Resurgió en mí una
vieja pregunta al comparar mi juventud con la actual, donde se produjeron los
cambios tecnológicos más sorprendentes del mundo, pregunta que se sintetizaba
si hubiera sido mejor nacer en esta época que en la mía. Hasta estos días decía
que sí, que hubiera sido más inteligente de lo que soy ahora, con más
herramientas, con más posibilidades. Pero, y viene el pero, traté de verme en
el pasado, nutriéndome en enciclopedias de esas de papel que ya no se usan ni
para limpiar… ventanas pues el papel es muy áspero para esos efectos; mi
ignorancia trataba de vencerla consultando el diccionario, que igualmente está
en desuso y el aburrimiento me llevaba a la lectura. Y eso me llevó a
replantear la pregunta y llegué a la conclusión de que, si hubiera nacido en
estos tiempos, con tantas facilidades, herramientas y distractores no hubiera
sido más inteligente, por el contrario, hubiera sido más vago. Vaya paradigma
retórico.
Con sabiduría me
llegó una respuesta: Leer textos hechos con inteligencia artificial es como
leer Wikipedia: uno no se queda acordando de nada, las palabras no dejan huella.
Y para la muestra
un botón, permitiéndome transcribir un artículo de Sara Jaramillo, que ilustra
mucho la idea que tenía en mente:
La tarea final era
escribir un ensayo. Había pasado una mañana entera con los alumnos del último
año de un colegio. Juntos revisamos las ideas y buscamos la mejor manera de
darles una salida creativa. Al cabo de una semana comenzaron a llegar los
textos. El primero me sorprendió, sin embargo, al leer el siguiente, comencé a
notar un patrón que tenía que ver con la estructura y el ritmo de las frases.
De doce textos que leí, nueve estaban armados de la misma manera. Arrancan con
la exposición de la idea lo cual da pie a reflexiones que empiezan todas con
una retórica de la negación: “No es tal cosa, no es tal otra”; luego terminan
con una revelación: “Es esto”. Días después vi un video del escritor Federico
Andahazi hablando sobre esta problemática con un ejemplo que seguramente todos
recuerdan: “No es un pájaro, no es un avión, es Superman”.
Otra cosa que detecté en
los ensayos es el excesivo uso de triadas. Los adverbios y los adjetivos son
lanzados en ráfagas de a tres y van escritos con punto aparte:
“Llamativo.
Contundente.
Efectivo”.
Hacia el final hay, por lo
general, una reflexión que termina con una conjunción adversativa, en otras
palabras, con una frase corta, pero contundente que incluye la conjunción
“sino” y que tiene la siguiente estructura: “No era maldad sino supervivencia”.
Otro infaltable es una conclusión que empieza siempre con la palabra porque:
“Porque en este mundo no sobresale el mejor, sino el que pisa más duro”. Del
abuso de lugares comunes y la ausencia de frases subordinadas hablamos en otra
columna.
Como mi oficio es la
escritura, no he parado de pensar en esta problemática. Me niego a creer que
los nueve alumnos hayan escrito el ensayo con inteligencia artificial,
principalmente, porque la asistencia a la clase no era obligatoria y todos
ellos estaban, de verdad, muy motivados. Siempre se ha dicho que el problema es
cuando los estudiantes le delegan sus tareas a la IA, ahora creo que ocurre
algo peor: muchos han venido abusando tanto de la herramienta que, incluso
cuando no la están usando, parece como si lo hicieran, sin darse cuenta adoptan
la misma estructura para escribir sus textos propios y autónomos. Estamos ante
la automatización de una estructura cansina y predecible, armada con frases que
aparentan ser profundas, pero que no dicen nada y que componen relatos que
prescinden de lo más importante: la magia y la emoción. Leer textos hechos con
inteligencia artificial es como leer Wikipedia: uno no se queda acordando de
nada, las palabras no dejan huella.
En un principio las
máquinas se alimentaron de los hombres y ahora muchos hombres se alimentan de
las máquinas. ¿El resultado? Quedan atrapados en un bucle en el cual no cabe la
novedad, no cabe la originalidad y mucho menos aquello que siempre debería estar
presente en un texto: la capacidad de asombrar al lector a través de lo que
cuenta, pero sobre todo, por la forma como lo cuenta. No tengo dudas de que la
IA es una gran herramienta para muchas, muchísimas cosas, pero ninguna de ellas
es escribir .
Quién no se deprime
ante este panorama. Hacia dónde va esta humanidad si sigue bajo estas premisas.
Me encanta la
puta tecnología moderna .
Tomado de Facebook
https://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/sara-jaramillo-klinkert-superman-triadas-y-bucles-PA36363286
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