miércoles, 29 de junio de 2016

CONVERSACIONES DE VIEJOS

Creo que tuve un sueño, en el que varios personajes estaban reunidos en un cafetín del centro. Era una colección de vejetez, el más joven, yo, creo. Estaba Saramago, García Márquez, Gary Jennings, Oriana Fallaci, la Yourcenar, Mika Waltari, Gore Vidal, Kundera y hasta Aleida, entre otros varios (pueden consultar los pies de página, para verificar el autor de cada una de las frases). Casi todos ellos muertos en esta vida. En mi sueño, todos ellos gozaban de sana salud. Y empezaban una conversación, que dentro de mis recuerdos, era la siguiente:

- Hoy hablemos de muerte y vejez, ya que estamos todos reunidos y reunimos requisitos. Ya no somos jovencitos y es hora de empezar a pensar en nuestro porvenir.
 - Es verdad, “La edad se empieza a volver relativa cuando empieza uno a volverse viejo”[1].
 -  Para deprimirlos, les recuerdo que “Nací de mi madre para empezar a morir”[2].
-  Y yo recuerdo que mi madre me contaba que cuando nací “Habían venido a ver al recién nacido. Cada uno de ellos, inclinándose hacia mí, dijo el saludo tradicional: ‘Has venido a sufrir. A sufrir y a perseverar’.”[3]
-  Viéndolos a ustedes solo recuerdo que “Es una verdad grande y sublime que el hombre no comprenda la vida más que durante los días de su vejez, cuando la vida huye y no le ocurre ya nada.”[4]
-  Aunque ya parecen todos unos ancianos quejándose de la juventud ida, eso es cierto, “Un hombre es un hombre, y un hombre está hecho de generosidades y egoísmos, de coraje y de debilidades, de coherencias e incoherencias: si una mitad de ti esperaba que no sucediera, la otra mitad lo deseaba hasta el espasmo.”[5]
-  Tienes toda la razón, por eso “El hombre no debería ser nunca demasiado dichoso.”[6]
- Ya empezaste con tus comentarios, no sé si decir pesimistas o depresivos, pero venenosos como los que acostumbra Juan.
- Ni lo uno, ni lo otro, recuerda que “La costumbre es la más infame de las enfermedades porque te hace aceptar cualquier desgracia, cualquier dolor, cualquier muerte. Por costumbre se vive junto a personas odiosas, se aprende a llevar cadenas, a padecer injusticias y a sufrir, se resigna uno al dolor, a la soledad, a todo. La costumbre es el más despiadado de los venenos porque penetra en nosotros lenta y silenciosamente, y crece poco a poco nutriéndose de nuestra inconsciencia. Cuando descubrimos que la tenemos encima, cada una de nuestras fibras está adaptada, cada gesto se ha condicionado, y ya no existe medicina que pueda curarnos.”[7]
- Por eso creo yo que “El corazón humano es tan insensato que deposita su confianza en el porvenir y la esperanza, sin aprender nada de sus errores, e imaginando que el mañana será mejor que la víspera”[8].
- En efecto, Todo aplazamiento es triste cuando sabes que es un aplazamiento.”[9]
- Oyéndolos, creo que “He llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada. Decir que mis días están contados no tiene sentido; así fue siempre; así es para todos”[10].
- Puedes tener razón, pero recuerda que “Tener razón demasiado pronto es lo mismo que equivocarse.”[11]
- Ya me salieron con viejas sabidurías, olvidando que “los sabios lo saben todo, pero no todo.”[12] Y volviendo al cuento, creo que “La verdad es que los primeros cambios son tan lentos que apenas si se notan, y uno sigue viéndose desde dentro como había sido siempre, pero los otros los advierten desde afuera”[13].
- Como lo dije, no se debe olvidar que es una ley divina que “La vida humana es trágica; termina en el dolor y en la muerte.”[14]
- En efecto, “La vida humana acontece sólo una vez y por eso nunca podremos averiguar cuáles de nuestras decisiones fueron correctas y cuáles fueron incorrectas. En la situación dada sólo hemos podido decidir una vez y no nos ha sido dada una segunda, una tercera, una cuarta vida para comparar las distintas decisiones”[15] Y así es, porque “El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla”[16].
- Si no se puede comparar y menos comprar, es tanto como preguntar, para efectos de la vida “Qué precio tiene algo que no tiene precio?”[17]
- Un momento, en esta cuestión “La pregunta, aparte de innecesaria, era, cómo diremos, un poquito desleal, en primer lugar porque saber, eso que se llama saber, siempre se sabe algo, incluso cuando no sirve para nada”[18].
- Pero olvidas que “Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.”[19]
- Debes tener en cuenta que “El mañana nunca muere”[20].
- Creo que ya nos estamos metiendo en honduras y saben cómo terminamos cuando nos dejamos tentar.
- Por mi parte, debo reclamar, en tal caso, “Como escribe Eurípides, ‘un esclavo es aquel que no puede expresar su pensamiento’.”[21]
- Recuerden antes de comenzar, el proverbio siciliano “Sólo los verdaderos amigos nos dicen que tenemos la cara sucia”.  
- Y tú, no dices nada?
- He aprendido como dice el proverbio hindú, ya que estamos en proverbios, que “Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”. Ergo…
- Ahí está pintado y conociéndote: “Es más fácil variar el curso de un río que el carácter de un hombre” según dice el proverbio chino. 
- Ya dejémonos de puyas y continuemos… 
- En ese caso y retomando, “No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación de un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuaderno”[22].
- Ese es un gran problema, porque “Se comprende siempre después, puesto que comprender a tiempo sirve para obstaculizar el destino ya escrito”[23].
- Hoy estás especialmente inspirado.
- “la inspiración no avisa, le dije.
- Pero tal vez espera, dijo ella”[24] y por ello no debes sonrojarte.
- “Maldita sea, pensé, qué desleal es el rubor”[25].
- No olvides que particularmente a nuestra edad “La memoria es creativa y selectiva, borra recuerdos y otros los falsifica”[26].
- Y por eso y precisamente a nuestra edad cometemos tantos errores.
- Ojo, “cometimos, porque si uno se equivoca y el otro no corrige, el error es de ambos (...) si uno erró y el otro corrigió, el acierto es de ambos.”[27]
- Ya me salió general, tratando de empatar hasta en estas, recuerda que no “Todo es tan sencillo cuando uno no decide nada y se limita a obedecer”[28].
- La que no ganas la empatas, aún en sueños.
- “Sería mucho mejor que no necesitáramos del sueño para estar en paz”[29]
-  Buena sentencia, se te anota.
-  “el sueño es un prestidigitador hábil, muda las proporciones de las cosas y sus distancias, separa a las personas y ellas están juntas, las reúne, y casi no se ven una a otra”[30]
- Retomemos, íbamos en que solo se vive una vez… me atreví a intervenir.
- “Si, a tu edad esperan muchas clases de vida. Puedes ir en la dirección que escojas. Puedes ir solo o acompañado. Los compañeros quizás caminarán contigo una distancia larga o corta. Pero al final de tu vida, no importa cuán llenos hayan estado tus caminos y tus días, habrás tenido que aprender lo que todos aprenden. Será entonces demasiado tarde para comenzar de nuevo, demasiado tarde para todo, excepto el remordimiento. Así es que apréndelo en este momento. Ningún hombre ha vivido jamás más que una vida y ésa ha sido escogida por él mismo y la mayor parte la vive solo”[31].
- O como dijiste en uno de tus libros: “Crecemos y miramos hacia abajo, envejecemos y miramos hacia atrás”[32]. Muy buena definición, se te anota.
- Gracias, “Los amigos no necesitan papeles en los que se digan que lo son”[33].
- Y tu, que no has modulado palabra, qué opinas?
- Si hablamos de la muerte “Cómo puede usted tratar de medir la muerte, cuando es una entidad que no se puede evitar? ¿Cómo puede usted multiplicar una nadería por cualquier número conocido en aritmética? Cuando un solo hombre muere, es como si todo el universo viviente dejara de existir, en cuanto a lo que él concierne. Asimismo, cada otro hombre o mujer dejan de existir para él; los que son amados y los que son desconocidos; cada criatura, cada flor, cada nube o brisa, toda sensación y emoción. Su Ilustrísima, el mundo y cada pequeña cosa muere todos los días, por alguien”[34].
- "Supongo (entonces) que uno nunca le presta mucha atención a los muebles de su casa hasta que otro viene de fuera y le halaga esa pieza en particular.”[35]
- Santo Dios, hoy sí estamos inspirados, pero la eternidad se nos está acabando, tal vez ustedes no tengan que madrugar, pero…
- “Es fácil hacer intervenir a la divinidad cuando uno se desespera por comprender algo”[36].
- A mí la vida me enseñó, como el proverbio ruso “Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla”.
- Es nuestro sino respecto de la muerte, “En cuanto ‘producto’ material, llevamos la fecha de caducidad inscrita en nuestros genes”[37]
- "Somos sabios. Pero la mayor sabiduría, en ese momento consiste en saber que lo hemos sabido demasiado tarde. Comprendemos todo cuando ya no hay nada que comprender”[38], ese es nuestro pecado.
- O nuestro mayor miedo.
- Tal vez no, “Los demonios que poseen a un hombre nacen en sí mismo, son los hijos de sus propios deseos”[39].
- Oyéndolos, sólo puedo decirles que “De mí no recibirás halagos, sino solo consejos, puesto que es un muerto quien te habla.” Y por eso siempre quise “que mis cenizas sean enterradas en un camino de paso, para que las pisotee la cotidianidad cuando yo esté definitivamente lejos de ella; y quiero que una sencilla losa recuerde que fui el más grande pecador y el peor hombre que el mundo ha conocido, para declarar así la nombradía de mi adversario. Hermano, reza por mí y medita sobre las asechanzas que tuvo mi camino.”[40]
- En tal caso, sólo puedo recitar el siguiente poema que aprendí de Panagulis:
No te comprendo, Dios.
Dime otra vez:
¿Me pides que te dé las gracias o
que te perdone?[41]
- Entonces “no temo a la muerte. Después de todo, como decía Sócrates, es una gran aventura”[42] y aquí estamos.
- “Nadie sabe muy bien qué es lo que teme pero todo el que sabe, sabe que teme”. Además, a los viejos se les endilga el temor, pero “Los ancianos no ignoran que ya han perdido lo que los jóvenes todavía no están seguros de poseer y respetan a las generaciones que les siguen en nombre de la posible revelación de su carencia”. Y por todo esto “Lo que nos falta para ser completos es morir”[43].
- “‘Sepa usted, doctor, que todos los hombres mueren jóvenes’. Por el contrario, Ciorán dictaminó que quien no muere joven, merece morir”[44].
- Oigo lo que tanto criticábamos antaño: “Los ancianos gustan de remontar sus recuerdos a los días de su juventud, como los extranjeros que ansían volver a su propio país. Se complacen en referir anécdotas del pasado, así como el poeta se complace en recitar su mejor verso. El anciano vive espiritualmente en el pasado, porque el presente pasa para él velozmente, y el futuro le parece una aproximación al olvido de la tumba”[45].
- “Pero recuerda que la vida cambia y que debemos habituarnos a decir adiós a muchas personas y cosas. (…) Lo importante es que la vida es siempre un ir y venir, desde el principio hasta el fin. No sabemos nunca lo que ocurrirá.”[46]
- En efecto, me hiciste recordar a Quinto Horacio Flacco “Los tiempos cambian y nosotros con ellos…”, es la mejor forma de sobrellevar esta vejez.
- “A menudo pienso si Jesús fue un hombre de carne y sangre, o un pensamiento incorpóreo de la muerte o una idea que visita la visión del hombre.”[47]
- Por eso es que “No debemos ser ni demasiado racionalistas, que todo lo queramos explicar, ni tan escépticos que nada queramos admitir.”[48]
- Esta conversación se está saliendo de contexto, dijo alguien.
- No puede ser, todos estamos muertos.
- Un momento, gritó Aleida, yo no.
- Aleida, recuerda, tu no existes.
- Ah! has de tener razón.
- Y tu, el único que está soñando recuerda que “No se ofende a un invisible; quien no tiene imagen, no puede ser traicionado. ¡Qué fácil me parece ahora todo! Podría haberme ahorrado tantos sufrimientos borrándome antes”, pude contestarle.[49]





[1] Aleida
[2] Gary Jennings. Azteca.
[3] Gary Jennings. Azteca.
[4] Oriana Fallaci. Un Hombre.
[5] Oriana Fallaci. Un Hombre.
[6] Oriana Fallaci. Un Hombre.
[7] Oriana Fallaci. Un Hombre.
[8] Oriana Fallaci. Un Hombre.
[9] Oriana Fallaci. Un Hombre.
[10] M. Yourcenar. Memorias De Adriano
[11] M. Yourcenar. Memorias De Adriano
[12] García Márquez. Memorias De Mis Putas Tristes
[13] García Márquez. Memorias De Mis Putas Tristes
[14] Mika Waltari. Sinuhé El Egipcio
[15] Gore Vidal. Juliano El Apóstata.
[16] Gore Vidal. Juliano El Apóstata.
[17] Eliette Abécassis. Qumrám
[18] Ensayo Sobre La Lucidez. Saramago
[19] Gore Vidal. Juliano El Apóstata
[20] Título De Película De James Bond.
[21] Mika Waltari. Sinuhé El Egipcio
[22] Gore Vidal. Juliano El Apóstata.
[23] Oriana Fallaci. Un Hombre.
[24] García Márquez. Memorias De Mis Putas Tristes
[25] García Márquez. Memorias De Mis Putas Tristes
[26] Kundera. La Identidad.
[27] Ensayo Sobre La Lucidez. Saramago
[28] Eliette Abécassis. Qumrám
[29] Saramago. Ensayo Sobre La Lucidez.
[30] Saramago. Ensayo Sobre La Lucidez.
[31] Gary Jennings. Azteca.
[32] Gary Jennings. Azteca.
[33] Gary Jennings. Azteca.
[34] Gary Jennings. Azteca.
[35] Gary Jennings. Azteca.
[36] J. Verne. El Eterno Adán.
[37] Savater, Las Preguntas De La Vida
[38] Umberto Eco. El Péndulo De Foucault.
[39] Frank G. Slaughter. María De Magdala.
[40] Fernando Savater. Criaturas Del Aire
[41] Oriana Fallaci. Un Hombre.
[42] Frank G. Slaughter. María De Magdala.
[43] Fernando Savater. Criaturas Del Aire
[44] Fernando Savater. Criaturas Del Aire
[45] Gibran Jalil Gibran. Arena Y Espuma.
[46] Frederik Koning. La Llamada De La Carne
[47] Gibran Jalil Gibran. Jesús, El Hijo Del Hombre.
[48] Ismael Quiles S.J. Filosofar Y Vivir.
[49] Fernando Savater. Criaturas Del Aire

Foto: JHB (D.R.A.)

lunes, 27 de junio de 2016

LA INUTILIDAD DE LA VIDA


“Este interrogante ha de parecerte trivial porque ignoras -¡bendita ignorancia!-
hasta qué punto habría de resultarte inimaginable su respuesta.”
Savater. ‘Criaturas al Aire’.


-                  No vas a ir a visitarla? Los médicos dijeron que ya no podían hacer más.
-          El lunes estuve allí. Al verla se me encogió el alma, verla inmóvil, sin movimiento, incapacitada, sin fuerzas, flaca, agotada. Eso me conmovió y vi mi reflejo en ella. Un minuto de silencio, de esos minutos que son eternos, en los que no hay nada qué decir, queriendo decir tantas cosas.

Verle una mirada vidriosa y yo tratando de identificarme, sin saber si ya lo sabía, parecía que sabía quién era yo. Un nuevo minuto de silencio, incómodo, porque no se tienen palabras para decir, simplemente se tienen miradas inexplicables que pueden decirlo todo, pueden no decir nada o solo pueden ser vistas como miradas de solidaridad.

-                  Casi no puedo hablar, le oí en murmullos más que susurros. Esto es muy hijueputa! Creí entender. Hoy no sé si lo oí bien, si fue un murmullo o simplemente un susurro que llegó a mi mente, como un oculto grito de desgracia, de deseo de liberación.

Vi, desde la última perspectiva, que podía ser yo quien se encontrara allí, ni siquiera puedo decir que recostado, me vi como si la vida me hubiera tirado en esa cama de hospital, la más vil de las camas. La última tragedia que uno debe soportar, si ese resulta ser el destino.

Allí estaba, con las conexiones de rigor a líquidos que deben ser puestos, supongo, por solo cumplir con un protocolo, en espera de ser desconectados definitivamente. Al menos el destino, en estos casos, se condolerá un poco al saber que uno sabe que ya se acerca el momento de despedida, de despedida de los seres que quedan, uno es quien se marcha, sin saber si a un mejor mundo o a la nada. Otra cruel ironía, a más de saber que ya es hora, pero no es el momento, hasta que Azrael venga a reclamar ese cuerpo, aparentemente prestado. Cuerpo que ha de ser devuelvo ya piltrajo, solo piel y huesos.

Me dolió el alma verla allí, tal vez pensando en que era yo, incapaz de movimiento, de sonrisa, de un agradecimiento. Pensé en la vida y en las ironías de ella misma. Será así como la vida se burla finalmente del ser humano? Me duele el alma en el recuerdo.

-                  Esto es muy hijueputa! Me hizo recordar las conversas que tenía con el abuelo, con su particular forma de hablar, cuando estábamos los dos. Eso mismo dijo, tenía un cáncer en la garganta, tratado con quimioterapia. En medio de eternos carraspeos, de humedecer la boca con su ahora acompañante, la botella de agua, carraspeos que lo que hacían era ayudarle a expulsar las costras que la quimioterapia le generaba a lo largo de su garganta. Si los médicos me hubieran dicho que esto era peor que la enfermedad, no me hubiera sometido a esta mierda! Esto es muy hijueputa!, repitió. No se lo deseo a nadie. Si me hubieran dicho que esto de la quimioterapia es así, no me la hubiera hecho ni loco. Es mejor dejarse morir, porque con el tratamiento, eso ya no es vida. Si me lo hubieran dicho…

Con el abuelo el sentimiento fue diferente, ya estaba viejo y me hacía reír, en medio de su sarcasmo, ironía, veneno contra la vida. Con él pensé, en medio de la añoranza, que ya era hora de descansar, que sólo así podía llegar a descansar, si es que luego había descanso.

Nuestra vanidad nos lleva a hacer pensar que podemos elegir hasta la forma de morir, pero no, de lo único que podemos medio saber con seguridad es que… no tenemos ni la más remota idea de lo que realmente es importante, ante la vida y ante la muerte. (“La pregunta, aparte de innecesaria, era, cómo diremos, un poquito desleal, en primer lugar porque saber, eso que se llama saber, siempre se sabe algo, incluso cuando no sirve para nada.” Ensayo sobre la lucidez. Saramago)

Estos son los momentos que nos llevan a recapacitar. Antes, los viejos eran los primeros en morir, parecieran decir las leyes de la vida, a pesar de las excepciones que antaño tenía. Hoy, pareciera que los viejos deben enterrar a los más jóvenes, como castigo a la nueva generación de viejos!

Todo más allá de la vida y de preguntarse y todo para qué? Para terminar, quién sabe Dios cómo, ni en donde y preguntarse al final: Y todo para qué?

A partir de mi intimidad expresada en estas palabras, descubro y trato de diseccionar mi alma, para darme cuenta que hago preguntas cuya respuesta no quiero oír, porque de antemano conozco la respuesta a preguntas que no debo hacer. Trabalenguas formulado para evadir el sinsabor que puede dejar la vida al saber que la respuesta ante la pregunta sin respuesta era: Y todo para qué?

Fue en ese momento en que hice esa última visita que sentí por primera vez en mi vida, en carne propia, lo que es la inutilidad de la vida!

Sócrates dice antes de darse muerte “Ha llegado la hora de partir.
Cada uno de nosotros sigue su propio camino: yo a morir, vosotros a vivir.
Qué sea mejor, sólo el dios lo sabe.”


Oriana Fallaci. Un Hombre.

FOTO: JHB (D.R.A.)

viernes, 24 de junio de 2016

PALABRAS INUTILES

"Pronuncia tus sentencias pero no des tus razones".
William Murray

Estuve leyendo un artículo de José Fernando Isaza (Mitología, http://www.elespectador.com/opinion/mitologia), en que decía que “Las palabras, como los objetos, por exceso de uso (están) por desgastarse y perder su función o fuerza original. Estamos casi saturados de “posconflicto”, “innovación”, “creatividad”, “competitividad”, “tecnología de punta”, “emprendimiento”. Pocos años antes, el uso indiscriminado de términos como “globalización”, “jugadores de clase mundial”, los fue dejando en el camino. Muchos lectores no muy jóvenes recuerdan como se fueron desgastando “Excelencia”, “Servicio al cliente”, “Justo a tiempo”, “Liderazgo”. Para evitar agregar más palabras banalizadas que debo retirarlas de mi léxico; con el consiguiente rechazo de conocidos líderes innovadores, que con su creatividad han podido dar conferencias, bien pagadas, sobre cómo construir empresas innovadoras de talla mundial en una economía globalizada canalizando el emprendimiento; sin olvidar la búsqueda de la excelencia y la satisfacción del cliente; decidí leer menos informes, poco originales, (…)”.

Y así me siento cuando leo el periódico, cuando oigo descrestadores prodigios de la palabra en extensas conferencias, cronistas deportivos faltos de léxico pero habladores hasta los codos. Palabras que en su momento saturaban una determinada época. Hablar en las empresas de calidad y todas las teorías japonesas, hasta el cansancio, olvidando que las palabras se las lleva el viento y que la “misión, visión, objetivos” y demás se fueron perdiendo igualmente y hoy, ya no es principio empresarial fundamental, porque otras teorías le hicieron olvidar. Y el coaching empresarial (me tocó consultar su escritura, he de confesar y cerrada la edición, me encontré al otro día el siguiente artículo, cuyo título es más que diciente: El coaching en las empresas, una forma más de tiranía contra el empleado, puede consultarse en http://blogs.elespectador.com/el-mal-economista/2016/06/20/el-coaching-en-las-empresas-una-forma-mas-de-tirania-contra-el-empleado/), nuevamente de moda, que estuvo olvidado si mal no estoy a mediados de siglo, cuando en sus inicios era de boga, como la teoría de calidad, que me tocó de diversas maneras, incluido el Meci gubernamental (modelo estándar de control interno!), en todos los cuales ciertas palabras se imponían como parte de léxico propio, tal vez como ocurre en cada época. Eso me lleva a pensar que no debo criticar, en demasía, si quiero estar a tono con cada época, como me correspondió.

Pero he de confesar también hoy que por la aspiración de la mejor sapiencia en el ‘mundo globalizado’, estamos pecando al no poder comunicarnos de la mejor manera posible, la más sencilla, la que enseñaba que al pan, pan y al vino, vino. Pero preferimos decir que se necesita el ‘músculo financiero’, antes que confesar que no se tiene plata para hacer algo, por lo que se necesita de un marrano que lo aporte. Por otro lado, “(…) realizar una devaluación expansiva dentro de una concepción que se apartara del modelo universal del FIM, que predice que el aumento del tipo de cambio da lugar a un aumento similar de las exportaciones y contemplara la experiencia histórica.” Es como si me hablaran en chino –alguien me dirá que en mandarín, para efectos de precisión!- y entonces el “ certificado de cambio, el mantenimiento del déficit fiscal y la ampliación del crédito privado. (…) El país se encuentra ante una encrucijada. No se ha reconocido que la devaluación y el libre cambio fracasaron ni la necesidad de adoptar un esquema diferente al del FMI y las firmas calificadoras de riesgo. Está visto que la corrección al monumental déficit en cuenta corriente y el freno de las tendencias recesivas…” bla, bla, bla. Así como se siente la lectura, se siente uno de perdido y eso que uno entiende algo (por qué no lo dice, eso quiere decir en otras palabras que al país se lo llevó el putas! Me dice el ego sarcástico).

En efecto, “A los infantes que antes se les llamaba “inquietos” ahora se les titula “hiperquinéticos” o con “déficit de atención”, y por tanto enfermos mentales a los que hay que suministrarles medicamentos durante meses o años, en última instancia para tranquilizar a los padres y a los profesores y de paso aumentar el consumo de psicofármacos, sin que se estudien debidamente las causas emocionales de los trastornos de conducta infantiles, generalmente motivados por conflictos emocionales en la vida familiar. Se pretende tapar el síntoma y no enfrentar sus causas. (¿Está en crisis la psiquiatría? http://www.elespectador.com/opinion/esta-crisis-psiquiatria), si he de resaltar que estos comentarios se aplican a otros temas, a todos los temas actuales.

En principio pienso que todo se debe a la variedad de especialización que se está exigiendo. Pareciera que se debe hablar de acuerdo con ese grado de saber, una cosa dice el profesional, que si especializado debe buscar otro sinónimo más particular, para que el doctorado rebusque palabra tan especulativa que ni él entienda, pues pareciera que el descreste de la oratoria debe estar directamente ligado a la sapiencia universitaria.

Pero así como por una parte está modificando el léxico popular tratando de pasar por excesivamente cultos, por la otra, hay que reconocerlo, la más inculta –si se me permite ser incluyente (o no serlo? ya los confundo)- dentro de la cual pueden llegar a estar hijos y nietos, se tiene el léxico y vocabulario contrario, el del ahorro de palabras, en la que los artículos y preposiciones ya no interesan, porque hay que escribir a toda y el que lo entendió, lo entendió. Sí, me refiero al de redes sociales: xq q va! Con un punto de coincidencia o de curiosidad, que tanto el culto, como el inculto, tratándose de redes sociales, terminan (terminamos dijo la lora, oigo por ahí!) ahorrando palabras y no en la forma como se hacía antaño. Baste recordar los telegramas (o marconigramas, según la época vivida) en que se ahorraban las palabras por mero sentido económico, pues en ese tiempo la palabra tenía su valor! A menos palabras, más barato el Marconi.

Ya que estoy en eso, me voy a lo anecdótico, los telegramas. Recibir un telegrama generaba cierto grado de taquicardia, porque por lo general no traían buenas noticias (sírvase presentarse este despacho; informando fallecimiento; lamentando trágica noticia…), salvo que hubiese recientes hechos de felicitación (pláceme nacimiento primogénito; compartiendo alborozado grado; enhorabuena matrimonio). Por eso, si no había ocurrido un hecho reciente de gratificación, las noticias no eran tan buenas al momento de recibir al cartero (porque hay que recordar que hubo una época en que los correos se entregaban en bicicleta! me recordé a mí mismo).

Del descreste se vive hoy. Pensé y me tengo que acomodar a estos tiempos, en que ya no importa lo que se dice, sino cómo se dice, a quién hay que descrestar, a quién confundir, a quién aniquilar, a quién demeritar; son tiempos en que la verdad sobra, vale la media verdad, vale la mentira dicha, la especulación y la subjetividad con que se dice, el veneno que contiene, la verdad que oculta; el sinsabor y el amargor que se puede dejar, aunque almizcladas estén  las palabras; se perdió su sentido, se perdió el sentido y todos de acuerdo, todos jugando con la misma moneda, con la misma cara, porque honrado soy a pesar de que mi pensamiento y mis actos deshonren mi palabra y aún mis actos. Ese es el mundo que he de dejar, porque ya nadie quiere la verdad, les molesta la verdad, chocan contra la verdad, a pesar de que en lo más íntimo sepan la verdad, que no van a aceptar, la vergüenza se encargará de impedir su aceptación. Por eso es mejor hacer como los demás, negar la verdad, acomodarla, ahogarla si es posible y solo permitir que viva la verdad que me dijeron, la que repetí sin preguntar, la que oí en la trastienda, de esa manera soy como ellos y me tendrán que aceptar como ellos, a pesar de no ser ellos y ellos lo saben, pero es una verdad que tampoco podrán aceptar y la convertirán en mentira, para poderla aceptar como verdad. O me aparto del mundo, como apartado estoy, reniego de aquellos que con sus mentiras, para ellos verdaderas, han colmado al mundo, le han saturado y le han hecho creer todas sus mentiras y el mundo ya no es mundo, es un embeleco de mundo que ha sido creado, ocultando el verdadero mundo, aquél que Adán dejó atrás y al que ya no pudo regresar, porque por más que quisiera, la espada angelical se lo impedía. Aquél al que hubiera regresado y habría visto a un Caín hermanado, en el que no habría conocido ni reconocido la quijada que dejó a su hijo deshermanado, la prueba de una traición que nunca supimos si lo fue, como nunca supimos si el plato de lentejas era gourmet, que ameritara la traición.


Aquí culmino, porque la historia de la historia es muy larga y si prosigo por sus diferentes recovecos, si hoy me hacen llorar y lamentarme, cómo será al corroborar que todos mis ancestros vivieron en mentira, habiendo otros que igualmente fueron mentirosos, eufemísticamente honrados!

Foto: JHB (D.R.A.)

miércoles, 22 de junio de 2016

DESTINO Y FRASES AJENAS.


!Suspende tu curso, clepsidra, y retén tu agua,
porque el instante es propicio y quisiera que el tiempo
se detuviese para que este instante durase para siempre!

Oriana Fallaci. Un Hombre.

Algunos de mis pensamientos se ven materializados en palabras ajenas, dichas en su gran mayoría por grandes literatos, sin querer pretender igualarme a ellos, solo que hay grandes frases que encierran pensamientos que comparto de alguna manera (Ya se enredó, me oigo decir. Deje así o termina enredando tanto el tema que terminará sin decir nada, agrega mi alter ego).

Esas frases que condensan pensamientos ajenos se han presentado a lo largo de mi camino y los he copiado para el día en que me pudieran servir, no sé, para algo. Como por ejemplo, para el blog de hoy, idea que me surgió en momento de ocio, ocio (como si hubiera otro, me dije).

He querido escribir sobre el destino y la condenación a él. No he podido estructurar mi pensamiento, pero encuentro a quienes sí lo han logrado:

“Según Crisipo (…) ‘el destino es una disposición natural de todo, desde la eternidad, de cómo cada cosa sigue y acompaña cada otra cosa, y tal disposición es inviolable’. Por tanto el porvenir ‘está ya escrito’, como suele decirse: en realidad no hay futuro, porque no hay novedad ni incertidumbre en lo que ha de ocurrir, sólo ignorancia de nuestra parte para preverlo. El orden universal se despliega como una tela pintada que se va desarrollando paulatinamente pero donde nada puede aparecer, salvo lo que ya sabemos que está representado previamente en ella. En ese cuadro que se va desvelando poco a poco estamos también cada uno de nosotros, con todos los incidentes que van a ocurrirnos en la vida: por tanto no ya nuestra libertad sino nuestra misma capacidad de acción (si por ‘acción’ se entiende la posibilidad de intervenir en el curso de lo real y no simplemente de seguirlo) quedan seriamente en entredicho.” (Savater, las preguntas de la vida)

Oriana Fallaci (Un Hombre) aludiendo al tema y a la inteligencia que nos persigue después de la embarrada, señala que “Se comprende siempre después, puesto que comprender a tiempo sirve para obstaculizar el destino ya escrito.”

Y todo esto me lleva a pensar cómo un incidente o un accidente, sin saberlo, cambian el rumbo de la vida o modifican un destino. Un hecho, aparentemente externo a la voluntad, genera otro diferente al presupuestado, al querido y aún al deseado.

Aunque pensándolo, si era el destino, el incidente o el accidente no modificaron nada, simplemente fue el medio para corregir el camino, dado que el incidente o accidente era el destino final, si uno se atiene a que está de acuerdo a lo previsto por los cielos, mucho antes de que sucediera; lo único que hizo fue corregir el camino ya trazado. O era el mismo destino que ya lo tenía previsto? (Pare ahí o termina de enredar todo, como siempre! Sigue insistiendo ese yo que intenta ridiculizarme).

No era lo que tenía en mente, pero el destino se encausó en este blog. Es una pregunta que me ha rondado desde hace tanto tiempo que, evadiéndola, trataba de mantenerla lo más alejada de mi pensamiento. Tal vez sea otra de las preguntas que uno no debería hacerse, pero como ya está hecha, por qué no divagar un poco sobre ella? Si se tiene en cuenta que “Las maneras de conjurar el destino son muchas y casi todas vanas.” (Ensayo sobre la lucidez. Saramago), entonces recaeré en vanalidad de pensamiento.

A la vez surge mi eterna contradicción “No creo en el destino, pero no ignoro que en la vida de cada uno de nosotros hay una parte que depende de nosotros y otra que depende de los demás. Obsérvese que nosotros somos los demás de los demás.” (Saramago. Fragmento de El Evangelio según Jesucristo), pero “El destino, cuántas veces hará falta decirlo, es una caja como no hay otra, que es abierta y cerrada a la vez, miramos dentro, y podemos ver lo que ha sucedido, la vida pasada, convertida en destino incompleto, pero de lo que todavía ha de suceder no sacamos más que presentimientos, intuiciones” (Fragmento de Historia del cerco de Lisboa).

Oriana Fallaci, (Un Hombre) señala que el destino “es un río que ningún dique represa mientras fluye hacia el mar. No depende de nosotros. Lo único que depende de nosotros es el modo de navegar en él, de combatir sus corrientes para no dejarse transportar como un tronco arrancado.”

Y así puedo seguir con las citas y tal vez no obtenga ninguna respuesta, aceptable o no, pero “lo que me interesa es lo que no sé”, sentencia Saramago (Ensayo sobre la lucidez).
Crédulo, como la mayoría de religiones, hay vida después de la vida. Sea por resurrección, por transmigración del alma o por reencarnación, siendo todos ellos un mero juego de palabras. Por esoterismo, de la misma manera, basta con ver la carta astral para determinar que el destino ya estaba marcado desde la fecha de la concepción, tal vez desde antes, siguiendo con la credulidad del pensamiento. Si hago y lo logro, ese era mi destino. Si hago y no lo logro, no me convenía, pero era mi destino. Y si no hago, seguía igualmente mi destino. Una cosa es cierta, hasta donde he logrado percibir, no hacer, es hacer, basta con ver las consecuencias.

Cuántas veces, aún contra cualquier opinión, no hemos hecho algo una y otra vez buscando un objetivo, pero éste, una y otra vez, se ha mostrado esquivo? Cuántas veces no se ha chocado uno contra una pared y la pared sigue allí, impidiendo la continuación del paso? ‘Aunque en el estribo estés, no cantes victoria’, oí como refrán llanero y gran sabiduría popular la que conlleva.

Y siguen mis contradicciones, por no saber qué pensar. “Yo no he inventado nada, no he sido más que el secretario de mis sensaciones” si copio a Ciorán.


Y por hoy, ante la imposibilidad de definirme en el tema, como diría alguno de mis yoes: “Si vas por la vida preocupándote por todo lo malo que puede pasarte, pronto llegarás a convencerte de que lo mejor es no hacer nada en absoluto.” (Ken Follet. Las alas del águila) y dejar que el destino prosiga su marcha, hasta que en el final del camino, un hombre, como yo, me pueda explicar quién tenía la razón. (Nuevamente la  leyenda de Samarcanda! Me vuelve a recordar, para que no se me olvide nunca, mi orgulloso yo!)


lunes, 20 de junio de 2016

“TU VIDA NO ES IMPORTANTE”

“Como éramos, así somos;
como somos, así seremos”.

Mika Waltari. Sinuhé el Egipcio

Entretenido en leer columnistas, me encontré uno que se titulaba “Me resbala tu opinión” (http://www.elespectador.com/opinion/me-resbala-tu-opinion) y leí: “Tu vida no es tan importante. Por naturaleza, estamos programados para que nos importe nuestra propia vida más que la de cualquiera. Si piensas que otros están tan pendientes de lo que haces o dices, es hora de que te des cuenta de que tu vida no es tan importante para ellos.” En un principio sentí un cimbroneo que me llegó hasta lo más profundo de mi ego –aunque debo advertir que en esquizofrenias no soy experto, no distingo dentro de mí a mi yo, ni a mi ego, superego, alter ego, ni nada por el estilo, por eso decidí que como son varios yoes, dentro de mí, todos son iguales, para evitar discriminaciones o que me traten de excluyente o de incluyente? Y así los trato indistintamente.-

Pero cómo así que no soy importante? Me bajé del pedestal y mirándome desde abajo, como si fuera espectador de una estatua de cualquier patricio, de las que abundan en la ciudad, hice el ejercicio práctico, liberándome de mis egos, buscando la mayor objetividad –si ello es posible-, y me pregunté: Oiga, sí, que tan importante es usté? Recordando que todos estamos a la búsqueda de aceptación, propia y ajena.

Para los políticos, resulta que sólo soy importante y me coquetean por uno o dos días, cada cuatro años o cada vez que hay elecciones. Después me olvidan, desechan mi existencia, como invisible que vuelve a su oscuridad.

Para la Dian, mientras fui empleado, tenía ingresos y me hacían retención en la fuente, estaban pendientes de que me hicieran esos descuentos, mensualmente y bien calculados, teniendo en cuenta que como declarante, siempre terminaba en ceros, porque la retención era anticipada. Hoy, sin ingresos, sin patrimonio, los ceros serán más notorios, tal vez, de pronto por eso, me llamarán a preguntarme que qué paso, y cuando les diga que ya no tengo ingresos y que como nunca robé, no tengo patrimonio que llame la atención, me regañarán por hacerles perder el tiempo y me olvidarán, hasta la siguiente vigencia.

A mis expatrones, dirán –así sea como mentira bondadosa-, que les parece que me recuerdan, que como que sí trabajé para ellos (lo triste es que la mayoría de empresas en las que trabajé ya están liquidadas). Es decir, un activo liquidado y olvidado, pasé a ser archivo muerto.

A los conocidos, pues ellos, si se llegan a acordar o alguien les recuerda mi nombre, dirán que sí, que me conocieron, aunque ya hace tiempo y no recuerdan bien mi fisonomía. Me fui evaporando en sus recuerdos.

A mi familia, un visitante periódico más; que sí es pariente, que sí como es familia hay que soportarle! (Precisamente en un programa español -Uasabi, se llama el señor-, en algo así como las citas con Pacheco, pero con literatos, le decía a Jaime Bayle, a propósito de sus libros autobiográficos que, alguien, decía a su vez que “El escritor es un asaltador de privacidades”, por eso temen mi lengua, supongo).

En su momento, para los de la funeraria, seré un difunto más y éste no es cliente, porque no puede pagar la cuenta, es decir soy cuenta fenecida y fallida, agregará alguien.

Y con todo, me di cuenta de mi insignificancia y me dolió, porque sufro de miedo a la insignificancia –tal vez por eso escribo estos blogs-.

Siguiendo con la objetividad propuesta, veo que efectivamente uno se da muchas importancias, uno se cree de mejor cuna, de mejores pergaminos, una persona importante y prestante (“Me resbala tu opinión”, me dijo como mecanismo de defensa mi ego más tímido, pero el más orgulloso).

Pero simplemente uno es una persona como cualquier otra, ni más importante que otra, “ni menos como para no ser tenida en cuenta” (agrega otro de mis yoes).

Y todo eso, no sé si para sentirme más importante? O menos insignificante? Terminé viéndome como un grano de arena, visto desde la estratósfera, haciendo memoria al ejercicio tan de moda que ven a nuestro planeta, tan gigante para nosotros, pero tan insignificante visto desde las nebulosas más distantes. Concluí entonces que es uno el que se da su importancia, ayudada por aduladores y falsos seguidores cuando se llega a ciertas cumbres.

Que tan importante fui? Qué tan importante pude haber sido? Hoy, visto en perspectiva, poco importa, es lo que menos importa, “con importancia –orgullo se decía- no se hace mercado en Carulla”, recuerdo que se mencionaba cuando se estaba desempleado, pero orgullosamente renunciado!

Me hace acordar también de los menos favorecidos en las familias que cuando ese alguien hablaba de él, previamente lo hacía respecto de títulos ajenos o se camuflaba en ellos para no sentirse pordebajiado, y decía es que su hermano fue, su otro hermano es, su papá fue, su padrino de bautizo fue, y por lo larga de las explicaciones, la evaporación llevaba a recordar que realmente la pregunta que interesaba era “Pero y usted quién es? O qué hace?”, demostrando la insignificancia de uno mismo, cobijado con títulos ajenos. En otras palabras, cuando uno no fue, se escuda en lo que sus familiares han sido o son. (Cierro este paréntesis, para algunos fuera de contexto, pero ya me van conociendo). 

Ahora caigo en la cuenta que me enredé en explicaciones. Tu vida no es importante, es el título. Qué tan importante es o fue? Fue un desarrollo. Tu vida no es importante para ellos, es decir para el prójimo, desarrollaba el artículo. Y para concluir, me tocaría escribir: Soy importante? La tarea se las dejo a ustedes, para que se hagan la pregunta, porque por hoy no estoy proclive a devanarme los sesos pensando en mi propia importancia!

La verdad es que oí a uno de mis yoes decir, muy soterradamente y con cierto tonito de ironía: “Usté lo que es, es un pobre pendejo.”

“Suele decirse que conocerse a sí mismo es saber que todo es humano.
Pero, por supuesto, nadie puede conocerse a sí mismo.
Nada humano es en último término predecible.
Somos extraños incluso para nosotros mismos.”


Mika Waltari. Sinuhé el Egipcio


viernes, 17 de junio de 2016

PREGUNTAS INCONCLUSAS


Cada letra es un mundo, cada palabra,
su universo.
Eliette Abécassis. Qumrám

Leyendo noticias me asaltaron unas preguntas que siempre han quedado inconclusas en mi mente, tal vez al no saberlas formular, tal vez porque nadie quiere oírlas, cuyas respuestas contradictoriamente todos conocen, pero nadie quiere admitir, nadie quiere oír o son totalmente improcedentes para oídos que se consideran impúdicos.

Uno.

Transmilenio y el SITP en quiebra. Cómo es posible? Acaso no es ahora un monopolio? Los dueños de los buses y empresas toda la vida se quejaron, pero era tan buen negocio, que nadie se quería salir de él, a pesar de ser mal negocio, según ellos. Al igual que antaño, el mantenimiento es casi nulo y sólo se da cuando ya no da más el pobre bus y sus sufridos pacientes, los usuarios. Pero económicamente no es viable, dicen. Y de ese monopolio, quien lleva la peor carga –porque hasta debe pagar las losas, de Peñalosa, es el Distrito, es decir, nosotros, según el ‘mal negocio’ que hicieron-. Me sigo preguntando si es tan mal negocio, qué hacen como socios?

Dos.

En los últimos años, por cuestiones y como reflejo de las cirugías estéticas femeninas, las masculinas se han incrementado. El efecto Adonis se ha trasladado al otro sexo, a los otros, por la proliferación e ‘inclusión’ que ahora se da. –Vaya palabreja, me oigo decir.- Y se incrementó la de pene. -Quién se lo hubiera imaginado! Me oigo decir nuevamente-. Al parecer, ahí sí respeto el sentimiento de cada cual, el vérselo muy pequeño o muy delgado, genera (generó, generará) problemas de aceptación. (En mi época de colegio y de adolescencia recuerdo cómo era la burla y cómo había que torearla! Pero había que cambiarse para gimnasia!). Mi pregunta es: y cuál es el tamaño y grosor aceptables? Quién lo determina? Sólo una habladuría ha generado el complejo de largor y grosor? O la pregunta es, cómo aceptarnos tal cual somos?

Tres.   

La calle del cartucho, luego exportada al Bronx, 12 años de existencia y hasta hoy nos escandalizamos, todos. El artículo que leí se titulaba, si mal no recuerdo, ‘Y la policía miraba para otro lado?’ Todos mirábamos para otro lado y negábamos su existencia –los últimos dos años laborales, los trabajé a escasas dos cuadras del Bronx y sólo hasta su resurrección me enteré que eran mis vecinos. Por su parte, mis vecinas directas sí las veía y fotografiaba cada día, en la seguridad que me daba la distancia de la ventana anónima-. Siempre nos escandalizamos a posteriori y cuando el hecho genera escándalo. –Ahora sí: uyyy qué cosa! Murmura una parte de mi mente-. Y concluyo, si somos nosotros tan invisibles, los otros, con mayor razón.

Cuatro.

Miro fotos de antaño, me miro hoy en el espejo. Con qué facilidad decimos del prójimo que es feo, creyéndonos mejores, pensando en que somos Apolo o Adonis, y hasta satisfaciendo nuestro anhelo de ser Narciso. ‘Ellas deben estar agradecidas de haber sido elegidas’ (o viceversa), lo decimos sin mirarnos en el espejo y aún viéndonos no logramos ser objetivos, ni aceptamos lo que vemos. Me miro al espejo y me digo, al menos tengo qué agradecer por la labia que mi Dios me dio, ya que no me castigó con belleza. Y vienen nuevamente los estereotipos, creados por…? Para…? Y lo irónico es que dos bellezas no se atraen, por el contrario, pareciera que las parejas se unen no por lo que les sobra sino por lo que les falta, el equilibrio. Y cuando veo estas ironías en la vida real, preguntándome si esa persona sufre por no estar al nivel del estereotipo, veo a otras y me digo: cada arepa tiene su tiesto! Para qué sufrir? Y acabo de leer un mensaje de los de face: “No critiques a tu mujer, si fuera perfecta se habría casado con otro”.

Cinco.

Renuncio a mis deseos y me someto a mi destino. ‘Cuál es tu deseo más íntimo y concéntrate en él’, dice Chopra en una de sus meditaciones. Cuál es mi deseo más íntimo? Quedé confundido. Aparecieron mil deseos íntimos y ante la imposibilidad de distinguir entre lo íntimo y lo superfluo, decidí someterme a mi destino. El debe saber qué es lo que ha de pasar, debe ser más responsable que yo, y lo mejor es dejar que sea con su propia tinta el que escriba la última palabra, porque yo no sé aún cuál es mi íntimo deseo, sin saber si el que es, es el que debe ser, con el deseo íntimo de saber, al último momento, si era realmente lo que deseaba o era simplemente lo que era y nada había qué hacer, sólo aceptar. Por eso pueden ser preguntas inconclusas. Me conformo con el deseo de ganar el Baloto!

Seis.


Soy un mar de contradicción, por eso advierto que nada de lo que diga puede usarse en mi contra y cualquier día puedo cambiar libremente de idea. Así me protejo de la maledicencia.