- ¿Aló?
- …
- ¿Sí?
- …
- ¿Qué más?
- … - …
-Bien…
- … - … - …
- Nada…
- … … …
-Ajá…
- … … …
- No.
- … … …
- Sí.
- … … … …
- Claro.
- … … …. …
- Puede ser.
- … … …
- Ah!
- …
- Sí.
- …
- ¿No, por?
- … … …
- Ajá, así es.
- … … …. …
-¡Ah!
- …
- Bien.
- … … …
- Okey.
- … … …
- Bueno, yo le aviso.
- … …
- Claro.
- … …
- Bueno.
- … … …
- Listo, listo.
- … … …
- Yo le aviso.
- … … … …
- Ok.
Click.
Después de esta perorata[1],
que supongo lo era, me preguntaba qué se decía al otro lado, que al parecer era
de una conversación intrascendente, como las de hoy, como con la mamá (que no
creo), con la esposa (o novia mamona), pero no con el jefe, ni de la oficina,
creo, pero vaya uno a saber, si lograran llenarse esos puntos suspensivos.
—Dadme unos minutos —me contestó sin levantar
la mirada del pergamino—. Todo en la vida requiere su tiempo.[2]
[1] Una "perorata" es un discurso,
razonamiento o charla que es largo, pesado y aburrido, generalmente carente de
sustancia o importancia. A menudo se usa con una connotación negativa para
describir un discurso inoportuno o molesto, o una queja prolongada.
[2] El gran arcano. Paloma
Sánchez-Garnica.

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