Un nuevo libro cae en mis manos: Burócrata
imperfecto de Wilson Orozco,
que me llevó a mis años laborales y ver cómo se movía esa rueda que llamamos
trabajo, que no es el rudimentario, que mucho esfuerzo conlleva, ni el
intelectual que lleva a la profundidad, sino del trabajo de empleado de
escritorio, en donde vi y viví multitud de experiencias y vi cantidad de
inútiles y de trámites inútiles, claro está. Como se ve, siempre me han
molestado los ignorantes y más los que se creen inteligentes, pero eso ya es
otra cosa. El libro lo resume de manera sencilla: Eso sí, siempre simulando que estás
trabajando. Recuerda que quien es bueno para engañar ya no necesita ser bueno
para nada más. Recuérdalo solamente. No lo digas. Eso es de mal gusto y caería
muy mal entre quienes sí creen en el trabajo duro y esforzado. O que por lo menos
simulan creerlo.
Y me llevó al
recuerdo de los comités, en los que de una u otra manera con el tiempo lo van a
uno involucrando sin ninguna querencia. Esos comités los supe odiar, horas para
no decidir nada y darle vueltas a un asunto que se resuelve con la sola palabra
de quien es el jefe. Algo que puede ser decidido en unos minutos se transforma
en horas de indecisión, el mal sabor del tiempo perdido.
Sinceramente cómo los odié, muy
pocos a los que asistí merecían la asistencia. Otra curiosidad de los comités,
nunca empezaban a tiempo, quien lo presidía nunca era cumplido, llegaba con
demora, afanado y excusándose porque había alguna cosa urgente que le retuvo,
como si fuera verdad y dicho como si todos le creyeran. La calidad del jefe
definitivamente se define por la puntualidad y la concreción, muy pocos de esos
tuve. Lo otro, los citados van llegando a cuentagotas y mientras se inicia hay
como media hora para las trivialidades, de cómo le fue el fin de semana, qué
hizo y los chismes del día. Y luego, luego empezar a perder el tiempo teniendo
uno mejores cosas qué hacer, como sentarse en la oficina a leer. Eso me
recuerda unos grafitis, de los que recopilé en mis momentos de ocio, que
terminaban siendo muchos, como el que decía:
Muchos funcionarios públicos descansan en jornada continua. Y de allí a que: Una burocracia le resulta finalmente al
pueblo siempre más costosa que una clase alta. O estos otros: Experiencia es lo que conseguimos cuando no conseguimos lo que
queremos. Experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones. Y con los
comités: Si algo parece fácil, es difícil; y si parece difícil, es
imposible.
Y de estos
grafitis me llevaron a las leyes de Murphy y sus diferentes variantes,
generalmente sabias y olvidadas (colección que igualmente recopilé en mis ratos
de ocio laboral, he de confesar sin rubor) y que condensan claramente a lo que
me refiero.
La persona más poderosa de una
organización tiene tendencia a emplear su tiempo en asistir a reuniones y
firmar cartas.
Una reunión es un acontecimiento en el
que se cuentan los minutos y se pierden las horas.
Cualquier problema sencillo se convierte en insalvable
si se hacen las suficientes reuniones para discutirlo.
Cualquier problema sencillo se convierte en insalvable, si se
hacen las suficientes reuniones para discutirlo.
Cierra siempre la puerta del despacho. Esto coloca las visitas a
la defensiva y hace que siempre parezca que estés en una reunión importante.
S Si haces alguna cosa convencido de que todos lo agradecerán, habrá
alguien que lo encontrará mal hecho.
O su variante: Si explicas una cosa con toda claridad para que
todos lo entiendan habrá alguien que no lo entenderá. De allí la Paradoja
de Murphy: Hacerlo del modo más difícil siempre resulta más fácil. Porque
No hay ningún trabajo tan sencillo que no pueda hacerse mal.
Y tratando de comités, comisiones y
demás inventos gerenciales tenemos por ejemplo, las siguientes verdades: El
número de gente que forma cualquier grupo de trabajo tiende a aumentar, al
margen de la cantidad de trabajo que se haga.
Y qué decir
sobre los seminarios a que me mandaban, para actualizaciones, inútiles, por
demás, o de esas a las que había que mandar a alguien y uno era el elegido.
Otro mal que soporté, aunque lo supe hacer. Me sentaba en los últimos asientos,
cerca de la puerta, dejaba que el expositor iniciara su charla y al cuarto de
hora ya lo tenía calibrado y sabía si era o no pérdida de tiempo quedarme. Si
lo era, al primer descuido partía en huida a hacer cualquier cosa menos perder
el tiempo oyendo babosadas y lo digo sin rubor, pero logré huir de muchos; si
expedían certificados pues volvía a en la tarde para reclamarlo y listo el
paseo.
Es que el ser
empleado requiere de mucha maña y saber hacerlo. Por eso logré subsistir en la
burocracia por cerca de treinta y pico de años. Y eso que no me consideré un
inepto, hacía lo que tenía que hacer y procuraba hacerlo bien, es mi consuelo.
El trabajo en equipo es esencial, te permitirá echarle la culpa a
otro.
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