Hablando de política, preciso. Viendo los cambios políticos que se suceden en diferentes países que pasan de socialismo a liberales, a tradicionales, a nacionalistas y de aquí para allá, me asaltó la pregunta de qué tendencia política puedo ser yo, aquí en mi país. Liberal, conservador, izquierdista, comunista, verde, azul o morado, por la cantidad de facciones que hay.
La
pregunta como ejercicio mental me llevó a pensar en ello. Realmente qué
afinidad política tengo. Por un lado soy conservador (o godo, si se prefiere),
me gusta el orden, conservar las cosas buenas en su sitio, con la libertad
requerida y responsable (si es que la hay). Liberal igualmente, porque la
economía sea estable así como la libertad de emprendimiento. Socialista de
alguna manera, viendo tanta injusticia social, aunque debo dejar claro que no
estoy de acuerdo con tanto subsidio a los pobres que dejan de trabajar porque
les va mejor no haciéndolo, como cualquier mantenido que es consciente de su
situación. Comunista, eso sí que no, solo sentir el peso de un Stalin
resoplando a mi oído, nanay. Hasta de anarquista tengo un poco, cuando veo que
nada pasa, pasando todo lo que aborrezco. Dictatorial, una buena dosis, porque
las cosas no se arreglan con las conciliaciones y manos blandas, por el
contrario para que sucedan las cosas se debe actuar con mano firme y amenaza,
no hay de otra, eso lo tengo claro.
Pero
de igual manera tengo claro que los partidos políticos, antaño con la claridad
programática de su filosofía propia, se fueron desvaneciendo y hoy solo perdura
el nombre (socialista, conservador, liberal, verde, republicano, comunista…).
Ya no hay diferencia programática entre ellos, al parecer porque ya no la tienen
(aunque en el papel mantienen los principios de antaño, como falsos juramentos
a la bandera) y hoy todos tienen el mismo discurso sobre la libertad, el orden,
la fraternidad (y el mismo odio que se destila en el discurso contra los otros)
y, naturalmente, a todo lo que huela a verde, a ecológico, sin tener la mínima
noción de lo que ello puede significar, pero es importante incluirlo dentro del
discurso, ah! claro, también el sonsonete de cobijarse con la juventud,
fundamental para que esos votos sean conquistados con medias verdades.
De
esa manera, hoy no sé en política qué soy, una amalgama contradictoria, según
las circunstancias, pues la política se ha convertido más en un culto a la
personalidad que de ideología de partido; amamos u odiamos al candidato no por
lo que pueda representar del partido al que está representando, sino si esa
persona nos produce alguna reacción, buena o mala y poco importa el discurso,
pues ya no es importante al ser igual al de sus demás congéneres. El culto a la
personalidad, a eso se ha reducido la política, peligroso pensamiento pues ese
culto llevó a Hitler, a Mussolinni, a Stalin, a Mao, a Chaves y Maduro y a
tantos más a someter a sus pueblos a la miseria que la historia ha contado.
Siendo
así, estoy jodido y, para mi consuelo (consuelo de tontos?) estamos todos
jodidos. Para la muestra un botón.
Y
nosotros ¿cómo estamos? Dios lo sabe! cacareando y alborotando el mundo con un
solo huevo que hemos puesto. ¿Qué medidas, qué providencias se toman en el
estado de peligro en que se halla la Patria? (…) meras esperanzas quiméricas,
hijas de la pereza y de la confianza estúpida que nos va á envolver de nuevo en
las cacareas: el peligro es cierto y evidente y los remedios ninguno![1]
[1] Biografía del General Antonio Nariño. Soledad Acosta
de Samper. Cita de hace más de 150 años y aún hoy contiene su dosis de verdad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario