Una
lectura, que adelante transcribiré, por ser ilustrativa, me hizo acordar de la
época aquella en que en fotocopia le llegaba a uno una oración para iniciar una
cadena irrompible so pena de un castigo divino. Y luego, con la llegada del
internet, esas cadenas comenzaron a proliferar por las nubes generando el
sentimiento de culpa en uno si no la reenviaba, la condenación era definitiva y
hasta los menos crédulos como yo, al inicio caíamos ante el invencible temor de
que las brujas no existían, pero que las había, las había.
Cómo
es de manipulable el ser humano, veo hoy con ojos del ayer y la mejor
descripción del cuento lo leí en estos días, decía:
A los
trece años me vuelve a pasar algo parecido con los milagros. Descubro, en el
zaguán de casa, la primera carta de toda mi vida, con mi nombre y mi apellido
engalanados por la palabra «Señor». La abro con el corazón en un puño y leo:
«Copia esta Oración del Santo Sacramento nueve veces en letra de imprenta y
envíasela a nueve amigos por correo certificado». Al dorso de la oración (que
era larguísima) venía lo más emocionante: te explicaban lo que les había pasado
a las personas que no habían hecho caso. ¡Eran unas maldades buenísimas, las
mejores desgracias que escuché nunca!
Es el
día de hoy que no me puedo olvidar del pobre John Saldívar, de Denver
(Colorado) quien, creyendo a esta cadena una broma de mal gusto, no solo no
cumplió con los reenvíos sino que la botó al retrete. Qué miedo más grande me
daba esa frase. Yo no tenía la más puta idea de lo que significaba «botó al
retrete», pero me parecía terrible que John Saldívar hubiera hecho semejante
barbaridad. Además, lo que le pasó a este hombre fue escalofriante: dos días
más tarde del asunto del «botó», John fue despedido de su empleo, una semana
después su esposa lo abandonó por alguien más joven y al mes, más o menos,
murió arrollado por un carro. Qué hijos de puta, con cuántos argumentos te
convencían. La carta también te informaba sobre la enorme suerte que habían tenido
los que sí habían cumplido el mandato, pero eso ya no es tan divertido de
contar.

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