viernes, 17 de abril de 2026

IMÁGENES PASADAS

                Un nuevo libro cae en mis manos: Burócrata imperfecto de Wilson Orozco[1], que me llevó a mis años laborales y ver cómo se movía esa rueda que llamamos trabajo, que no es el rudimentario, que mucho esfuerzo conlleva, ni el intelectual que lleva a la profundidad, sino del trabajo de empleado de escritorio, en donde vi y viví multitud de experiencias y vi cantidad de inútiles y de trámites inútiles, claro está. Como se ve, siempre me han molestado los ignorantes y más los que se creen inteligentes, pero eso ya es otra cosa. El libro lo resume de manera sencilla:  Eso sí, siempre simulando que estás trabajando. Recuerda que quien es bueno para engañar ya no necesita ser bueno para nada más. Recuérdalo solamente. No lo digas. Eso es de mal gusto y caería muy mal entre quienes sí creen en el trabajo duro y esforzado. O que por lo menos simulan creerlo. 

                Y me llevó al recuerdo de los comités, en los que de una u otra manera con el tiempo lo van a uno involucrando sin ninguna querencia. Esos comités los supe odiar, horas para no decidir nada y darle vueltas a un asunto que se resuelve con la sola palabra de quien es el jefe. Algo que puede ser decidido en unos minutos se transforma en horas de indecisión, el mal sabor del tiempo perdido.

                Sinceramente cómo los odié, muy pocos a los que asistí merecían la asistencia. Otra curiosidad de los comités, nunca empezaban a tiempo, quien lo presidía nunca era cumplido, llegaba con demora, afanado y excusándose porque había alguna cosa urgente que le retuvo, como si fuera verdad y dicho como si todos le creyeran. La calidad del jefe definitivamente se define por la puntualidad y la concreción, muy pocos de esos tuve. Lo otro, los citados van llegando a cuentagotas y mientras se inicia hay como media hora para las trivialidades, de cómo le fue el fin de semana, qué hizo y los chismes del día. Y luego, luego empezar a perder el tiempo teniendo uno mejores cosas qué hacer, como sentarse en la oficina a leer. Eso me recuerda unos grafitis, de los que recopilé en mis momentos de ocio, que terminaban siendo muchos, como el que decía:

 Muchos funcionarios públicos descansan en jornada continua. Y de allí a que: Una burocracia le resulta finalmente al pueblo siempre más costosa que una clase alta. O estos otros: Experiencia es lo que conseguimos cuando no conseguimos lo que queremos. Experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones. Y con los comités: Si algo parece fácil, es difícil; y si parece difícil, es imposible.

 Y de estos grafitis me llevaron a las leyes de Murphy y sus diferentes variantes, generalmente sabias y olvidadas (colección que igualmente recopilé en mis ratos de ocio laboral, he de confesar sin rubor) y que condensan claramente a lo que me refiero.

 La persona más poderosa de una organización tiene tendencia a emplear su tiempo en asistir a reuniones y firmar cartas[2].

Una reunión es un acontecimiento en el que se cuentan los minutos y se pierden las horas[3].

Cualquier problema sencillo se convierte en insalvable si se hacen las suficientes reuniones para discutirlo[4].

Cualquier problema sencillo se convierte en insalvable, si se hacen las suficientes reuniones para discutirlo[5].

          Cierra siempre la puerta del despacho. Esto coloca las visitas a la defensiva y hace que siempre parezca que estés en una reunión importante[6].

S        Si haces alguna cosa convencido de que todos lo agradecerán, habrá alguien que lo encontrará mal hecho[7]. O su variante: Si explicas una cosa con toda claridad para que todos lo entiendan habrá alguien que no lo entenderá. De allí la Paradoja de Murphy: Hacerlo del modo más difícil siempre resulta más fácil. Porque No hay ningún trabajo tan sencillo que no pueda hacerse mal[8].

 Y tratando de comités, comisiones y demás inventos gerenciales tenemos por ejemplo, las siguientes verdades: El número de gente que forma cualquier grupo de trabajo tiende a aumentar, al margen de la cantidad de trabajo que se haga[9].

                Y qué decir sobre los seminarios a que me mandaban, para actualizaciones, inútiles, por demás, o de esas a las que había que mandar a alguien y uno era el elegido. Otro mal que soporté, aunque lo supe hacer. Me sentaba en los últimos asientos, cerca de la puerta, dejaba que el expositor iniciara su charla y al cuarto de hora ya lo tenía calibrado y sabía si era o no pérdida de tiempo quedarme. Si lo era, al primer descuido partía en huida a hacer cualquier cosa menos perder el tiempo oyendo babosadas y lo digo sin rubor, pero logré huir de muchos; si expedían certificados pues volvía a en la tarde para reclamarlo y listo el paseo.

                Es que el ser empleado requiere de mucha maña y saber hacerlo. Por eso logré subsistir en la burocracia por cerca de treinta y pico de años. Y eso que no me consideré un inepto, hacía lo que tenía que hacer y procuraba hacerlo bien, es mi consuelo. 

El trabajo en equipo es esencial, te permitirá echarle la culpa a otro.[10]

Tomado de Google


[1] He de ser sincero, no logré pasar del cuarto o quinto capítulo. Uno de esos libros en los que uno termina con el mal sabor de haber perdido el tiempo leyéndolo y eso que dice ser profesor en la Universidad de Antioquia.

[2] Ley de Oeser.

[3] Axioma de Gourd.

[4] Ley de Mitchell sobre las comisiones:

[5] (Ley de Mitchell sobre las comisiones)

[6] (Quinta regla de Spark para los ejecutivos)

[7] (Primer corolario de Chislom)

[8] Ley de Perrusel.

[9] Cuarta ley de Parkinson.

[10] Ley de los Grandes Grupos de Repoort (Anexo II)


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