viernes, 16 de enero de 2026

LIMITACIONES

                Antes somos lo que somos o lo somos gracias a ellas. Siempre y desde siempre hemos estado sometidos a las limitaciones: No se suba ahí, no toque, no salga, no mire, no haga, no opine, eso no se hace, no puede hacerlo, limitaciones todas ellas, cuando no son órdenes: compórtese, cállese, silencio, quieto, venga para acá.

                Desde niños las hemos visto, sentido y padecido y con el tiempo las hemos venido repitiendo como loros, lo que me ha hecho preguntarme si somos lo que somos por tales prohibiciones o lo somos sinceramente gracias a ellas, porque la contrapartida estaría dada por la pregunta: y si no nos hubieran limitado en todas nuestras actuaciones cuál habría sido el comportamiento posterior.

                Y si pensara un poco más allá, la reflexión atávica, si es que se puede señalar como tal, es la originaria de toda esta situación, como lo fue la prohibición de comer de la fruta prohibida, que con solo ver el garrote ya nos limitaban nuestro querer.

                Y viendo los tiempos modernos, la juventud actual se debe enfrentar a esa dualidad (permisibilidad-prohibición) cuando considera que no hay límites, tal como lo ha demostrado la ciencia y la tecnología y que se enfrentan con mayor desfachatez que en nuestra época pues la sola vista de una escoba o una chancla nos frenaba en nuestros impulsos, a ellos ya ni eso porque se escudan en los derechos del niño y de la juventud.

                Pero qué le vamos a hacer, son otros tiempos y los tiempos cambian constantemente, aunque sigo preguntándome qué hubiera sido de mí sin tales limitaciones. 

A veces, mi señor —añadió tranquilo—, la fe necesita de los alicientes más insólitos para mantenerse viva.[1] 

Tomado de Facebook
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[1] El alma de las piedras. Paloma Sánchez-Garnica.


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