No se ofendan por el título, no hablo como sexista, ni como acosador, ni nada por el estilo y dada esta aclaración no podrán eventualmente denunciarme por nada.
Vi un programa de la NatGeo que hablaba del dominio de la hembra en la naturaleza, aunque el símil se me antojó parecido a la realidad. Y cosa curiosa, el pobre macho (no se me entienda discriminatorio, aunque sea el realmente discriminado), decía que es el sometido. Sobre todo en lo sexual (pobre de él), debe suplicar, arrodillarse, humillarse y todo por un polvito. Y la titular de todo estaba en la mantis religiosa, que espera ver al macho suplicando, arrodillado, humillado para dejarse montar a hacerle el favor, como si no lo estuviera utilizando (pues para ella se reduce solo a dejarse fecundar) y su agradecimiento es que, si tiene hambre, deja que el macho se acerque, la monte y zúas tras lo decapita y permite que aún sin cabeza y en sus últimos estertores de vida la fecunde (vaya orgasmo el del hombre, me digo, desde que haya valido la pena). Los siguientes al decapitado, si la hembra ha saciado el hambre, se salvan, en cuanto sean veloces, claro está. Olvidaba decir que mientras el decapitado suspira su último aire, la hembra sigue comiendo como si nada, ajena a la sexualidad que se supone debería haber, lo cual confirmaría que la hembra puede hacer dos cosas al mismo tiempo (aunque bien visto el macho también, pierde la cabeza y se derrama, lo cual serviría de consuelo de que algo es algo).
Me sigo preguntando por qué los machos seguimos (digo, siguen) siendo sometidos y por qué las hembras siguen sosteniendo lo contrario, quién las entiende.
Aquel no era mi día; pero de hecho ya no
recordaba el último día que había sido mío.[1]
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