miércoles, 22 de julio de 2026

EXPERIENCIAS IRÓNICAS

                Hablaré como citadino que soy. Teniendo la residencia en Bogotá, con su clima particularmente raro. Cuando uno sale bien abrigado el calor lo agota y si va muy vaporoso, el aguacero no perdona.

                Y para un citadino salir de paseo es a veces una proeza, en cuanto se va a veranear de vacaciones a tierra caliente, como se solía decir en mis épocas mozas. En esta ocasión, un paseo a San Luis, Tolima, un pueblo que la mayoría de nosotros ni siquiera sabíamos de su existencia. Un promedio de temperatura promedio entre 30 y 35 grados, todo el día.

                Salir a caminar por el pueblo, pequeño en apariencia, la parte urbana, mientras que por extensión es bastante grande es proeza durante el día; pero decía que salir a caminar por sus calles, por demás, quién lo creyera, lleno de motos y carros que corren por sus calles, hace que el calor se sienta y uno termina cansado ya al pasar las primeras cuadras, fuera de sudor pegajoso lo que hace más inquietante el salir. Pasar unas vacaciones, así sea de ocho días, es una proeza, como decía, achicopalado todo el día por el calor, sin ganas de salir a ningún lado, sudando, sudando y sudando. La experiencia de un citadino en tierra caliente. Son vacaciones, pero tampoco!

                Y lo irónico es pasarse de la zona urbana a la rural, en el mismo pueblo, con la misma intensidad calórica, igual clima, igual situación, en una palabra. Pues así fue, se dio la circunstancia de alquilar una finca cercana, muy bonita y moderna por demás y el clima mental cambió automáticamente, esas sí eran vacaciones, a pesar de los mismos 30 o 35 grados, la piscina favorecía, ya se podía estar todo el día sin camisa, ni camiseta, pantaloneta y crocs -en mi época eran chanclas-, sintiéndose libre, sin preocupación, lejos del ruido citadino, hamaca incorporada, televisor, naturaleza, buen paisaje, qué más se puede pedir.

                Eso me llevó a pensar en lo irónico que son las experiencias, especialmente la del citadino, todo es cuestión mental y el panorama cambia automáticamente. 

               La ironía de mis experiencias, me digo. 

El mundo es un planeta lleno de turistas.  … durante buena parte del año estaba inundado de turistas, pero nadie podía quejarse, porque cualquiera que saliera de su propio pueblo se convertía automáticamente en turista.[1] 




[1] Agatha Raisin y la boda sangrienta. Marion Chesney.

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