Oía un Podcast de la BBVA
(Ser feliz es vivir con el corazón despierto) y dentro de la que se
decía me llamó la atención alguna frase que decía que uno debía mantener un
diálogo interno permanente, como permanente son los pensamientos cuando estamos
solos o absortos en nosotros mismos. Allí surgen las conversaciones optimistas
y pesimistas; las optimistas, cuando no estamos demasiado optimistas nos dan
alguna zancadilla para que dejemos de estarlo y las deprimidas, nos trata de
espantar cualquier síntoma de optimismo pesimismo con frases que llevan a más
depresión.
Lo he dicho, el cerebro es un traidor, no nos puede ver
muy felices porque le encanta sembrar la cizaña. Por qué a mí, por qué me pasó,
por qué no puedo ser feliz, etcétera, etcétera. Por pendejo, nos responderá,
cuando está decente, pues de lo contrario nos dirá: por güevón.
Y en efecto el cerebro es de lo más pesimista que hay,
siempre nos hace una zancadilla, nos tiende una trampa, no nos deja una vida al
menos tranquila y pausada. Por eso tenemos tanto pensamiento negativo o
dubitativo: apagué la estufa? Cerré bien la puerta? A alguien le oí o leí que
el cerebro era un hijueputa que jugaba con nosotros y buena razón que tiene.
Sin embargo, todo tiene su contra y a él se le puede
atacar también, con las mismas trampas que usa y es un ejercicio simple. Lo
dicen las autoayudas, lo dicen los sicólogos, lo dicen los que saben y hasta lo
deben decir los estudios de alguna universidad gringa, lo cual da más
credibilidad (pues a mí quién me puede hacer caso, que ni yo mismo me creo los
cuentos que me invento). A una intervención negativa una reacción positiva.
Lo he utilizado y parece que da buen resultado. Apagué la
estufa, oiré cuando ya estoy en el bus. Pues que no explote mientras llego, me
contradigo. Cerré la puerta al salir? Pues si no lo hice no hay mayor cosa qué
robar y de aquí a que me devuelva para ver que efectivamente sí la había
cerrado, el falso positivo imaginario ya ha desaparecido. Que tiene cáncer?
Pues qué se le va a hacer, nada puedo hacer yo o sí? Que se murió? Pues qué
vaina, es algo que sucede tarde o temprano y no puedo hacer nada.
Peor cuando a ese cerebro le da por ser predictivo,
futurólogo. Que le va a pasar algo malo, dice sin ningún fundamento. Pues que
pase, aunque casi nunca pasa nada, pero sí ha generado una rara sensación de
desasosiego, el muy cabrón sabe dónde actuar. A un cabrón de esa calaña hay que
responderle como un buen sicópata. A cada interferencia negativa, dañina,
destructiva hay que responderle sin compasión haciéndole saber que ni predictor
ni futurólogo es, que simplemente es un cabrón que no nos puede ver felices, al
menos contentos, por lo menos tranquilos, que es un pobre pendejo al que no nos
someteremos, porque no le tenemos compasión, como un buen sicópata.
Y a partir de tanta contrarrespuesta opuesta, se va
sometiendo y cada vez que aparece basta con recordarle diciéndole: Otra vez con
sus güevonadas? (perdonen la subida idiomática poco ortodoxa, pero necesaria,
con paños tibios no entiende ese cerebro, hay que tratarlo con la rudeza con la
que nos trata o si se quiere, para ser más decente basta decirle: Otra vez con
sus pendejadas? Váyase para sus tres… perdón, cada cual usará el lenguaje que
le parezca más apropiado para tratar a su otro yo que nos incomoda).
Si es proclive a los malos pensamientos (ya sabrán a
cuáles, porque hay otros de ese tipo que no convienen olvidar), si es pesimista
(aunque sea por naturaleza), si tiende a la depresión, combata a ese alter ego,
ese otro yo, ese super ego o como se llame, ese que nos hace daño generándonos
culpa, desazón, inquietud, inseguridad como un buen sicópata, no le crea y
mándelo a la… al carajo. Basta con perderle miedo.
Curiosamente
cuando escribía la palabra depresión oigo cantar al Perales y me recuerda el
libro del mismo nombre, Buenos días, tristeza, y es eso lo que hay que hacer
para combatirla. Y decirle que si dejé encendida la estufa, pues que explote,
qué más se puede hacer y si no se cerró la puerta, pues que el viento la cierre
por nosotros, qué más se puede hacer y si se murió o le dio cáncer, pues que
Dios le ayude, pues nada puedo hacer, es la ley de la vida.
Este
escrito me quedó muy bueno como para comenzar el manual del buen sicópata, ya
veremos.
Yo estaba conmigo
y sin nadie.
Tomado de Facebook
595336027_1417661969717567_6413635423534539701_n
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Para ser incluido en entregas personalizadas pueden solicitarse en: jhernandezbayona@gmail.com