Hoy ya hemos probado todos los sistemas políticos posibles e históricamente se ha hecho así, con las evoluciones correspondientes.
Desde estados
totalitarios, de todas las estirpes, hasta monárquicos y papales, republicanos,
unitarios, centralistas, federalistas, dictatoriales, democráticos (en todas
sus especies), liberales, conservadores, neoliberales, socialistas, comunistas
y la lista continúa; creo que ya hemos probado todos a lo largo de la historia.
Hablemos de democracia que es como el común denominador de hoy, a pesar de la subsistencia de algunos reyes que han pasado al plano meramente figurativo o decorativo, si se quiere, y a otras democracias que dicen serlo pero que no estoy muy seguro de ellas, como Rusia. (Con los chinos es cosa aparte porque es un estado autoritario de partido único). Ni hablemos de Europa como estado, nada más pensar que es democracia representativa bajo el modelo de democracia liberal, pero que a su vez tiene presidentes y primeros ministros (lo que haría una nación federalista, me pregunto) y que su parlamento tiene 720 miembros de diferentes razas, idiomas, costumbres y si aquí no se ponen de acuerdo cien senadores cómo será allende los mares.
Pero sigo con mi pensamiento, estas democracias pueden ser presidencialistas o parlamentarias. Sin entrar en el intríngulis jurídico y filosófico del tema, actualmente son los mecanismos más usuales en la gran mayoría de países del mundo, cada cual con sus diferencias propias al país.
No son perfectos, como no ha sido ningún sistema, pero es lo que hay, diría un español. Y la mayor imperfección se da cuando el gobierno está en manos de un partido y el legislativo en la oposición, razón del contrapunteo permanente que se vive. Gran debilidad.
Por su parte, en la elección del gobierno (llámese presidente, primer ministro o como se quiera), los últimos años, al menos en este país, se lo disputan los dos que hayan obtenido más votación, y eso da mucho qué pensar. Qué desolación es ver que entre los dos que quedan ninguno de ellos se puede preciar de ser honrado, al menos honorable y termina uno decidiendo por el menos malo, por el menos peor. Pero nunca por el mejor. Y menos cuando la mayoría no sabe qué es el mejor o al menos lo mejor.
Todo esto me ha
llevado a pensar que es hora de repensar en un nuevo sistema de gobierno, que
pudiera tomar lo mejor de cada uno de los ya ensayados, hacer una amalgama que
permitiera un mejor existir, un mejor vivir con libertad, pero con orden, con
decencia, alejado de cualquier demagogia barata. Utópico, claro está, si no le
han parado bolas a los que saben, menos a los que menos saben, pero sigo
pensando en cuál sería ese sistema, si no ideal, sí que funcionara mejor de lo
que ahora existe. Seguiré pensando, aún sabiendo que moriré sin ver ninguna
mejoría.
No puedo dar más la espalda al destino. Y
ahora que he reflexionado sobre cuanto han visto mis ojos, me veo en la
obligación de contarlo… aunque a nadie le sirva.[1]
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