Voy a hacer unas transcripciones como parte de un experimento que no he podido superar, he de confesar:
Tenía un cabello tupido y brillante y unas
piernas bonitas. Su figura era un poco regordeta por los costados y tenía el
cuello corto.
La señora Toynbee era una mujer pequeña,
«blanda», casi como una nube de malvavisco, pero no estaba gorda. Tenía el pelo
plateado y le formaba una aureola alrededor de la cabeza. La cara era del tipo
que los novelistas románticos describirían como con forma de corazón. Tenía
unos grandes ojos azul celeste y pestañas rubias. Su pecho fofo estaba cubierto
por un suéter de noche que relucía, casi blanco gracias a las lentejuelas
plateadas, y se extendía sobre una falda larga con motivos florales. Agatha calculó
que debía de rondar los cuarenta y tantos,
La recepcionista, de piel morena lisa y ojos
de cierva, tenía acento jamaicano y unas hombreras dignas de un jugador de
fútbol americano.
Es una mujer mandona, alta, delgada y
curtida.
Rondaba los cuarenta, era fuerte y moreno, y
el pelo negro empezaba a grisearle en las sienes. Tenía una nariz grande y
carnosa y una boca pequeña, cejas pobladas y tupidas y una cabeza de buen
tamaño. Su ancha figura estaba envuelta en un traje de raya fina, y sus
diminutos pies en zapatos de cordones negros, como de niño. Parecía el dibujo
de un hombre pintado en un globo. Agatha tuvo la descabellada idea de que, si
le ataba una cuerda alrededor de los tobillos y lo sacaba por la ventana, se
alzaría flotando hacia el cielo.
Pero entonces entró Guy, el hermano, y Agatha se olvidó rápidamente de Peter.
Guy Freemont era atractivo. Alto y esbelto, el cabello negro azabache, ojos muy
azules, piel bronceada y cuerpo de atleta. Agatha le echó treinta y tantos.
Era una mujer regordeta de mediana edad, con piernas bonitas, cara rellena y diminutos ojos redondos que contemplaban con suspicacia el mundo que la rodeaba. Siempre se había enorgullecido de su pelo, tupido, castaño y lustroso. Agatha Raisin y el mago de Evesham.
La
lectura de las aventuras de Agatha Raisin[1]
y sus descripciones de personas, cualquiera diría, son suficientemente claras
como para que uno se imagine al personaje de carne y hueso. Pues cuando leo las
descripciones trato de que en mi imaginación el personaje tome forma, pero eso
de que era una mujer regordeta de mediana edad y de piernas bonitas no ha
logrado materializarse en mi imaginación, por el contrario, me hace recordar a
mi mamá cuando definía a alguna mujer conocida, cuando empezaba con el: alta
ella, ya quería describirla como alta, estilizada, de buen porte y clasuda,
vaya a saber uno si era así.
Me gustaba saltar al vacío de las definiciones
sin saber si abajo había agua. Por inseguridad supongo, pero también por
orgullo, sospechaba significados rocambolescos y los daba por buenos. También
creí, durante años, que el orgasmo era un pianito eléctrico que mi tía Luisa no
había tenido nunca. [3]
[1] Marion Chesney. Agatha Raisin y el mago de Evesham. Agatha
Raisin y los paseantes de Dembley. Agatha Raisin y …
[2] Agatha Raisin y el mago de Evesham. Marion
Chesney.
[3] El pibe que arruinaba las fotos. Hernán
Casciari.

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