Ya se
sabe que en mis momentos de ocio, que para un pensionado son muchos, o cuando
hay que hacer largas colas de espera, me dedico a jugar en el celular. Para
obtener ayudas o puntajes en el entre juego pasan publicidad y me llamó la
atención una de la Universidad de los Andes, que anda gastando plata en eso
como locos, parece que les sobra o les faltan alumnos, ya no sé qué pensar.
En uno
de ellos, creo que de la facultad de Administración, apareció una oferta, que
no creo que lo sea, pero bueno, aparece ofreciendo el segundo semestre en el
exterior, como práctica internacional y me preguntaba quién carajos puede
costear ese tipo de educación. Casi $30 millones de pesos el semestre y si en
el segundo hay que pagar además de matrícula, los costos en el exterior
(matrícula, hospedaje, alimentación, varios) el segundo semestre viene a casi
triplicarse y seguía preguntándome quién podía soportar ese tren de gastos,
pero los hay.
Y este
pensamiento me llevó a pensar en una conversación que me contaron. Una vecina
insistía en votar por el socialismo progresista que hasta el momento nos ha
arruinado. La vecina, he de confesar de escasos recursos, apenas sobreviven,
pero insistía en el voto para esos… bueno para esos exguerrilleros porque les
habían prometido que sus nietos estudiarían gratis en la universidad que escogieran
y ella quería que su nieta estudiara en los Andes. Vea pues, me dije, ilusa la
señora pero en su ignorancia, desde mi punto de vista, votaban por el que no
debería si querían que este país saliera de esta miseria actual. Cómo
contradecirla si el pobre no entiende razones más allá de sus propias verdades,
según yo lo veía.
Y esta
reflexión me llevó a otro punto. Está demostrado que un pobre no puede elegir
ese tipo de universidades, por los costos, por la presión social de las élites respecto
de los pobres, no aguantan el ritmo de vida de los ricachones, etcétera y los
convierten en reprimidos y resentidos sociales, pues no hay de otra.
Y esto me
llevó a otro pensamiento, estudié en la Gran Colombia, al lado del Rosario, ya
se imaginarán la diferencia notoria que se veía en la plazoleta. Por aquella
época en la plazoleta del Rosario (raro que no fuera de la Gran Colombia) le
rodeaban unos cuatro o cinco cafetines (es decir cafés no frecuentados por
mujeres, pues así era la época, tal vez porque no tenían clase, tintos de bajo
costo, fumaderos de conversa ilusa) y naturalmente esos cafetines estaban
llenos de desocupados, estudiantes, esmeralderos y demás ralea propia de ellos.
El grupo de compañeros acudíamos a ellos en las entre horas que había entre
clase y clase, grupo en el que estaban varias mujeres de provincia, es decir,
con plata pero que acabaron en la Gran Colombia. Y este grupo con el tiempo nos
fuimos introduciendo, con ellas, en los cafetines, creo que después del segundo
o tercer semestre, y con el tiempo, me di cuenta que los honorables rosaristas ya
entraban a los cafetines y es más, las mujeres empezaron igualmente a acompañar
a sus honorables compañeros y no sé si por novedad, por ser snob o por lo que
sea, una costumbre se fue cambiando, como cambiaron los elegantes salones de té
que había en la misma plazoleta. Cosa curiosa, me dije en su momento. Solo
recuerdos.
Solo
recuerdos y efímeros pensamientos de un pensionado al que le vienen vivencias
del pasado, como parte de su ocio.
Perdona el ego de este hombre orgulloso, pero
soy viejo y puedo decir lo que se me antoje.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Para ser incluido en entregas personalizadas pueden solicitarse en: jhernandezbayona@gmail.com