La sutileza del tiempo va diluyendo las costumbres, especialmente las sanas costumbres que se tenían en otra época y van desapareciendo de tal manera que uno no se da cuenta porque se van evaporando como el roció en las mañanas ante la salida de un sol que abraza el entorno.
No
sé por qué me di cuenta de la desaparición paulatina de una costumbre
generalizada, solo sé que andaba pensando pendejadas cuando mi recuerdo se
disparó sin razón aparente. Ya nadie ayudaba a subir o bajar de un bus a una
mujer, eso era muy común en mi época y así nos habían enseñado y más si venía
con paquetes o estaba embarazada. Ya nadie lo hacía. Y, creo, que obedece a la
desconfianza que se vino generando con el paso del tiempo. La época de los
caballeros (no los de la edad media) se fue disipando y la costumbre se fue
evaporando, seguramente, me digo, por la desconfianza de ser robado y eso que
vengo de una época en que los raponeros se fijaban en los aretes y los relojes,
que era lo más común, pero curiosamente esa costumbre de robar tales adminículos
hoy también estaba desapareciendo, ya no es común. Curiosa metáfora de la vida.
Son cosas curiosas que pasan desapercibidas y lo curioso es que ni siquiera lo notamos y aunque se me tilde de retrógrado, añoro las costumbres que en su época era de caballeros, de gentileza, de buenas costumbres.
—¿Juegas a las cartas? —preguntó cuando
acabaron de reírse.
—Únicamente al solitario. Me gusta jugar con
alguien en quien pueda confiar[1].

de acuerdo, ahora solo importa la comodidad individual y la conveniencia personal
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