jueves, 18 de diciembre de 2025

CADENAS

 

Una lectura, que adelante transcribiré, por ser ilustrativa, me hizo acordar de la época aquella en que en fotocopia le llegaba a uno una oración para iniciar una cadena irrompible so pena de un castigo divino. Y luego, con la llegada del internet, esas cadenas comenzaron a proliferar por las nubes generando el sentimiento de culpa en uno si no la reenviaba, la condenación era definitiva y hasta los menos crédulos como yo, al inicio caíamos ante el invencible temor de que las brujas no existían, pero que las había, las había.

 

Cómo es de manipulable el ser humano, veo hoy con ojos del ayer y la mejor descripción del cuento lo leí en estos días, decía:

 

A los trece años me vuelve a pasar algo parecido con los milagros. Descubro, en el zaguán de casa, la primera carta de toda mi vida, con mi nombre y mi apellido engalanados por la palabra «Señor». La abro con el corazón en un puño y leo: «Copia esta Oración del Santo Sacramento nueve veces en letra de imprenta y envíasela a nueve amigos por correo certificado». Al dorso de la oración (que era larguísima) venía lo más emocionante: te explicaban lo que les había pasado a las personas que no habían hecho caso. ¡Eran unas maldades buenísimas, las mejores desgracias que escuché nunca!

Es el día de hoy que no me puedo olvidar del pobre John Saldívar, de Denver (Colorado) quien, creyendo a esta cadena una broma de mal gusto, no solo no cumplió con los reenvíos sino que la botó al retrete. Qué miedo más grande me daba esa frase. Yo no tenía la más puta idea de lo que significaba «botó al retrete», pero me parecía terrible que John Saldívar hubiera hecho semejante barbaridad. Además, lo que le pasó a este hombre fue escalofriante: dos días más tarde del asunto del «botó», John fue despedido de su empleo, una semana después su esposa lo abandonó por alguien más joven y al mes, más o menos, murió arrollado por un carro. Qué hijos de puta, con cuántos argumentos te convencían. La carta también te informaba sobre la enorme suerte que habían tenido los que sí habían cumplido el mandato, pero eso ya no es tan divertido de contar.

Me acuerdo que me puse enseguida a copiar las nueve cartas y a pensar en los amigos que elegiría para mandárselas, empezando por el Chiri. Iba por la tercera copia a máquina, y entonces Roberto me dijo que aquello de las cadenas postales era un tongo del correo para que los incautos gastaran en estampillas.
¡Por qué! ¿Con qué necesidad había que bajar de un hondazo las ilusiones de un chico? ¿Qué le importaba a Roberto si el correo ganaba más o perdía menos?[1]

 Ahora sonrío al recordar cuántos caímos en nuestra época, con un sentimiento de culpa ajeno que nos fue implantado por nuestra propia culpa, al creer en tanta estupidez y pensar que hoy, pareciera, somos más incautos y estúpidos, debe decirse, frente al nuevo mundo de la información falsa o fake news como se le conoce ahora, definitivamente no hay nada nuevo en este mundo, lo mismo pero con sutiles cambios. Seguimos siendo los mismos ingenuos de hace siglos, por no decir los mismos estúpidos de siempre. 

¿Sabe qué es lo que daña la capa de ozono? Los fanáticos de la comida sana, que comen ese horrendo salvado y barritas de frutos secos, y se van tirando pedos por el campo. Soltando gases y ventosidades venenosas. Hay que acabar con ellos[2]

Tomado de Facebook
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[1] El pibe que arruinaba las fotos. Hernán Casciari.

[2] Agatha Raisin y el veterinario cruel. MC Beaton. Y no se piense que la cita no tiene nada que ver con el tema, pues la ironía es grande.


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