viernes, 16 de octubre de 2026

VARIACIONES

                Leyendo a Michio Kaku y observar que ya en materia de física cuántica no hay imposibles, aunque los haya mientras no se encuentre la solución, me hizo retrotraerme a mis años de juventud, cuando veía a Dick Tracy comunicándose con un aparatejo que tenía en la muñeca de la mano; a Robotina haciendo las tareas del hogar, en los Supersónicos y entretenerme leyendo a Julio Verne y las novedades que en el siglo XIX escribía como el ir a la luna, por ejemplo. Eso era imaginación que ayudaba a nuestra infantil imaginación, aún a sabiendas de que eran imposibles, al menos en ese momento. 

            Cosas imposibles en su momento, por no decir, cosas de locos, en su más estricto sentido. Y hoy, ya agotando un cuarto del nuevo siglo, las cosas se han venido dando, cosas que dejaron de ser el imposible del ayer. Los celulares, los robots y la exploración espacial, siguiendo los ejemplos propuestos. Se pensaba que después de la computadora de finales del siglo pasado se había logrado la totalidad de la ciencia, pero hoy vemos, perplejos, como ayer, que esa computadora dentro de un tiempo pasará de moda y entrará la supercomputadora cuántica y cada día que pase se verán avances, viendo que no hay imposibles a pesar de que en ese momento se vean así. 

            De esa misma manera el pensamiento va cambiando, cuando se quiere, y acomodándose a las nuevas circunstancias, de allí que es bueno recapacitar en los cambios personales de pensamiento, de lo que ayer defendíamos con terquedad y que hoy vemos desde otra perspectiva y ya nos es indiferente o de pensamiento diferente. Y hasta sonreímos al recordar lo que fuimos, pensamos o sostuvimos, pensando en las vueltas que da la vida, en sus diferentes momentos, pero eso sí, sin reconocer lo equivocados que pudimos estar, o que estamos, porque eso sí, en eso no damos el brazo a torcer, porque tercos seguimos siendo. 

Una vez, Einstein dijo valerosamente que «Dios era sutil, pero no malicioso». En sus últimos años, se frustró y llegó a una conclusión: «Me lo he pensado mejor. Quizá Dios sí sea malicioso». 

Se cuenta que (Einstein) repetía que Dios no deja nada al azar en el universo, a lo que Bohr respondió: «Deje de decirle a Dios lo que tiene que hacer».[1]

Tomado de Google



[1] La ecuación de Dios. Michio Kaku.

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