Tal
vez en alguna oportunidad mencioné el inicio de mi experiencia con la lectura
en la biblioteca de mi papá, cuyo recuerdo me lleva ahora a retomar el
pensamiento y volver a ese lugar, a esos momentos. Afortunado fui al tener un
papá intelectual.
Era
una biblioteca variopinta que incluía naturalmente la Biblioteca Básica Salvat,
en sus cien tomos. Tan diversos sus autores que bastó con recurrir al doctor
Google para refrescarme sus títulos y autores, creo que la leí completa. Novela
costumbrista colombiana también había, muchos libros de toda clase. Con el
tiempo los fui devorando, iniciando con todo lo relacionado con literatura.
Agotado el tema y ante la necesidad de acallar el aburrimiento de mi juventud
tomaba cuanto título encontraba y que fuera al menos llamativo. De esa manera
leí filosofía, entre otros y que perduran en mi recuerdo: de Vries, Filosofar y
ser. Y un tomo de filosofía que me cautivó, de la BAC (Biblioteca de Autores
Cristianos), Historia de la filosofía, el renacimiento. Hoy he de confesar que
no tengo mucho recuerdo de su contenido, en el primer caso y en el segundo, a
pesar de haber sido escrito por un jesuita, era un recorrido de todos los
filósofos de esa época, precisando su posición y señalando las críticas a ella.
Creo recordar que el tomo era como de ochocientas o mil páginas, papel seda,
que era de una suavidad que invitaba a su lectura con delicadeza. No sé cuántos
filósofos eran, pero sé que eran muchos, ya no recuerdo si aprendí algo de
ellos, creo que no, si con los conocidos no pude...
Pero
así mataba el aburrimiento y de paso me culturizaba. Pensar que hoy los niños
no pueden aceptar el aburrimiento y al llegar éste basta con acudir a la tablet
o al celular. Es el cambio de los tiempos que debemos pagar y que terminamos
aceptando.
Pero
retornando a la idea central, recuerdo haberme leído todas las obras de Julio
Verne, mi papá me lo alcahueteaba con entusiasmo. Salgari, y otros tantos
novelistas, Upton Sinclair; y con el paso del tiempo, la novela la revivía con
las publicaciones del Caro y Cuervo. El aburrimiento me llevó a la lectura, he
de confesar y desde esos tiempos he leído cotidianamente, cerca de 55 años en
ello, unos años con más o con menos lecturas, dependiendo de la época. Recuerdo
haber leído constantemente los Best Sellers del momento, gracias a los
préstamos que me hacían, porque económicamente, tanto ayer como hoy se
convierte en un hobby difícil de mantener. Hoy afortunadamente por la
modernidad tengo acceso a una página de literatura en dónde he encontrado de
todo, piratería? No lo sé, solo sé que gracias a ella, sin gastar un centavo,
cuento con una gran selección de novela negra a la que me he dedicado
últimamente.
Pero
el punto central de esta conversa es cuánto he leído? He perdido la noción, pues
hasta que me casé, juiciosamente llevaba un índice de lectura, luego la
costumbre desapareció, como el ritmo de lectura disminuyó, hasta eso hace el
matrimonio, pero en fin, no sé exactamente cuántos libros he leído, de los más
diversos y disímiles temas y lo curioso de todo es que ya no recuerdo sobre lo
leído, ni los títulos consumidos, hasta el punto que a veces, por leer un tipo
de lectura en la tarde y otro diferente en la noche, se me olvida la trama de
uno y otro, y menos me acuerdo de los libros leídos el mes pasado, lo que me
hace pensar que leo por leer, por pasar el rato, por tener un ejercicio
intelectual, pero ya no por aburrimiento, pues un pensionado dispone de todo el
tiempo posible, pero no le alcanza el tiempo para hacer todo lo que quiere, así
suene contradictorio. Igual me acontece con las películas que he visto a lo
largo de mi vida, no sé cuántas, cuáles ni de qué trataban, cosas de la
modernidad, me digo.
Gracias
a Dios un hábito que adopté en la preadolescencia, sin querer he de confesar,
ha perdurado a esta edad y me ha acompañado a lo largo de los años, siendo un
buen distractor en un mundo cada vez más conmocionado y caótico y evolucionando
a pasos que antaño no me podía imaginar, como no podía imaginarme que al año
estoy leyendo cerca de cincuenta libros.
Tengo setenta y tres años, viejo, y sigo ahí,
sentado con un libro, a la espera… (…) ¿Y cuántos libros he comprado,
alquilado, robado, prestado, perdido, desde entonces? ¿Cuánto dinero invertido,
gastado, derrochado en libros? No recuerdo todo lo que he leído, pero puedo
reconstruir mi vida a partir de los estantes de mi biblioteca: épocas, lugares,
podría organizar los volúmenes cronológicamente.
Tengo la teoría de que la carcaza de la cabeza
tiene un espacio limitado, y que cada vez que memorizás una información, otra
información ya antigua se cae, se pierde, se muere. ¿Pero escogemos lo que
borramos, o eliminamos al azar? Elegir lo que vamos a olvidar es lo que
diferencia a los humanos de los primates y de las cajeras del Carrefour.
Tomado de Facebook
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