lunes, 8 de diciembre de 2025

DESCRIPCIONES

             Voy a hacer unas transcripciones como parte de un experimento que no he podido superar, he de confesar: 

Tenía un cabello tupido y brillante y unas piernas bonitas. Su figura era un poco regordeta por los costados y tenía el cuello corto.  

La señora Toynbee era una mujer pequeña, «blanda», casi como una nube de malvavisco, pero no estaba gorda. Tenía el pelo plateado y le formaba una aureola alrededor de la cabeza. La cara era del tipo que los novelistas románticos describirían como con forma de corazón. Tenía unos grandes ojos azul celeste y pestañas rubias. Su pecho fofo estaba cubierto por un suéter de noche que relucía, casi blanco gracias a las lentejuelas plateadas, y se extendía sobre una falda larga con motivos florales. Agatha calculó que debía de rondar los cuarenta y tantos,  

La recepcionista, de piel morena lisa y ojos de cierva, tenía acento jamaicano y unas hombreras dignas de un jugador de fútbol americano.  

Es una mujer mandona, alta, delgada y curtida.  

Rondaba los cuarenta, era fuerte y moreno, y el pelo negro empezaba a grisearle en las sienes. Tenía una nariz grande y carnosa y una boca pequeña, cejas pobladas y tupidas y una cabeza de buen tamaño. Su ancha figura estaba envuelta en un traje de raya fina, y sus diminutos pies en zapatos de cordones negros, como de niño. Parecía el dibujo de un hombre pintado en un globo. Agatha tuvo la descabellada idea de que, si le ataba una cuerda alrededor de los tobillos y lo sacaba por la ventana, se alzaría flotando hacia el cielo.
Pero entonces entró Guy, el hermano, y Agatha se olvidó rápidamente de Peter. Guy Freemont era atractivo. Alto y esbelto, el cabello negro azabache, ojos muy azules, piel bronceada y cuerpo de atleta. Agatha le echó treinta y tantos.
 

Era una mujer regordeta de mediana edad, con piernas bonitas, cara rellena y diminutos ojos redondos que contemplaban con suspicacia el mundo que la rodeaba. Siempre se había enorgullecido de su pelo, tupido, castaño y lustroso. Agatha Raisin y el mago de Evesham. 

La lectura de las aventuras de Agatha Raisin[1] y sus descripciones de personas, cualquiera diría, son suficientemente claras como para que uno se imagine al personaje de carne y hueso. Pues cuando leo las descripciones trato de que en mi imaginación el personaje tome forma, pero eso de que era una mujer regordeta de mediana edad y de piernas bonitas no ha logrado materializarse en mi imaginación, por el contrario, me hace recordar a mi mamá cuando definía a alguna mujer conocida, cuando empezaba con el: alta ella, ya quería describirla como alta, estilizada, de buen porte y clasuda, vaya a saber uno si era así.

 Creo que con eso quiero significar mi poca imaginación descriptiva, tanto como la de los avisos de desaparecidos que por más que me concentrara en verlos en persona no soy capaz de distinguirlos, si los viera, minutos después.

 Y eso me lleva a pensar también en el cambio de modalidad idiomática en restaurantes, particularmente de aquellos que se creen que si utilizan un idioma grandilocuente que no entienda nadie les autoriza a cobrar más, pero que saben que nadie se atreverá a preguntar para no evidenciar la ignorancia y así les dé clase, y se sienten autorizados a cobrar lo que cobran. En efecto: No pueden tener nada que se ajuste a una descripción tan simple como ensalada de jamón. —Aquí lo llaman Cerdo Asado de los Mares del Sur, troceado y en un lecho de ensalada crujiente con picatostes de Galleta Marinera.[2] 

 Simplemente concluyo que son descripciones que mi pobre imaginación no llega a imaginar, así ando ahora! 

Me gustaba saltar al vacío de las definiciones sin saber si abajo había agua. Por inseguridad supongo, pero también por orgullo, sospechaba significados rocambolescos y los daba por buenos. También creí, durante años, que el orgasmo era un pianito eléctrico que mi tía Luisa no había tenido nunca. [3]

Tomado de Facebook
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[1] Marion Chesney. Agatha Raisin y el mago de Evesham. Agatha Raisin y los paseantes de Dembley. Agatha Raisin y …

[2] Agatha Raisin y el mago de Evesham. Marion Chesney.

[3] El pibe que arruinaba las fotos. Hernán Casciari. 

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