mi corazón. Hoy, que igualmente es invisible. 

No hay nada como ver las cosas en retrospectiva[1].





[1] El poder de las tinieblas.  John Connolly.


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