viernes, 13 de febrero de 2026

LECTURAS

 Diferentes lecturas de tema religioso me llevaron a pensar aún más en mi escepticismo o en mi parcial ateísmo, dado que me la juego al cincuenta cincuenta, de donde nace el tibio o agnóstico que puedo ser ahora, no sé si mañana tenga otra opinión, uno nunca sabe cuándo se aparece la virgen o la desilusión se hace más profunda.

Eso me hace recordar las intransigencias de los curas, tanto de los que me educaron como sus dirigentes de la época (excluyendo a Juan XXIII que me parecía lleno de bondad, lejos de la pompa de los tiempos papales). Me llevó a recordar que a Roger Bacon estuvo a punto de no realizar sus estudios, ni publicar los resultados de su trabajo, debido a las exigencias de su orden religiosa, los franciscanos. Esto hace que uno se pregunte cuántos Galileos silenciados yacen en los cementerios de los monasterios. O, dados los efectos de las exigencias de la ortodoxia en el pensamiento de todo el mundo, en cualquier cementerio[1]. Y que en efecto ese Galileo Fue obligado a decir «abjuro, maldigo y detesto mis errores» y a negar que la Tierra se moviera[2]. 

                Y recordaba que no se admitían preguntas que ellos consideraban impertinentes. Tú no tienes que entenderlo —añadió con tono algo exasperado—, tan sólo tienes que actuar de acuerdo a lo que la Iglesia te imponga. No te corresponde a ti preguntar cuál es la voluntad de Dios[3]

 —Pues basta ya de disquisiciones absurdas. La fe es la virtud más apreciada que un hombre puede tener. Ten fe y concéntrate en servir a nuestro Señor Jesucristo. Todo lo demás sobra. Nadie te pide que pienses, aprende de una vez que la necesaria humildad te debe llevar sólo a obedecer lo que te manda tu superior. Los oficios se cumplen a rajatabla, la comida es frugal y escasa, el silencio es casi absoluto y los baños del cuerpo entero han vuelto a restablecerse tan sólo una vez al año, por Pascua. Hasta en esto intervenía la honorable iglesia: Llegó incluso a instaurarse la posibilidad de un baño para todo el cuerpo una vez al mes.

Le miré desconcertado. —¿Una vez al mes… todo el cuerpo? —Así es, muchacho. Todo el cuerpo. Era un derroche descomunal en los placeres más terrenales que te puedas imaginar[4]Antes no estamos más subyugados gracias a la Era de Acuario que hizo, pareciera, que el mundo se deshiciera del poder terrenal de la madre iglesia.

 Era en que la expresión se pudo hacer más expresiva, aparecen textos escondidos e ignorados. —¡Qué ingenua eres, Laura! —Me sonrió con indulgencia—. No te das cuenta de lo que supondría para la Iglesia semejante hallazgo; toda su estructura se vendría abajo, todos sus dogmas, basados en la divinización de Jesús que se iniciaron con san Pablo quedarían sin sentido, sin contenido. Los cristianos parece que no os queréis dar cuenta de que vuestras creencias rayan el politeísmo, veneráis a Dios, a Cristo, a la Virgen, a los santos, tenéis varios dioses y los adoráis a todos, incluso algunas veces con mayor vehemencia y sentimiento que al propio Dios[5]

 Y ante tantas barbaridades dichas, me parece oír al cura que me hubiera de confesar: Espero que la oración y la penitencia hayan aclarado tu conciencia para responder en este capítulo a las graves acusaciones que recaen sobre ti, y que tengas la humildad suficiente para reconocer tu grave pecado, asumir tu penitencia y castigo y enmendar la terrible falta con la que cargarás toda tu vida. Que Dios se apiade de ti, muchacho[6]. Pero como decía san Agustín, «el que canta bien ora dos veces». Arrullado por ese oleaje monódico y a capela di una breve cabezada que me transportó a mi niñez. (…) Y también puedo cantar sin desafinar, con voz cristalina, pero solo en el interior de mi cabeza. En cuanto intervienen las cuerdas vocales, lo que se oye desde el exterior recuerda a lo que suele escucharse al encerrar a un gato en un saco[7]. Por eso la penitencia no haría mella en mí, con esta voz de tarro que me cargo.

  Y mientras, yo pensando para mis adentros: A menudo pienso que el dinero acabará siendo la nueva religión, y la moneda sustituirá a la cruz. Al Crucificado le debemos nuestra salvación, pero al dinero le debemos el cumplimiento de nuestros deseos[8].

 Y para terminar por ahora, el colofón de todo este pensamiento poco clerical me lleva a un chiste, que en últimas no lo es tanto: «¿De verdad quieres ser cura?», me preguntó mi padre. Le dije que sí y añadí que con toda mi alma. «Tendrás que estudiar mucho», me advirtió. «Si estudias mucho, podrás llegar a obispo». Admití que me encantaría ser obispo. «Si estudias más todavía, te harán cardenal». No oculté mis ganas de ser cardenal. «Si sigues estudiando y no crees en Dios, entonces podrás ser hasta papa»[9]

             Amén. 

yo no tengo las respuestas, sino distintas formas de expresar las mismas preguntas[10].

Tomado de Facebook
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[1] La era del ingenio. Anthony C. Grayling.

[2] La era del ingenio. Anthony C. Grayling.

[3] La brisa de Oriente. Paloma Sánchez-Garnica.

[4] La brisa de Oriente. Paloma Sánchez-Garnica.

[5] El gran arcano. Paloma Sánchez-Garnica.

[6] La brisa de Oriente. Paloma Sánchez-Garnica.

[7] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.

[8] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.

[9] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.

[10] El poder de las tinieblas.  John Connolly.

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