miércoles, 8 de julio de 2026

NOVEDADES

                Resurgió en mí una vieja pregunta al comparar mi juventud con la actual, donde se produjeron los cambios tecnológicos más sorprendentes del mundo, pregunta que se sintetizaba si hubiera sido mejor nacer en esta época que en la mía. Hasta estos días decía que sí, que hubiera sido más inteligente de lo que soy ahora, con más herramientas, con más posibilidades. Pero, y viene el pero, traté de verme en el pasado, nutriéndome en enciclopedias de esas de papel que ya no se usan ni para limpiar… ventanas pues el papel es muy áspero para esos efectos; mi ignorancia trataba de vencerla consultando el diccionario, que igualmente está en desuso y el aburrimiento me llevaba a la lectura. Y eso me llevó a replantear la pregunta y llegué a la conclusión de que, si hubiera nacido en estos tiempos, con tantas facilidades, herramientas y distractores no hubiera sido más inteligente, por el contrario, hubiera sido más vago. Vaya paradigma retórico. 

               Con sabiduría me llegó una respuesta: Leer textos hechos con inteligencia artificial es como leer Wikipedia: uno no se queda acordando de nada, las palabras no dejan huella[1]. 

               Y para la muestra un botón, permitiéndome transcribir un artículo de Sara Jaramillo, que ilustra mucho la idea que tenía en mente:

 La tarea final era escribir un ensayo. Había pasado una mañana entera con los alumnos del último año de un colegio. Juntos revisamos las ideas y buscamos la mejor manera de darles una salida creativa. Al cabo de una semana comenzaron a llegar los textos. El primero me sorprendió, sin embargo, al leer el siguiente, comencé a notar un patrón que tenía que ver con la estructura y el ritmo de las frases. De doce textos que leí, nueve estaban armados de la misma manera. Arrancan con la exposición de la idea lo cual da pie a reflexiones que empiezan todas con una retórica de la negación: “No es tal cosa, no es tal otra”; luego terminan con una revelación: “Es esto”. Días después vi un video del escritor Federico Andahazi hablando sobre esta problemática con un ejemplo que seguramente todos recuerdan: “No es un pájaro, no es un avión, es Superman”.
Otra cosa que detecté en los ensayos es el excesivo uso de triadas. Los adverbios y los adjetivos son lanzados en ráfagas de a tres y van escritos con punto aparte:
“Llamativo.
Contundente.
Efectivo”.
Hacia el final hay, por lo general, una reflexión que termina con una conjunción adversativa, en otras palabras, con una frase corta, pero contundente que incluye la conjunción “sino” y que tiene la siguiente estructura: “No era maldad sino supervivencia”. Otro infaltable es una conclusión que empieza siempre con la palabra porque: “Porque en este mundo no sobresale el mejor, sino el que pisa más duro”. Del abuso de lugares comunes y la ausencia de frases subordinadas hablamos en otra columna.
Como mi oficio es la escritura, no he parado de pensar en esta problemática. Me niego a creer que los nueve alumnos hayan escrito el ensayo con inteligencia artificial, principalmente, porque la asistencia a la clase no era obligatoria y todos ellos estaban, de verdad, muy motivados. Siempre se ha dicho que el problema es cuando los estudiantes le delegan sus tareas a la IA, ahora creo que ocurre algo peor: muchos han venido abusando tanto de la herramienta que, incluso cuando no la están usando, parece como si lo hicieran, sin darse cuenta adoptan la misma estructura para escribir sus textos propios y autónomos. Estamos ante la automatización de una estructura cansina y predecible, armada con frases que aparentan ser profundas, pero que no dicen nada y que componen relatos que prescinden de lo más importante: la magia y la emoción. Leer textos hechos con inteligencia artificial es como leer Wikipedia: uno no se queda acordando de nada, las palabras no dejan huella.
En un principio las máquinas se alimentaron de los hombres y ahora muchos hombres se alimentan de las máquinas. ¿El resultado? Quedan atrapados en un bucle en el cual no cabe la novedad, no cabe la originalidad y mucho menos aquello que siempre debería estar presente en un texto: la capacidad de asombrar al lector a través de lo que cuenta, pero sobre todo, por la forma como lo cuenta. No tengo dudas de que la IA es una gran herramienta para muchas, muchísimas cosas, pero ninguna de ellas es escribir [2]. 

               Quién no se deprime ante este panorama. Hacia dónde va esta humanidad si sigue bajo estas premisas. 

Me encanta la puta tecnología moderna [3]

Tomado de Facebook


[1] Sara Jaramillo Klinkert.

[2] https://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/sara-jaramillo-klinkert-superman-triadas-y-bucles-PA36363286

[3] Un trago antes de la guerra. Dennis Lehane.


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