jueves, 10 de noviembre de 2016

YO TE ABSUELVO!



cometimos, porque si uno se equivoca y el otro no corrige,
el error es de ambos (...) si uno erró y el otro corrigió,
el acierto es de ambos.  

Ensayo sobre la lucidez. Saramago

No sé por qué estuve pensando en la absolución. Ah! Es que has pecado mucho, me dice aquél perdido en mi memoria que corresponde al yo rezandero?

Para que haya absolución, se requiere de pecado anticipado, salvo que se trate de la compra de indulgencias plenarias, pues con ellas se podían ir pagando los pecados a medida que se cometieran, como si se tuviera una valera o se podían pagar de un tanganazo luego de acumular una buena variedad, he ahí el negocio.

Continúo, para que haya absolución se requiere de pecado, pero no de cualquier pecado, debe ser grave (según me encuentro en el código canónico: 960 La confesión individual e íntegra y la absolución constituyen el único modo ordinario con el que un fiel consciente de que está en pecado grave se reconcilia con Dios y con la Iglesia).

El catecismo del padre Astete, que me correspondió memorizar hablaba del pecado mortal o grave y del venial. Creo que me estoy metiendo en líos con este tema, si sigo con ese tonito y por ese camino (porque las barbaridades que estoy leyendo para ilustrarme me están dejando callado, por ejemplo la definición del mortal: es aquel que separa a la persona de la amistad con Dios o intensifica el alejamiento que la persona ya tiene respecto a Dios. Y el venial, la cosa se torna de castaño a oscuro, al decir: es una ofensa que no rompe la relación con Dios (no produce la muerte de la propia alma) pero sí la debilita.)

Definiciones en pleno siglo XXI, bajo tales circunstancias, mi condena es al fuego eterno, porque no sé cómo está mi relación con Dios, porque hace bastante que no nos hablamos, porque entiendo que para que haya conversación se necesitan mínimo dos y por ambas vías. (Menos mal que mi mamá no sabe que escribo un blog y que escribo estas barbaridades, porque esa sería otra excomunión adicional, la testamentaria…? Esa es asegurada porque soy heredero forzoso! O al menos eso creo.)

Pero antes de continuar, seguí investigando y me veo sonrojándome, de la piedra o de las barbaridades que leo, en pleno siglo XXI, porque si hubiera sido en mis primeros años de vida en el siglo XX naturalmente los hubiera recitado como decía el padre Astete[1], somos cristianos por la gracia de Dios. Que siempre me quedó la duda de qué era cristiano, por qué por la gracia de Dios y por qué no se podían hacer otras preguntas, sino limitarse a recitar como loro esa respuesta y eso que se trataba de la primera pregunta del catecismo que decía, según conservo memoria fotográfica para tales efectos, Somos cristianos? Sí, somos cristianos por la gracia de Dios (el sí había que decirlo con berraquera, como el afirmativo de los soldados, pues de lo contrario no era respuesta aceptada[2]).

Está bien, retomo, para que haya absolución se requiere de pecado y para librarse de él se requiere de un acto de contrición.

La contrición me lleva al siguiente pensar. Estar contrito (arrepentido, penitente, lloroso, suplicante, pesaroso, sentido, dolido, afligido, apesadumbrado, entre otros), así resumo el discurso que me tocaba escribir al respecto.

Entonces concreto, con el siguiente orden: pecado, arrepentimiento, absolución. Y me acabo de acordar de por qué andaba pensando en el Yo te absuelvo. Nada tenía que ver con la religión ni iglesias (qué pérdida de tiempo y todo por su mala leche, oigo decir a ese rezandero que hay en mí y me toca recordar la frase ya antes citada: Ignoro si Dios existe, pero no quiero contrariar su voluntad ni las señales que envía.)

            En efecto, nada tenía que ver con el aspecto religioso. Vino a mi memoria la costumbre judicial de altos tribunales que al condenar a una entidad dispone que pida perdón por sus actos a las víctimas, casi veinte años después de sucedidos los hechos, y al que le toca disculparse, lo hace de afán, sin saber la razón precisa por la que  condenaron a la entidad y es un acto, para mí, de lo más despreciable. Una persona que no tiene idea del pecado, que por eso mismo no se arrepiente ni siquiera por lo hecho por sus antecesores y que debe hacer esa contrición para obtener la absolución! Se trata de una situación odiosa, como odioso es el acto en que se realiza, generalmente leyendo un texto lo más impersonal del mundo. No sé cómo las víctimas acuden a esas farsas.

            Y eso me lleva al otro acto de contrición que a leguas se veía, que se tenía el pecado, porque había sido cometido por los asistentes involucrados, no se vio ninguna cara contrita (arrepentida, penitente, llorosa, suplicante, pesarosa, sentida, dolida, afligida o apesadumbrada), de un discurso leído a la carrera y sin señal alguna de arrepentimiento. Ese fue otro sapo que me tocó tragarme al votar por el sí.

            A estas últimas absoluciones eran a las que me quería referir cuando tenía el título y no el contenido, pero al menos logré corregir mi camino en el último momento.

Ser dios, en resumidas cuentas,
exige más virtudes que ser emperador.

M. Yourcenar. Memorias de Adriano




[1] Por casualidad lo busqué y me encontré esta edición de 1845, que confieso nunca conocí, al parecer venía con explicaciones http://www.banrepcultural.org/sites/default/files/86990/brblaa124019.pdf, aunque no me explico cómo el mío no lo traía. Se limitaba a preguntas y respuestas, sin explicación. Ese es mi recuerdo, de infancia, naturalmente. Y lo recuerdo tanto que mi mamá era la que nos tomaba la lección, ella hacía la pregunta y uno contestaba. Qué tortura! Y no lo sabía pero don Gaspar Astete, naturalmente jesuita y español que murió en 1601, qué horror, con razón sobreviví!  En efecto, había un catecismo que eran solo preguntas y respuestas, si la curiosidad los lleva, pueden ver http://www.banrepcultural.org/node/32489 y pueden verificar todas las horas perdidas tratando de aprendérmelo, creo que desgasté muy buena parte de mi cerebro grabando tanta barbaridad!
[2] Aclaro que me formé con las monjas Siervas de San José, que regentaban la primaria en San Bartolomé la Merced, igualmente españolas. Por tanto, mis primeros años de estudio siempre bajo la sombra religiosa, me hubiera gustado ser cura, pero creo que yo mismo me di cuenta de antemano que para esas cosas no iba a funcionar. Para qué desilusionar a los ancianos?

martes, 8 de noviembre de 2016

QUÉ TAN SINCERO PUEDE SER UNO CON UNO MISMO?


Quien no vive como piensa
acaba pensando como vive.

San Ignacio de Loyola

Me asaltó una pregunta tal vez indiscreta, bastante imprudente, inequívocamente inapropiada para aquel quisquilloso que hace parte de nosotros y que con su orgullo se ha aposentado como el definidor de lo que somos y lo que no somos.  Supongo que es el mismo al que le pusieron por alias ego, al descubrir que tenemos una variedad muy grande de personalidades. Pero me centro en la pregunta.

Qué tan sincero puede ser uno con uno mismo?

Buena pregunta que me metió en líos, naturalmente que conmigo mismo. Y como todo es relativo, todo depende, depende de quien responda, depende de quien haga la pregunta, todo depende de.

Sincero. Siendo simplista, sincero es ser sin cero, sin nada, sin calificativos, sin grandilocuentes respuestas, sin cero a la derecha, ni a la izquierda, que es el que no vale para nada, aunque de una generación para acá el cero, que no vale nada a su izquierda se entronizó en documentos como si valiera mucho, le dieron una personalidad inexistente, la repitieron tantas veces, que se volvió existente, como si fuera una verdad, aunque el único que tiene realidad y personalidad es el 007, aunque es agente secreto y espía, por si no lo sabía.

Me devié, sí, pero valió la pena.

Sincero: “que habla o actúa con sinceridad”. Ahhhh! Entonces “sinceridad. Del lat. sincerĭtas, -ātis. 1. f. Sencillez, veracidad, modo de expresarse o de comportarse libre de fingimiento.” Es decir, lo contrario a fingimiento “2. m. Simulación, engaño o apariencia con que se intenta hacer que algo parezca distinto de lo que es.”

Nos creemos santos, nos creemos honrados, nos creemos… pero sí lo somos? qué tanto lo somos? Y cuando nos vemos afectados por habladurías ajenas, saltamos automáticamente para dejar bien claro que somos lo que decimos que somos. Sinceros? Nooo, con muchos ceros! En efecto, como nuestra reputación (bonita palabra para definir lo que realmente somos!), decía, antes de interrumpirme, que como nuestra reputación está en juego, brincamos en defensa de nosotros mismos, pero de palabras para afuera. Son mecanismos de defensa, explican los que saben; atávicos, agregan los otros, porque para defendernos tenemos fuerzas, fuerza en la lengua, en el empujón, en los puños. Y con razones, si se quiere y en todo caso, nuestra sinceridad de nosotros mismos queda defendida ante los demás y digo defendida, que los demás lo tengan claro y bien claro, porque la siguiente vez habrá más fuerza, en la lengua, en el empujón, en la explicación. A todos les quedó claro. Pero claro! La mayoría no lo creyó, otros pusieron aquella risita insoportable, muy pocos cayeron, alguno que otro creyó en el argumento (de la lengua, del empujón, de la explicación). Con él es mejor no meterse, es un cascarrabias, parecieran concluir todos.

Dejemos aparte esa sinceridad que es más fingimiento de boca para afuera. Con la edad se vuelve experto uno en defender esa sinceridad social de fingimiento, igualmente social.

Pero, lo que es más importante, una vez la sociedad le empieza a uno a importar un carajo, es qué tan sincero es uno con uno mismo? Pareciera de fácil respuesta y puede serlo si uno está acostumbrado a fingirle a uno mismo.

Ante cualquier situación que requiere explicación, que requiere excusa, cuando uno está en su propia intimidad, así como ocurre con explicación a terceros, porque en este caso pareciera que uno mismo fuera tercero, es explicación de excusa, excusando la conducta, desplazando responsabilidad y de esa manera poder dormir tranquilo, alejando la intranquilidad generada, todo con el fin de aplacar esa parte de nosotros que nos juzga, sin mucho rigor a decir verdad, pero que intranquiliza. Para tranquilizarla, lo mejor es fingir, como lo hacemos con los demás. Uyyyy sí, que cagada, pero fue que… le explicamos al juzgador y así todos dormimos tranquilos, o eso aparentamos o eso esperamos, porque en cualquier momento la pesadilla puede resurgir y así el miedo queda latente. Fuimos sinceros con fingimiento, pero no logramos convencer, siempre está por ahí esa sonrisita socarrona que cualquier hijueputica tiene lista para burlarse y demostrar que no creyeron, que no cayeron y que eso les hace mejor que la excusa ofrecida. Y no me refiero propiamente a la persona que así procede, sino a aquel otro que habita en nosotros y que no se comió el cuento.

Entonces vuelve la pregunta: qué tan sinceros somos con nosotros mismos?

El que busca la verdad
corre el riesgo de encontrarla.

 Isabel Allende


lunes, 31 de octubre de 2016

CÓMO SE HACE PARA CAMBIAR A ALGUIEN?



Las personas no son lo que tu quieres.
Buda

Una pregunta, de esas que no tienen respuesta ni mediata ni inmediata, de esas que a veces es mejor dejar pasar, de esas que es mejor no preguntar, por las mismas consecuencias que siempre tienen las respuestas a una pregunta retórica[1] de la que precisamente, no se quiere respuesta, porque de antemano ella misma lo es.

Sin embargo, la respuesta es simple: no hay forma para cambiar a una persona, una persona no cambia, si no quiere cambiar ella misma no hay poder humano para que cambie por ella misma. Parece respuesta de filósofo decaído, pero así puede ser, si se mira desde el mejor simplismo, tan simple como la misma pregunta.

Y eso me llevó a pensar que uno no puede cambiar a nadie, pero la contrapartida es que uno sí puede cambiar, uno puede cambiarse, modificarse, traslaparse, aún escudarse, ocultarse y dejarse de mirar, para evadir precisamente al cambio.

Uno mismo puede hacerlo en cuanto tenga voluntad para hacerlo, sea porque alguien lo recomendó, lo suplicó o lo ordenó, sea porque uno se cansó, porque los demás lo hicieron, sea por lo que sea. Es la vida del sometimiento a la vida misma.

Hoy se dirá que es el cambio del chip, como dijo Juan Pablo que le dijo la mamá al oír su eterno discurso. Pero hablar de chip es hablar de computación, de entrar en la máquina y quitar, modificar, ocultar o traslapar una parte de ella. Por eso mismo, es entrar en el cerebro, buscar y rebuscar el chip que lo interrumpe todo, que impide el todo; es auscultar, dejar de consentir, dejarse pervertir, modificar la conducta, cambiar de chip. Es afirmar la negación, negar la afirmación, obligar al cerebro a redescubrirse, que no debe haber penas ni rubores, porque son uno mismo, es obligarlo a cambiar el aceite porque ya se puso demasiado denso con el tiempo pasado, por la crítica constante, por el aburrimiento redundante.

Es ser capaz de dejar el vicio, aunque es bastante difícil dejarlo, porque vicio es vicio y es el único círculo que es vicioso, por eso hay que obligarlo a cambiar de chip, a cambiar de pensamiento, a cambiar de actuar, es obligarlo a dejar de hacer lo que ya sabe hacer y es enseñarle a hacer lo que aún no sabe hacer, a pesar de que sabe cómo se hace, intuye el mejoramiento, si es que ese es el fin.

Para ello se inventaron los trucos que, como parte de la magia, hace que desaparezcan viejas y caducas costumbres. Reafirmarse en la afirmación, volver positivo lo negativo, negarse a dejar entrar los viejos pensamientos recién barridos, hasta que se conviertan en la basura que hay que dejar en el olvido definitivo.

Querer es poder, dicen. Pero no es tan fácil, por eso es que hay que hacerle la repetición a la repetidera, hasta que el cerebro se acostumbre a lo nuevo, lo vea y saboree como costumbre y permanezca en ella, como si él así lo hubiera decidido, de un momento a otro. Un distractor, eso es lo que se requiere para evitar que los fantasmas de la imaginación hagan de las suyas, es eliminar el jalogüin de la mente y permitir el cambio, el permanente cambio, para salir de la rutina, de la costumbre, enfrentarse a novedades, a curiosidades, a nuevas locuras, hasta cuando hay que decirles adiós.

Así se puede cambiar uno a uno mismo, repitiendo permanentemente Sólo por hoy, porque el hoy es eterno.

Pero quedó una verdad oculta, alguien lo pensó pero esperó a ver si lo olvidaba. Desde el comienzo me di cuenta que uno sí puede cambiar a una persona. Por ello, como defensa, como venganza, por todo o por nada, la vida nos dio una palabra para no olvidar. Manipular. Y sí, a través de la manipulación podemos hacer cambiar a una persona, podemos cambiarla, modelarla, manipularla. Con conciencia, con inconciencia, con indiferencia, como quiera que se le quiera ver.

Y somos manipuladores desde siempre y según nuestra conveniencia. Mi vida tu deberás… Oye, por qué no cambias, si eso se te ve tan… No sería mejor que hicieras… Si no cambia de actitud es mejor que renuncie. Si no cambia, no vuelva! Qué tal si… Qué tal si no… Y así, sin querer queriendo vamos obligando, sometiendo, alterando, haciendo a imagen y semejanza, pero nunca igualando, porque el sometimiento es sometimiento y la imagen y semejanza tiene sus propios límites, nuestros propios límites.

Entonces, será que uno puede cambiar? Será que lo puedo cambiar? Y yo qué voy a saber si a duras penas me logro entender, pero hay que confesar, no hay como manipular, así sea la licuadora! No es cierto mi amor?

Las cosas no cambian; cambiamos nosotros.
 Henry David Thoureau.





[1] En retórica, la interrogación retórica, pregunta retórica o erotema es, dentro de las figuras literarias, una de las figuras de diálogo. Se trata de una pregunta que se formula sin esperar respuesta, con la finalidad de reforzar o reafirmar el propio punto de vista, dando por hecho que el interlocutor está de acuerdo. Wikipedia

Foto: JHB (D.R.A.)

viernes, 28 de octubre de 2016

CÓMO RETENER EL TIEMPO?



No sabía, de tristezas, ni de lágrimas
Ni nada, que me hicieran llorar
Yo sabía de cariño, de ternura
Porque a mí desde pequeño
Eso me enseño mamá, eso me enseño mamá
Eso y muchas cosas más
Yo jamás sufrí, yo jamás lloré
Yo era muy feliz, yo viví­a muy bien
Yo vivía tan distinto, algo hermoso
Algo divino, lleno de felicidad
Yo sabía de alegrías, la belleza de la vida
Pero no de soledad, pero no de soledad
De eso y muchas cosas más
Yo jamás sufrí, yo jamás lloré
Yo era muy feliz, o vivía muy bien
Hasta que te conocí…

Juan Gabriel. In memoriam(1)!

Una pregunta hecha a manera de afirmación que me llamó la atención.

Si supiera de física cuántica, me imaginé, como si lo supiera digo, tomando al tiempo en mis manos y aprisionándolo trato de comprimirlo para ser guardado y resguardado como mi tesoro escondido, manteniéndolo bajo mi control e impidiendo que se escape cualquier segundo, porque podría ser un segundo importante que no podría ni debería escapar, porque puede ser el resultado de un recuerdo que ha de ser inolvidable.

Buscaría la forma de encontrar los mejores momentos de mi vida para ir juntándolos, uniéndolos y entretejiéndolos entre ellos para formar una historia que pudiera hacer sonreír sin ningún sesgo de tristeza.

Buscaría en la memoria infinita y olvidada aquellos recuerdos plácidos que desconozco, desde la misma tranquilidad de la placenta que supongo me albergó agraciadamente hasta verme ya en el colegio hacia los seis años que son los primeros recuerdos que el esfuerzo me ha permitido recuperar.

Me remontaría en búsqueda de tantos gratos momentos pasados a lo largo de mi vida que hoy, ya difusos, se esconden en recovecos de mi memoria lindante a mi imaginación lo que impide que les vea como fueron, como debieron ser y que hoy sólo los veo como mi imaginación quiere verlos, cuando los puedo ver, cuando se asoman libremente en el área imaginada.

            Si fuera dable, como parece ser la cuántica, me iría a mis orígenes, no los de esta vida sino de las otras, ya pasadas, que dicen que existen, en donde se supone que yo existí, porque presumo que también nací cuando nació el tiempo, no soy concepción espontánea divina, como no lo fui al entrar en esta vida. Así me vería entonces evolucionando, si creo en la promesa darwiniana y de bacteria a sapo y de allí a quién sabe qué, hasta transformarme, por obra de quién sabe qué, en un mico para pasar a gorila y terminar en las cavernas mirando sus paredes para saber si ese de allí, soy yo.

            Pero tal vez sea mejor dejar el ejercicio sólo para esta vida, que con ella es suficiente, tan solo de pensar que han pasado seis lustros, que si se traducen a segundos vividos sería tanto como… dado que no soy buen matemático y la cuántica me toca imaginarla, se me ocurrió preguntarle al doctor Google cuántos tenía un año y me respondió que 3.154e+7, que debo multiplicar por sesenta (más diez meses y catorce días y nosecuantos segundos para este momento) y agregarle los nueve meses de emoción, no mía, sino ajena, teniendo en cuenta si el año es o no bisiesto y demás pormenores que no vienen al caso, pero previsto, y la suma da un número impronunciable, porque ha de contener una e que no sé qué traduce.

            Y se preguntarán, por qué eligió calcular las cosas en segundos? Porque lo que quiero recoger son momentos, son instantes y lo que más se asemeja a ellos, son los segundos vividos, porque el recuerdo habla es de momentos, de un primer premio, de un beso, de un ascenso y hasta de un buen polvo. Esos recuerdos no son eternidades, son instantes, vaporosos, imaginarios, instantáneos.

            Pero también se preguntarán: y como para qué retener el tiempo? Esa pregunta me la acabo de hacer y efectivamente, como para qué retener el tiempo? Lo saludable no es olvidar el ayer y vivir el presente? Eso dicen, pero quién mejor que yo para hacerse preguntas incoherentes, irrespetuosas, irreverentes?

            Pero sí, como para qué retener el tiempo, me vuelvo a preguntar y la respuesta ni siquiera asoma. Lo que fue, fue, qué más da, aquí estoy, eso soy, nada de lo pasado puedo cambiar, nadie lo puede hacer, ni siquiera el gran hacedor, porque efectivamente lo que fue, fue y para qué repetir experiencia, si cada una es diferente a la otra, ninguna es la misma, así se trate de un beso, de un ascenso o de un buen polvo.

            Una pregunta hecha a manera de afirmación que me llamó la atención y me hizo pasar el tiempo.

Los (hombres) tienen un juicio limitado
porque mi­den el tiempo en relación consigo mismos.


Marlo Morgan. Las voces del desierto.


[1] O si la prefieren oír, mientras leen: https://www.youtube.com/watch?v=ga5Bo4YdgH4

Foto: JHB (D.R.A.)

miércoles, 26 de octubre de 2016

TRIBUTOS, PA’ BRUTOS Y POR BRUTOS!



Lo dijo el desobediente Thoreau[1],
que estuvo en la cárcel por no pagar ciertos impuestos,
que cuando el gobierno “me dice la bolsa o la vida
¿por qué tengo yo que correr a darle mi dinero?”[2]

Y aprovechemos y hablamos también del otro concepto, estado, con o sin mayúscula hoy por hoy da lo mismo, le perdimos el respeto. Por eso es que para recuperar ese respeto parece que a través del miedo están buscando respetabilidad. Y como anda de moda, el desprestigio va acompañado con otro concepto: impuestos[3].

El arte de los impuestos consiste en desplumar al ganso de forma tal que se obtenga la mayor cantidad de plumas con el menor número de graznidos posible”, y la desplumada que se viene con los impuestos hará chillar mucho a los pobres, no a los ricos, como lo prometió alguna vez el presidente Santos. (…) Y es que el ruido de los graznidos los busca acallar el Gobierno con chantajes, como el cuento de que si esta reforma no se aprueba, las calificadoras de riesgo quitarán a Colombia su actual grado de inversión, degradando a nivel de basura sus títulos de deuda pública en el mercado nacional e internacional, algo similar al miedo inculcado con el plebiscito que perdió, según el cual si ganaba el No, el país entraría en guerra al día siguiente. (…) Disfrazar con mentiras la falta de argumentos técnicos, para justificar la regresiva estrategia de subir los impuestos a los que viven de un sueldo, para así poder bajárselos a los que viven de sus rentas capitalistas, muestra un Gobierno alejado de la realidad social y que parte de la falsa premisa según la cual la salud de la economía de mercado se basa en mantener felices a los dueños del capital, a costa de castigar a los trabajadores.(…) Amenazar al ganso con las muy desprestigiadas calificadoras del riesgo internacional es equivocado, pero definitivamente deja claro que, antes que técnico, el debate de los impuestos es ante todo político.

Y eso me preguntaba, si no suben los impuestos no hay calificación de riesgo? Y qué? Por qué arrodillarse ante ellas? Nada más recordar que Morgan no era precisamente tan honorable para estar sometidos a ellos, su calificadora si no recuerdo mal fue descalificada por fraude. Que el costo país es gravísimo? Y qué? Que lo ordena el FMI. Y qué? (acaso la directora de ese fondo no está investigada por corrupción?) Creo que la idea no es endeudarse sino vivir con lo que se tiene. Que el endeudamiento del país se viene abajo? Y? Sencillo no nos endeudemos. Y cómo? Como dice el simplista del Juan: acaben con las corbatas politiqueras –me consta que se contrata uno y tres ayudantes más para que el uno verifique lo que haga el otro y ni modo de decirle lo contrario a la palanca-. Acaben con la corrupción, decreten la pena de muerte, de ser el caso o bájenlas a su justa proporción, como indicaba Turbay Ayala. Todos esos conceptos que nos meten son simples distractores, porque el concepto miedo fue otro que se entronizó para que los débiles se hagan fuertes a través de él mismo.

Es cierto que la única forma de alimentar al monstruo llamado estado es con los impuestos y por qué no rediseñar ese estado a su justa proporción? Ya no estamos en el siglo XIX, para qué tener un congreso con dos cámaras? Antiguamente el senado estaba diseñado para que allí estuvieran los mejores, los de la plata y los ancianos; la cámara, para que el pueblo, lo popular tuviera su representación. Hoy sobran los segundos y son demasiados y en ambos casos, igual de corruptos, politiqueros, mentirosos y que, si se ve bien, no hacen nada. Los proyectos por iniciativa propia son ínfimos (a duras penas los que dicen que la nación se asocia para celebrar un natalicio, una fundación o cualquier sesquicentenario que conlleva unos recursitos pa’l pueblo de donde es el… iba a decir tarado, digo congresista respectivo). Más del 90% de proyectos provienen del gobierno y cuadran la aprobación con la ahora llamada mermelada. En la misma medida, para qué sirven concejos y asambleas? La misma corrupción, la misma ineficiencia, la misma burocracia.

Si alguien hiciera cuentas se llevaría una sorpresa saber cuánto cuesta hoy cada uno de esos vagabundos (porque además de sueldo y prestaciones sociales, pasajes y almuerzos, hay que incluir la célula o unidad legislativa que son diez corbatas más, -nombradas con aquello de que tu nombras a mi tía y yo, en la mía, meto a tu hija-, más chofer, secretarias y guardaespaldas, cuando es muy importante o se las da de). Y hay siete comisiones constitucionales y seis legales, por lo que agreguémosle los secretarios que hay en despachos de cada uno más los de comisiones, más la parte administrativa que en el senado tiene diecisiete oficinas; en la sola secretaría general hay dieciséis dependencias más, -mínimo con cuatro cristianos-, más el secretario del secretario del secretario, si se han dado cuenta de las sesiones cuando se reparten el trabajo de arriba abajo. Y solo hablé de senado que tiene 102 senadores; la cámara 166 y multipliquen por los mismos.

Y como para dar una guía, en Wikipedia me encontré esta joya:

En 2015 el salario de un congresista colombiano ascendía a $25.915.432. En 2013 el Gobierno colombiano añadió una prima especial de servicios de $7.898.445 mensuales adicional al salario de los congresistas. Esta prima especial sustituye las primas de salud, y de localización y vivienda; pero se considera para liquidar la prima de servicios y la prima de navidad. Los congresistas tienen beneficios como primas de salud, localización y vivienda, prima de servicios y de navidad; además de tiquetes, plan de celular, vehículos, entre otros.   El salario asignado equivale a alrededor de 40,8 salarios mínimos de los colombianos con respecto al 2013. En contraste, a un senador de un país desarrollado como Estados Unidos le es asignado un salario de aproximadamente 10,4 salarios mínimos de ése país. También cabe resaltar que a los senadores colombianos se le asigna un salario equivalente a alrededor de 14 veces el PIB (PPA) per cápita colombiano, comparado con un equivalente de aproximadamente 3,3 en el caso de los senadores de Estados Unidos.

            A quienes les gusta las matemáticas, las estadísticas y en general la curiosidad numérica podrían hacer cuentas y saber si se elimina la cámara y la mitad del senado, porque 50 son suficientes –por aquello de tener una democracia participativa, no más-, cuánta plata al año se ahorraría? (sin tener en cuenta los costos de equipos de oficina, mantenimiento, tintos, etc. etc.) Solo con esto, no habría necesidad de subir los impuestos. Sin hacer operaciones lo sé –por simplismo o por facilismo-. Ah! Olvidaba y que todos esos declararan renta y pagaran  como el resto los consabidos impuestos.

            Para no aburrir y no terminar haciendo un tratado, imagínense el resto de monstruo estatal a nivel nacional, departamental y municipal si se recortara a su justa proporción incluyendo todas las ías que se han inventado en el tiempo (registraduría, procuraduría, contraloría, personería, auditoría, etc. etc.). El ahorro sería muy grande y la carga impositiva para el que realmente paga, no sería tan alta. Digo yo, dentro de mi simplismo.

            Que recuerde había unos impuestos que fueron creados transitoriamente y como tales llevan más de veinte años (impuesto de guerra, dos por mil que pasó a cuatro por mil, etc. etc.). Si acabamos la guerra, el impuesto de guerra por sustracción de materia desaparecería. Se acabó la guerra ya no se requiere tanta inversión en guerra, se requeriría para la paz, por lo que es cambiar la destinación de guerra a actividades de paz (salud, agro, educación, digo yo, en mi simplismo).

            Y deberían clavarse a los que tienen plata, no a los vaciados, que no podemos evadir, porque no tenemos, así de simple. 

Y continúo en palabras ajenas[4]

Y en el caso de nosotros, los que compramos en tiendas de barrio o en supermercados, nosotros, los de la clase media, los que cada vez nos acercamos más a la extinción, en un país en el que cada día hay más pobres, sin ninguna vergüenza para los gobernantes, por qué (me uno a la voz del escritor estadounidense) nos tienen que desplumar, sobre todo porque lo manda el Fondo Monetario Internacional.
Por qué razón, cuando el gobierno presenta un proyecto regresivo y antipopular de reforma tributaria, tenemos todos, bueno, los que más padecemos con su cobro, digo de nuevo, clase media y “pobretariado”, ¿por qué habría que aceptar así no más las trampas de un gobierno que pone los acuerdos de paz como señuelo y mampara para disimular su ataque desaforado contra los más necesitados?(…)
Es, sin duda, una reforma retardataria porque no obra con equidad: es decir, a los multimillonarios y demás deberían cobrarles más, y disminuir los aportes de las clases medias y populares, siempre en la vorágine de las desventuras promovidas por el neoliberalismo y un estado de cosas en el que, cada día, la pobreza y otras desdichas asedian a los menos pudientes. La reforma, según se ve, quiere corregir los líos deficitarios en la balanza de pagos, producto del modelo económico vigente y de los leoninos tratados de libre comercio. (…)
La reforma golpeará los presupuestos de las mayorías con el alza del IVA del dieciséis al diecinueve por ciento, y con el tributo que se pretende cobrar a tenderos y pequeños comerciantes. Con este atentado a las clases medias y populares, la gente no tendría por qué seguir siendo sumisa y debiera declararse, como lo hizo Thoreau en la primera mitad del siglo XIX en Estados Unidos, en desobediencia civil. A las marchas en favor de la paz deben sumarse los descontentos masivos contra la reforma tributaria.
Por estos días, analistas han recordado al ministro de comercio y finanzas del Rey Sol, el absolutista Luis XIV: Jean-Baptiste Colbert, un experto en el aumento de impuestos en Francia. El protegido de Mazarino decía que la gracia de las reformas tributarias era la de desplumar vivo al ganso sin que chillara demasiado.

            Y el gobierno hablando de reforma estructural. Si fuera estructural reestructurarían la burocracia, tomarían atenta nota de lo dicho y se enfocarían en lo fundamental, que llamaba Álvaro Gómez. Pero no, lo importante para un gobierno actual es meter miedo (que si no hay reforma se cae el país, pues que se caiga, digo yo, que luego tendrá que levantarse y releerse!), es hablar en términos estrambóticos para que los ignorantes como yo no podamos opinar en ignorancia (monotributo, impuesto verde, determinación cedular, y no prosigo para no enredarme más), pues sólo los sabios entendidos tienen el alcance de leer el alcance de la reforma. Y creo que está calculado por qué se presentó ahora la reforma, porque las sesiones que quedan son cortas, ya entramos para diciembre y el pupitrazo con mermelada va a conducir a una clavada al contribuyente que no tiene con qué y sin vaselina. Aunque les va a costar un poco convencer porque aún está Robledo y Claudia López, que los harán sufrir un rato.

            Me llama la atención por último que un simplista como yo, tenga mejores ideas que esos genios de la comisión de expertos. Si viviera mi papá diría: bueno, éste no me salió tan bruto! Y desde los Ministerios oigo decir: Mucho indio pa’ bruto!

Las matemáticas no mienten,

lo que hay son muchos matemáticos mentirosos.

 

Henry David Thoreau


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Imagen: https://objetivismo.org/impuestos/



[1] Henry David Thoreau (12 de julio de 1817 - 6 de mayo de 1862) fue un escritor, poeta y filósofo estadounidense, de tendencia trascendentalista y origen puritano, autor de Walden y La desobediencia civil. Thoreau fue agrimensor, naturalista, conferenciante y fabricante de lápices. Uno de los padres fundadores de la literatura estadounidense, es también el conceptualizador de las prácticas de desobediencia civil.  Wikipedia.

[2] Reinaldo Spitaletta. Cómo desplumar al ganso sin que chille. http://www.elespectador.com/opinion/desplumar-al-ganso-sin-chille.

[3] José Roberto Acosta. Falacias para desplumar el ganso. http://www.elespectador.com/opinion/falacias-desplumar-el-ganso
[4] Spitaletta. Artículo citado.