Leí dos
artículos en el que los columnistas
hacían referencia a que durante las vacaciones de semana santa no había hecho
nada y concluían que habían hecho mucho. Eso me llevó a pensar en qué
significaba el no hacer nada. En principio uno piensa que es el sinónimo más
acertado de ser vago, pero en su contenido es mucho más que eso, puede pensarse
en momentos de introspección sin actividad alguna, dejarse llevar y no
importarle a uno estar haciendo nada.
Eso me
llevó a una definición que da el doctor Google, que todo lo sabe y ahora más
que se ayuda con la IA y dice: "No hacer nada" es la práctica
consciente de abstenerse de actividades productivas, entretenimiento o
planificación, permitiendo que la mente descanse y vague libremente. Similar a
conceptos como el niksen (neerlandés) o dolce far niente (italiano), este estado busca combatir
el agotamiento por hiperactividad y fomentar la creatividad, sin sentirse
culpable. Y parece que allí está el secreto, en hacer algo que
aparentemente no sirve para nada pero da descanso mental y, lo más importante,
sin sentirse culpable, sin sentir que se perdió el tiempo haciéndolo.
Para un
pensionado el no hacer nada es parte de su rutina, en cuanto sea consciente de
estar haciéndolo, si se piensa que las preocupaciones han bajado a su mayor
nivel.
Como sea, cuando uno se dedica a no hacer nada termina haciendo muchas cosas
más que si estuviera haciendo algo, realizando una actividad, ejecutando una
labor. Y así es, para la actividad mental lo mejor que uno puede hacer es no
hacer nada, dejar que las cosas se sucedan a su ritmo, el no hacer nada es el
ser vago para con uno mismo, sin sentimiento de culpabilidad, con el goce de
estar haciendo nada a pesar de estar haciendo algo más que el concepto mismo.
Entonces todo se reduce a la culpabilidad, a ese sentimiento que nos han
reforzado desde niños y en el que caemos tan fácilmente. La cuestión, al
parecer, es liberarse de él y gozar haciendo nada, porque ese nada involucra
mucho más, que se convierte en un todo estando en la nada.
Ese no
hacer nada se puede convertir en la bendición de un pensionado, porque ya nada
ha de preocuparle, demasiado y puede, sin resquemores ni resentimientos,
dedicarse a no hacer nada, porque seguro mucho habrá hecho.
… en todos los ámbitos del arte y de la vida,
los momentos sublimes, inolvidables, son raros.
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