Una pregunta que personalmente me ofende es cuando un periodista le pregunta a algún famoso qué libro le marcó en la vida.
Y dicho eso, El poder del libro para expandir el alma, para construir el mundo y articular nuestra vida personal, nuestra intimidad, suele pasarnos desapercibido salvo en raras ocasiones, y cuando cobramos conciencia de su importancia, tampoco lo manifestamos. Hace mucho que el libro se ha convertido en algo natural, en un objeto cotidiano cuyas maravillosas cualidades no despiertan ni nuestro asombro ni nuestra gratitud. Del mismo modo que no somos conscientes del oxígeno que introducimos en nuestro organismo cada vez que respiramos ni de los misteriosos procesos químicos con los que nuestra sangre aprovecha este invisible alimento, tampoco advertimos la materia espiritual que absorben nuestros ojos y que nutre (o debilita) nuestro intelecto continuamente. Para nosotros, hijos y nietos de siglos de escritura, leer se ha convertido en otra función vital, una actividad automática, casi física, y el libro, que ponen en nuestras manos el primer día de escuela, se percibe como algo natural, algo que nos acompaña siempre, que forma parte de nuestro entorno, y por eso la mayoría de las veces lo abrimos con la misma indiferencia, con la misma desgana con la que cogemos nuestra chaqueta, nuestros guantes, un cigarrillo o cualquier otro objeto de consumo de los que se producen en serie para las masas. Cualquier artículo, por valioso que sea, se trata con desdén cuando puede conseguirse con facilidad, y sólo en los instantes más creativos de nuestra vida, cuando reflexionamos, cuando nos volcamos en la contemplación interior, conseguimos que lo que ha llegado a ser común y corriente vuelva a resultar asombroso.[1]
Antecedidas esas palabras de Zweig, me sigue carcomiendo la pregunta: Qué libros te han marcado. Para la IA debe entenderse como indagar por aquellas lecturas que dejaron una huella profunda en tu forma de pensar, sentir o ver la vida, más allá de que la historia haya sido solo entretenida. Siempre he llegado a la conclusión de que, en mi caso, al menos conscientemente, ninguno me cambió, ni me hizo diferente a lo que he podido ser. Sí he encontrado enseñanzas, frases muy particulares, he subrayado muchas hojas, he hecho anotaciones, me han inspirado, pero marcado mi vida, ninguno en particular y recuerdo que bajo esas premisas encuentro en este momento una cita: Siempre te acostarás sabiendo una cosa más[2]. Porque eso sí, no recuerdo un libro que no haya subrayado, que no me haya abierto los ojos a mi ignorancia y es curioso, he encontrado verdades en los libros menos esperados, en las novelas, por ejemplo, particularmente en la novela negra, quién lo creería.
De allí que termine pensando que esa pregunta es absurda, por no decir otra cosa.
Los
libros descienden de los libros como las familias descienden de las familias…
Se parecen a sus padres, tal como los hijos humanos se parecen a sus padres; y
sin embargo difieren de ellos tal como los hijos difieren, y se rebelan tal
como los hijos se rebelan. [3]
[1] Encuentro con libros. Stephen Zweig.
[2] El
laberinto azul. Lincoln Child, Douglas Preston.
[3] Palabras de Virginia
Woolf, La torre inclinada. Citadas en Viaje con un mapa en blanco. Juan Gabriel
Vásquez.
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