Otra despedida. Greta decidió irse. Ahora es solo un
recuerdo. Viéndola, ya sabía que era nuestro último encuentro. Solo se me
ocurrió decirle que ya era hora, que me esperara cuando mi turno llegara, con
el resto de mis perros conocidos y que se fuera tranquila, ya había iluminado
mi camino desde que nos conocimos.
Es cierto que mi recibimiento no fue el apropiado, su
presencia, a pesar de lo pequeña que era, me había infundido respeto, por no
decir miedo, pues al pastor alemán le tenía mi quisquilleo, mi resquemor que
venía de tiempo atrás. Ella fue la que me ganó, yo por mi lado mantenía la
distancia. Y pensar que con el tiempo fue ella la que se me abalanzaba a
chuparme toda la cara y de esa manera fue que nos fuimos compenetrando, toda
una rareza. Se enloquecía cuando me veía y yo que la mantenía en distancia hasta
que los dos éramos los que nos buscábamos, yo para recibir sus lengüetazos y
ella para hacerse acariciar.
Así entablamos nuestra amistad, nuestro querer. Cada día
la recibía de su regreso del colegio, ya habíamos establecido nuestras rutinas,
ya nos conocíamos…
Ahora en las tardes empezaré a notar su ausencia, por no
decir la de las mañanas cuando venía a chupetiarme en la cama cuando iniciaban
nuestros días.
Así es la vida, no muchas palabras, pero sí muchos
recuerdos y pensar en ella cada vez que vea un pastor alemán, cada vez que su
recuerdo retorne y la esperanza de que nos veamos en su momento, que me esté
esperando con todos aquellos que compartieron mi camino, mientras consiento a
quienes quedan, Baltasar y Milán, por el tiempo que aún les queda hasta que ya
todos nos reencontremos en el momento que corresponda.
Supo el momento en que debía parar su corazón, para que
nadie tuviera que tomar la decisión final, que es la más difícil. Sobran las
palabras, Greta era Greta y yo, parte de ella.
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