lunes, 2 de febrero de 2026

REFLEXIONES AJENAS

 Recopilando pensamientos ajenos me vi ante una larga lista y cada uno de ellos llevaba a la reflexión, si es que hay tiempo para ello en estos tiempos modernos o, mejor, si hay reflexión en estos tiempos, pues nos hemos convertido en unos culiprontos que nos limitamos a leer, si nos impacta por ser una verdad, un chisme, una mala mentira. También muchos de ellos, de los pensamientos ajenos, dicen verdades que no queremos aceptar, que nos llevan a pensar que eso ya lo había pensado yo o que simplemente fueron otros tiempos que retornaron sin darnos cuenta.

 Para la muestra un botón:

 —Las normas… Los buenos tenemos demasiadas y los malos casi ninguna[1]. Cuánta razón, cuántas veces no hemos visto la injusticia presente y nos sentimos impunemente desamparados, sin lograr entender la verdad de la frase. Nunca he comprendido que dejen en libertad a alguien por buen comportamiento. Si estás en prisión, ¿no debes comportarte bien todo el tiempo?[2] Igualmente deprimente.

 La verdad! —Montserrat Martorell hizo un gesto que casi podía ser de fastidio—. Los jóvenes tienen una obsesión por ella que resulta casi ingenua. ¿Usted cree que el mundo podría funcionar a base de verdades? Le diré una cosa, agente Castro: la sinceridad es un concepto sobrevalorado en nuestros días. Y hay otros que lamentablemente han perdido su vigor, como la lealtad, la obediencia. El respeto a unas normas que llevan años funcionando mejor o peor. No, agente Castro, no es la verdad lo que sostiene el mundo. Piénselo.

—Creo que el mundo al que se refiere ya no existe —repuso Leire casi con tristeza.

—¿No? —preguntó, con una sonrisa irónica—. Mire a su alrededor. ¿Usted cree que la gente que va por la calle, la gente normal, sabe toda la verdad? No. Hay cosas a las que las personas normales, como usted y como yo, no podemos tener acceso. Es así, siempre lo ha sido, por mucho que ahora se crean con derecho a saberlas. Si lo lleva a otra escala, más pequeña, verá que también se aplica en los hogares, en las familias… Cuando tenga a su hijo se dará cuenta de que la verdad no es importante si choca contra otros valores como la seguridad, la protección. Y lo quiera o no, tendrá que decidir por él. Para eso es su madre: para trazarle un camino seguro y evitar que sufra[3].

                Por eso había roto su mutismo, porque como la abuela le decía a veces: «Mejor que una se arrepienta de lo que ha hecho que de lo que no se ha atrevido a realizar». Violeta no era cobarde, de eso estaba segura; sólo era prudente[4].

                Y cambiando de tema: Podemos aprender a prolongar la vida de los hombres mucho más de lo que hoy parece posible; pero si hay alguna verdad en la física moderna, y más particularmente en la segunda ley de la termodinámica, no podemos esperar que la especie humana dure eternamente. Algunas personas podrán encontrar lúgubre esta conclusión, pero si somos honrados con nosotros mismos, tendremos que admitir que lo que suceda dentro de muchos millones de años no tiene mayor interés emocional para nosotros ahora. Y la ciencia, mientras reduce nuestras pretensiones cósmicas, aumenta nuestra comodidad terrena. Es por esto que, a pesar del horror de los teólogos, la ciencia en general haya sido tolerada.[5] 

 Pensando en la modernidad y en lo solos que nos vamos sintiendo, resulta que Mientras la fábrica representa la organización económica determinada por el industrialismo, las pequeñas casitas representan el aislamiento social a que aspira una población individualista. Donde el alto valor del suelo hace deseable la construcción de grandes edificios, éstos tienen una unidad meramente arquitectónica, no social; son bloques de oficinas, casas de apartamentos u hoteles cuyos ocupantes no forman una comunidad, como los monjes en un monasterio, sino que tratan, en todo lo posible, de permanecer ignorantes de la existencia de los demás[6]

 Y con ello llegó hasta el cambio de la forma de hablar, porque no sé por qué ni cuando el idioma se volvió ofensivo, naturalmente para aquellos idiotas que no entendieron. Aunque hoy día ya nadie decía «barriada pobre», claro. Ahora lo llamaban Zona Céntrica Desfavorecida, como si el eufemismo pudiera borrar la mugre, la violencia y la desesperación. Los fariseos hablaban sin parar de pobreza, pero nadie se moría de hambre, a excepción de los pensionistas ancianos que no eran lo bastante duros para exigir los subsidios que les correspondían. Era una pobreza del alma, en la que la imaginación se alimentaba con vídeos violentos, bebida y drogas[7]

                Y de esa forma también nos enseñó a convivir con el otro mal de la humanidad, la corrupción. El periódico rebosaba tal grado de corrupción que era extraño que el papel no se pudriera: dos policías detenidos por tráfico de drogas, una investigación federal sobre el procedimiento de las últimas elecciones al Senado, sospechas sobre un exgobernador[8]. A los idiotas de la prensa no les importa que algo sea verdad, pero necesitan que sea posible. Vivimos de eso. Crecimos gracias a la idiotez ajena, ¡no la nuestra![9] 

 Desafortunadamente Lo que nos diferencia del mono es una guerra interna, secreta y despiadada. Por un lado sabemos que todo lo que hagamos en la vida será en vano. Por otro lado, somos conscientes de que no podríamos vivir sin hacer algo. ¿Paradoja? Nada de eso. La fuerza que nos mueve, la pasión, vive gracias a estos dos ejércitos en lucha constante[10]. Por eso, tal vez  La transmisión del fútbol en diferido debería incluirse como materia en la Universidad de Filosofía y Letras de cada ciudad del mundo. Y es que esta práctica muestra —como ninguna otra— la textura del alma humana: una mitad de nosotros es crédula y tiene esperanzas (el alma), mientras que la otra desconfía, se encierra y quiere encontrar las verdades concretas del mundo (la razón)[11].

                Viendo este mundo tan traslocado vengo a entender que Suicidarse es un derecho humano. —¿Un derecho humano? ¿Eso opina? La doctora se miró las manos. —No me gustan nada esos terapeutas que dicen al paciente: Has de entender que la muerte no es la solución. Claro que es la solución para la persona en cuestión. El que algunos elijan la muerte es una consecuencia lógica y clarísima de nuestra capacidad de elección, y una solución que el ser humano ha conocido y algunos han elegido en todos los tiempos[12].  Antes, a toda esta gente le quedaba únicamente la opción de matarse. Era imposible para ellos pensar que encontrarían, en su barrio, en su ciudad, a otros con las mismas aficiones descarriadas. La gente, cara a cara, no es muy dada a hablar sobre sus patologías. Lo que propicia Internet no es sólo una comunicación global en donde todos los locos pueden encontrarse buscándose en Google, sino también la oportunidad de hablar sin los velos que existen en el mundo real[13]

 Después de nuestra escueta pero intensa conversación, ella se marchó igual que había venido, sigilosa, serena y discreta, y yo continué viviendo pausado, apoyando mi mano sobre mi bastón de madera, caminando despacio, mirando al cielo en la soledad acompañada de los que ya partieron precediéndome en el viaje final que anhelaba emprender, sintiendo en el rostro esa brisa que viene de Oriente de mis últimos amaneceres[14].

Tomado de Facebook
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[1] Los buenos suicidas. Toni Hill

[2] Criminal. Karin Slaugther.

[3] Los buenos suicidas. Toni Hill.

[4] Ciudad Satélite. Toni Hill.

[5] Elogio a la ociosidad. Bertrand Rusell.

[6] Elogio a la ociosidad. Bertrand Rusell.

[7] Agatha Raisin y los paseantes de Dembley. Marion Chesney.

[8] Todo lo que muere. John Connolly.

[9] El nuevo paraíso de los tontos. Hernán Casciari.

[10] España, decí alpiste. Hernán Casciari.

[11] España, decí alpiste. Hernán Casciari.

[12] Quién le teme al lobo? Karin Fossum.

[13] El nuevo paraíso de los tontos. Hernán Casciari.

[14] La brisa de Oriente. Paloma Sánchez-Garnica.


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