miércoles, 31 de diciembre de 2025

CUÁL ES EL PROPÓSITO DE LA VIDA

             Una nueva pregunta que me surgió a raíz de los podcast a los que me he ido aficionando en mis caminatas de soledad.

             Al parecer muchos se la hacen, cuando no se hacen la pregunta de cuál es el sentido de la vida, que pareciera ser la primera que debería hacerse. Quienes no se las han hecho, mejor para ellos, un problema menos en sus propias vidas y es mejor que sigan así, puros, sin malos pensamientos, sin preguntas retóricas amargantes.

             Pero yo, hace más de cincuenta años que me he venido haciendo la primera pregunta, que me parecía más importante que la segunda. Primero hecha de manera genérica, si mal no recuerdo y ante tanto silencio, la precisaba en mi caso. Cuál era el sentido de mi vida.

             Más de cincuenta años rondando en mi cabeza y el silencio haciéndose más acucioso. Y cuál el propósito de mi vida? Planes tenía. Deseos también. Esperanzas las más y tal vez, solo tal vez, en lo más íntimo esperaba una pensión que me asegurara el futuro económico y una vejez tranquila, morirme estando sano, supongo, un paro cardiaco fulminante me es suficiente. Propósito: ánimo de hacer o no. También un objetivo para lograr. Objetivo? Trazarme metas? Muchos deseos, pero nada tangible, porque cada cosa se fue presentando en su momento y arrepentimientos al no haber elegido acertadamente, supongo. Alguna vez tuve en mi mente el ser presidente de este país, hubiera sido un buen dictador. Pero solo fueron objetivos o deseos fugaces ante la imposibilidad de su realización, como que tampoco logré ser astronauta y colonizador de otras civilizaciones exteriores.

             Hoy, llegando a los setenta ya no hay propósitos, cuáles podrían ser? Me pregunto. Vivir el día a día, como vaya viniendo, ojalá en paz y tranquilidad hasta que se me acabe el camino, ese sería mi propósito.

             Ahora, sobre cuál es el sentido de la vida, después de casi setenta años, o cincuenta si descontamos veinte de inconciencia, he de confesar que no le he encontrado ninguno. Hoy en la tranquilidad de la vejez sinceramente puedo decir que ya me tiene sin cuidado la respuesta que pudiera ofrecerme la vida misma. Era una mera pregunta retórica, que por serlo no tenía respuesta y pareciera que no la hay. O tal vez, solo tal vez, la respuesta es la más simple[1] y es la que hoy me acompaña.

             Cuál es el sentido de la vida? La vida no tiene ningún sentido. Simple e impasiblemente es la vida, un neutro filosófico diría yo (si es que es dable decirlo). Y ante este aparente sinsentido lo único que queda es vivir o sobrevivir, según el caso y no complicarse la vida buscando un sentido a algo que no lo tiene. Es la vida y hay que vivirla lo mejor que se pueda y dejar la retórica para otra vida. Y me alegro por aquellos inocentes que no piensan en estas bobadas, felices ellos que le encontraron el sentido a la vida, aún sin saberlo. 

Tenía una manera de andar relajada y bamboleante, y una sonrisa satisfecha se dibujaba en su ancho rostro. Era uno de esos hombres que disfrutan de su trabajo, que no echan en falta nada en la vida y que seguramente no entendía de qué se quejaba tanto todo el mundo. Increíble. No se ve a menudo esa expresión de cara.[2]

             Y hoy, el último día del año, un nuevo cierre para estas conversaciones en solitario, esperando un buen año, extensible a todo aquel que me pueda leer.

Tomado de Facebook
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[1] La "teoría de la respuesta más simple" se conoce como la Navaja de Ockham o principio de parsimonia, un principio filosófico y metodológico que afirma que, ante varias explicaciones para un mismo fenómeno, la más sencilla, la que requiere menos suposiciones o entidades, suele ser la correcta, bajo el lema "la pluralidad no debe postularse sin necesidad"

[2] El ojo de Eva (Inspector Sejer 1). Karin Fossum


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