miércoles, 26 de noviembre de 2025

EL ALMA

             Luego de preguntarme, como pregunta retórica claro está, dónde estaba el alma (cuyo título he de reconocer no se compadecía con el texto) me quedó la inquietud de volver al tema: al alma, esa palabra indescifrable que todo lo contenía en sí misma, esa palabra que al parecer es la que tiene el hálito de vida, que es la vida en sí misma y como retórica que es, irónicamente sin respuesta, indescifrable en sí misma.

             Explicaciones sobre el alma hay mil, unas religiosas, otras filosóficas; y científicas[1], pocas, implicándolas como una función cerebral más. Eso quiere decir que me metí en un lío del que no sé cómo salir.

             Eso me lleva a pensar en la proclividad que tengo al estar pensando en, precisamente preguntas retóricas, de las que no sé salir; de estar pensando en lo intangible, de difícil entendimiento o demostración; en una palabra, en la ociosidad de mi vida, lo que me lleva a recordar a Bertrand Rusell que hablaba de la importancia de la ociosidad que han dado vida a las respuestas a preguntas que en cada momento estaban sin resolver y que demostraba que la ociosidad no era sinónimo de pereza, como la misma palabra da a entender hoy. (Al ver escrita la última parte pareciera una explicación no pedida, una excusa o exculpación de ignorante).

             Pues bien, centrándome nuevamente en el alma, por educación católica, más que por convicción religiosa, criado en ambiente católico el alma, si mal no recuerdo es ese algo que …

             En efecto, es ese algo que nos da vida y que se encuentra encerrado en el cuerpo, en algún lugar invisible, o como Dios, está en todos lados y en ninguno, al mismo tiempo. Es lo que le da vida a este cuerpo, me pregunto ahora. Sin ese algo podríamos tener vida, me cuestiono. Es la misma vida, me inquiero. Existe o es una sola entelequia, me pregunto. Preguntas retóricas (lo que me llevó a preguntarme qué eran las preguntas retóricas con el fin de reafirmar la noción que de ella tenía y la IA me dijo que Una pregunta retórica es una pregunta que no busca una respuesta, sino que se formula para enfatizar una idea, provocar reflexión o expresar una emoción. En lugar de obtener información, se utiliza como una herramienta persuasiva para destacar un punto de vista o crear un efecto dramático. Y oh sorpresa, el efecto dramático de la respuesta cayó en mí[2].)

             Y como no sé salir de este intríngulis, siendo una pregunta retórica, la conclusión a la que llego (olímpicamente, digo) es que con este blog quería provocar una reflexión sobre el alma (qué tal la salida?) que, como dije y en razón a la inoculación católica a que fui sometido, realmente exista, que realmente trascienda, que realmente sea lo que dicen ser por los que la han estudiado, pues de lo contrario, todo carece de razón. He dicho. 

—Yo creo que sí hay Dios… —susurra la Sofi—. ¿Tú no crees en el alma ni nada?

—En el alma sí que creo, pero en Dios no —asegura el Toño.

—Tenemos alma, ¿cierto, Toño? Aunque no la podamos ver…

—Claro que tenemos… Cuando tienes acidez lo que te duele es el alma, porque no es ni la barriga ni es la garganta. Es algo en el medio, que debe de ser el alma.

Me tapo la boca. Las cosas que dice el Toño me dan risa. No sé por qué.[3]  

Tomado de Facebook
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[1] Según la IA En resumen, para la ciencia, el concepto de alma, en su sentido inmaterial o espiritual, es un constructo metafórico, filosófico o religioso, y los atributos que se le suelen asignar (conciencia, personalidad) son explicados como funciones del cerebro biológico. 

[2] Lo que demuestra que mi ignorancia cada día es mayor.

[3] Más respeto, que soy tu madre. Hernán Casciari


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