viernes, 9 de enero de 2026

ENTRETENIDO

                Me imaginé estar en una cafetería tomando un expreso o bien podía ser un bus o en cualquier lugar que uno se pueda imaginar. Miraba las caras de los demás, unos ceñudos, otros radiantes, otros indiferentes. Y pensaba, como lo pienso siempre que estoy en una situación semejante, qué estarían pensando los observados, qué secretos tendrían, qué penas o qué alegrías llevaban, pensando que, en todo caso, cada uno estaría pensando en sus propias pendejadas.

                Y traté de imaginarme a qué dedicaban el tiempo en una cafetería, aeropuerto o bus mientras sucedía, lo que debería resultar, no de la reflexión, sino de una espera que no podía ser eterna.

                Mientras Los oficinistas más tristes y devaluados pasaban de a montones y durante un instante creían que las cosas podían ser mejores de lo que eran. (…) Como salía a las seis de la tarde, el vagón iba relleno de gente (no digo re-lleno como lo diría un adolescente, si no «relleno»: del verbo empanada). Íbamos todos apretados, colgados, tratando de quitarnos de la cabeza la última hora laboral y pensando qué haríamos de nuestras vidas si las cosas no cambiaban para mejor. Algunos nos poníamos los auriculares y oíamos música para hacernos la ilusión de que la existencia tenía banda de sonido; otros abríamos el librito de bolsillo en la página que habíamos marcado durante el viaje de ida, y seguíamos viendo cómo iba la historia del cuento de Javier Marías. Los más, sin literatura ni música, cabeceaban tristones, tratando de no mirar a los ojos al que estaba nariz con nariz.[1] 

                intentaba escuchar para oír todo lo que no decía(n).[2] 

                Y de un joven universitario, me pareció oír: Qué difícil es vivir el presente. En este momento. Nos pasamos la mayor parte del tiempo en el pasado. O en el futuro, más o menos a partes iguales. ¡Pero vivir el presente! Casi nadie lo consigue. Excepto los niños. O los idiotas. O las personas enfermas, que tienen algún dolor crónico del que no pueden librarse. La mayor parte del tiempo estamos preocupados por algo.[3] 

                Y algún desilusionado pensaba: No somos mejores que los demás, ¿no crees?[4] Se cuestionaba, eso era claro, la respuesta quedó en suspenso y Un pensamiento le llegó a la cabeza. No provoques al cocodrilo hasta que hayas cruzado el río.[5] 

 Volteé la vista y me encontré CON una cara que no decía nada pero decía mucho a la vez, una cara que podía ser de un físico a punto de descubrir algo o de un filósofo perdiendo el tiempo: Echar la vista atrás en busca de algo que pueda explicar la parte que se deje explicar. El resto quedará flotando en una zona gris de suposiciones.[6] Me inclino por pensar que era un matemático.

                A su turno una cara meditabunda, entristecida pensaría: Una noche Dolina dijo algo en la radio que me quedó grabado. Dijo que en las fotos donde aparecen muertos queridos, los muertos saben que están muertos y te miran, desde el papel, con un gesto cómplice y triste, como diciendo «qué le vamos a hacer».[7]  Y continuaba: con que No tenía derecho a juzgar a nadie. Ellos se esforzaban por seguir viviendo y tenían derecho a hacerlo a su manera. Nadie debe decir a otros cómo superar el duelo por un ser querido.[8] 

                Una cara cariacontecida reflejada en el mismo vidrio de la cafetería (o del bus, o del aeropuerto) en medio de su soledad quería alguien que le oyera  y por eso esperaba ¿A quién podía preguntar sobre mis dudas, si en casa no estabas vos por la mañana?[9] 

 Una joven al parecer desempleada en búsqueda de ocupar su tiempo o bien saliendo de alguna descalificación laboral con vana promesa de te llamaremos pensaba: Nadie es como informa su biografía. En realidad, nadie es de una manera única o lineal. ¿Quién soy realmente? Pero sobre todo, ¿quién debería explicarlo? Las biografías estándares dicen qué libros escribimos, qué premios ganamos y otro montón de luces de colores; pero nunca explican a quiénes hicimos daño o qué piensan de nosotros los que nos desprecian. Si en lugar de personas fuésemos gobiernos, nuestras biografías serían un medio oficialista vergonzoso. Una mirada obsecuente sobre nuestra propia gestión. Esto ocurre porque, en general, a las biografías las redactamos nosotros mismos en tercera persona del singular —nació, estudió, obtuvo— y le hacemos creer al lector que fue redactada por otro, por un escribano neutral de bigote sardina.[10]

 A ese otro se le veía a leguas que era un despechado al que habían despachado no hacía mucho: Se reía como si todo fuera muy divertido. Te voy a extrañar, dijo, y no te voy a olvidar. Mentía. Pero no me importa, las mentiras, me dijo, hacen más llevadera la vida.[11] ¿Así que voy a perderte otra vez, ahora que acabo de encontrarte?[12] 

 A su turno el descreído pensaba: Los únicos que creen en las noticias de los diarios, dice mi padre, son los periodistas. Cierto, dice mi madre, sólo quien lo ha escrito es creyente de lo que ha leído.[13] Y no tenía Internet. Hace seis años mi vida era la prehistoria. Hace seis años todavía estábamos en el siglo pasado.[14] 

 Pero igual tengo cosas que quiero borrar y no puedo.[15] Vea pues, la que estaba de espaldas mirando a través de la ventana viendo las salidas y llegadas de aviones soltó ese pensamiento que me intrigó, qué era lo que quería borrar, me pregunté.

 Y mientras intentaba dilucidar ese pensamiento, mi vista se enfocó en otra cara, que al parecer trababa de justificarse y le oí decir: Nadie va a descubrirlo, pensó. Tal vez todos nos convertimos en ladrones si se nos presenta una buena ocasión. Ésa era una buena ocasión. El dinero que no pertenece a nadie debe caer en manos de gente que realmente lo necesita.  Ésa era una buena ocasión. El dinero que no pertenece a nadie debe caer en manos de gente que realmente lo necesita,[16]Nadie va a descubrirlo, pensó. Somos animales de costumbres los cristianos, no hay duda. Casi todo lo que hacemos lo hacemos porque sí. No nos preguntamos nada. Y por eso últimamente no hay grandes inventos como antes. «Ya está todo inventado», decimos, y nos sentamos a esperar a ver qué hace Bill Gates.[17]  

 Vea pues lo que me voy encontrando, quién lo iba a imaginar. Y veo en otra mesa a uno con cara de izquierdoso, de amargado al no haber podido progresar en la vida que se decía: a mí los negros analfabetos que se mueren de hambre o se matan entre tribus me importan un carajo. En cambio los hipócritas blancos alfabetizados que dicen «gente de color» suponiendo que de ese modo irán al cielo, esos, me dan directamente asco.[18] Natural en ellos. Si supieran que así era la vida: Así era la vida: solucionar los problemas uno por uno, según iban surgiendo, sin quejarse. Era de esa clase de personas que nunca se cuestiona la creación divina o el sentido de la vida. Era algo que no se hacía, que no estaba bien. Y, además, temía la respuesta.[19] 

                Me llamó la atención la cara de un compungido; qué le pasaría, tiene cara de defraudado, de alguien que quería descrestar pero que le salió mal la jugada y así era, pues pensaba: La alta cocina consiste en servir los platos de siempre, presentados de un modo extravagante para poder cobrarlos un ojo de la cara.[20] Y uno sin plata.

 Otro desocupado, igual que yo, miraba hacia el interior del café viendo a tanta gente pegada a sus celulares: Y justamente allí, en los cibercafés, observo con irreprimible asquete a los adolescentes actuales con sesenta contactos admitidos y conectados, escribiendo como locos monosílabos de compromiso, respondiendo con síes y con noes, o lo que es peor, con jajajas. ¿No es hora de avisarle al pueblo, de gritar a los cuatro vientos, de confesar al unísono y de una vez por todas que nadie se está riendo mientras escribe jajaja? ¡Basta de farsas, por el amor de Dios! El messenger es el germen de la hipocresía y de la vigilancia interpersonal, igual que los teléfonos móviles. (…) Porque la radio, la prensa y los telediarios del mundo miden la relevancia de sus noticias en millones de youtubes. Novecientos mil no es noticia, pero un millón sí. No les importa qué ha ocurrido, sólo tiene valor aquello que ha sido visto por un millón de descerebrados. (…) Dos días más tarde la gordita saldrá al aire en el show más visto de la cadena NBC. Y después ya no ocurrirá más nada. Silencio. La gorda intentará grabar otras hazañas, pero su momento habrá pasado. (…) —Hoy es noticia cualquier cosa que haga un perro. La noticia no es más el perro: es el número de imbéciles mirando al perro.[21] El messenger no ha nacido para que te molesten, sino para conversar cuando uno quiere, no cuando quieren los demás.[22] 

 Y en el entretanto me pareció oír esta graciosa conversación de dos contertulios:

-        Prepárame un café mientras pienso. Y dame un cigarrillo.

-        Si tú no fumas.

-        Sólo fumo cuando el tabaco no es mío. Es un gesto caritativo. Reduce la cantidad de humo que aspiran. 

 Mientras les oía vi a otro paseante que igualmente les había oído y le oí pensar: Era raro que la gente que no bebía nunca dijera: «No beba delante de mí»; en cambio, a los fumadores siempre se les hacía sentirse culpables. Tres científicos habían publicado recientemente un informe según el cual se corría más peligro de desarrollar cáncer por comer productos lácteos que por ser fumador pasivo, porque los lácteos eran unos auténticos asesinos, pero el fumar despertaba la bestia puritana que la gente lleva dentro.[23]

                Eso me hizo pensar en que No. No hay respuestas para todo. No es bueno que las haya.[24] 

                Para evitarme comentarios en voz alta cambié de visión y me encontré a un viejo hombre mirando a una mujer que tuvo mejores años y pensaba: Ya no queda ni una vieja original en las grandes ciudades, y en breve no las habrá tampoco en el mundo entero, por culpa de la mujer actual, que, con tal de no envejecer, prefiere inyectarse botulismo.[25] Y agregaba mentalmente: Sólo te lo digo por tu bien. —¿Por qué será que la gente que te viene con el rollo de que sólo te lo dice por tu bien siempre te acaba haciendo alguna guarrada?[26]  Y remataba con el siguiente: Ya no tienes veinte años, ¿sabes? Es preferible lucir un kilo o dos de más cuando una se acerca a los cuarenta. ¡Dios mío, pronto cumpliremos los cuarenta![27] 

                Si hay algo que uno debe reservarse para sí mismo y ocultar ante los demás, es el alma, ¿no? El cuerpo no es más que una funda que vamos arrastrando a todas partes, no veo en él nada sagrado.[28]  Y en efecto, con este pensamiento me sentí un intruso, metiéndome en vida ajena, pero me consolé pensando que era producto de mi imaginación y de mis estados de desocupación, como buen pensionado que no tiene nada más que hacer. 

Las palabras no sirven para todo.[29]

Foto JHB


[1] España, decí alpiste. Hernán Casciari.

[2] La luz del diablo. Karin Fossum.

[3] La luz del diablo. Karin Fossum.

[4] No mires atrás. Karin Fossum.

[5] Quién le teme al lobo? Karin Fossum.

[6] Quién le teme al lobo? Karin Fossum.

[7] Messi es un perro. Hernán Casciari.

[8] No mires atrás. Karin Fossum.

[9] España, decí alpiste. Hernán Casciari.

[10] Messi es un perro. Hernán Casciari.

[11] Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación. Ricardo Piglia.

[12] El ojo de Eva (Inspector Sejer 1) Karin Fossum.

[13] Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación. Ricardo Piglia.

[14] España, decí alpiste. Hernán Casciari.

[15] España, decí alpiste. Hernán Casciari.

[16] El ojo de Eva (Inspector Sejer 1) Karin Fossum

[17] España, decí alpiste. Hernán Casciari.

[18] España, decí alpiste. Hernán Casciari.

[19] Quién le teme al lobo? Karin Fossum.

[20] España, decí alpiste. Hernán Casciari.

[21] El nuevo paraíso de los tontos. Hernán Casciari.

[22] España, decí alpiste. Hernán Casciari.

[23] Agatha Raisin y el mago de Evesham. Marion Chesney.

[24] El nuevo paraíso de los tontos. Hernán Casciari.

[25] El pibe que arruinaba las fotos. Hernán Casciari.

[26] Agatha Raisin y los paseantes de Dembley. Marion Chesney.

[27] El ojo de Eva (Inspector Sejer 1) Karin Fossum.

[28] El ojo de Eva (Inspector Sejer 1) Karin Fossum.

[29] El pibe que arruinaba las fotos. Hernán Casciari.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Para ser incluido en entregas personalizadas pueden solicitarse en: jhernandezbayona@gmail.com