Una nueva pregunta que me surgió a raíz de los podcast a
los que me he ido aficionando en mis caminatas de soledad.
Al parecer muchos se la hacen, cuando no se hacen la
pregunta de cuál es el sentido de la vida, que pareciera ser la primera que
debería hacerse. Quienes no se las han hecho, mejor para ellos, un problema
menos en sus propias vidas y es mejor que sigan así, puros, sin malos
pensamientos, sin preguntas retóricas amargantes.
Pero yo, hace más de cincuenta años que me he venido
haciendo la primera pregunta, que me parecía más importante que la segunda.
Primero hecha de manera genérica, si mal no recuerdo y ante tanto silencio, la
precisaba en mi caso. Cuál era el sentido de mi vida.
Más de cincuenta años rondando en mi cabeza y el silencio
haciéndose más acucioso. Y cuál el propósito de mi vida? Planes tenía. Deseos
también. Esperanzas las más y tal vez, solo tal vez, en lo más íntimo esperaba
una pensión que me asegurara el futuro económico y una vejez tranquila, morirme
estando sano, supongo, un paro cardiaco fulminante me es suficiente. Propósito:
ánimo de hacer o no. También un objetivo para lograr. Objetivo? Trazarme metas?
Muchos deseos, pero nada tangible, porque cada cosa se fue presentando en su
momento y arrepentimientos al no haber elegido acertadamente, supongo. Alguna
vez tuve en mi mente el ser presidente de este país, hubiera sido un buen
dictador. Pero solo fueron objetivos o deseos fugaces ante la imposibilidad de
su realización, como que tampoco logré ser astronauta y colonizador de otras
civilizaciones exteriores.
Hoy, llegando a los setenta ya no hay propósitos, cuáles
podrían ser? Me pregunto. Vivir el día a día, como vaya viniendo, ojalá en paz
y tranquilidad hasta que se me acabe el camino, ese sería mi propósito.
Ahora, sobre cuál es el sentido de la vida, después de
casi setenta años, o cincuenta si descontamos veinte de inconciencia, he de
confesar que no le he encontrado ninguno. Hoy en la tranquilidad de la vejez
sinceramente puedo decir que ya me tiene sin cuidado la respuesta que pudiera
ofrecerme la vida misma. Era una mera pregunta retórica, que por serlo no tenía
respuesta y pareciera que no la hay. O tal vez, solo tal vez, la respuesta es
la más simple y
es la que hoy me acompaña.
Cuál es el sentido de la vida? La vida no tiene ningún
sentido. Simple e impasiblemente es la vida, un neutro filosófico diría yo (si
es que es dable decirlo). Y ante este aparente sinsentido lo único que queda es
vivir o sobrevivir, según el caso y no complicarse la vida buscando un sentido
a algo que no lo tiene. Es la vida y hay que vivirla lo mejor que se pueda y
dejar la retórica para otra vida. Y me alegro por aquellos inocentes que no
piensan en estas bobadas, felices ellos que le encontraron el sentido a la
vida, aún sin saberlo.
Tenía una manera de andar relajada y
bamboleante, y una sonrisa satisfecha se dibujaba en su ancho rostro. Era uno
de esos hombres que disfrutan de su trabajo, que no echan en falta nada en la
vida y que seguramente no entendía de qué se quejaba tanto todo el mundo.
Increíble. No se ve a menudo esa expresión de cara.
Y hoy, el último día del año, un nuevo cierre para estas
conversaciones en solitario, esperando un buen año, extensible a todo aquel que
me pueda leer.
Tomado de Facebook
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