viernes, 20 de febrero de 2026

INTELIGENCIAS

             No sé por qué diablos terminé pensando si la inteligencia solo radicaba en el cerebro y eso me llevó a pensar que, por ejemplo, la comida cuando llegaba al estómago empezaba una función inimaginable que pareciera hiciera autónomamente al cerebro, él solito se manda, pensé. Y luego, siguiendo la comida en su camino, pensé en ese colador que debe ser el estómago. Usted siga derecho para los riñones, usted se queda aquí quietico, usted siga el túnel que allá se encargarán de darle más instrucciones y así con los demás. Eso pensando en comida. Pensando en bebida, el estómago como director de función dirá a usted lo necesito y usted váyase para los riñones y los riñones, recibido el mensaje, encarrila el líquido por unos tubitos y determinará esto me sirve, esto no, esto es un desecho, siga por aquí, siga por allá. Por no decir de la larga cadena que hay que pasar por el intestino, cada cual se queda con su parte y el resto, para la basura (siendo sutilmente decente). En cada víscera se produce un proceso y cada cual atiende su tema sin necesidad de que el cerebro esté dando órdenes de lo que debe hacer. De allí que llegue a la conclusión, errada o no, que el cuerpo tiene muchas inteligencias, pareciera que autónomas y libres, aunque como sistemas interconectados habrá alguna vía para informarle al cerebro (entiéndase que es para informarle no para pedir permiso ni instrucción) sobre defectos, desperfectos o bienestar, ya que es el cerebro el que supongo debe informar tales efectos a través del dolor o del placer, me digo yo, dentro de mi ignorancia en el tema[1].

             Eso me hizo pensar en el chiste que hablaba de la huelga de los órganos del cuerpo, cuento más viejo que yo, con sus diferentes variantes y decencias: Los órganos del cuerpo estaban reunidos en asamblea para decidir quién debía ser el jefe. —Yo debo ser el jefe —dijo el Cerebro—, porque yo controlo todos los sistemas y pienso por todos. —¡Ni hablar! —dijo el Corazón—. Yo bombeo la sangre y les doy vida a todos. El jefe soy yo. —¡Negativo! —dijeron los Pulmones—. Sin el oxígeno que yo proveo, nadie duraría ni cinco minutos. Y así siguieron el Estómago, los Riñones y las Manos, todos peleando por el puesto. De pronto, se escuchó una voz profunda desde abajo: —Yo voy a ser el jefe.

Todos se rieron al ver que era el Trasero. —¿Tú? —se burló el Cerebro—. ¡Si ni siquiera puedes pensar! El Trasero, ofendido, no dijo nada más y se declaró en huelga. Se cerró por completo. A los dos días, el Cuerpo empezó a sentirse fatal. A los cuatro días, el Estómago estaba a punto de estallar. A los seis días, los Ojos estaban nublados y el Cerebro tenía una migraña insoportable. Finalmente, todos los órganos se reunieron de urgencia y votaron unánimemente: El Trasero sería el jefe. Finalmente, todos los órganos se reunieron de urgencia y votaron unánimemente: El Trasero sería el jefe. Y la moraleja es: a veces, el trabajo menos glamuroso es el más importante. Efectivamente, este es un chiste con moraleja, el grosero que me sabía no traía moraleja y parecía que hacía reír más.

             Como sea, cada vez que me pongo a pensar pendejadas termino viendo que mi ignorancia es cada vez mayor y me consuela que a través de esa inquietud me informo un poco más (vaya moraleja que me salió). 

—Sois tan distintos que no sé cómo os podéis llevar bien.
—Porque dos no discuten si uno no quiere. Yo no quiero discutir, dejo que ella hable y hago lo que me parece más oportuno; eso sí, callado. El día que te cases, recuérdalo.[2] 

Tomado de Google



[1] Naturalmente no me quedo con la ignorancia total, acudo al doctor Google, como siempre que quiero aclarar algo de lo que no sé, de lo que tengo dudas o de lo que quisiera saber y me dijo: Muchas partes del cuerpo funcionan con relativa independencia del cerebro. Como ya se ha mencionado, el corazón tiene su propio marcapasos en el nódulo sinoauricular (aunque está regulado por el nervio vago, que proviene del cerebro). El tracto gastrointestinal también es conocido por tener su propio sistema nervioso entérico, que regula las contracciones, secreciones y otros mensajes. También existen reflejos espinales (también conocidos como reflejo rotuliano) que son independientes del cerebro. Además, existen muchas otras funciones metabólicas o endocrinas que no requieren el cerebro. Por ejemplo, la hipoxia induce a los riñones a liberar eritropoyetina, lo que aumenta la producción de glóbulos rojos en la médula ósea.

[2] Cartas a Palacio. Jorge Díaz.

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