viernes, 29 de mayo de 2026

PENSARES

                Ya se sabe que en mis momentos de ocio, que para un pensionado son muchos, o cuando hay que hacer largas colas de espera, me dedico a jugar en el celular. Para obtener ayudas o puntajes en el entre juego pasan publicidad y me llamó la atención una de la Universidad de los Andes, que anda gastando plata en eso como locos, parece que les sobra o les faltan alumnos, ya no sé qué pensar.

                En uno de ellos, creo que de la facultad de Administración, apareció una oferta, que no creo que lo sea, pero bueno, aparece ofreciendo el segundo semestre en el exterior, como práctica internacional y me preguntaba quién carajos puede costear ese tipo de educación. Casi $30 millones de pesos el semestre y si en el segundo hay que pagar además de matrícula, los costos en el exterior (matrícula, hospedaje, alimentación, varios) el segundo semestre viene a casi triplicarse y seguía preguntándome quién podía soportar ese tren de gastos, pero los hay.

                Y este pensamiento me llevó a pensar en una conversación que me contaron. Una vecina insistía en votar por el socialismo progresista que hasta el momento nos ha arruinado. La vecina, he de confesar de escasos recursos, apenas sobreviven, pero insistía en el voto para esos… bueno para esos exguerrilleros porque les habían prometido que sus nietos estudiarían gratis en la universidad que escogieran y ella quería que su nieta estudiara en los Andes. Vea pues, me dije, ilusa la señora pero en su ignorancia, desde mi punto de vista, votaban por el que no debería si querían que este país saliera de esta miseria actual. Cómo contradecirla si el pobre no entiende razones más allá de sus propias verdades, según yo lo veía.

                Y esta reflexión me llevó a otro punto. Está demostrado que un pobre no puede elegir ese tipo de universidades, por los costos, por la presión social de las élites respecto de los pobres, no aguantan el ritmo de vida de los ricachones, etcétera y los convierten en reprimidos y resentidos sociales, pues no hay de otra.

                Y esto me llevó a otro pensamiento, estudié en la Gran Colombia, al lado del Rosario, ya se imaginarán la diferencia notoria que se veía en la plazoleta. Por aquella época en la plazoleta del Rosario (raro que no fuera de la Gran Colombia) le rodeaban unos cuatro o cinco cafetines (es decir cafés no frecuentados por mujeres, pues así era la época, tal vez porque no tenían clase, tintos de bajo costo, fumaderos de conversa ilusa) y naturalmente esos cafetines estaban llenos de desocupados, estudiantes, esmeralderos y demás ralea propia de ellos. El grupo de compañeros acudíamos a ellos en las entre horas que había entre clase y clase, grupo en el que estaban varias mujeres de provincia, es decir, con plata pero que acabaron en la Gran Colombia. Y este grupo con el tiempo nos fuimos introduciendo, con ellas, en los cafetines, creo que después del segundo o tercer semestre, y con el tiempo, me di cuenta que los honorables rosaristas ya entraban a los cafetines y es más, las mujeres empezaron igualmente a acompañar a sus honorables compañeros y no sé si por novedad, por ser snob o por lo que sea, una costumbre se fue cambiando, como cambiaron los elegantes salones de té que había en la misma plazoleta. Cosa curiosa, me dije en su momento. Solo recuerdos. 

               Solo recuerdos y efímeros pensamientos de un pensionado al que le vienen vivencias del pasado, como parte de su ocio.

Perdona el ego de este hombre orgulloso, pero soy viejo y puedo decir lo que se me antoje[1]

Foto JHB



[1] Lo que es sagrado.  Dennis Lehane.

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