viernes, 1 de mayo de 2026

COREANOS

                Con el tiempo terminé viendo películas y series coreanas. Tanto que es Netflix la que se encarga de recomendar los temas que me gustan y casi siempre acierta con sus consejos. He de reconocerlo.

                Están bien hechas, buenas tramas, supieron copiar lo que nos gusta en occidente o puede que sean buenos en eso por méritos propios, lo que sea. Simplemente me he aficionado a ellas.

                Y por qué no decirlo, muestran una hermosa arquitectura, nueva o vieja, ciudades pujantes, grandes avenidas y visto con buen ojo, un pueblo para envidiar. Y lo que es la vieja Corea, su arquitectura es fascinante, con su antigüedad bastante grata, de la que no ha perdido personalidad a pesar del paso del tiempo. Claro que hay lugares feos y poco recomendables, como en toda ciudad, pero si uno es acomodado solo ve lo que le gusta.

                La raza es bastante particular, bonita por demás, tan distinta a los otros fenotipos orientales a los que nos acostumbraron.

                Pero… viene el pero. Las relaciones interpersonales dejan mucho qué desear y sobre todo, al menos lo que muestran las películas, se dan en las relaciones jerárquicas. Un jefe parece que está autorizado hasta llegar a pegarle a un subalterno, puede insultarle, puede arrastrarle. Ese pero es al que no me he podido acostumbrar, resultan groseros, patanes y cómo decirlo, ruines en ese tipo de relaciones. Y no les da pena mostrarlo, no sé si es lo peor o es que son menos hipócritas, todo según se vea.

                El problema en la vida es que todo tiene su pero. 

Igual que en un bar no tenemos en cuenta al camarero como persona, sino únicamente en relación a lo que hace, es casi inconcebible que un corredor pueda ser otra cosa sino un cuerpo montado en bicicleta.[1] 

Tomada de Google



[1] Sócrates en bicicleta. Guillaume Martin.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Para ser incluido en entregas personalizadas pueden solicitarse en: jhernandezbayona@gmail.com