viernes, 24 de julio de 2020

CUESTIÓN DE QUÍMICA?

Cómo yerran, a veces, las primeras impresiones, me dije.[1]

 

            Por qué hay personas que sin conocerlas de entrada nos caen mal? –o le caemos mal-, con la sola mirada, la presencia, la forma de actuar o la sola referencia, un solo hecho hace que el rechazo nazca –así, como si es al contrario, nos puede llevar al amor-.

 

            Pongo un ejemplo. Tony Danza, un actor –que pretende ser cómico y de entrada ya pueden ver hacia dónde voy-, gringo para más señas, al que no conozco en persona, por lo que no hay razón ni lógica para que pueda rechazarlo.

 

            Sin embargo, lo hubo, hace más de treinta años en que lo vi en alguna serie gringa y hoy, treinta años después, lo vuelvo a ver y efectivamente me volvió la sensación de rechazo. Sin motivo aparente. No me ha hecho nada y tampoco sé por qué el rechazo.

 

            Puede ser porque no me parezca buen actor, al tratar de ser actor haciendo pantomima de gracia, de payasada, sin lograrlo, según lo veo yo. Además se muestra servicial en el sentido de ser servil –algo que de por sí siempre me ha molestado-; es fantoche –algo que igualmente me molesta-; un payaso haciendo mal su papel (que me molesta más).

 

            Entonces son las circunstancias que hacen que uno de inmediato inicie con el rechazo –el cual generalmente se cimenta más a medida que se va conociendo-. Es así la química del rechazo, automático, sin explicación –tal como igual sucede con la química del amor, me digo-.

 

            Inexplicable ese rechazo de entrada y me acuerdo de algún dicho que decía que no se debe juzgar por la apariencia –por la portada, dirán otros-, pues uno se puede llevar algunas sorpresas, como efectivamente me las he llevado.

 

Ésta es una buena lección para que aprendas que, a veces, la historia que se da por cierta no es verdadera y la que se rechaza por falsa puede ser auténtica. Nunca lo creas todo ni lo des todo por bueno sin comprobarlo por ti mismo.[2]

Tomado de Facebook
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[1] Matilde Asensi. Todo bajo el cielo.

[2] Matilde Asensi. Peregrinatio.


miércoles, 22 de julio de 2020

DE LO ABSTRACTO DE LOS CONCEPTOS

            Estamos rodeados de conceptos, tales como bien común  o nación. Son meros conceptos, como derecho y libertad, que pueden decir mucho, pero a la hora de la verdad no dicen nada, porque nada tienen que decir, se limitan a ser conceptos, ya implantados y que por sí mismos eliminan cualquier deseo de definición. Alguien podría decir conmigo: mucho contenido poco continente.

 

            En el fondo, queriendo ser conceptos altruistas no pasan de ser conceptos egoístas, pues están contenidas en frases que quieren ocultar su propia realidad. Hay que desconfiar cuando los políticos o el vecino que quiere hacerse a un contrato, aduce el bien común o el beneficio de la población, cuando no de la nación. Su simple mención –ocultando la verdadera intención- despoja a quien pudiera tener intención de contradecir de la autoridad posible, porque ir contra el bien común es exponerse al escarnio social. Y aún no estamos preparados a que nos señalen en público.

 

            Y no podemos hacer nada para modificar la situación conceptual de los términos aludidos –ya parezco catedrático magistral-. Decía que no podemos cambiar la percepción sobre los conceptos, como no podemos hacerlo, por ejemplo, con el de justicia: la justicia para los de ruana, la justicia para quienes pueden pagarla. Una misma justicia conceptual, dos intenciones diferentes. Un mismo concepto, dos consecuencias diferentes.

 

            Como la libertad, con consecuencias diferentes: la libertad de quien tiene el poder, contra la libertad de quien cree tenerla, pero que en últimas no tienen nada, porque nadie la tiene, aunque conceptualmente la tengan.

 

            O el concepto del derecho –sin obligaciones, como hoy se estila-.

 

            Son meros conceptos que, como tales, pueden o no tener consecuencias, dependiendo del poder, de la plata, de la influencia, del desconocer quién soy yo –si no lo saben-, que conociendo de ellas nos lleva a nada o lleva nada más que a una noción, de concepto que aparenta decir todo, pero que no dice nada.

 

            Y el bien común inicial, ese que transgrede toda lógica, que se cita para coger valor o para dar por sentado.

 

            Como aquél concepto idealista de ley, cuando es invocado como sabiduría y última palabra: Es que la ley lo dice así –se oye por doquiera, hasta en las asambleas de copropietarios- y todos lo dan por sentado, en efecto la ley lo dice así –sin saber cuál-, sin dar lugar a la duda de si puede ser verdad –concepto que tampoco hay que olvidar, porque también tiene sus consecuencias, funestas o no-, pero por lo general, dicho en voz alta, con intención de expeler sabiduría, no es más que una mentira, una verdad a medias o una ignorancia que no se puede confesar y hasta también, como la tergiversación de una mentira para que se convierta en verdad, indiscutible y como tal, aparejada a la legalidad, cuando tampoco la hay.

 

            Por ello, lo mejor es desconfiar de los conceptos, especialmente patrióticos, así termine en la exposición y expoliación social.

 

Se sentó en un banco y observó a los transeúntes. Ellos no tenían ni idea, ni la más remota. Desconfiaban del Gobierno, temían a la Mafia, les fastidiaban los norteamericanos, pero sus ideas eran vagas, generales. Intuían una conspiración, como la han intuido siempre los italianos, pero carecían de detalles, de pruebas. Por largos siglos de experiencia, sabían que la prueba estaba ahí, que sería más que suficiente, pero los avatares de esos siglos habían enseñado al pueblo que cualquiera que fuera el Gobierno que estuviera en el poder siempre conseguiría ocultar hasta la última prueba de sus fechorías.(1)

 

Tomado de Facebook
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[1] Donna Leon. Muerte en un país extraño.


viernes, 17 de julio de 2020

NO ME FUNCIONAN LAS MATEMÁTICAS

            Retomando el tema de la pandemia (otra vez? Será que no tiene otro tema? Pensará más de uno), decía que retomando el tema, cada día veo cifras de contagio, de muertos, de salvados –aunque nunca he visto de no contagiados-.

 

            Uno espera conocer con certeza la verdad, al menos para saber qué le espera. En cifras de hoy, cuando escribo, las cifras oficiales[1] son: número de casos: 173.206; número de recuperados: 76.164; muertos: 6.029. No se informa el número de casos no contagiados (de donde presumo que es la resta que resulta del total de población, menos el número de casos, más el número de recuperados, menos los muertos, cálculo efectuado dentro de mi propio simplismo). Tampoco dicen cuántas pruebas diarias se han realizado (aunque dentro de las estadísticas se señala que a esa fecha se han hecho 23.359, pero no señala si son diarias, acumuladas del mes…)

 

            Pero siguen sin funcionar mis matemáticas elementales. Lo digo porque no se sabe a cuántas personas se les aplica la prueba, a cuántas de ellas se les aplica varias veces la prueba (y no me lo estoy imaginando, presumo que al presidente y a su familia y a todos los que le rodean y a todas sus familias les hacen la prueba todos los días, dado que son privilegiados, por poder, por plata o por influencias, aspecto que debería estar pensado, por aquello de la repetición de la información), a cuántos anónimos que pasan por la calle y se la hacen, sin saber el contacto permanente con otros anónimos. Es decir, las premisas para el cálculo que sea no me quedan claras.

 

            Ya sé, me dirán que son matemáticas de alto turmequé, que solo entienden los que hacen los modelos, que es cuestión de estadísticas, que es un problema de minería. Pero me gustaría entender, entender que efectivamente los muertos son realmente muertos por esa causa, no por las asociadas –porque, dentro de mi mal pensar, parece que declarar la muerte por covid es más rentable, pues hay un reconocimiento especial del gobierno[2] por camas (en cuyo caso supongo que las prestadoras improvisan, por plata)-, entender cuántos contagiados me rodean, entender cómo es realmente la realidad del asunto.

 

            Pero nunca lo sabré, por no entender matemáticas, por la desinformación, por la manipulación de la información. Aunque me consuela saber (por aquello de mal de muchos…) que aún los que saben de matemáticas, los que hicieron los modelos, tampoco lo saben ni lo sabrán nunca. Pero ¿cómo se calculan de verdad las epidemias como esta? Matemáticos especialistas en este tipo de escenarios usan una serie de modelos y ni aun así es nada fácil acertar.[3] Agregando: Hay que tener claro que son modelos matemáticos para situaciones complejas y por tanto es imposible hacerlos perfectos. La idea es intentar acertar con todas las variables que influyen, seguir cálculos matemáticos y sobre todo estar atentos, porque cualquier cambio puede romper el modelo en un momento y hay que calibrarlo bien", apunta el especialista en conversación con El Confidencial. Según explica, no hay magia ni nada parecido, pero no sirven las fórmulas simples. Y me resulta deprimente saber que Sobre la base de las estimaciones actuales, las proyecciones de la cantidad de casos futuros de coronavirus están cargados de altos niveles de incertidumbre y probablemente resulten algo imprecisas.[4]

 

            Mi conclusión: Deje así, que los que saben sigan mirando la ouija, la bolita de cristal, con sus números, cuadros, gráficas y figuras y no se amargue la vida, por maricadas que no valen la pena ni pensar, no olvide que usted es un anónimo, un simple número dentro de la población de este país. Pero aún así, no me consuela no saberlo.

Fueron los griegos los que convirtieron las matemáticas en un sistema abstracto, un lenguaje simbólico especial que permite a las personas no solo describir el mundo, sino explicar sus más profundas leyes y pautas. Se lo debemos todo.(5) 


Tomado de Facebook

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miércoles, 15 de julio de 2020

EL DESEO

Habiendo leído a lo largo de mi vida sobre Buda, más precisamente sobre Sidharta o Gautama o príncipe Gotama, entre ellos el más famoso de Herman Hesse, a mis manos cayó una interesante biografía de Buda que, además me aclaró lo que no tenía diáfano desde mi juventud. Buda no es una persona, es un título para todos aquellos que han logrado la iluminación, el nirvana –no sé qué es, pero es para personas muy elevadas-, de allí que Buda, el que conocemos, el Sidharta, el Gautama, no sea más que uno dentro de la lista de iluminados, que los tradicionalistas han señalado como treinta y nueve, de allí que en oriente se vean tantas estatuas en tan diferentes posiciones, equivocación en la que hemos incurrido casi todos los occidentales. Y que también el budismo no es una religión, es una forma de vivir, de ver la vida. Esto ya da un alivio.

 

            Con esta aclaración y naturalmente dentro de mi propia ignorancia sobre el tema, que reconozco es absoluta, me llamó la atención el centrarse el budismo en la búsqueda de los males de la humanidad y, entre ellos, señala como la madre al deseo. Y efectivamente, si uno sin sesgo alguno lo ve, puede concluir que matando o al menos moderando al deseo, se puede llevar una mejor vida.

 

            Para aclarar, transcribo algunos apartes que al respecto se encuentran en el libro leído[1], que ilustran mejor lo dicho que lo que por mí podría decir:

 

Nuestra visión del mundo está, por consiguiente, distorsionada por nuestra ambición y, a menudo, eso lleva a la mala voluntad y la enemistad cuando nuestros deseos chocan con los deseos de otros. De ahí que Gotama siempre asociara el «deseo» (tanhā) con el «odio» (dosa). Cuando decimos «quiero», a menudo nos sorprendemos a nosotros mismos embargados por la envidia, los celos y la rabia si hay otras personas que se interponen en nuestros deseos o triunfan ahí donde nosotros hemos fracasado. Esos estados mentales son «inhábiles o no provechosos» porque nos llevan a ser más egoístas que nunca. El deseo y su concomitante, el odio, son por tanto las causas conjuntas de gran parte de la miseria y el mal del mundo. Por una parte, el deseo nos lleva a «arrebatar» o «aferramos» a cosas que nunca pueden darnos una satisfacción duradera. Por otra, nos hace estar permanentemente descontentos con nuestras circunstancias presentes. Como Gotama observó a medida que un deseo tras otro se apoderaban de su mente y su corazón, los seres humanos están constantemente suspirando por ser algo distinto de lo que son, por estar en otro lugar, y conseguir lo que no tienen. Es como si continuamente estuviesen buscando una forma de renacimiento, una nueva forma de existencia. El apetito (tanhā) se manifiesta asimismo incluso en el deseo de cambiar nuestra postura, ir a otra habitación, tomar un tentempié o abandonar súbitamente el trabajo e ir en busca de alguien con quien charlar. Esos apetitos triviales nos asaltan hora a hora, minuto a minuto, de modo que no conocemos el descanso. La compulsión de ser algo diferente nos consume y nos distrae.

 

Y refuerza la idea:

 

Los monjes de la ribera oriental del Ganges estaban convencidos de que aquel tanhā sediento era lo que mantenía a la gente encadenada al saṃsāra. Afirmaban que todas nuestras acciones estaban motivadas, hasta cierto punto, por el deseo. Al tomar conciencia de nuestro deseo, dábamos los pasos pertinentes para hacerlo realidad; cuando un hombre deseaba a una mujer se esforzaba por seducirla; cuando alguien se enamoraba quería poseer a la persona amada y se aferraba a ella y suspiraba por ella compulsivamente. Nadie se molestaría en hacer un trabajo arduo y a menudo tedioso para ganarse la vida a menos que quisiese conseguir comodidades materiales. Así pues, el deseo era el detonante de las acciones de la gente (kamma), pero cada acción tenía consecuencias a largo plazo y condicionaba el tipo de existencia que la persona tendría (…).

 

            Y concluyo, dentro de mis propias limitaciones mentales, que hasta el deseo es la madre de marketing, la publicidad, las redes sociales y demás ciencias actuales, en las que explotan el deseo, de cualquier cosa, con el fin de esclavizarnos y mantenernos siempre en búsqueda de ese algo no logrado, no obtenido, tan fijo en el horizonte que nos lleva a pensar que algún día llegaremos a esa meta, sin saber que el horizonte, siendo finito, es infinitamente imposible de lograr, bajo el yugo de un querer innecesario.

 

Los hombres, en cambio, ambicionan siempre mucho más que la riqueza. Ambicionan el poder y el poder es una escalera por la cual, cuando se empieza a ascender, no hay ni final ni descenso, salvo la caída, que a muchos les acontece pues arriba no hay lugar para todos.[2]



[1] Karen Armstrong. Buda. Una biografía.

[2] Matilde Asensi. La conjura de Cortés.


miércoles, 8 de julio de 2020

OTRA VEZ LA ESTUPIDEZ

            En un mismo día las noticias que refuerzan la estupidez -iba a decir que humana, pero veo que sería un pleonasmo- y que sólo dan a pensar que esta humanidad, cada día tiene menos futuro.

             ‘Mi hija quería verse delgada y acabó muerta en manos de un médico’[1], en pleno coranvirus, con un médico que al parecer ya se le han muerto uno que otro paciente y como era dos por uno, la mamá también se iba a hacer la lipectomía –no sé qué carajos es eso-. Leyendo la noticia lo único que logré pensar es que la gente cada día está más ignorante, teniendo tantas fuentes de consulta. Pero es que me lo recomendaron y es baratísimo y si se hace lo otro, le hace más rebaja… Pero qué se va a hacer!

             En una balacera terminó consulta a paciente que se negó a ser aislada por coronavirus.[2] Y todo por una sospecha, no delictual sino de coronavirus. Sin comentarios, pero qué se va a hacer! si ahora cualquier consulta EPS termina en eso, en sospecha, más de la que nos rodea.

 

            Explotó subestación eléctrica pero los habitantes en vez de alejarse se acercaron al peligro. Miles de usuarios se quedaron sin energía. Los bomberos intentaron que los civiles evacuaran la zona pues no desean otra tragedia como la de Tasajera.[3] Primero el chisme, luego el riesgo por tratar de ser el primero en la foto.  ¡Por favor! Los civiles no hacen nada en esta situación. Ellos tienen que alejarse. ¡Por favor! Es lo que le pedimos en este tipo de situaciones. Ellos nada hacen aquí”, agregó. Y qué hacían que no estaban confinados, me vengo preguntando. Pero chisme es chisme y pueblo es pueblo, pero qué le vamos a hacer ante tanta ignorancia?

             Asciende a 17 el número de fallecidos por explosión de camión cisterna en Magdalena.[4] Esta se gana el premio mayor, no hay duda. “Cuando llega la gente yo veo a alguien que está encima del camión y le dije al policía, pilas que se están robando la batería y puede generar un corto circuito. Me decían que no me metiera, que eso estaba perdido. Nos salimos del lugar, al rato, cuando estábamos de espalda, sentimos el fogonazo.” Pueblo ignorante que todo lo quiere regalado y robado, fue mi primera indignación, nunca se ofrecen para ayudar sino para ver qué pueden robarse. Y después veo en Facebook la gente diciendo mi solidaridad con los muertos, pobrecitos. Buena esa, me digo, por ladrones, por pendejos, no hay derecho a ser tan irresponsables, el riesgo era demasiado y todo para llenar una botella de gasolina que no les solucionaba nada en la vida. Y alguien agrega: es que no saben el contexto en que vivían los muertos, pobrecitos… Contexto, qué contexto quieren, avivatos que querían aprovechar la oportunidad y tuvieron su consecuencia, ahora la solidaridad hará que todo el pueblo vaya al entierro a contagiarse, ese es el retrato de este pueblo ignorante. (Si ven como me voy emputando a medida que escribo? No me puedo aguantar), pero qué le vamos a hacer! Y en plena pandemia! 17 muertos y 39 heridos, pero Dios mío, más de cincuenta personas robando? Y en una misma familia doce entre muertos y heridos[5]. Aquí si vale el dicho: Mi Dios sabe cómo hace sus cosas!

 

            Y hablando de ladrones, digo de coronavirus, las gracias del gobierno, atajada por la alcaldesa: En un video que publicó junto a un tuit, López aseguró: "De los 305 ventiladores que nos ofrecieron en el Gobierno Nacional, 206 no sirven, tienen un problema en el software y no se pudieron instalar porque no cumplen con los requisitos.[6]" Qué más se podía esperar de una promesa gubernamental? Los suministraron a regañadientas, porque la alcaldesa los dejó en evidencia y para improvisar, lo que es común en el gobierno, le entregan lo primero que tienen a mano, pero como la alcaldesa no tiene pelos en la lengua, nuevamente delatados los deja en evidencia. Pero qué le vamos a hacer, es el gobierno, hay que comprenderlo, pues no brilla en honestidad.

             Y hablando de gobiernos, el Bolsonaro[7], el Trump de Brasil, salió positivo. No me alegro, pero siento un fresco, fue la frase que primero llegó a mi pervertida mente (diferente a: a mí pervertidamente, que para el caso es lo mismo). Aunque con lo avión que es el Bolsonaro, de pronto es un falso positivo para luego aparecer como el resucitado, el que supera toda dificultad, esperando el pobrecito, estamos con él! que tanto incauto dirá en redes sociales. Por mi lado, bien puede tenerlo y que lleve con las consecuencias, por payaso! Pero qué le vamos a hacer, hasta los estúpidos deben pagar.

             Y hablando de payasos, para culminar, noticia que hizo aflorar mi pervertida sonrisa: Marchó en contra de la cuarentena porque no creía en el coronavirus y murió infectado[8]. Tome para que lleve, pero qué le vamos a hacer. Qué más puedo decir, supongo que sus correligionarios, sin careta y con abrazos asistirán a su funeral!

 

            Me encanta pontificar sin eufemismo!

 

Tomado de Facebook

La mortalidad es un elemento de la vida difícil de aceptar. Los seres humanos somos los únicos animales que tenemos que vivir con el conocimiento de que algún día habremos de morir y esa visión de la extinción siempre nos ha resultado difícil de aceptar. La mayoría de nosotros, sin embargo, nos las arreglamos para encontrar algún consuelo en la felicidad y en el afecto, que también forman parte de la experiencia humana. Algunas personas se limitan a enterrar la cabeza en la arena y se niegan a pensar en el dolor del mundo; se trata, no obstante, de una actitud imprudente pues la tragedia de la vida puede ser devastadora si nos coge totalmente desprevenidos. Desde los tiempos más antiguos, los hombres y las mujeres crearon religiones que les permitieran alimentar cierto sentido de que nuestra existencia tiene algún significado y valor últimos, a pesar de la desalentadora evidencia que parece apuntar a todo lo contrario. Sin embargo, los mitos y las prácticas de fe resultan a veces difícilmente creíbles. En esos casos, las personas buscan formas alternativas de trascender los sufrimientos y las frustraciones de la vida cotidiana: bien sean el arte, la música, el sexo, las drogas, el deporte o la filosofía. Somos seres que caemos fácilmente presa de la desesperación y tenemos que trabajar con tesón para crear en nuestro interior una convicción de que la vida es buena a pesar de que todo cuanto nos rodee sea dolor, crueldad, enfermedad e injusticia.[9]


[9] Karen Armstrong. Buda. Una biografía.


lunes, 6 de julio de 2020

LO INVISIBLE DE CADA DÍA

            Es lo que tenemos a la vista pero cuyo encanto de sorpresa desapareció, porque no nos sorprende ya, damos por sentado que ahí está y ahí estará sin que nos sorprenda, al no verlo ni valorarlo.

 

            Son los milagros de lo cotidiano, una serie de Netflix (1) que bien vale la pena ver.

 

            En efecto, nada más mirar alrededor de un lugar y ver lo cotidiano, sin imaginarse cómo se hizo, qué le llevó a aparecer y a ser necesitado. En el estudio o en la oficina, ver la lámpara, un computador, una tablet, un celular, un caucho, un clip, una hoja de papel. El techo, la silla, la ventana, el espejo, la tinta, el estilógrafo, la mesa, de lo viejo a lo moderno. Todo eso dejó de sorprendernos.

 

            Pero quién fue el primero que lo creó? Cómo apareció? Cuándo? Fue un experimento? Fue azar? Quién lo perfeccionó? Un chiripazo? Una casualidad? El momento oportuno?

 

            Ya nada de eso llama nuestra atención, porque hace parte del paisaje cotidiano y todo lo damos por sentado.

 

            También es cierto que todo lo bueno tiene su contrapartida. El cuchillo inventado para desollar la comida, pasó a ser un utensilio de cocina y a su vez en arma letal. Cómo? Tal vez producto de la ira, o de la defensa obligada o un medio de amenaza. Esos son los riesgos, parte del yin y del yan de cada cosa. Y las medias veladas –o si lo prefieren, de nylon- dieron lugar a que las faldas femeninas se fueran subiendo. Detalles imperceptibles.

 

            Igualmente unos van muriendo, desvaneciéndose en el tiempo –la pluma de escribir-, otros sobreviven –el estilógrafo, para el caso- y otros más, van naciendo –lápiz digital, óptico-. Recordar el bulbo que se convirtió en transistor y luego pasó al silicio. Y por donde se vea, algo murió, algo sobrevive y algo nace más moderno. Quién piensa en arquitectura que del bahareque se pasó al concreto, quién se imagina la construcción de hace mil años con los rascacielos actuales. Se volvió cotidiano.

 

            Todos estos cambios han llevado a la evolución, se han dado en el lugar y en el momento correspondiente y se fueron volviendo cotidianos a los que no se les presta mayor atención, por lo cotidiano que es y aún dentro de lo cotidiano, pasan cosas desapercibidas, cosas que van muriendo, desvaneciéndose, ocultándose de lo cotidiano, sin darnos cuenta, porque todo lo damos por sentado.

 

            Y lo peor de todo, con tanto cambio tan constante y le seguimos teniendo miedo al cambio.

 

La iluminación nunca es fácil. Resulta aterrador dejar atrás a nuestro antiguo yo que es la única forma que conocemos para vivir. Aun cuando lo familiar sea insatisfactorio, tendemos a aferramos a ello porque tememos lo desconocido.(2)

Óleo sobre papel. Espátula. JHB (D.R.A)


[1] Everyday miracles.

[2] Karen Armstrong. Buda. Una biografía.


viernes, 3 de julio de 2020

GLOBOS

Si das un pescado a un niño hambriento lo nutrirás una jornada. Si le enseñas a pescar, lo nutrirás toda la vida.

Lao Tsé.

           

            Pensaba en el hambre del mundo, en la gente que podía haber tenido y con esta pandemia pudieron acabar de perder lo poco que tenían.

 

            Pensaba en las opiniones optimistas, en las pesimistas y de las realistas o imaginativas de quienes proponen soluciones, utópicas o de red social, donde todos podemos pontificar, sin rubor y sin sustento. Estas opiniones son profundas, sobre todo cuando se trata de disponer de la plata ajena.

 

            Luego pensé que el hambre estaba amarrado a la pobreza y pensé que el problema era la pobreza, en la medida en que no puede ser regalado, porque se convierte en derecho imaginario de la pobreza y esa sí no la erradicaba ni Mandrake.

 

            Cuando un pobre cree tener un derecho que no tiene lo adquiere, lo defiende hasta con los dientes.

 

            Acostumbrarse a dar una moneda diaria a alguien, el día en que se le niegue cree que se le ha vulnerado su derecho a recibirla y la costumbre se convierte en odio, la bendición diaria se convierte en maldición, al parece por mezquindad de quien dejó de dar, sin ser su obligación.

 

            Pero sigo con mi pensamiento utópico y de quien dispone de la plata ajena. Entonces me pregunté si se redujera el gasto militar, de espionaje, los gastos inútiles del gobierno y los que lo hacen, los viajes espaciales, habría bastante plata que permitiera amortiguar la pobreza y, con ella, el hambre. Pero nada de regalar, sigo opinando que al pobre no se le puede ni debe regalar nada, debe haber contraprestación, de alguna manera, pues de lo contrario el pobre sigue exigiendo su imaginario derecho a lo regalado, convertido en obligación, igualmente imaginaria.

 

            Es cierto, lo que uno adquiere de su propio bolsillo y esfuerzo es más apreciado que cuando se lo han regalado.

 

            Como verán, no tenía nada qué escribir, pero sí mucho qué pontificar y estaba echando globos, pues es gratis y no causa rubor alguno.

 

No tenemos palabras para describir ni siquiera para imaginarnos un modo de vida en el que no haya frustración, pena, ni dolor, y que no se halle condicionado por factores que estén más allá de nuestro control.(1)

Tomado de Facebook


[1] Karen Armstrong. Buda. Una biografía.


miércoles, 1 de julio de 2020

TRES PALABRAS

            Para perder el tiempo estamos y los mejores distractores, las redes sociales. Sin embargo, a veces aparecen curiosidades, como el que me encontré. Alguien invitando a hacer un cuento de miedo utilizando solo tres palabras.

 

            Normalmente no me pongo a mirar las respuestas, sin embargo, me llamaron la atención las primeras que vi y curiosamente, según el contexto de cada una de ellas, daba para escribir efectivamente el cuento, con simples tres palabras, respetando la convocatoria. Había otros que se extendían al sobrarles una preposición, por ejemplo o se excedían al ponerlas. Esos se descartan porque no cumplen con el requerimiento, pues son solo tres palabras. Y eso me lleva a ver cómo en las redes sociales se hace una pregunta y resultan respuestas de todo tipo, generalmente las estúpidas, las que no tienen nada qué ver, la de los despistados, las de los que quieren dárselas de sapientes, las de los que no saben leer, de los que saben leer pero no entienden, de los culiprontos y de los afanados. De todo hay en la viña del señor!

 

            Tres palabras que de por sí resultan ingeniosas, muy ingeniosas si al leerlas se deja llevar el pensamiento a la situación en la que se dice, lo que le da más fuerza al cuento y, naturalmente, en este caso, genera el consiguiente miedo.

 

            Para un ejemplo, las principales que copié:

 

       De acuerdo, Luzbel.
 
Quién es él?
 
Revisaré tus cuadernos.
 
No eres tú.
 
Por dónde empiezo?
 
Revisé tu celular.
 
Coronavirus se queda.
 
No tengo plata.
 
Es muy pequeño.
 
No me llega.
 
Pase por RRHH (1)
 
No hay papel.
 
Te lo dije.
 
Préstame el auto.
 
Cuándo me paga?
 
Tenemos qué hablar.
 
Quiero saber algo…
 
Lo sé todo.
 
Voy para allá.
 
Hacemos el amor?
 
Luego te llamamos.
 
No te amo.
 
Por ahí no.
 
Me vine adentro.
 
Querida, tengo sida.
 
Positivo para covid.
 
Llegaron las facturas.
 
Ya te chingaste!
 
Empezó a toser!
 
A mi oficina!
 
No lo grabé!

 

            Algunas dan risa, pero vistas, como dije, dentro de su propio contexto, no resultan muy ruiseñas que se digan. Y si se recordaran esos sustos de uno cuando se oyeron, hoy risibles, el corrientazo que se sintió en la columna de abajo hacia arriba y la sensación que estremeció, hacen revivir ese cuento ya lejano.



[1] Válidas las siglas, me digo, al menos por el ingenio y el miedo que daba al oírlo.

Tomado de Facebook