Esa sensación
de cuando algo falta, sin saberse qué es, interno o externo, solo se sabe que
algo falta. Como cuando queremos algo pero no sabemos qué. Como cuando queremos
comer algo pero tampoco sabemos qué, si dulce o salado, si algo conocido o algo
extraordinario.
Esa
ausencia de algo lo deja a uno en un estado de incomprensión, de un algo
ausente y uno se pregunta y se pregunta qué es lo que quiero, qué es lo que
necesito, qué es lo que me hace falta en ese momento.
Y la respuesta
no llega a pesar del esfuerzo, se queda en la penumbra, en la insatisfacción y
nada se concreta, lejos está de concretarse, dejando solo la incomprensión, la
insatisfacción, el dejo de saber que hay algo que quisiera, pero que al no
dejarse ver, genera la desazón.
Tengo
ganas de… y la frase queda inconclusa, sé que es de algo pero ese algo se queda
en la indefinición, en la insatisfacción. Cosa berraca.
Pero
tengo ganas de algo, pero no sé de qué y con las ganas me quedé.
También hay otros
que saben algo.
Severo Sebojt,
Obisposirio, 662 D. C.
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