Siento decirlo así, a veces las palabras nos
alarman más de lo que debieran. (1)
No es falta
de tema, como lo expresé en otro momento. Es el placer de ver cómo a medida que
el pensamiento va tomando vida se va plasmando en una hoja en blanco, uniforme,
cuidadosa, detallada.
Escribir es
un placer, ver cómo se refleja el pensamiento a medida que las teclas se van oprimiendo,
tomando forma, delineando la idea, dirigiendo la atención, perfeccionando el boceto.
Ver que el
pensamiento que no es nada, que la idea tampoco lo es, si se ven objetivamente,
porque quién ha visto en la realidad pensamiento o idea ante sus ojos? Sí, saldrán
miles de contradictores, lo sé, pero como Dios, tampoco lo he visto, ni siquiera
la idea de Él, con todo y mayúscula. Pero su idea nace si la escribo.
Al releer,
ver cómo la oración quedó inconclusa o incompleta o que en vez de oración se trata
de un trauma gramatical, como el párrafo anterior, que no me atrevo a corregir para
borrarlo y reescribirlo. Dejarlo así, lo mejor, para reiterar lo iniciado y no acabado,
corregido y aumentado.
Decía en párrafo
anterior al anterior, cómo se dirá para parecer más docto? No importa, decía que
el escribir en hoja en blanco, como símil de pantalla en blanco, porque así precisamente
se diseñó la hoja electrónica, se entiende, sin confundirla con el Excel que igualmente
es hoja electrónica, matemáticamente calculada, pero para estos menesteres la hoja
es de Word, palabra que en inglés significa word y en español, palabra, lo que hace
coincidencia de palabras que pueden llevar a confusión, sin que se entienda la fusión
de lo uno con lo otro.
Una locura
lo escrito, pero una forma de demostrar el placer del escrito, así sea ininteligible.
Y el lector cómo puede jugar en todo eso? De la misma manera que lo hace el escritor.
El escritor al escribir comienza a ver el nacimiento de su pensamiento, hecho palabra
viva. El lector, bajo la misma perspectiva, al leer ve nacer letras que se convierten
en palabras que se traducen en oraciones, que le dan entendimiento o confusión,
que le llevan al odio o al amor, al deseo de terminar la lectura, de saltársela,
de omitirla, de no volverla a leer y aún masoquistas, que prefieren releer.
Y toda la
idea nació una noche al escribir con un estilógrafo una palabra, como antaño, a
la luz de una lámpara y ver cómo se iba afianzando al secarse esa tinta y proseguir
con el escrito con el solo placer de ver el reflejo de la luz en cada palabra mientras
se secaba. Gozar el y del brillo momentáneo de la tinta. El solo placer de gozar
el fenómeno, independientemente de las palabras escritas, solo el morboso placer
de gozarse la escritura manual, debe aclararse hoy, en que la letra, siendo manual,
se va extinguiendo como arte, se va desdibujando, como la mía, al no hacerlo más
cotidianamente. Es una pérdida debido a la modernidad, a la cual tampoco se puede
alejar, dejar ni renegar, es una realidad y de las realidades, mejor verlas, antes
de volverse espejismo.
Para que no
se me tilde de incoherente, resumo: Papel en blanco que va perfilando pensamiento,
reflejando pensamiento o una simple lista de compras. El poder del pensamiento,
el poder de la letra, el poder del papel, el poder del placer, el poder del todo.
Y esta conversa
ha sido conmigo mismo, como expresión del placer de hacer cosas que simplemente
nos dan placer, su único rédito.
Voy, percibo, pienso, concluyo
y luego vuelvo a concluir. Cada imagen que se me atraviesa es un posible texto,
y cada texto, un permanecer, un congelar la imagen y hacerla imperecedera. Oigo
voces, veo luces. Las voces y las luces sólo existen porque las podré escribir,
y el escribir será, realmente, perderme y encontrarme en otro mundo, en otro tiempo,
con personajes que han revivido gracias al escribir. (2)
Foto: JHB (D.R.A.)
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