viernes, 25 de noviembre de 2016

CONCEPTOS



La memoria es creativa y selectiva,
borra recuerdos y otros los falsifica.

M. Kundera. La identidad.

Vivimos en un mundo de conceptos, entendidos, desde mi simplismo mental, como las ideas que son humanizadas o idealizadas y que vienen a explicar cuestiones inmateriales, que pueden ser o no ciertas, probables, posibles y hasta imposibles.

Qué cosa más inmaterial que dios o el estado? Nada más es mencionarlos y ya los visualizamos, al uno como ser humano poderoso, al otro como un mapa, una bandera, un himno.

Y un artículo de prensa sirve también para ver el lado erróneo del concepto. Se preguntaba en él por qué el polo norte queda en el norte? Depende (para los chinos en tiempos de antaño, las brújulas señalaban al sur! "En la cultura china el emperador mira hacia el sur, porque de ahí es donde viene el viento, por eso es una buena dirección. El norte no es muy bueno, pero te encuentras en una posición de subordinación hacia el emperador, así que tienes que mirarlo", explica Brotton (…) No obstante, Brotton advierte que estos primeros exploradores no se imaginaban el mundo de esa manera. "Cuando Colón describe el mundo, tenía como referencia el este en el tope". Hay que recordar que en aquella época "nadie sabía qué estaba haciendo ni hacia dónde iban", insiste[1].)

Desde nuestro punto de vista cerrado, hablamos de norte y señalamos allá (imagínese en dónde) y resulta que la palabra norte quedó asociada, gracias a los primeros que hicieron mapas, a la parte de arriba y norte es lo superior, lo mejor, lo de arriba, mientras el pobre sur es el contrario. Una cosa es vivir en el norte y otra, es otra cosa. Y el concepto no es propiamente acertado, pero como el punto de referencia era Europa y más arriba de los reyes, solo dios y eso no siempre. Y entonces se hace la pregunta, ahora que no somos tan provinciales, en dónde queda el polo norte si se ve desde el espacio? Y si se le ve desde otra galaxia? Y si se le ve desde Plutón? Entonces nuestro concepto de norte varía notoriamente. El norte puede estar en cualquier lugar, pudiendo estar estático, todo depende como se vea.

Y entra Mónica a jugar. Preguntaba: Por qué antes ir a Ibagué, por ejemplo, era un paseo y hoy ya como que no dan ganas de organizar un paseo a Ibagué? Antes Ibagué era un pueblo y como tal uno iba a pasear a los pueblos. Hoy es una ciudad y quién va a visitar una ciudad estando en otra ciudad? Antes Bogotá no se consideraba sitio turístico, pero la noción cambió porque ahora hay una demanda de hoteles que uno se pregunta y como para qué ir a Bogotá de paseo?

Antes uno pedía un pedazo de salchichón o cien pesos y el vecino con el dedo gordo y su larga uña, no muy higiénica, marcaba con el extremo de la uña el pedazo correspondiente. Hoy se habla de porción, ya no se corta con el viejo cuchillo y naturalmente los cien pesos quedaron devaluados.

Es así como el concepto cambió y con el paso del tiempo va cambiando a pasos agigantados. Una cosa era un concepto a principios del siglo XX, con la tradición milenaria y, a medida que se acercaba a los cincuentas, los conceptos se apresuraron a cambiar y nada qué decir a nosotros que nos tocó luego del sesenta y del setenta acomodarnos a conceptos inimaginables para esas épocas. Nada más pensar que jamás se nos ocurrió que íbamos a llegar al año dos mil y si llegábamos qué susto! Y llegamos y nos tocó cambiar el concepto, en realidad todos, y adecuarnos a ellos y lo que era imposible en nuestra niñez, hoy posible y ya hoy, para nosotros que alguna vez fuimos niños, no nos parece que haya imposibles, porque gracias al cambio de concepto, tenemos la capacidad de imaginar lo inimaginable.

El concepto de dios, con mayúscula o minúscula, como se prefiera, en los últimos veinte años cambió totalmente hasta el punto en que ese concepto en su mayoría a la juventud de hoy les es indiferente; para otros, como en viejos tiempos, sólo un refugio para la desgracia o la tristeza.


Pero también cambiaron otros conceptos fundamentales, al menos para mí. La decencia, la honorabilidad y busquen los sinónimos que quieran. Antes vivir con lo ganado honestamente, era ser honrado. Hoy, esa noción es para los pendejos. Quedé con ellos rezagado, aunque a pesar de algunos, me quedo rezagado, lo prefiero así, prefiero dormir con tranquilidad a mi manera. Me queda una pregunta que hago en voz alta para que sea contestada en la intimidad, donde nadie los vea sonrojar si es que les aplica, qué tan honrado es? Valió la pena? (Aunque ahora hay que reconocer que muchos pícaros que usando la religión se ocultaron en ella y hoy, siendo pastores, creen que purgaron de esa manera sus pecados. Ya les llegará la hora cuando no podrán esconderse con excusas ni disculpas, esos sí se ruborizarán, ojalá les pudiera ver, pero seguro que son tan descarados que ya ni rubor tienen. Amén!)

            Los tiempos cambian y con ellos los conceptos. Todo es relativo y por eso todo depende de los ojos con que se vean.

A veces, las apariencias más evidentes son las más engañosas.

Eliette Abécassis. Qumrám

Foto: JHB (D.R.A.)




[1] https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/157f6f8bd4b104e8

miércoles, 23 de noviembre de 2016

HE DECIDIDO VOLVERME ABSTENCIONISTA (II)


La democracia obliga a respetar todas las opiniones.
Pero no puede hacer nada para que todas las opiniones sean respetables!
Jaume Perich[1]

Y continúo con el contrato social, sin saberlo lo heredamos, para bien o para mal y me pregunto que para colmo lo firmaron (mos?) con una entelequia, llamada estado, representada gráficamente por una nación a la que imaginamos como patria, compuesta por una serie de regiones que se odian mutuamente pero que en caso necesario se aúnan para poder obtener la mitad más uno del otro. Y el estado es ese, el que obtiene la mitad más uno, mientras el otro alegue que hubo trampa. Regido por una cartillita, así en diminutivo, que se recita y se recita mal, porque se toman los apartes que convienen en cada oportunidad, que contiene un montón de promesas de antemano incumplidas, de obligaciones, de sometimientos disfrazados, cartillita que llamamos constitución, que rima con prostitución.

Eso es el estado, entelequia imaginaria que nos subyuga, nos somete y nos promete, quedándose en eso, promesas, por eso será que estado es sinónimo de política? Nunca he visto ese estado tan pregonado, nunca lo he sentido como protector de su nación, generador de recursos para esa república. Y aquí caigo en el pecado de siempre, hacer símiles y el de hoy, el estado es como dios, no está donde se supone que está, no cobija, como debería cobijar, es solo una promesa inalcanzable que nunca va a existir. O qué ha hecho el estado por usted? Cuándo se ha preocupado por su persona? Cuándo se ha comportado como un buen padre de familia, como tanto proclama el código civil? Alguna vez le ha preguntado qué necesita? El estado como gobierno, como lo dije al transcribir frases ajenas, es el que esté en el puesto que le fue asignado por la mitad más uno, el que dejará el puesto al vencerse su plazo y suba el que haya sido designado por la mitad más uno, nunca por el mejor y así por toda la eternidad.

Más de uno estará preguntado y a éste, que tanto pontifica qué contrato social le gustaría? Naturalmente la dictadura, siempre que el dictador sea yo, claro está. Pero eso no va a pasar. En efecto, no es lo que me gustaría que fuera, porque aunque pueda estar entre la mitad más uno que decidió en un determinado sentido, tampoco decido, fue por chiripa que atiné con la mitad más uno. Un voto es un deseo, en cuanto se deposita y deja de serlo cuando se decide, en ese momento pierde importancia tanto el voto como el votante, porque otro es el que va a usufructuar el poder. Para responder la pregunta, Churchill lo dijo: La democracia es el menos malo de los sistemas políticos. Amén!

Es decir, estado, nación, república, democracia, estado social de derecho, patria, todos son meros conceptos, tal vez importantes antaño, pero son solo eso, conceptos, como lo es dios, cielo, paraíso. Qué vaina, sólo conceptos que imaginamos reales, imaginaciones que plasmamos en objetos, deseos que humanizamos para no dejarlos en el mundo de las ideas. Nos gustan las promesas, nos gusta pensar en paraísos terrenales y, para colmo, nos gusta la crítica, que hace verdaderos colombianos!

(No se me desvíe, concentradito!)

Como hemos humanizado los conceptos, estado, nación, democracia y demás, se trasplanta el concepto al que desempeñe el poder y una vez elegido, lo llenamos de veneraciones hasta que no pisotee nuestros intereses o lo vilipendiamos si somos los de la mitad menos uno que no le elegimos. Todo gracias a la democracia y este concepto se extiende hasta el punto que al otro día de elegido ya hay alguien que esté haciendo una campaña para revocar el mandato. Para esto y mucho más da la democracia. Lo importante es alcanzar la mitad más uno, para ganar o la mitad menos uno, también para ganar en la pérdida y poderle echar la culpa a la contraparte. Esto es democracia, pero como no la entendemos así, entramos, unos y otros, al campo del fanatismo y de la intolerancia. Para eso también da la democracia.

(No se me desvíe, centradito!)

Ya he desacreditado suficientemente la democracia. Ahora entro en la idea original que era el abstencionismo.

Al inicio dije que abstención es no hacer voluntariamente. Es relativo, pero supongamos que en principio es así. Al investigar –superficialmente he de confesar- me encontré con que el abstencionismo en política tiene varias ópticas. Trataré de condensar lo más posible, en aras a la lectura del blog.

… se caracteriza por la no participación en el proceso electoral, por ser una abstención no participante, que consiste precisamente en un no hacer, en un no votar[2].

Puede ser activa (no votar porque no se le da la gana y lo sabe y lo hace conscientemente; también incluyen al que vota pero lo hace en blanco o nulo) o pasiva (no votar porque le da pereza salir a hacerlo).

Las causas, diversas, desde la indiferencia a la pereza en la segunda clase. En la primera una forma de protesta, falta de preferencia por alguna opción, una forma de demostrar cansancio al desgaste democrático, no encontrar una alternativa que le llene, etcétera.

Abstenerse electoralmente no significa tan sólo no votar o no participar en las elecciones. También puede significar no expresar preferencia por ninguna de las opciones electorales concurrentes. Por supuesto, el no votar ya implica la no expresión de preferencia alguna. Pero, y aquí estaría el matiz diferencial importante, también es posible no expresar ninguna preferencia y, sin embargo, no dejar de participar en el proceso electoral, porque manifestar preferencia y votar no son ni acciones idénticas ni sinónimos.

           

Y el no votar o abstenerse de votar, en una democracia en que no sea obligatorio, es un derecho que tiene el votante, pues de no serlo, no sería democracia –a pesar de la aparente contradicción, previamente aclarada-. Por eso no resulta criticable, en cualquier caso de abstención, el hacer uso de tal derecho, el abstenerse. Y si de cifras se trata,


La participación en las elecciones desde que se instauro la segunda vuelta en el año 1994 tiene un promedio del 44,3% dejando así una abstención promedio del 55,7%. En estos últimos veinte años de procesos electorales la abstención se ha fortalecido, teniendo un promedio del 51,5% desde el año 1958 hasta 1990. Es decir, ni siquiera instaurando la segunda vuelta se ha logrado acabar con la apatía de los electores en materia de participación democrática[3].

            Es decir que el abstencionismo no es nada nuevo, hace parte de la democracia, es prerrogativa y derecho del votante.
        
      Se habla igualmente que el voto en blanco y el voto nulo es una forma de abstencionismo.

El del voto en blanco se abstiene de votar por alguna alternativa ofrecida y por ello opta por la de votar en blanco, es decir es un abstencionista que va a la urna, pero no decide por las opciones que se le presentan. (El voto en blanco es una abstención activa voluntaria y, por lo demás, legítima. Es un voto que se emite desde una concepción de cumplimiento de un deber ciudadano, y hasta puede llegar a tener un componente de apoyo o identificación con el régimen político (o, incluso, con la democracia). Pero, al mismo tiempo, también es un voto que se emite desde la no preferencia (y hasta desde el rechazo) por las opciones electorales concurrentes.) No me había dado cuenta pero en casi todas las elecciones a entes colectivos voté en blanco porque político era político, ninguno llenaba mis expectativas, no me habían ofrecido los cincuenta mil y por principio sabía que no eran honrados, ni siquiera decentes, por lo tanto era indecente de mi parte votar por alguno de los candidatos. Mi voto era protesta, era decirles ustedes no merecen mi voto, porque no son ni siquiera honorables.

Y está el voto nulo. (….) es un voto no válido o no válidamente emitido de conformidad con el ordenamiento. Es un voto irregular, que supone una discrepancia formal con las reglas establecidas en la normativa electoral, pero también una discrepancia material, en el sentido de que, o bien no permite averiguar inequívocamente cual sea la voluntad que el elector pretende expresar, o bien suscita dudas razonables acerca de cual sea esa voluntad. No forma parte del sufragio válidamente expresado a favor de alguna de las opciones electorales ni tampoco del voto válido, pero sí del sufragio emitido en cada proceso electoral. Y tiene dos clasificaciones, interesante la segunda. Involuntario, que es el que se emite por ignorancia o por confusión generan un error. Y voluntario, es el que voluntariamente se hace que el voto sea nulo desde su nacimiento, bien porque no se marca ninguna opción, porque se marcan todas, pero incorporaría un elemento de protesta frente al régimen político, frente a alguna de las opciones electorales concurrentes o, incluso, frente a algún candidato determinado. Eventualmente, podría incorporar también algún elemento de falta de respeto por el proceso electoral en cuanto tal o por alguno de sus componentes.

Y con tanto voto nulo que se presentó en el plebiscito, me parece que obedeció a la expresión de protesta del votante, pues las opciones eran dos, sí o no, no había otra y no creo que la votación alcanzada en ellos haya sido por ignorancia o confusión. Es decir que si estos votantes se hubieran decidido por alguna opción, habría habido otra diferencia.

Hay un elemento no analizado que habría podido cambiar la torta del reñido resultado del plebiscito por la paz. Al final ambas opciones sólo estuvieron distanciadas por apenas 54.000 votos de diferencia, dentro de un total de 12.808.858 votos válidos en la jornada. Para mayor frustración del Sí, hay más de 257.000 votos inválidos entre los no marcados (86.000) y nulos (170.000). Cada uno suma una bolsa suficiente para inclinar la balanza: ya sea para haber cambiado el resultado o para marcar una diferencia sustancial del No sobre el Sí. La gran pregunta para la que no hay respuesta definitiva es: ¿Cómo es posible que en un tarjetón tan simple, con apenas dos casillas de Sí o No, un cuarto de millón de ciudadanos se hayan equivocado o simplemente no hayan marcado nada consignando votos inocuos?[4]

La respuesta: eran votos de protesta.

Ahora, el título del blog ha sido: he decidido volverme abstencionista. La realidad, luego de escribir este artículo es que descubrí que siempre lo he sido, a pesar de haber ido a votar en la mayoría de las veces en blanco. Mi forma de protestar contra la democracia, contra los políticos, contra una determinada persona, contra lo que ellos representan que no es más que la corrupción, el poder mal manejado. Al menos esas, creo son mis excusas. De igual manera he descubierto que mi voto no hace la diferencia, no vale para nada como no vale mi opinión política como persona o como ciudadano. Todo esto ya lo tengo claro y por eso seguiré siendo abstencionista, por activa o por pasiva, en cualquiera de sus modalidades, porque ya sé que mi voto no cambiará nada, ni me cambiará a mí, porque seguiré como todos los colombianos, en materia de política, criticando por criticar, deporte nacional en el que no se gana nada, pero se derrama bastante mala leche.

Y alguno de ustedes se atreverá a llevarme la contraria?

Gracias a la libertad de expresión hoy
ya es posible decir que un gobernante es un inútil
sin que nos pase nada.
Al gobernante tampoco.

Jaume Perich

Foto: JHB (D.R.A.)



[1] Jaume Perich Escala, popularmente conocido como El Perich (Barcelona, 5 de noviembre de 1941 - Mataró, 1 de febrero de 1995), fue un escritor, dibujante y humorista español. Fue también el traductor de series francesas como Astérix el Galo, El Teniente Blueberry y Aquiles Talón, entre otras. Wikipedia.
[2] Abstención activa. Juan Hernández Bravo de Laguna Universidad de La Laguna Tenerife. Coincidimos en nombre, aunque lo de bravo, lo mío es de genio y figura, mas no de apellido, como el autor del artículo. http://pendientedemigracion.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/A/abstencionactiva.htm
[3] http://blogs.elespectador.com/economia/el-mal-economista/el-abstencionismo-el-nuevo-deporte-nacional Oscar Andrés Martínez. El abstencionismo: el nuevo deporte nacional. A los que les gustan las cifras, el artículo contiene un cuadro pormenorizado sobre el desarrollo de la abstención en Colombia.
[4] http://www.semana.com/confidenciales-semanacom/articulo/plebiscito-para-la-paz-los-votos-nulos-determinaron-el-resultado-del-no/496614

lunes, 21 de noviembre de 2016

HE DECIDIDO VOLVERME ABSTENCIONISTA (I)



Cada cual es responsable de las palabras que escribe,
y de las que lee, pues cada cual es libre ante su lectura.
Eliette Abécassis. Qumrám

Luego de estos resultados democráticos del plebiscito y por las casualidades que giran alrededor de mi vida, me encontré con una palabra: abstención. Me dio por cavilar en ella.

Abstención: no hacer pero voluntariamente, digo con cierta relatividad (diferente a procrastinar! Pero parientes, digo): Me abstengo de ese plato, por la barriga que ya tengo. Me abstengo de pedirlo, porque va y me dicen no y cómo quedo yo? Pero el punto central es la abstención política. La democracia me sigue generando sinsabores, malos sabores, mala leche.

Parece que el tema puede dar para varios capítulos, espero que no, para que no se quede en tratado y como tal, mal tratado y escondido en algún resquicio de biblioteca.

De ser así, empiezo con la democracia, esa que me dejó el sinsabor.

Aparentemente andamos, desde que nos libertaron, en una democracia, presidencial, representativa y blablablá, según dicen los sabidos. Democracia que a lo largo de doscientos años hemos disfrutado frágilmente, digo hemos refiriéndome a los colombianos de tres o cuatro generaciones que la han pasado libres y pensado que eran libres. El tal contrato social que alguien, en algún momento inmemorial firmó comprometiéndonos a todos, sin plazos, prórroga automática, sin más consulta. Eso nos impusieron y como contrato que era, a respetarlo.

Contrato que nos obliga a respetar a lo que decida la mitad más uno, por regla general. Y ese mitad más uno obliga, a pesar de que no estemos de acuerdo, que seamos parte de esa mayoría o que nos sea indiferente a ella, teóricamente obliga, a pesar de que no tenga la verdad, que no sea la mejor decisión o que esa mayoría nos hunda. No importa, estamos sometidos a lo que decida la mitad más uno, no a lo que el resto quisiera o anhelara –para qué no votaron, dirán-.

Por eso y muchas cosas más, no soy amigo preferencial de la democracia; a lo largo de mi vida me he dado cuenta que en la mayoría de situaciones la democracia no decide, decide mal o simplemente estorba. Una cosa es clara, una cosa es preguntar voy a cine, quién quiere ir conmigo, a decir quiénes quieren ir a cine, o vamos a cine? Una jefa mía me dejó bien claro y de paso me enseñó que mientras ella estuviera en el cargo, la democracia no funcionaba, funcionaba la dedocracia, lo que ella decidiera. Y tenía toda la razón, el exceso de democracia mata.

Llamo en mi auxilio unas frases dicientes:

La democracia no es más que el gobierno de las masas, donde el 51% de la gente puede lanzar a la borda los derechos del otro 49% (T. Jefferson)
La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes (C. Bukowski).
La democracia es una forma de gobierno en la que cada cuatro años se cambia de tirano (Lenin).
La democracia no es más que una dictadura elegida por el pueblo, no nos engañemos (Bob Marley).

Naturalmente en favor de la democracia hay más frases, más profundas, que se oponen a lo que pienso, pero uso las que me gustan y apoyan mi pensamiento. Ese es el privilegio de quien escribe.

Los deseos democráticos de Lincoln murieron hace mucho tiempo, de pronto nacieron muertos desde su pronunciamiento y fue una sola frase que sonó muy linda en el momento del discurso y por ese mismo motivo trascendió a lo largo de la historia. Puede ser y contener la misma intensidad de aquello de Colombia, realismo mágico! Palabrería sin realidad y mágica porque emboba, pero que no dice nada, solo un sueño patriotero para embobar bobos! He dicho! (Ya ven cómo mi patriotismo va acompañado de mala leche!). Con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo, pura mierda, semejante al eterno discurso del pueblo cuando ya no puede más: el pueblo unido, jamás será vencido… sin darse cuenta que está vencido desde el momento en que decide unirse.

Alguien que lo escribió tenía razón[1], ahora que se perdió el plebiscito, miles de personas salen en manifestación para apoyar el sí. Ya qué, la mitad más uno decidió y punto. Bien o mal decidió y punto. Si es que somos demócratas y respetuosos de la ley debemos respetar esa decisión y buscar otra alternativa, en vez de seguir agarrados democráticamente entre sí y no. La mayoría no siempre tiene la razón, como tampoco la minoría, es decir, el dilema es seguir jodidos!

Y ese es otro problema de la democracia. El irrespeto a la palabra dada, al contrato firmado, a la decisión adoptada. Hasta hace no más de treinta años, el negocio se respetaba, la sentencia se cumplía, por regla general. Pero de un momento a otro la gente empezó a irrespetar las decisiones, por ejemplo, los laudos de los tribunales de arbitramento, antaño tan respetables. Las sentencias judiciales se volvieron discutibles después de que ya no había recurso alguno. Si gano… y si pierdo… Al parecer nadie pierde pero nadie gana y de pronto, recapacito, se debe a la filosofía gringa (y dale con eso!) que enseñaba que no bastaba con ser, sino que debía serse el mejor, el nacimiento de la rivalidad por ser el líder, el mejor –no en el mejor sentido de la palabra- sino el competitivo a ganar porque hay que ganar, no importa cómo -el fin justifica los medios-. Ya nadie quiso perder, todos querían ganar, a como diera lugar.

Todos olvidamos que la vida no es una competición, es simplemente eso, vida, donde no se es ganador o perdedor porque tiene más o menos, pues todos terminamos en las mismas, en una fría tumba, condenados al olvido con el paso del tiempo. Entonces?

Un reputado colegio está, según vi en el feis, abriendo inscripciones para Convertir hoy a tu hijo en un futuro líder. A qué viene eso? Al origen de la competencia irracional de hoy, de la juventud de hoy, mal de males que ha llevado a olvidar valores, a olvidar la mínima decencia. Mi mala leche también va por la educación de los reputados colegios, cuyos alumnos, en búsqueda de excelencia resultan, sin eufemismo, unos hijueputicas que no respetan nada ni a nadie. Punto y aparte, cambio de tema y prosigo con la anhelada democracia. (Pero el título es abstencionismo, entonces?)

Será en el siguiente capítulo, ya me sobrepase!


Foto:JHB(D.R.A.)


[1] De todos modos, contra la mayoría numérica, producto del escrutinio electoral, no valen multitudes en las plazas vociferando en sentido contrario a los resultados de una elección. Por eso mismo, alguien les trinó a sus compañeros, diría que en tono amistoso: “¡era votando, fulanos!”. Bueno, usó otra palabra del diccionario de la red. (güevones, diría yo sin eufemismo). Lorenzo Madrigal. Desobediencia legal. http://www.elespectador.com/opinion/desobediencia-legal

jueves, 10 de noviembre de 2016

YO TE ABSUELVO!



cometimos, porque si uno se equivoca y el otro no corrige,
el error es de ambos (...) si uno erró y el otro corrigió,
el acierto es de ambos.  

Ensayo sobre la lucidez. Saramago

No sé por qué estuve pensando en la absolución. Ah! Es que has pecado mucho, me dice aquél perdido en mi memoria que corresponde al yo rezandero?

Para que haya absolución, se requiere de pecado anticipado, salvo que se trate de la compra de indulgencias plenarias, pues con ellas se podían ir pagando los pecados a medida que se cometieran, como si se tuviera una valera o se podían pagar de un tanganazo luego de acumular una buena variedad, he ahí el negocio.

Continúo, para que haya absolución se requiere de pecado, pero no de cualquier pecado, debe ser grave (según me encuentro en el código canónico: 960 La confesión individual e íntegra y la absolución constituyen el único modo ordinario con el que un fiel consciente de que está en pecado grave se reconcilia con Dios y con la Iglesia).

El catecismo del padre Astete, que me correspondió memorizar hablaba del pecado mortal o grave y del venial. Creo que me estoy metiendo en líos con este tema, si sigo con ese tonito y por ese camino (porque las barbaridades que estoy leyendo para ilustrarme me están dejando callado, por ejemplo la definición del mortal: es aquel que separa a la persona de la amistad con Dios o intensifica el alejamiento que la persona ya tiene respecto a Dios. Y el venial, la cosa se torna de castaño a oscuro, al decir: es una ofensa que no rompe la relación con Dios (no produce la muerte de la propia alma) pero sí la debilita.)

Definiciones en pleno siglo XXI, bajo tales circunstancias, mi condena es al fuego eterno, porque no sé cómo está mi relación con Dios, porque hace bastante que no nos hablamos, porque entiendo que para que haya conversación se necesitan mínimo dos y por ambas vías. (Menos mal que mi mamá no sabe que escribo un blog y que escribo estas barbaridades, porque esa sería otra excomunión adicional, la testamentaria…? Esa es asegurada porque soy heredero forzoso! O al menos eso creo.)

Pero antes de continuar, seguí investigando y me veo sonrojándome, de la piedra o de las barbaridades que leo, en pleno siglo XXI, porque si hubiera sido en mis primeros años de vida en el siglo XX naturalmente los hubiera recitado como decía el padre Astete[1], somos cristianos por la gracia de Dios. Que siempre me quedó la duda de qué era cristiano, por qué por la gracia de Dios y por qué no se podían hacer otras preguntas, sino limitarse a recitar como loro esa respuesta y eso que se trataba de la primera pregunta del catecismo que decía, según conservo memoria fotográfica para tales efectos, Somos cristianos? Sí, somos cristianos por la gracia de Dios (el sí había que decirlo con berraquera, como el afirmativo de los soldados, pues de lo contrario no era respuesta aceptada[2]).

Está bien, retomo, para que haya absolución se requiere de pecado y para librarse de él se requiere de un acto de contrición.

La contrición me lleva al siguiente pensar. Estar contrito (arrepentido, penitente, lloroso, suplicante, pesaroso, sentido, dolido, afligido, apesadumbrado, entre otros), así resumo el discurso que me tocaba escribir al respecto.

Entonces concreto, con el siguiente orden: pecado, arrepentimiento, absolución. Y me acabo de acordar de por qué andaba pensando en el Yo te absuelvo. Nada tenía que ver con la religión ni iglesias (qué pérdida de tiempo y todo por su mala leche, oigo decir a ese rezandero que hay en mí y me toca recordar la frase ya antes citada: Ignoro si Dios existe, pero no quiero contrariar su voluntad ni las señales que envía.)

            En efecto, nada tenía que ver con el aspecto religioso. Vino a mi memoria la costumbre judicial de altos tribunales que al condenar a una entidad dispone que pida perdón por sus actos a las víctimas, casi veinte años después de sucedidos los hechos, y al que le toca disculparse, lo hace de afán, sin saber la razón precisa por la que  condenaron a la entidad y es un acto, para mí, de lo más despreciable. Una persona que no tiene idea del pecado, que por eso mismo no se arrepiente ni siquiera por lo hecho por sus antecesores y que debe hacer esa contrición para obtener la absolución! Se trata de una situación odiosa, como odioso es el acto en que se realiza, generalmente leyendo un texto lo más impersonal del mundo. No sé cómo las víctimas acuden a esas farsas.

            Y eso me lleva al otro acto de contrición que a leguas se veía, que se tenía el pecado, porque había sido cometido por los asistentes involucrados, no se vio ninguna cara contrita (arrepentida, penitente, llorosa, suplicante, pesarosa, sentida, dolida, afligida o apesadumbrada), de un discurso leído a la carrera y sin señal alguna de arrepentimiento. Ese fue otro sapo que me tocó tragarme al votar por el sí.

            A estas últimas absoluciones eran a las que me quería referir cuando tenía el título y no el contenido, pero al menos logré corregir mi camino en el último momento.

Ser dios, en resumidas cuentas,
exige más virtudes que ser emperador.

M. Yourcenar. Memorias de Adriano




[1] Por casualidad lo busqué y me encontré esta edición de 1845, que confieso nunca conocí, al parecer venía con explicaciones http://www.banrepcultural.org/sites/default/files/86990/brblaa124019.pdf, aunque no me explico cómo el mío no lo traía. Se limitaba a preguntas y respuestas, sin explicación. Ese es mi recuerdo, de infancia, naturalmente. Y lo recuerdo tanto que mi mamá era la que nos tomaba la lección, ella hacía la pregunta y uno contestaba. Qué tortura! Y no lo sabía pero don Gaspar Astete, naturalmente jesuita y español que murió en 1601, qué horror, con razón sobreviví!  En efecto, había un catecismo que eran solo preguntas y respuestas, si la curiosidad los lleva, pueden ver http://www.banrepcultural.org/node/32489 y pueden verificar todas las horas perdidas tratando de aprendérmelo, creo que desgasté muy buena parte de mi cerebro grabando tanta barbaridad!
[2] Aclaro que me formé con las monjas Siervas de San José, que regentaban la primaria en San Bartolomé la Merced, igualmente españolas. Por tanto, mis primeros años de estudio siempre bajo la sombra religiosa, me hubiera gustado ser cura, pero creo que yo mismo me di cuenta de antemano que para esas cosas no iba a funcionar. Para qué desilusionar a los ancianos?

martes, 8 de noviembre de 2016

QUÉ TAN SINCERO PUEDE SER UNO CON UNO MISMO?


Quien no vive como piensa
acaba pensando como vive.

San Ignacio de Loyola

Me asaltó una pregunta tal vez indiscreta, bastante imprudente, inequívocamente inapropiada para aquel quisquilloso que hace parte de nosotros y que con su orgullo se ha aposentado como el definidor de lo que somos y lo que no somos.  Supongo que es el mismo al que le pusieron por alias ego, al descubrir que tenemos una variedad muy grande de personalidades. Pero me centro en la pregunta.

Qué tan sincero puede ser uno con uno mismo?

Buena pregunta que me metió en líos, naturalmente que conmigo mismo. Y como todo es relativo, todo depende, depende de quien responda, depende de quien haga la pregunta, todo depende de.

Sincero. Siendo simplista, sincero es ser sin cero, sin nada, sin calificativos, sin grandilocuentes respuestas, sin cero a la derecha, ni a la izquierda, que es el que no vale para nada, aunque de una generación para acá el cero, que no vale nada a su izquierda se entronizó en documentos como si valiera mucho, le dieron una personalidad inexistente, la repitieron tantas veces, que se volvió existente, como si fuera una verdad, aunque el único que tiene realidad y personalidad es el 007, aunque es agente secreto y espía, por si no lo sabía.

Me devié, sí, pero valió la pena.

Sincero: “que habla o actúa con sinceridad”. Ahhhh! Entonces “sinceridad. Del lat. sincerĭtas, -ātis. 1. f. Sencillez, veracidad, modo de expresarse o de comportarse libre de fingimiento.” Es decir, lo contrario a fingimiento “2. m. Simulación, engaño o apariencia con que se intenta hacer que algo parezca distinto de lo que es.”

Nos creemos santos, nos creemos honrados, nos creemos… pero sí lo somos? qué tanto lo somos? Y cuando nos vemos afectados por habladurías ajenas, saltamos automáticamente para dejar bien claro que somos lo que decimos que somos. Sinceros? Nooo, con muchos ceros! En efecto, como nuestra reputación (bonita palabra para definir lo que realmente somos!), decía, antes de interrumpirme, que como nuestra reputación está en juego, brincamos en defensa de nosotros mismos, pero de palabras para afuera. Son mecanismos de defensa, explican los que saben; atávicos, agregan los otros, porque para defendernos tenemos fuerzas, fuerza en la lengua, en el empujón, en los puños. Y con razones, si se quiere y en todo caso, nuestra sinceridad de nosotros mismos queda defendida ante los demás y digo defendida, que los demás lo tengan claro y bien claro, porque la siguiente vez habrá más fuerza, en la lengua, en el empujón, en la explicación. A todos les quedó claro. Pero claro! La mayoría no lo creyó, otros pusieron aquella risita insoportable, muy pocos cayeron, alguno que otro creyó en el argumento (de la lengua, del empujón, de la explicación). Con él es mejor no meterse, es un cascarrabias, parecieran concluir todos.

Dejemos aparte esa sinceridad que es más fingimiento de boca para afuera. Con la edad se vuelve experto uno en defender esa sinceridad social de fingimiento, igualmente social.

Pero, lo que es más importante, una vez la sociedad le empieza a uno a importar un carajo, es qué tan sincero es uno con uno mismo? Pareciera de fácil respuesta y puede serlo si uno está acostumbrado a fingirle a uno mismo.

Ante cualquier situación que requiere explicación, que requiere excusa, cuando uno está en su propia intimidad, así como ocurre con explicación a terceros, porque en este caso pareciera que uno mismo fuera tercero, es explicación de excusa, excusando la conducta, desplazando responsabilidad y de esa manera poder dormir tranquilo, alejando la intranquilidad generada, todo con el fin de aplacar esa parte de nosotros que nos juzga, sin mucho rigor a decir verdad, pero que intranquiliza. Para tranquilizarla, lo mejor es fingir, como lo hacemos con los demás. Uyyyy sí, que cagada, pero fue que… le explicamos al juzgador y así todos dormimos tranquilos, o eso aparentamos o eso esperamos, porque en cualquier momento la pesadilla puede resurgir y así el miedo queda latente. Fuimos sinceros con fingimiento, pero no logramos convencer, siempre está por ahí esa sonrisita socarrona que cualquier hijueputica tiene lista para burlarse y demostrar que no creyeron, que no cayeron y que eso les hace mejor que la excusa ofrecida. Y no me refiero propiamente a la persona que así procede, sino a aquel otro que habita en nosotros y que no se comió el cuento.

Entonces vuelve la pregunta: qué tan sinceros somos con nosotros mismos?

El que busca la verdad
corre el riesgo de encontrarla.

 Isabel Allende