Tic, tac, tic, tac, solo eso se oye. Un eterno tictac, relativo según la pila. Solo eso se oye y al reloj no le importa, por qué habría de importarle, si lo construyeron solo para eso, para que viera pasar el tiempo impasible, imperturbable, como para matar el tiempo, sin importar el movimiento de las manecillas, solo un tictac indicaba que estaba haciendo su tarea. Que si el minutero se movía tres números, que si la manecilla de la hora se movió hasta el cinco, todo eso poco importaba, ni tan importaba como que fuera visto siempre a las ocho de la mañana y a las cinco de la tarde, todo eso poco importaba porque solo tenía que estar atento al tictac, no al movimiento en sí. Eterno, constante, permanente tictac. Rutinario si se quiere. Solo eso, hacer tictac; el movimiento le era intrascendente, trascendente tal vez para el que le viera las manecillas, porque ni aún así, porque a veces solo era visto con la angustia de ser las ocho de la mañana o las cinco de la tarde y generalmente como si se viera una pared desnuda, una blanca pared, que no dice ni fu ni fa. Cosa curiosa, pensaría. No importaban los efectos, conque hiciera tictac bastaba, lo demás intrascendente, inocuo si se quiere. Solo le preocupa dejar de hacer tictac o que se acabara la pila, que iba a ser lo mismo. O no?
(Esta es la forma como me comunico con mi siquiatra, para
que me vaya graduando la dosis).
Quien lo probó lo sabe: nada hay más
trabajoso. Escribir es parecido a lavarse por las mañanas. Uno va al río
convencido, casi con entusiasmo, pero en cuanto se acerca a la orilla se queda
tieso mirando el agua. ¿No estará demasiado fría?[1]

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