Son muchos los murmullos y susurros[1] que nos acompañan en nuestra vigilia, de pensamientos ajenos (para ser más precisos de conversaciones ajenas) que por retazos nos llegan.
Otros, los propios, esos pensamientos que nos llegan en murmullo o en susurro, pero ya no externos sino internos, de esos que nos hablan en la cabeza, siendo o no propios de nosotros mismos, todos esos que de no estar centrados van como locas, como bolas de billar de un lado a otro, en que llegan unos, desplazan a otros, se interpone alguno, se hace presente el olvidado, se rechaza el malquerido, al que hay que ocultar, por misterioso, por pecaminoso, por vergonzoso.
Para la muestra unos ejemplos de lo que sería mi mente, si pudiera verse, aún en la distancia.
Caminando por un parque, viendo gente y mirando un
paisaje y de repente pienso al ver a una madre dirigiéndose a un hijo que se
comporta como lo que es, un niño: Es la manera que a menudo tenemos los adultos
de hablar a los niños. Sabemos que no van a escucharnos, pero queremos
decírselo de todos modos, sólo por saber que lo hemos hecho[2].
Y viendo al niño, me asalta otro pensamiento: Si
consigues parecer listo, la gente creerá que lo eres[3].
Y más allá, en una banca, dos mariguaneros, se
ve a la vista y me los imagino diciéndose: Quiero una pelea limpia. En su
defecto, quiero que parezca limpia. ¿Alguna pregunta?[4]
Y dos pensionados a los que alcanzo a oír
quejándose: —¿Te has fijado alguna vez en que cuando nos necesitan, hablan
del deber, pero cuando nosotros los necesitamos a ellos, hablan de
presupuestos?[5]
Al oírlos pienso en que Los sueños sólo son eso, sueños, y en ellos no tiene por qué haber significados razonables[6]. Ya que su extraña labor es la de «arrancarle el alma a las piedras», con el fin de evitar el olvido, la ausencia de la memoria y mantener la dignidad del recuerdo[7].
Y eso me lleva a pensar, sin saber por qué,
que quien lo decía Tiene todas las flaquezas propias de los hombres con
conciencia, pero ninguna de las virtudes[8]. Lo
que me trajo a la memoria una lectura que decía: «La verdad existe»,
escribió el pintor Georges Braque. «Solo las mentiras se inventan»[9].
Se podía, y se debía, perdonar, pues tal era
el sentido de mensaje evangélico y el deber que imponía la caridad cristiana,
pero de eso a olvidar mediaba un abismo[10]. Solo pensar en
quién es capaz de perdonar y menos de olvidar. Al menos yo no, que se jodan.
Tal vez se aminoren o se oculten, hasta puede que queden apagados, pero que
resurgen…
Es curioso —se dijo— cómo la distancia y la
soledad avivan los sentimientos medio apagados[11].
Y vea a un extraño lector, porque ya no abundan los lectores en un parque y … levantó la cabeza y descubrió que estaba leyendo mecánicamente, sin enterarse de nada[12]. Y tuve que darle la razón, muchas veces la concentración aparentaba lo que la realidad ocultaba.
Y así, en pocos minutos, ver cómo mi loca cabeza pasaba de un asunto a otro sin sincronía, atemporalmente, sin justificación, pero supongo que para eso era el cerebro, para tener pensamientos constantes, no importaba el sentido ni el contenido, debe estar siempre y constantemente ocupado porque de lo contrario, se aburriría? Y si él se aburre, me aburro yo igualmente, qué coincidencia o qué contradicción, aún no alcanzo a digerirlo.
… llegó ese silencio que suele aparecer cuando
alguien se lleva un reloj para repararlo, y, al cabo de un tiempo, te das
cuenta de su ausencia, porque su tictac delicado y tranquilizador ya no está y
lo echas de menos.[13]
[1] La diferencia principal radica en la
inteligibilidad y el propósito del sonido. Un susurro es una acción voluntaria
y clara para comunicarse en privado, mientras que un murmullo es un sonido
confuso, de bajo volumen y, a menudo, sin palabras distinguibles.
El susurro (o susurrar) se
utiliza para tener una conversación tranquila, íntima o secreta.
El murmullo (o murmurar) es
un sonido bajo, confuso e indistinto. Vea
pues lo que uno va aprendiendo a pesar de la vejez, una precisión necesaria.
[2] El último golpe. Robert Crais.
[3] El último golpe. Robert Crais.
[4] Cualquier otro día. Denis Lehane.
[5] Cualquier otro día. Denis Lehane.
[6] El alma de las piedras. Paloma Sánchez-Garnica.
[7] El alma de las piedras. Paloma Sánchez-Garnica.
[8] Perfil asesino. John Connolly.
[9] Perfil
asesino. John Connolly.
[10] La lápida templaria. Juan Eslava Galán seudónimo de Nicholas
Wilcox.
[11] La lápida templaria. Juan Eslava Galán.
[12] La lápida templaria. Juan Eslava Galán seudónimo de Nicholas
Wilcox.
[13] El libro de las cosas perdidas. John
Connolly.

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