viernes, 23 de enero de 2026

LENTAMENTE

 

Vivir lento. Vivir en silencio. Palabras hermosas, tanto como el cielo prometido o el Edén desperdiciado. Palabras para ancianos, cuando su caminar le impide correr, cuando el resuello solo le permite callar. Palabras de consuelo para el acaba de tener un paro cardiaco. La juventud ya no sabe lo que es, en un mundo tan afanoso como lo es hoy.

 

Vivir lento, cuando el andar se hace igual. Solo con la edad se conoce, se reconoce. Un ejercicio saludable, cuando no es propio de enfermedad o extrema vejez. Qué afán puede llevar un pensionado cuando los tiempos de marcar tarjeta pasaron, quedaron atrás, en el olvido.

 

Es el slow living que llaman los gringos, que consiste en reducir el ritmo de nuestras actividades, invita a replantear nuestra relación con el tiempo y a priorizar un estilo de vida sin estrés. A paso de tortuga, sin el afán del conejo porque lo que falta por recorrer es poco y ya no hay demasiado afán por llegar a la meta, porque ya no la hay.

 

Vivir lento, sin afugias, sin afanes, sin metas. Vivir lento, vivir sin estrés, paso a paso, a paso de caminante sin rumbo tan solo admirando y admirándose de lo que le rodea. Eso es vivir lento, para qué afanarse, me pregunto si la mesada ya está asegurada.

 

Lástima que solo cuando se es viejo es posible sentir lo que es vivir lento. 

Qué bien olía Londres, a asfalto mojado, a los gases del diésel y de la gasolina, a basura, a café caliente, fruta y pescado, a todos los olores que a Agatha le recordaban a su hogar.[1]

Tomado de Google



[1] Agatha Raisin y la quiche letal. Marion Chesney.

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