La historia tiene
historias que pasan desapercibidas pero que pueden decir mucho de su actor. Así
como hay historias que no deberían pasar, pero como todo en la vida depende de
la visión del historiador. Oyendo en BBVA un podcast de un director de cine español, relacionada con los cinco
años que estuvo preso Cervantes en Argel, mencionaba que curiosamente todo el
mundo había leído el Quijote, todos mencionábamos tanto al Quijote como a
Cervantes como buenos conocedores, pero que en la práctica se sabía más del
primero que del segundo. Igual que con Pío XII que dicen que era pronazi
mientras otros afirman que hizo lo posible para la liberación de judíos, vaya a
saber uno cuál es la verdadera historia.
Como sea, leí una
novela Cartas
a Palacio de
Jorge Díaz. Cuenta una de esas historias desapercibidas, en este caso de
Alfonso XIII, rey de España durante la primera guerra mundial (acoto que no soy
monarquista, ni la figura me gusta, creo por demás que la monarquía hoy debería
desaparecer al tener un costo innecesario y una función netamente figurativa,
pero allá ellos).
La misma novela resume esa parte
de la historia totalmente desconocida: Ahora que la guerra ya es historia,
ha llegado el momento de cerrar la Oficina Pro-Cautivos, aquella iniciativa del
rey de España, don Alfonso XIII, para demostrar que su país podía ser neutral
pero no indiferente al sufrimiento de Europa. Cuando hayan pasado los años, es
posible que nadie recuerde que esa modesta oficina que empezó en un desván de
palacio llegó a tener cincuenta y cuatro empleados a su servicio, que contó con
la colaboración de sesenta agregados militares y más de trescientos diplomáticos,
y que este pequeño grupo de personas consiguieron algo tan grande como la
atención de doscientos mil prisioneros, la repatriación de más de veinte mil
soldados heridos, y de setenta mil civiles desplazados por el conflicto.
Y como colofón añade: crear la oficina y
dedicarla a ayudar a los prisioneros, sin importar nacionalidad, graduación o
religión, fue uno de los grandes aciertos de la vida de Alfonso XIII. Supongo
que con eso su majestad se habría ya ganado su pase en la historia, a pesar de
la otra cara de la historia que ya los españoles sabrán contar, según lo cuente
cada lado.
Concluyo pensando que son estos pequeños
detalles históricos lo que nos podrían alimentar en los momentos más cruciales
de la misma historia.
… lo que ocurre es que nunca pensarán lo
mismo, ni siquiera en los temas en los que están de acuerdo.
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