viernes, 2 de enero de 2026

ME HUBIERA GUSTADO DEJAR UN LEGADO

             Una frase oída al aire, que no significa nada pero que oída despacio, qué puede significar? Un legado para quién? Buena pregunta, ya que la afirmación quedó digerida. Eso me lleva a pensar en la situación de cualquiera, uno incluido. Dentro de una escala social, diseñada por quien sabe quién, uno estará en lo que se llama la clase media acomodada, así asumida, pues hasta en las diversas clases sociales hay diferencia, como la de ricos venidos a menos, por no decir quebrados.

             En fin, clase media acomodada, si la hay y en la que prefiero acomodarme, semejante a la heredada de nuestros padres que no ascendieron a más. Pero igualmente me preguntaba si eso era heredable, la de mantener al menos la clase social que disfrutaron ellos. Lo pregunto porque siendo sinceros es desde ese punto en que se parte el camino de la vida, cuando ya uno es laboralmente apto. Las oportunidades sabrán determinar si ese es el punto de arranque, al menos eso es lo que parece.

             Clase media acomodada. Quiere significar que se tiene lo suficiente para subsistir y un poco más para botar, en las bobadas en que se gasta la plata, en cosas innecesarias pero que satisfacen la necesidad de sentirse algo más rico de lo que se es.

             Son vanas preguntas, lo sé, pero sintiéndose catalogado y encuadrado en un arquetipo de este calibre sobra preguntarse cuál es el legado que se deja, pues como dije, a duras penas se dejan cifras en ceros, cuando no es del todo negativo o en rojo, como antaño se decía.

             Qué legado dejo, me pregunto ahora. Ninguno, es la respuesta más práctica que puedo dar, porque no dejo nada, tal vez una porción de un inmueble que no soluciona económicamente gran cosa; de resto, solo dejo recuerdos, momentos, situaciones para aquellos que puedan recordarlos, nada más. Así de efímera y fútil es la vida.

             Bajos pensamientos y por demás inútiles, pudiendo solventar la vida con agradecimientos por ser uno al menos uno más de los de la clase media acomodada, con un excedente que permite darse ciertos gustos o lujos, como montar en taxi, por ejemplo,

             Y lo de los legados, que los que tienen plata e hijos inútiles se preocupen de eso que ya se encargarán ellos de dilapidar la fortuna obtenida gratuitamente ante la incompetencia que se suele demostrar en estos casos.

             Qué tal pues, es lo que hay, un discurso que me permitió llenar una cuartilla ante la ausencia de un buen decir. 

… y se dijo que para dar disgustos siempre había tiempo.[1]

¿A qué venimos aquí si la gran mayoría de nosotros tenemos vidas insulsas y ordinarias abocadas al mismo final inevitable? A veces me cuesta entenderlo. Entonces miro las cosas de mis muertos y me pregunto si acaso el sentido de la vida es dejar algo para que quienes quedamos atrás recordemos que estamos vivos, que la vida es breve e impredecible, que debemos dejar algo nosotros también, lo que sea, pero algo para tener a donde volver y, sobre todo, para que alguien nos recuerde cuando nos vayamos.[2]

Tomado de Facebook
CC_2357003_b21f99f4a3df4a41a9fc92e656941f3b_philosoraptor_cosas_del_destino


[1] Ciudad Satélite. Toni Hill.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Para ser incluido en entregas personalizadas pueden solicitarse en: jhernandezbayona@gmail.com