lunes, 1 de diciembre de 2025

EXIGENTES

             Me topé en el taxi yendo a casa. En alguna esquina el taxista hizo un pare más largo que lo corriente, dejando pasar a un mendigo, o al menos eso era lo que aparentaba; lo llamó por la ventanilla y sacando una bolsa le dijo: Ey! Tengo estos tenis casi nuevos que no me quedaron bien, tome si le interesa. El mendigo, o al menos el que así lo aparentaba, se volvió y dijo secamente: Yo no recibo eso.

             Vaya, vaya, los dos, el taxista y yo, quedamos asombrados y con la mirada nos dijimos: Vea pues, el cliente nos salió exigente y entre conversación y conversación nos contamos las veces en que últimamente habíamos sido testigos de tales desplantes y rechazos de parte de esos desfavorecidos (diciéndolo en términos políticamente correctos, para no ofender, ja!). Habíamos visto mendigos (el que se quiera ofender por el término, que se ofenda, qué le vamos a hacer), como decía, luego del paréntesis que cortó la frase, habíamos visto mendigos últimamente a los que se les daba algo de ropa y que al dar la vuelta les habíamos visto botándola en cualquier caneca o rincón, cuando no simplemente los tiraban en la calle.

             Desagradecidos? Exigentes? No tengo explicación a este fenómeno, aunque contradictoriamente se les ve sí buscando dentro de las canecas y cuando se trata de ropa se quedan ensimismados mirándola como calculando si les queda bien, qué ironía.

             Todo esto me llevó a pensar que el poco cristianismo que me queda se va a desvanecer por completo ante estas circunstancias y que ya no vale la pena aplicar la caridad cristiana, eso se lo dejaría a los testigos de Jehová, expertos en cazar incautos. 

Fue una revolución del pensamiento en toda una gama de disciplinas, y requirió una liberación de la mente, que ésta se diera permiso a sí misma para pensar de modo diferente sin miedos ni prejuicios.[1]

Tomado de Facebook
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[1] (Siglo XVII) La era del ingenio. Anthony C. Grayling.


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