viernes, 3 de noviembre de 2017

LAS COSAS SIMPLES

Un krill a otro: No tenemos un propósito. (1)

Hoy no me referiré a las cosas simples de la vida, como es tomarse un café en la soledad de un libro o en una buena compañía, pero sin celulares distractores, donde los distractores son los naturales como el pasar de la gente, la conversación ajena, el clima.

Me refiero hoy a las cosas simples de la naturaleza, aquellas que quedan y pasan desapercibidas a nuestros ojos por el exceso de movimiento y de información. Aquellas que se dan por sentado, pero sin percibir su existencia.

Hoy, la simplicidad de la vida me la dio una simple mariposa blanca, pequeña, revoloteando a mi alrededor, llamando mi atención y por su atrevimiento, casi termina sometida a todo el peso de mi ser. Casi la piso, en otras palabras.

Y me dio mucho qué pensar. Todo aquel submundo que no vemos, por estar embebidos en un celular, por el agite de la ciudad, por la preocupación cotidiana.

Y pensar que todo ese submundo es indispensable o más que ello, imprescindible para la vida del planeta. Ya está demostrado que el planeta sin humanos funciona divinamente, no somos necesarios, no es necesario el pensamiento ni el querer humano para que la tierra sigue girando sin nosotros, sus depredadores, como también ha quedado demostrado.

Ver la sencillez de la mariposa, de la abeja y aún de la mosca, cada una con su tarea, eternamente realizada, en su propia nimiedad, si se ve en la distancia.

Y pensándolo mejor, son tan importantes que de extinguirse, ellas se llevan el ecosistema y eso que cualquiera diría: pero si se trata de una miserable mariposa… Pero una mariposa… Vienen a mi memoria las siguientes frases: "el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo"(2) o "el aleteo de las alas de una mariposa pueden provocar un Tsunami al otro lado del mundo" y "El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo." Y conste que no se tratan de palabras o frases sinsentido. Sin una abeja, sin una mariposa se acaba la polinización, sin polinización… y continúen con la cadena de pensamiento y el ecosistema se irá en un cerrar de ojos.

Hemos perdido entonces el tacto de poder ver las cosas simples de la naturaleza, lo que ha hecho de nosotros, sus depredadores, lejanos espectadores indiferentes a quienes sólo nos importa la plata, el celular y que hablen bien de nosotros, no importa que seamos unos hampones, unos depredadores.

Pare ahí… oigo decir, ya se le está saliendo la mala leche y con lo bien que iba…

Y con lo bien que iba, me repito.


Foto: JHB (D.R.A.)

(1) De la película Happy feed 2.
(2) Proverbio chino.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

VIEJOOO, MIS PAPATOOOSSS!


Saramago(1) me hizo traer a la memoria al zapatero del barrio de mi infancia.

Siempre estuvo ahí y eso que yo nací con el barrio. En aquellas épocas los negocios ya estaban allí y ahí permanecían hasta que la imagen se fundía con el entorno  hasta que ya mayores nosotros desaparecíamos de esas localidades y con nosotros, ellos. Eran negocios eternos, siempre con los mismos dueños, los mismos dependientes, eran inamovibles, perduraban en la propia eternidad, uno los reconocía en todos lados y ellos lo reconocían a uno, en todos lados.

Para el caso, se trataba de la zapatería que se ubicó en el centro de una bocacalle, hoy las identificamos por los avisos que indican que es vía cerrada. Hay recuerdos, situaciones y hechos que en la distancia son difíciles de explicar, pero trataré. Era una calle que convergía en la nada, al haberse cerrado con un andén que impedía el paso vehicular, solo era posible el peatonal, eran dos cuadras unidas por una misma acera, en otras palabras. Y entre el andén y una zona de prado allí estaba, como caída del cielo, en todo el centro, entre acera, acera y acera, la zapatería, cercada como una te, entre aceras. Me enredé, lo sé, pero hay cosas que no puedo explicar con la claridad como se me presenta en el pensamiento.

En fin.

No era una zapatería cualquiera, que pudiera pensarse que había sido construida en el mejor de los casos con tablas, como era usual cuando se construía en tierra de nadie… pero no, ésta era una especie de conteiner –contenedor en español, pero a veces las palabras usadas desde la perspectiva del tiempo pueden resultar más ilustrativas vistas desde ese mismo tiempo en que afloraba la memoria del relator y de sus posibles lectores, siendo todos contemporáneos-; aunque para ser más preciso tenía la dimensiones de medio conteiner, tanto a lo largo como a lo alto y lo ancho. Debo agregar a manera de excusa que todo este relato lo hago con los ojos del niño que vivió esas experiencias, por lo que la realidad puede verse distorsionada.

Inimaginable verlo en retrospectiva, sin saber de dónde diablos salió y cómo llegó a ese sitio, precisamente, un container, en un barrio que hasta ahora asomaba, geométricamente diseñado, casas totalmente iguales en su conjunto, cada cuadra de cien por sesenta metros, aproximadamente y de allí que uno adquiría conciencia con el pasar de los tiempos que un kilómetro eran diez cuadras, metros más metros menos dado que había que pasar por las calles que las separaban. Hoy una cuadra no tiene personalidad, puede indistinta e indiferentemente tener veinte o doscientos metros por igual y da lo mismo porque ya no se puede hacer la aproximación métrica. Cómo han cambiado los años, me voy diciendo.

El local era de metal puro, de allí que haga el actual símil con un conteiner, guardadas proporciones como indiqué, con una puertecilla trasera a manera de acceso posterior y la menciono como puertecilla no para minimizarla y desprestigiarla con el lenguaje sino para aclarar que era una puerta pequeña, tal vez imaginada para que un niño entrara, pero un adulto tenía que encorvarse para su ingreso. Visto desde mi recuerdo sus dimensiones eran que no sobrepasado el metro sesenta de altura, que era más o menos, desde mi vista de niño, la altura del zapatero; metro y medio de ancho y unos dos metros de largo. La parte delantera, en lo que podría semejarse a la apertura de local, había una especie de ventana que se abría hacia arriba naturalmente sostenida con un palo de escoba a manera de brazo sostenedor, como se estilaba en la época y que hoy se llamaría brazo sin el hidráulico, pero para le época, como decía, era el palo las escobas que siempre tenían sus segundas oportunidades, como era el de sostener ventanas que se abrían verticalmente. También es cierto que hay objetos que a pesar de quererse cambiar, mantienen su propia personalidad, aunque sea solo figura y su interior haya cambiado, porque los tiempos fuerzan al cambio y así hay que entenderlo también. (Un desvío mental que se coló!)

Y ya que filosofo desviándome un algo del tema, me encuentro con que las palabras de antaño ya no son las de hoy, han evolucionado unas, las que se han atrevido a modernizarse y otras, han perdido su entonación, su sentido, su significado y aún su significancia a pesar del cariño que se les podía poner. Tal vez por eso sea la dificultad de hoy el para tratar de explicar las cosas del ayer, cuando eran más simples, más sencillas. De allí que no sé si logré explicar lo que mis ojos me llevan a la memoria de mi niñez, vistos con esos ojos de curiosidad, con ojos de niño, con ojos de recuerdo; cualquier distorsión ha de perdonárseme, vuelvo y repito.

Y decía, no era una zapatería cualquiera, -aunque recordándolo- para el tiempo sí lo era, porque además de ser zapatería al mismo tiempo y en las noches y madrugadas se convertían en el solitario hogar del zapatero, a veces con furtivas compañías, me imagino, ante la imposibilidad de una cohabitación permanente, dado el espacio reducido. Ese era su hogar y su negocio, un espacio de solo hierro, acompañado de zapatos que vieron mejores tiempos de andares ajenos. Centrado en una bocacalle, pedazo de tierra de nadie pero que con el tiempo se convertiría en la tierra de su ocupante. Estaba allí entronizada, anunciando que era vía cerrada, que por allí no se podía pasar, pero que era calle apta para jugar para diversión de niños de la época, cuando se divertía en compañía, sin pudor, sin prejuicio, sin discriminación, a pesar de las viejas ventaneras que pudieran rondar de vez en cuando entre la solapada mirada de reborde, perfil y simulada mirada desinteresada. Siempre han existido las brujas del 86.

Cómo llegó allí ese contenedor a mediados de los años cincuenta del siglo pasado? Una buena pregunta que hoy me hago, porque estoy seguro que su poseedor no pudo pagarlo y mucho menos costear su traslado, era un zapatero remendón. Y cómo pudo sobrevivir, supongo que hasta la muerte de su ocupante, allí en lo que hoy se denomina invasión del espacio público; tampoco lo pude saber. En esa época las cosas se daban por sentado y nadie las discutía tal vez porque se volvían parte del paisaje o simplemente las quejas no llegaban a nuestros oídos infantiles, cosas de grandes pero que, de cualquier manera, allí quedaban.

Iba en el lado que hacía de ventanal de la zapatería. Recuerdo que para ser atendidos debía pararse uno en un ladrillo que servía de nivelador de altura y para uno siendo niño, además debía empinarse para dejarse ver el asomo de cabeza y al ser visto y para ser atendido, el zapatero debía pararse, aunque por precisión debía pararse pero agachar la cabeza por la misma altura de su propio negocio y ahí sí, como tendero atender a su clientela. Un ejercicio de equilibrio, recuerdo. Para ambos, literalmente. Porque el conteiner había sido puesto al borde del andén sostenido por pares de ladrillos en cada esquina y costado, lo que lo elevaba más de diez centímetros del nivel del asfalto, en cuyo lindero quedaba entronizado y de allí la necesidad de los ladrillos para subirse y ser atendido a demanda.

Desviando un poco la atención, por razón del recuerdo de imágenes que se confunden, la zapatería era la zapatería y ya todos en la zona entendíamos que cuando se decía la zapatería, la reconocíamos sin necesidad de mayor precisión. En aquellos tiempos, todos los barrios se identificaban fácilmente con los negocios circundantes en los que no faltaba la panadería y la droguería, las tiendas de barrio –en el mejor término, es decir las no verduleras, las que también se identificaban como la tienda de la esquina- y por supuesto, las tiendas que incluían mercado –es decir, la que ofrecía todo lo necesario para el almuerzo, productos de plaza de mercado, de campo- e incluía la venta de salchichón por trozos definidos por la distancia indicadora entre el cuchillo y la uña del vecino. Y estaban las plazas de mercado propiamente, donde se hacía ya directamente la compra y en cantidad, donde atendía la marchanta y donde era atendida mi señora o sumercé, como solían identificarse mutuamente compradora y vendedora, hoy términos desaparecidos con estos propósitos. Hablo en femenino porque mis recuerdos están asociados a mi mamá, que hacía el mercado y generalmente eran mujeres las que atendían el puesto. Curiosamente los hombres en las plazas de mercado se centraban en las zonas de venta de la papa en bultos, pocos eran los marchantes. Por el contrario, las carnicerías estaban en manos de hombres con el local y el imperdible espejo y la radio sonando con interminables rancheras, música de carrilera y los eternos tangos depresivos y de despecho, cuando no era la hora de los noticieros estridentes y desgarradores de locutores que pareciera formaran parte de la noticia misma. También el infaltable peluquero, para no seguir con el listado.

Claro que estoy hablando de un barrio bogotano de clase media, llamados así porque no podíamos vivir en los de clase alta, al no serlos y para distinguirlos de los de clase baja o los otros, a los que nos enseñaron a ver como los de allá, para diferenciarnos de esos otros llamados el pueblo. Desde esa época nos enseñaron a ser segregacionistas y a considerarnos más respecto de los menos y a tratar de igualarnos, así fuera imaginariamente, respecto de los de arriba, por aquello de que uno también tiene que tener aspiraciones. 

El zapatero cuando le conocí ya era viejo, de por sí. En esa época eran ya viejos los que sobrepasaban los cuarenta y si llegaban a los sesenta ya eran ancianos. Cómo cambian los tiempos, Dios mío, me digo. Parecía que cargaba todas las penas, creo recordar, en medio de una cojera incipiente. Pelo entrecano y creo también dentro de mi imaginación, que carente de dientes delanteros, lo que le hacía ver aún más viejo. Arrugado también, por lo que su edad fuera hoy indefinible. Verle dentro de su establecimiento con un delantal de cuero, impregnado de tintas, de colores indefinidos, sobrantes de pegante bóxer, rayones hechos a punta de cortes de cuchillo y como siempre, con el lápiz apoyado en su oreja derecha, me lo imagino, desde la perspectiva que hoy le veo.

Y ese olor tan característico a zapatería, en que curiosamente nunca huele a pecueca –si es que hoy la palabra está vigente-. Y ahora que lo digo, el negocio no tenía baño y mucho menos cocina, cómo hacía entonces que pudiera ser vivienda ese lugar?  (asunto que se descarta entonces?). Aunque precisamente esta pregunta me lleva a pensar que tal vez, sólo tal vez, mi imaginación fue la que me indicó que el zapatero residía allí, porque nunca le vi la posibilidad de otra residencia y es un engaño de la mente infantil lo que me llevó a esa conclusión. O tal vez sí era su residencia para aquellos días en que la borrachera le impidiera llegar a su otra casa y la prefería para ocultar la pereza de llegar a otro lado y ser incordiado hasta el cansancio. Son cuestionamientos muy tardíos para hacerse, solo basta dejarse llevar por el recuerdo de un viejo de sus tiempos de niño. Porque debe reconocerse, (al zapatero, no a mí, aclaro) le gustaba el traguito, al decir de mi mamá y sí, creo que era cervecero porque muchas veces le vi tambaleándose en su recorrido hasta su zapatería. Los lunes no abría, por aquello de lunes de zapatero, aunque el domingo tampoco, de donde deduzco que sábado por la tarde y domingo los dedicaba al gasto de la cerveza y el lunes, de desenguayabe(2).

Y hablando de olores, ese olor característico de las zapaterías de antaño, entre el bóxer, el tíner, las tintas, la pulidora, el cuero y el sudor de su propietario cuando recién abría el negocio. Y su contrapartida, el olor del zapato recién remendado, pulcro, brillante, recién embolado por una cara y por la otra, nuevo, totalmente nueva la suela que dio origen a la remonta. Sinceramente o al menos esa era mi visión, era el zapatero todo un artesano, sabía y dominaba su negocio, valía lo que cobraba –a pesar de que no le gustaban las rebajas, porque tenía su honor, hasta que las señoras regateaban lo suficiente, porque eran ellas las expertas en el regateo o al menos mi mamá-; los zapatos rotos renacían en sus manos, particularmente la suela, literalmente salían nuevos, para unos años más de aguante, dado que para esas épocas desechables eran muy pocos los objetos, casi todo estaba hecho para durar toda la vida y no se me tome como aquél que piensa que todo lo pasado fue mejor, simplemente era así. Los zapatos no se desechaban al primer hueco, ellos podían sobrevivir con varias remontas, hasta que el cuero aguantara. Suela y tacones eran reparables y se podía extender su duración mucho más, si se les ponía a la puntera o al tacón los famosos carramplones, que eran… cómo explicarle a alguien que no conoció lo que era, los que son mis contemporáneos al recordar la palabra sonreirán, con esa sonrisa propia del tiempo pasado. Simplemente diré que eran una protección de desgaste en metal, supongo que hierro, que se colocaban en la parte más desgastada, para nivelarlos. Naturalmente la clase media no los usaba usualmente, eso era para los otros, porque eran muy mal vistos -mi mamá diría: eso no es para gente bien y de esa manera quedaban prohibidos-, ya que con ellos se podían sacar chispas al ser rozados contra el pavimento y resonaban con su andar, taca, taca, taca, dependiendo de la velocidad. Igual ocurría con los tacones de puntilla que solían usar las señoras antaño. Ahora que lo veo en retrospectiva debían ser una rama popular de los zapatos que se calzaban para bailar el tap, aquel baile de jólivud en que la música la produce el propio zapato, si mal no estoy.

En contraposición, hoy todo es desechable, hasta los ancianos. Una impresora no puede durar más allá de las cinco mil copias o unos pocos años, lo que ocurra primero; el colchón hay que cambiarlo cada cinco años, recomiendan, veinte mil polvos o lo que ocurra primero; las lavadoras no duran más allá de tres años, son chinas y sus componentes de plástico, precisamente para que escasamente duren lo que ellos dicen que deben durar y no tienen arreglo, porque sale más barato comprarla nueva y de esa manera se está al día, dicen los mercaderes de ilusiones. Hasta uno mismo lo es, después de los cuarenta ya es difícil conseguir trabajo y para tenerlo hay que tener veinte y mil requisitos más.

Retorno al zapatero. Quedó descrito, pero tenía una curiosidad adicional. Al parecer era sordo, muy sordo y solo se hacía entender con sonidos guturales y señales. En otras palabras, creo que era sordomudo, si no me traiciona la memoria, pero sabía escribir y leer, porque expedía recibos si sigo fiel a esa memoria de hoy, por lo tanto, visto en retrospectiva no era tan sordo.

Y el título del blog. A mi hermano menor, en sus cuatro años, supondría hoy, le enseñamos a decir, en viva voz y con entonado acento infantil: Viejoooo! Mis papatosss!!! a cuantoooo? a comoooo? A tincoooo??? Y si no se portaba como nosotros queríamos, lo amenazábamos con regalárselo. Será uno más de sus traumas, me pregunto(3). Y otra sin respuesta, cómo diablos se llamaría el zapatero?



Foto: JHB (D.R.A.)


[1] Claraboya.
[2] Tratando de averiguar sobre el dicho encontré: Zapatero remendón era un oficio pobre, pues el sarcasmo popular, los creía sucios y perezosos. Por sus pocas ganas de trabajar, se decía que los remendones no trabajaban ningún día de la semana. Domingo no trabajaban por no pecar; lunes era día del zapatero; martes compraba materiales; miércoles afilaba cuchillas; jueves, remojaba el cuero; viernes, ablandaba el taburete, y sábado cobraba. http://elnuevoliberal.com/dia-del-zapatero/#ixzz4um8EDCYu
[3] Este blog, autobiográfico y de conversación ajena que gusta oírse, como escribí en otra oportunidad, un poco largo, pero si llegó hasta este fin quiere decir que también le gusta oír una buena historia ajena, cosa que le agradezco de antemano, por tiempo y paciencia.

lunes, 30 de octubre de 2017

¿DUEÑOS DE QUÉ?


Dueño de ti,
dueño de qué 
dueño de nada 
un arlequín que hace temblar 
tu piel sin alma. (1)

No somos dueños de nada(2). Todo es una ilusión.

Tenemos, tenemos pero morimos sin tener nada porque ahí se evapora todo lo que teníamos.

Tenemos dominio sobre cosas, sobre personas…

Tenemos libertad, de movimiento, de habla…

Tenemos autoridad, sobre personas, sobre hijos…

Tenemos, tenemos, tenemos, pero a la larga no tenemos nada, absolutamente nada, ni siquiera conciencia de uno. Imagínese dueño de un apartamento en el piso 10 y un terremoto lo derrumba, queda dueño del apartamento que está en el aire, en el piso 10. Y si es del 1º tampoco se haga ilusiones, es propietario de un porcentaje ínfimo de ese lote, porque de ahí para arriba hay muchos con la misma ilusión.

Y no somos nada, realmente nada, ni dueños ni poseedores ni representamos autoridad ni poder ni dominio.

Al morir dejamos todo y todo se convierte en una ilusión.

Tampoco es para que vivamos sin ilusión, no me malinterpreten, porque sin ilusión…

Necesitamos de la ilusión, para sentirnos importantes, para sentirnos vivos, para creer que todo vale la pena, para pensar que tenemos propiedades, autoridad, poder.

Y pensar que lo único que tenemos que es morirnos, ni modo! Y en ese momento toda ilusión es vana, como vano fue el tener lo que nunca tuvimos, porque todo es una mera ilusión debida y también, de vida!

Imagen Google (3)




(1)El Puma. Dueño de nada. Puede oírse en: https://www.youtube.com/watch?v=vP9LQi5kC6w
(2)La inspiración de este blog nació luego de ver la película Instinto (https://www.youtube.com/watch?v=Exn7lgxRxf8). 
(3) http://gnula.biz/pelicula/instinto

viernes, 27 de octubre de 2017

POBRECITO YO…


En el mundo hay víctimas y victimarios. Pero a veces se nos escapa una tercera categoría, muy importante en salud mental, el victimista, es decir, la persona con tendencia a considerarse víctima o hacerse pasar por tal. (…)
No dicen directamente lo que desean y prefieren quejarse. En vez de luchar por cambiar las cosas, se quejan de su mala suerte. Buscan llamar la atención buscando lástima mediante lamentos y quejas. Exageran y deforman situaciones y sus posibles consecuencias negativas. Suelen pensar mal de los demás. Ante un fracaso, se justifican y echan la culpa a otros o a las circunstancias. Se hacen las victimas para que se le reconozcan los méritos. Son prevenidos y de mala fe. Sienten placer al mostrarse como víctimas. Como se sienten víctimas, no ven necesario sentirse culpable. En últimas, hacen del sufrimiento su forma de vida.
La actitud de estas personas es pasiva e inconscientemente manipuladora, se vale del chantaje emocional y suele hallarse inmersa en una eterna e inactiva espera, de que el mundo reconozca su inmenso dolor y la injusticia que se ha cometido con ellos.(1)

No conocía la palabreja pero es muy común recaer en el pecado de hacerse el victimista(2) y de acuerdo con el resultado, termina siendo una cara que se utiliza para utilizar a otro y para obtener algo de otro. De alguna manera, en algún momento de nuestras vidas, sin saberlo, lo hemos utilizado; de ser permanente dicen que es un transtorno paranoide, por lo que se recomienda la visita al siquiatra.

Nada más recordar cuando al jefe se le contaba que su abuelita (de uno, se entiende) se murió. Uno ponía cara compungida, tristeza emergente en cada palabra pronunciada y a la espera de que le dijeran pobrecitooo. O cuando le han robado y va a contar el cuento, la misma vaina: cara compungida, tristeza emergente y espera al pobrecitooo. O alguien de la parentela está en el hospital y para poder ir a verlo en horas de oficina y en forma conmiserativa para pedir permiso, se pone cara compungida, tristeza emergente y la espera de que le digan: vaya mijito, lo que necesite. Qué más manipulación de sentimiento se puede hacer?

            Si eso se predicó de nosotros, qué se dirá de los ahora llamados millennials(3) que resultaron más llorones y a los que les encanta el pobrecitooo y lo utilizan para obtener todo lo que quieren, corroborando aquello que dijo Maquiavelo que no importan los medios, desde que se alcance el fin.

            ¿Parece que este mundo es cada día más complicado? ¿O es solo una sensación? En mi época uno contaba que lo habían robado y de inmediato le decían: Pero si es bobooo… para qué dio papaya… Y si uno trataba de aplicar la técnica lo retroalimentaban con aquello: Ay no pobrecito, pero cómo sufre y así se le quitaban las ganas de volver sobre el cuento.

            El mundo cambia y el problema es que está cambiando demasiado rápido y no nos da tiempo para acoplarnos y tal vez por eso sea que seguimos pensando que el tiempo pasado fue mejor, al menos uno sabía a qué atenerse.

            Hoy, a esta edad, me conformo con que me digan en el Transmilenio: Pobrecito, siéntese acá! Y pondré cara compungida, tristeza emergente y con gesto lloroso agradeceré la gentileza!



Imagen Google (4)

(1) Pobrecito yo: la tendencia a hacerse pasar como víctima. http://www.semana.com/vida-moderna/articulo/trastorno-paranoide-de-la-personalidad-hacerse-pasar-como-victima/542395

(2) El victimismo o victimización es la tendencia de una persona a considerarse víctima o a hacerse pasar por tal. ​ Una víctima es quien sufre un daño personalizable por caso fortuito o culpa ajena. El victimista se disfraza por tanto de víctima, consciente o inconscientemente, simulando una agresión o menoscabo inexistente; y/o responsabilizando erróneamente al entorno o a los demás. (…) Para ello, el sujeto victimista posiciona a su adversario de forma implícita como atacante al adoptar una postura de víctima en el contexto de la discusión. En Psicología una personalidad victimista o tendencia psicológica victimista que puede llegar a desembocar en una conducta patológica como trastorno paranoide​ consiste en una tendencia a culpar a otros de los males que uno padece y resguardarse en la compasión ajena. Esta tendencia se caracteriza por una deformación pesimista de la realidad en la que el sujeto se regodea en el lamento y queda incapacitado para realizar cualquier tipo de autocrítica. Es uno de los pilares de la cultura de la queja. https://es.wikipedia.org/wiki/Victimismo
(3) O generación Y o síndrome de Peter Pan –ya no saben cómo apodarlos. y parece que por culpa nuestra, por exceso de darles todo lo que a nosotros no nos dieron o no nos pudieron dar…
(4) https://www.generarmemes.net/meme/pb8i4s

miércoles, 25 de octubre de 2017

RAYANOS A LA ESTUPIDEZ?


Revista Aló. Edición 739. Página 10. Una intervención íntima. Con el fin de rejuvenecer y recuperar el tono muscular de su parte íntima, la divina Valentina Lizcano publicó en su cuenta de Instagram que se someterá a una reconstrucción vaginal.

Textual y literalmente. Mi primera reacción al leer la noticia, pensando en que me iba a relajar leyendo intrascendencias, ya se la habrán imaginado. El colmo. No tengo ni idea quien sea la fulana. Y es la divina, no sé qué quiere decir ese calificativo. Reconstrucción vaginal, Dios mío! “afirmó que se la hará por cuestiones de salud”. Pero Dios mío, en qué punto hemos caído entre ignorancia y estupidez. Que sea flácida vaginal qué nos importa? A quién  le importa? La hará mejor polvo? Acaso nos lo va a dar? Y ya que lo dicen, alguno sabe, fuera de un ginecólogo, cuándo una vagina es flácida, cuándo está plácida y cuándo estirada? Y ya que estamos hablando de estupideces, para el hombre mediano aplica aquello que repetíamos en la juventud: guerra es guerra y cualquier hueco es trinchera (táchenme de lo que quieran, pero ante la estupidez de que vengo hablando, una estupidez más no hace la diferencia). Y publicarlo en redes sociales, Dios mío y terminar en artículo de revista farandulera. Qué más podemos esperar de los seres humanos? Dios mío, nuevamente!

Y en la misma página otro noticiononón! ¡Un gran susto! Debido a que Amelie (supongo que así como suena) su perrita (…) (con todo y diminutivo, tal vez como la divina a que alude la aludida revista) estuvo un poco enferma (ahora es noticia de farándula que un cánido se enferme o será que se les acabaron las noticias de nuevas vírgenes que acuden a la himenoplastia), Andrés Parra y su esposa, Diana Cáliz (NPI de quienes son y me importa un carajo quiénes pueden ser) vivieron unos días de incertidumbre (como si la vida no fuera una incertidumbre permanente). Tras llevarla al veterinario (la mención se hará para que se sepa que la criollita es de estrato?) y practicarle unos exámenes de rutina, se diagnosticó que tenía una inflamación en la cadera o en el tren inferior sin causa conocida (al fin qué? Los veterinarios también son como los médicos tratando de adivinar qué padece uno? Y no sabía que los perros tenían trenes, como se instruye uno!). Por fortuna, Amelie (así como suena, recuerden que es de estrato 8) regresó sana a casa y ahora se recupera al lado de sus papitos (quedo sin palabras, literalmente sin palabras, aunque los pensamientos se atosigaron en mi débil mente). Advierto que se puede leer de corrido omitiendo los comentarios entre paréntesis, así no se envenenan conmigo.

Metida la mano… por qué no seguir ojeando la revistilla mencionada? Uno puede adquirir más lucidez y cultura con su lectura, me dije. Y encontré estas notas adicionales:

“Estoy feliz de compartir mi vida junto a Andrés. El es mi motor, es un compañero único e inigualable.” (Hablemos dentro de no muchos años, para ver cómo va con su motor o si ya lo cambió por aquello de la falla de la balinera de la chumacera) y nos dirá como La hermana de James, ¡Solterita!: Fue una decisión de común acuerdo (Ajá, ya le creí, me imagino el show). Estamos muy enfocados en nuestros proyectos personales y profesionales (Ajá sigo creyéndoles, me imagino...). El es una gran (si me imagino la palabrota) persona y siempre le deseo lo mejor (como toda mujer herida… ajá!).
Nos enteramos que a Zahira Benavides (NPI quién es) no le fue como esperaba en el campo empresarial, pues se vio obligada a cerrar su cadena de restaurantes (acaso el buen empresario no empieza con uno para ver cómo le va? Y a ésta se le ocurrieron muchos para ver cómo le iba?) por la sobrepoblación (me suena a vainazo) de compatriotas en el país, quienes se dedicaron informalmente a ofrecer alimentos parecidos a los que la colombo-venezolana tenía en su negocio (necesito que me aclaren si lo de la sobrepoblación y compatriotas se refiere a colombianos o a venezolanos o ambos o viceversa? Y el negocio, me imagino que arepas, aquí en cada esquina hay uno, por lo que veo la señora no hizo el estudio de mercado para abrir su cadena. Si ve? Por no estudiar… el mercado).

Cómo debo cuidar mi cuello, pregunta al aire y lo único que se me ocurrió era verificar que no hubiera sido María Antonieta la de la pregunta o ésta otra: Voy a cumplir 30 años ¿existe algún cuidado especial para esta edad? Y le respondí: sí mamita, deje de jartar tanto trago, de trasnochar y dedíquese a ser una buena persona! Qué más podía decirle?

Y aprendí a que ya no se dice faja sino prenda de control! Y que con diez tips puedo ser una ‘influencer’ exitosa y así me puedo empoderar de las redes sociales, porque hay que ser auténtica, compartir y compartir, crear alianzas con otras influencers, interactuando con mis fans y reinventarme constantemente.


No seguí ni siquiera ojeando la revista porque soy proclive a un infarto, con lo que había visto era suficiente. Dios mío, me sigo prometiendo no volver a hacerlo, ya estamos rayando en la estupidez, pero como todo vicioso, sigo prometiéndome, no vuelvo a mirar revistas de farándula… hasta la siguiente oportunidad! (o hasta la próxima cita médica u odontológica!)

milesdefrases.com_frases_en_fotos_5155_2

lunes, 23 de octubre de 2017

PREFESIÓN: CRITICONES


 Las críticas se han convertido en el pan de cada día. No existe encuentro laboral, familiar o tertuliar en el que no se escuchen críticas, lo peor es que se critica todo. Es cierto que escuchar y opinar sobre algo o alguien no deja de ser vicioso. Es más tomar partido sobre un punto de vista resulta motivante y en algunos casos exacerba los egos. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Ojalá que todas esas energías se concentraran en construir en lugar de destruir.(1)

Hasta que no leí este artículo no había interiorizado una conducta que, supongo por ser colombianos, viene implícita en algún gen relacionado con el entorno geográfico. Ya me dirán si en todos lados es la misma cosa.

Y efectivamente la crítica la tenemos en la punta de la lengua, basta que pongan el tema y de entrada empezamos a dar nuestra ilustrada opinión, porque sí, porque no, porque quizás, así el suceso haya ocurrido en la Conchinchina o en la mismísima luna, siempre nos sentiremos autorizados para dar nuestra opinión aunque no nos ataña y eso no es otra cosa que la criticadera o manía de opinar, de lo divino y lo humano a la que nos acostumbramos desde que tenemos uso de razón, sea porque nacimos así, sea porque las visitas y el contacto familiar nos acostumbró a esa tarea.

Y lo peor del caso es que el vainazo que conlleva es mayor cuando se advierte de antemano que se trata de una crítica… constructiva… Esa pontificadera da piedra cuando va acompañada de esa sutil frase: tómalo como una crítica constructiva… Para agarrarlo a patadas, porque así especificado más que constructiva va acompañada de un veneno mortal, inoculado con la envidia, la venganza, el despellejamiento. Así es, así será!

Desde que nos dio por adjetivizar conceptos que por sí mismos no lo requieren se impuso la grosería de doble moral, como podría llamarse. La crítica(2) es una, como la fe, supongo. Pero con aquello de que perdóname pero te voy a hacer una crítica y tómala como constructiva, adoptó la humilde pose… (me envenené, como podrán haberse dado cuenta). Decía para centrarme que, (mejor copio)… En el lenguaje cotidiano, se conoce como crítica la reprobación, ataque o censura que se hace de una cosa o ser(3), es decir, todo lo negativo, todo lo que implique garrotazo de inteligencia o sabiduría pontificada.

Dejando de lado la mala leche, sinceramente criticamos todo, a todo y a todos, no dejamos títere sin cabeza, sentamos cátedra y lo hacemos sin vergüenza, sin conocimiento y terminamos generalizando o usamos el somos muchos los que así pensamos, con el fin de evitar quedar al descubierto.

Con qué autoridad criticamos, con qué fanatismo impedimos que nos critiquen, la eterna ley del embudo, muy bien aprendida, cuando nos conviene y cuando no, la traemos a colación para demérito del otro, para no ser nosotros los perdedores ni sentirnos como tales. También somos críticos ante la imposibilidad de ponernos en los zapatos del otro, de ese otro que qué pena, pero es solo una crítica constructiva la que le quiero hacerle…

(…) sin embargo, la posibilidad de criticar tiene un atractivo muy fuerte, y nos tienta a decir lo que pensamos aun cuando sabemos que no contamos con las herramientas para aportar una idea constructiva o interesante.

Así somos, así será. En una palabra, estamos jodidos y como es mal de muchos… “No te enojes, es sólo una crítica constructiva para ayudarte a mejorar”.


Imagen Google (4)



(1) Felipe Jánica. A liderar con el ejemplo. https://www.elespectador.com/opinion/liderar-con-el-ejemplo-columna-715966
(2) La palabra crítica, con origen en el latín criticus, identifica la opinión, examen o juicio que se formula en relación a una situación, servicio, propuesta, persona u objeto. https://definicion.de/critica/
(3) https://definicion.de/critica/
(4) https://www.miathletic.com/frases_de_la_vida-fotos_del_athletic_club_de_bilbao-igfpo-6955075.htm

viernes, 20 de octubre de 2017

LA VENTANA AJENA


En todas las almas, como en todas las casas, además de fachada, hay un interior escondido.(1)

A esta edad, en que ya plácido puedo andar sin la afugia(2) de la vida, me genera curiosidad ver a los mayores que yo, aquellos ya rondantes al centenario, diría yo, que se la pasan en la ventana sin consonancia ni asonancia porque ya las arrugas por sí mismas predicen que el futuro incierto les está rehuyendo, irremediablemente.

Trato de imaginarme cuáles pueden ser sus pensamientos, sus quereres, en medio de su propio silencio, donde las arrugas esconden cualquier tipo de gesto delator que pudiera permitir vislumbrar su estado de ánimo o al menos su propia armonía.

Verlos casi imposibilitados de movimiento, de querer y por qué no, de la vida misma. Allí quietos, estáticos, tal vez rogando a los cielos que se acuerden de ellos y ese esquivo deseo de ya descansar, hasta descansar de ese descanso eterno del día a día.

O tal vez, muy seguramente, mirando a la gente pasar, tratando de elucubrar qué le está pasando a ese caminante, cuáles sus angustias, cuáles sus quereres, tratando de recordar los suyos, tratando de descubrir lo que yo trato de descubrir de sus vidas.

Se les ve mirar con indiferencia, al parecer sumidos en sus propios pensamientos, los del pasado lo más seguro; los de ahora, quién sabe; los de su futuro, lo ignoro. Sólo les veo el cansancio, el cansancio de vida, la imposibilidad de un salir, de un compartir, de departir en su propia soledad, sin nadie que les oiga, cansados de oírse a sí mismos.

No poder preguntarles qué piensan, qué opinan, qué desean, aunque sus respuestas sean resbalosas, inaudibles, retóricas, porque tampoco lo querrán confesar.

También es posible, tal vez lo más seguro, es que desde su ventana ven lo bello de la vida, ven el mundo pasar, hilando el pasado, sonriendo para sus adentros, confesándose lo inconfesable y agradeciendo el poder haber llegado a sentarse plácidamente ante un ventanal, sin que nada más les importe, sin nada qué necesitar, al tenerlo todo, esperando sólo la eternidad.
 
Será que simplemente me angustia ver cómo la vida puede pasar en una eterna monotonía carente de razón? O pienso por ellos, como si fuera yo, clamando para que suceda lo inevitable y que el tiempo se detenga, al menos para saber si hay un otro lado?

Pendejadas de uno! (Sí, deje de ser desocupado y póngase a hacer algo productivo, que la vida está llena de viejos mirando por la ventana, oigo decir…)

Los fantasmas de carne y hueso existen. Son esas parejas, padres o amigos que, como espectros, se aíslan del instante. En la oficina es el que no habla; en la casa es el que se encierra; en la cama es el que se da la vuelta. Presentes en cuerpo pero muy ausentes de alma, viven en el pasado y añoran a quien ya no está; viven en el futuro y desean lo que aún no tienen; viven de ensoñaciones en la casa vecina con la infidelidad de turno y se esconden tras un deseo. Están sin estar. Seres que no son de aquí. Tampoco de allá.(3)


Foto: JHB (D.R.A.)



(1) Raúl Brandao, refiriéndose a la obra de Saramago.
(2) Esta palabra es común en Colombia con el significado de 'apuros, dificultades o aprietos'. Es de género femenino y se usa en plural afugias o afugías (con o sin acento). En español no es frecuente y el Diccionario de la Real Academia no la recoge.  http://www.fundeu.es/consulta/afugia-3993/. Sólo era una palabra altisonante, creo que muy paisa, que me vino en ese momento, no fue cosa de lucidez ni de profundo conocimiento.
(3) Diana Castro Benetti. Presencias ausentes. http://www.elespectador.com/opinion/presencias-ausentes-columna-701933