viernes, 26 de agosto de 2016

DIVAGACIONES CON MALA LECHE



“Duns Scoto llegó a decir que “la persona es la última soledad.”
F. Savater. El arte del ensayo


Hoy la cantidad de información es tal que uno termina desconcentrándose por estar tratando de abarcar el todo, lleno de constantes partes. Por estar pendiente, pierde cosas importantes; por concentrarse en otras, también pierde nimiedades de esas que pueden hacer feliz. Y en esa misma medida he venido acumulando artículos que para mí resultan o resultaban de interés y pueden venir a definir el estilo de vida, a tratar de ilustrar por qué las cosas son como son y no pueden ser de otra manera, en una palabra por qué los colombianos de ‘mágico realismo’ somos lo más contradictorios, los más contradictores, dejando ver lo peorcito que hay dentro de nosotros.

Unos usando la información para desinformar; otros, desinformando a la brava; otros más imponiendo ideas, otros falseándolas y muy pocos, poquísimos, tan cándidos, tan inocentes, tan buenos, que por obra y gracia de los demás, también se están contaminando. Llegará el día en que la inocencia y la bondad sean un lujo, que nadie se puede dar, aunque los ‘malos’ se vestirán de ellos, para guardar las apariencias.

En cada aparte que transcriba trataré de hacer el comentario que me merece, seguro que lleno de ironía, como ya está asentándose en mí; de aplausos, creo que muy pocos; de rabia, los muchos, al igual que otros que me dan ‘puta piedra’, es decir, sin eufemismo. Veré al final cómo me sale el ejercicio y ya ustedes juzgarán.

En cualquier momento pueden parar la lectura, por aburridora, por deprimente y saltarse al último párrafo, no pasa nada, porque en este país no pasa nada, todo sigue igual.

1. EXCUSAS Y MANIPULACION

“Con el paro camionero estamos viendo una película vieja. Y no es vieja sólo porque desde 1995 haya habido 25 de estos paros. Lo es porque la vemos varias veces al año en distintos sectores de la economía. Siempre salen los representantes del gremio en cuestión (a veces legítimos, otras veces de representatividad discutida) a decirnos que no conocemos a fondo su negocio, y que si tan sólo supiéramos los costos a los que se enfrentan, entenderíamos por qué es necesario que el gobierno les subsidie esto o lo otro, o que le impida a tal o cual competidor “desleal” o “injusto” participar en el mercado. (…) El problema de todas estas exigencias es que buscan beneficios para sectores económicos aislados y no para todo el país. Sus demandas son buenas únicamente para ellos pero nos cuestan a todos: resultan en mayores impuestos y en costos más altos de transporte, de alimentos, y de servicios financieros. (…)Está bien exigir, porque sólo exigiendo seremos una verdadera democracia. Está bien protestar, y de vez en cuando está bien paralizar el país, pero sólo sirve si se piden reformas sistémicas, de fondo. Si es para subsidiar un fertilizante, una chatarrización, o para impedir importaciones baratas de bienes y servicios que benefician sobre todo a los pobres, vamos a seguir hundidos en el subdesarrollo.”

Luis Carlos Reyes. Paros que valgan la pena. (http://www.elespectador.com/opinion/paros-valgan-pena)


En este país, en que los negocios son tan malos, siempre a pérdida, son los más invertidos. Un cupo de taxi ya cuesta casi $130 millones, pero el negocio es malo y hay sobrecupo. Los buses, a punto de quebrar porque no hay gente, pero pasajeros es lo que hay. Cuando conviene, el colombiano se ajusta a lo que conviene y llora, cuando no le conviene. Así somos.

2. LA VANAGLORIADA DEMOCRACIA Y ESTADO

“Democracia no solo es el gobierno de las mayorías, sino el respeto de los derechos de las minorías. El Estado de opinión se ha pronunciado mayoritariamente por Hitler, Stalin, Pinochet, Maduro, que no son ejemplos de demócratas.”

José Fernando Isaza. Democracia. (http://www.elespectador.com/opinion/democracia-0)


 

Para los autores, la democracia está enferma porque la gente ya no ve en el Estado esos mecanismos de protección y amparo que lo justificaron, sino un aparato burocrático encadenado por unas fronteras físicas y unas regulaciones que lo hacen cada vez más inútil. Porque el poder verdadero, localizado en un flujo global de capital, se ha separado de la política, que sigue operando a nivel nacional y local. En un pasaje Bauman habla de gobernantes reunidos un viernes para tomar decisiones económicas cruciales, solo para esperar el lunes, temblando, a ver si los mercados se comportaron como ellos esperaban.


Un gobierno equitativo es aquel que reparte las cargas entre todos, no castiga a quienes siempre pagan porque no es capaz de poner en cintura a quienes realmente toca por miedo a perder votos, compromisos políticos o, lo que es peor, incapacidad o ignorancia.
Por eso estas líneas son para ustedes. Son un llamado para que recuerde que la única manera de proteger su trabajo y su esfuerzo es haciendo uso de la democracia cuando corresponde. El voto, sobre todo en las regiones, debe estar alejado de los corruptos que nos roban sin cesar. El Congreso está lleno de representantes que han tomado sus curules como propias y las heredan o ceden porque saben que son herramientas poderosas que les permiten defender sus intereses económicos y personales. Por eso hoy, cuando más necesitaríamos un Legislativo realmente interesado en defender a sus constituyentes discutiendo una reforma tributaria de manera firme, comprometida y honesta, muy posiblemente veremos una a la que le colgarán prebendas que les permita continuar robando de nuestros bolsillos y defendiendo los suyos. No se le olvide que ahora falta plata no solamente porque el petróleo está generando menos ingresos nacionales, sino porque en momentos en que estaba caro se robaron toda la plata. Recuerde que a uno le suben los impuestos cuando hay déficit, pero nunca cuando hay excedentes. Tenemos que entender y repetirnos: no son dineros de la nación, son dineros de los contribuyentes, a ver si nos duele un poco la próxima vez que vayamos a votar. Entre tanto, nada que hacer, estamos jodidos.”
Luis Carlos Velez. Economía: Estamos jodidos. http://www.elespectador.com/opinion/economia-estamos-jodidos

Desde hace un tiempo para acá, los ciudadanos venimos asistiendo impávidos al ejercicio constante de la arbitrariedad como instrumento para la acción política, como medio para tramitar las demandas ciudadanas y como motivación para la toma de decisiones oficiales. Las vías de hecho, como se les dice, se están convirtiendo en el mecanismo predilecto y expedito para doblegar las instituciones y violar la ley con total impunidad. Así las cosas, nos embarcamos en una travesía que nos conduce irremediablemente al primitivo estado de naturaleza, en donde se impone la ley del más fuerte y no existe la posibilidad de réplica o el derecho de apelación.

19. ¿Cuándo saldrá Colombia del siglo 19? ¿Cuándo entrará al siglo 21? ¿Logrará llegar al siglo 22?
18. ¿Por qué los intolerantes siempre exigen tolerancia? ¿Por qué los fanáticos piden respeto? ¿Quieren de lo que no dan?
ESTEBAN CARLOS MEJÍA Pregunticas camanduleras http://www.elespectador.com/opinion/pregunticas-camanduleras

A propósito de la desobediencia: frente al poder, el periodismo muchas veces navega entre la superficialidad, la frivolidad, el amarillismo y el amiguismo. Así, los medios cumplen mal su deber frente a la opinión pública.”

Juan Carlos Gómez. Un premio a la desobediencia. http://www.elespectador.com/opinion/un-premio-desobediencia

 

La paz que les destruyeron y las guerras que les impusieron esos europeos, impotentes y defensivos hoy frente a la migración masiva, consecuencia humana y económica de sus políticas imperiales. Están literalmente “comiendo de su cocinado”.
El mundo vive un reordenamiento salvaje del desvencijado orden mundial movido por una globalización adelantada sin legitimidad, sin reglas acordadas ni poder público para garantizarlas; nunca el sistema de Naciones Unidas había sido  tan irrelevante y los sistemas de integración regional tan en crisis. La actual es una realidad donde, como en los tiempos de los Bárbaros, reina y se impone la ley del más fuerte, que algunos denominan, de la selva.
Una globalización que no trae, como lo anuncian sus propagandistas de oficio, la ampliación de los ámbitos de vida y de posibilidades para “la gente” y las economías nacionales. Le sirve a unos pocos, al famoso 1% que aparece en todos los planteamientos de crítica al desorden existente: del Papa Francisco y Bernie Sanders a Los Indignados europeos y norteamericanos. Un desorden que aprovechan y acrecientan los exsocialistas, la China confuciana y la Rusia zarista.
Ese 1% convirtió a la economía mundial en un verdadero casino, como diría Keynes, en el cual la  dominación del capital financiero impuso como prácticas habituales la especulación y los enroques, que subyugan el trabajo y el esfuerzo de millones, con la ayuda de una tecnología sin reglas ni propósito distinto a crecer indefinidamente, que ha banalizado el trabajo, especialmente de los jóvenes, condenándolos  a medrar en los márgenes de sociedades cerradas, enfermas y egoístas, vulgar caricatura del ideal liberal del hombre autónomo y libre.
En el horizonte crece el vendaval del rechazo ciudadano a una política impotente o connivente con la situación; su  rabia y su frustración empiezan a explotar en medio del temor al futuro y  de desconfianza frente a los partidos y los dirigentes; es el terreno preciso para el populismo que  promueve la acción  directa  del pueblo o de éste arropado por un líder carismático que encarne y canalice esa rabia ciudadana.
Juan Manuel Ospina. Occidente: a comer de su cocinado http://www.elespectador.com/opinion/occidente-comer-de-su-cocinado

 

En efecto, estamos jodidos, ya no sentimos el estado, ya no nos sentimos parte de esta nación, ya no hay ante quien quejarse, no queda otro camino que el de rumiar la frustración, tomar la justicia en las manos o desahogarnos con linchamientos, porque ya no nos sentimos parte de nada y como no somos nada, como somos invisibles, solo esperamos la oportunidad para gritar nuestro descontento, como sea, generalmente dejándonos llevar por la mala leche de los colombianos, eso somos, en eso terminamos.

 

3. TOLERANCIA EN LA INTOLERANCIA, DE YO PARA MI, PERO NO PARA USTÉ!

 

 

Para informar sobre un tema hay que explicitar los puntos de vista que sean pertinentes. La pertinencia es lo que enmarca, no la oposición. Hay que ser muy cuidadoso al plantear un debate en términos que no existen pues se termina por crear una ficción que adquiere realidad y se multiplica como un mito. No se trata de censurar voces, sino de presentar una discusión por lo que es, y de establecer con criterio lo que es relevante contar.

Catalina Uribe. El “framing” y la convivencia en los colegios.  http://www.elespectador.com/opinion/el-framing-y-convivencia-los-colegios

 

Algunos xenófobos creen que pueden pasar de incógnito. No van por la vida afirmando abiertamente: “soy xenófobo” o “soy racista”. Aprendieron a seleccionar la máscara más apropiada para cada ocasión. Intentan ser sutiles. Pero no siempre funciona. Piensan que los inmigrantes somos “los otros”. Piensan que somos “ellos”. Y como escribió el filósofo Zygmunt Bauman, “ellos siempre son demasiados. «Ellos» son los tipos de los que debería haber menos o, mejor aún, absolutamente ninguno”… Umberto Eco habló sobre la necesidad ancestral de construir enemigos: “Tener un enemigo es importante no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor”. En su disertación, Eco habló de “enemigos” célebres: judíos, gitanos, brujas, negros, mujeres y, por supuesto, extranjeros.
Sorayda Peguero El coco. http://www.elespectador.com/opinion/el-coco-0

Me ha sorprendido en los últimos días escuchar en boca de quienes se dicen de pensamiento liberal y progresista epítetos cargados de odio, descalificadores, sin espacio para el diálogo.
Como si cuando alguien pide inclusión y respeto fuera una solicitud exclusiva “para mí y para los que piensan o son como yo”, pero que no aplica a los demás. 
… Se puede estar en desacuerdo con ella, pero lo que resulta grave es la ola de insultos que desató su intervención. Es claro que las opiniones tienen un límite marcado por el respeto al otro pues las sociedades, en buena hora, hoy no aceptan la homofobia, el racismo o el machismo. También hay leyes que establecen cuándo se cruza la línea de la injuria, la calumnia o la discriminación, pero agredir sin escuchar, como hicieron muchos, es una actitud tan grave como la que se intenta evitar con la ley de convivencia.
Algunas voces que se levantan en defensa del respeto a la diferencia se escucharon esta vez tildando a la diputada de loca, desquiciada, delirante y otro calificativos de grueso calibre que prefiero no repetir. El matoneo fue grave y pocos salieron en su defensa porque su posición es hoy políticamente incorrecta. Por eso vale recordar que la convivencia es para que quepamos todos, aunque el extremismo en el que estamos nos cierre los oídos frente a los demás. Estamos lejos como sociedad de tener en la práctica el país que consagra nuestra Constitución: un país incluyente que no discrimine ni por raza, ni por género ni por razones económicas, políticas o sociales. Eso dice la ley, pero no se ve en la calle, ni en los medios, ni en las redes.
… La diferencia nos enriquece y en el escenario de la opinión debería valer todo, excepto la agresión a los derechos de los demás y que alguien intente imponer por la fuerza su manera de ver el mundo. Lo grave es que de los debates pasamos a hechos extremos que van más allá de la palabra como un referendo que pretende crear un modelo de “familia óptima” que no existe en la vida real.
Tendríamos que construir un país en el que quepamos todos: los heterosexuales y los homosexuales, los creyentes y los ateos, las madres solteras y los abuelos que cuidan hijos, las familias con dos padres o dos madres, las parejas con hijos o sin hijos… No hay familias ideales, ni personas ideales, solamente personas y familias imperfectas que deberíamos esforzarnos un poco más en el respeto al otro.
De todos los insultos que me llovieron por recoger en un debate radial los planteamientos de la diputada, al lado de otros que la controvertían, me quedo con uno que los resume todos: “usted me da asco”. Tengo mis ideas y creencias, como todos, pero escucho y respeto a los que piensan distinto aunque crea que están equivocados. Si eso le da asco a algunos, lo lamento. Creo que el debate alimenta el cerebro, nos enseña y nos hace crecer. Escuché en la polémica de la diputada, además de insultos, planteamientos serios, honestas inquietudes de padres o profesionales que han investigado el tema, quienes sin ser homofóbicos tienen preguntas pertinentes sobre la implementación de la ley. Preguntas que quedaron sepultadas bajo el alud de insultos de aquellos que levantan la bandera del respeto y la inclusión.
Yolanda Ruiz Convivencia para que quepamos todos. http://www.elespectador.com/opinion/convivencia-quepamos-todos

La historia de Colombia está hecha de fechas cambiantes. Como los nombres: Bacatá, Santa Fé de Bogotá, Bogotá, otra vez Santa Fé, otra vez Bogotá. Ese mismo día Quesada le puso nombre al país: Nuevo Reino de Granada. También provisional, como habían sido los de Tierra Firme y Castilla de Oro y Nueva Andalucía; mucho más tarde vendrían otros: Colombia, Gran Colombia, Estados Unidos de Colombia… Hasta llegar a la actual “marca Colombia”, o a la recentísima “Colombia es pasión”. La búsqueda infructuosa de la identidad.
Antonio Caballero. Historia de Colombia. http://bibliotecanacional.gov.co/proyectos_digitales/historia_de_colombia

“Es ilustrativo el caso de un cacique de las sabanas del Sinú que relata Fernández de Enciso en su Summa Geographica. Le leyeron, a él sí, el tal Requerimiento de sumisión y le tradujeron su sentido. Respondió que lo de Dios y la creación, que sí, que bueno. Pero que Y que fuese allá ese rey a tomar la tierra, si se sentía capaz, que ellos le pondrían la cabeza ensartada en un palo”.
Antonio Caballero. Historia de Colombia. http://bibliotecanacional.gov.co/proyectos_digitales/historia_de_colombia

Por vivir entre los mismos estamos acostumbrados a que el mundo exterior refleje lo que creemos privadamente, pero los tiempos hacen que esta costumbre ya no pueda sostenerse. Antes incluso de combatir la misoginia y homofobia, hay que empezar con el mínimo básico de aprender a tolerar al vecino. Aguantarse lo que uno no comparte es difícil. Sin embargo, la dificultad no elimina el deber de callarse y mantenerse lejos de la conciencia y de la vida de los otros. Por fuera de la casa, nuestra relación es de ciudadanos y sólo como ciudadanos se puede relacionar con nosotros el Estado. Pero dentro de la casa las cosas cambian, el Estado no puede entrar, pero nuestros valores privados tampoco pueden salir, así sin más.


Si te quedas callada, pierdes. Si te pones brava, pierdes. Si lloras, pierdes. Si le dices a tu papá o a la maestra, pierdes. Y si peleas, sobretodo si peleas, siempre pierdes.  Pierdes porque eres tú, porque eres gorda, eres ridícula, usas gafas, eres lesbiana, eres bajito, eres amanerado, eres negro, eres indio o eres pobre, y no hay nada que puedas hacer al respecto. Frente al matón, en el patio del colegio, siempre pierdes porque existes, y el matón ya te vio, y no hay nada que puedas hacer salvo dejar de ir al colegio.

Esto nos sincera. Me refiero a la creciente polarización en la que está metido el país y que esta semana tuvo momentos realmente malucos, que vienen 'in crescendo' derivados de otros episodios anteriores similares.
El viernes, pasada la penúltima ola – porque la próxima semana habrá otra - más de uno se estaba haciendo preguntas y cuestionando si en esta explosión de juicios, alegatos y marchas hay realmente interés por el avance de toda la sociedad o si priman cuentas de cobro, cálculos políticos y beneficios personales.
Estamos pelando el cobre. Y eso está bien porque gracias a que el “debate” ha tenido un grado tan bajo o primario de reflexión y un nivel tan alto de intolerancia y zafiedad, cerramos la semana hastiados. Todos.
Los colombianos somos éticamente tibios; confundimos carácter con agresión y nos cuesta asumir la responsabilidad individual. Preferimos abrazar a un credo o a un caudillo, o desentendernos del asunto, en el clásico no sabe/no responde. Por eso hemos padecido tanta violencia y otros la han promovido con entusiasmo.
De ahí que lo bueno de la semana y de estos meses, sin desestimar el riesgo que contiene, es que la polarización nos ha sacado de la zona cómoda y llevado a tomar posiciones, cosa a la que no estamos acostumbrados como sociedad, a menos que sea en materia de fútbol. Ha sucedido, además, sin darnos tiros.
Pero nos faltan los matices. A muchos les conviene que sigamos pegados al blanco/negro, que el paso de la intransigencia al fanatismo se haga más corto, ágil e insospechado y por esa ruta llevarnos a otro escenario de confrontación y violencia. Los temas de la semana –sexo, derechos, laicismo - nos tocan a todos porque nos hablan del cuerpo; del respeto y garantías que queremos para nosotros - ¿y para los demás, qué? -; y de los acuerdos que tenemos, nos faltan o irrespetamos como sociedad.
Lo que queda, al final de cuentas y de tanta manipulación, es el reflejo de lo que de verdad somos. Si nos miramos en ese espejo se hace más evidente que necesitamos terapia. A punta de catarsis nada se construye.

Pequeño manual de supervivencia
1. Buscar el silencio: todos debemos dejar por unos días – al menos por unos pocos, retomando lo dicho por Juan Carlos Henao en Voces RCN - a Santos, Uribe, al procurador, al fiscal , partidos y el consumo de política barriobajera. Por salud propia, como quien deja la comida rápida: dieta de política chatarra.
2. Encontrar los matices: el miedo nubla la capacidad de entender y valorar las diferencias. El mundo, la vida, la mente y las relaciones son complejas, variadas. Durante esta semana trate de no preguntarle a nadie qué piensa, cómo la ve, qué nos espera. Descanso mental.
3. Dejar de reproducir la estupidez: absténgase de retuitear las imágenes ofensivas, que denigren a las personas, independientemente de cualquier condición, de su filiación política, de su credo religioso (si lo tiene), de su condición económica, social, o su equipo de fútbol.
4. Hacer deporte: celebre los Olímpicos, a sus deportistas favoritos y a los que ha descubierto. Cada cuatro años tienen la capacidad de unir a un país que durante ese mismo tiempo los políticos han tratado de desbaratar.
5. Leer ayuda: ubíquese en el terreno de la realidad, no en el de los supuestos, los dogmas, los chismes. Busque la información, contrástela y valórela. Hágase cargo de resolver sus dudas, de enfrentar sus miedos.

Poly Martínez Manual de supervivencia

 

Un motivo más de orgullo para ser colombianos. No nos soportamos los unos a los otros, pero nos mentimos mutuamente, Bertrand Roussell dijo: “Todo esto ocurriría muy rápidamente si los hombres desearan su propia felicidad tan ardientemente como desean la miseria de sus vecinos”, pareciera que conocía algún vecino colombiano. Y sí, me da piedra y pareciera que empiezo a sentir odio hacia el prójimo, a ese que tiene por regla de vida la de ser ‘el vivo’, la de joderse al otro, antes que él lo haga, qué desgracia la mía! 

 

No diré que todo eso produce dolor de patria, porque ya ni patria tengo, ni patria siento, me tocó ser colombiano, como dijera en alguna oportunidad García Márquez, pero si por mi fuera, ojalá pudiera haber sido ciudadano del mundo y hasta judío errante, para que nadie me jodiera la vida y pudiera vivir si no en paz, al menos en la tranquilidad de cuatro paredes invisibles.

 

“De los hombres solo sabemos que mueren y no son felices:
merece la pena sin embargo intentar que sigan siendo hombres.” (¿)

F. Savater. El arte del ensayo

Foto: JHB (D.R.A.)

miércoles, 24 de agosto de 2016

CICLOS VITALES


“Según Lukács, el ensayista tiene la suficiente audacia como para plantearse los problemas de su época, 
pero carece de los instrumentos científicos convincentes para resolverlos adecuadamente.”
 F. Savater. El arte de ensayar.

La vida son ciclos. Cada momento es un ciclo, cada ciclo un momento, si se ve desde una mirada simplista, como debe ser.

Para ilustrar mi pensamiento me valdré del ejemplo.

Una conversación una vez terminada es un ciclo, aunque haya promesas de futuros reencuentros, aunque los haya, aunque nunca los hay, por lo general.

Una relación, mientras duró fue un ciclo y aún dentro de ella misma, estuvo llena de ciclos: la declaración, el noviazgo, la ruptura, el reencuentro, el compromiso, el matrimonio, las rupturas, los reencuentros, los momentos felices, los infelices, la separación, la muerte, el olvido.

Como un acto que se va convirtiendo en pasado y dicen los que saben, aunque no sé cómo lo saben, que los ciclos hay que cerrarlos para tener una vida asertiva. Normalmente se refieren al cierre de ciclos malos, de malas experiencias, de malos sinsabores.

Aunque creo, sin saber nada del tema, que los ciclos buenos también deben cerrarse, en algún momento. Por decir algo, un buen vino tomado, un tabaco fumado, un buen polvo echado. No todos los vinos, tabacos o polvos son siempre buenos, por eso hay que cerrarlos, buenos o malos.

Entonces, los ciclos, buenos o malos, afortunados o desafortunados, agradables o desagradables, deben cerrarse en el momento oportuno, ni antes ni después. Unos para disfrutarlos un rato más, otros, los desgraciados, para hacerles el duelo como debe ser. No soy de los expertos que lo saben, aunque no sé cómo lo saben, pero a mí me late.

Naturalmente nunca supe cuál era el momento dispuesto adecuado, oportuno, preciso, y más cuando nunca me identifiqué con el sentido de oportunidad, por el contrario, creo que pequé de inoportuno. Por eso sigo preguntándome, cómo hacen los que saben para saber lo que saben y cómo han de saber cuál el momento oportuno para cerrar el ciclo si uno ni siquiera se da cuenta si la oportunidad ya pasó, ni siquiera se da cuenta que el ciclo terminó.

A veces también el cierre de ciclo parece que ocurre automáticamente, como el respirar, que se hace en piloto automático, autónomo, libre, proveniente de una herencia atávica de primeros tiempos. En otros, el ciclo es forzado, proviene de la voluntad ajena, como cuando a uno lo echan! O le dicen no!

Y así hay multitud de ciclos, como por ejemplo, para distraer un rato la mente!

El ciclo de la concepción. Nada que ver. Los responsables son otros, con motivos accidentales, de desliz, deseándolo o violentándolo. Algunos sostendrán que fue decisión nuestra tomada en el más allá, para estar en el más acá. Vaya uno a saber. Como sea pues! El ciclo se cierra al nacer y si lo pensamos hilando fino, -como diría mi papá-, ese ciclo cerrado estuvo lleno de semiciclos: unión esperma-óvulo (que no fue nuestro, disfrutados por extraños, hasta ese momento!), el mes a mes de evolución de célula a feto hasta el momento de alumbramiento, sabiendo que de los ciclos buenos, si así lo fue el embarazo, a uno lo tienen que echar, para cerrar el ciclo, como debe ser. El inicio, un ciclo decidido por terceros, posteriormente, el ciclo de automático, evolución, crecimiento, blablablá!

Y prosigue con el ciclo de aprendizaje: a comer, a hacerse entender, del arrastre, es decir del chupar al tragar, del balbuceo al parloteo, del gateo al correr y así sucesivamente para no alargar el cuento.  

Cada etapa de vida, un ciclo, como es debido. Y cada etapa de educación también un ciclo, lleno de semiciclos, que queriéndolo o no, se cerró automáticamente en la mayoría de casos: primaria a secundaria (como yo escribo no me tocó areneras, ni preparque, nada por el estilo, por eso los salto. En mi época era válido que a lo que vinimos fuimos!). De secundaria a universidad y de universidad en universidad tratando de conquistar una universalidad, inexistente. 

Cada trabajo un ciclo. Un momento…! Se cierran acá los ciclos automáticos? Se diría que se inician los no automáticos, los voluntarios, los queridos, los que tocan? Cualquiera sea el nombre, son ciclos de ciclos, ciclos con semiciclos, semiciclos… Y no mencionemos las experiencias personales que también fueron cíclicas (Otro momento! Cíclicas? “Que se repite regularmente cada cierto tiempo”? No, esas no, porque entonces no se cerrarían nunca, aunque hay algunos ciclos que nunca se cierran y no me extiendo, porque nunca acabo. Ahh! Entonces “que está organizado en ciclos”? Pues sí, pero más bien que está subdividido en ciclos, diría yo y no me distraiga que termino donde no es). Decía de las experiencias personales –filosóficas, religiosas, sexuales, políticas, si sucedieron, claro está-, fueron ciclos que han debido cerrarse en su momento, unas más marcadas que otras…. Ah! Bellas épocas!


Creo que esbocé la idea y extenderme es repetir la repetidera, pero para eso están los expertos. Los neófitos debemos aprender a cerrar ciclos, calculando bien la oportunidad, no vaya y sea que nos coja la muerte en ese dilema! Aunque el mejor ciclo para cerrar es cerrar los ojos para irse a otro mundo, a iniciar un nuevo ciclo, espero que diferente.
JHB (D.R.A.)

lunes, 22 de agosto de 2016

UN HOMBRE, UN APRENDIZ


En la cima de la alta montaña permanecía un hombre al que le decían sabio, cuidador de la montaña, protector de la tierra. Siempre se encontraba en permanente estado de meditación, mientras divisaba la magnificencia del paisaje, foco de concentración. Desde allí podía divisar lo divino y lo humano, ser testigo del mundo que le había sido encargado.

Llegar a la cima demandaba mucho esfuerzo, demasiado para un hombre común. Por eso la distancia que les separaba.

Al pie de la gran montaña, un aprendiz se debatía entre su deseo de llegar a la cima y quedarse en ella o no intentarlo y permanecer bajo su sombra. Era su anhelo, pero también su indecisión. No sabía si era merecedor de tanta gloria ni siquiera sabía si podría lograrlo. Pero tenía que preguntárselo al sabio que sabía le esperaba en la cima.

Para acceder a la cumbre era preciso tomar el camino que indicaba que era para los iniciados. 6.666 escalones labrados por igual número de monjes, allá en la eternidad del pasado. Sin descanso alguno porque los escalones no daban lugar a un descanso. Habían sido construidos con el especial cuidado para que no se pudiera descansar en ellos, eran escalones empinados en que solo cabía un pie, una persona, un designio, un final.

El viento se empezaba a sentir a partir de los primeros mil escalones y advertían que tal dificultad acompañaría desde ese punto al caminante que no conociera el objetivo. Un fuerte viento frío, más bien gélido, poco ayudaba a una travesía justa.

El mundo no era justo. Había que poner de su parte.

El aprendiz, cuando se decidió, inició ese largo camino, porque sabía que necesariamente debía subir si quería respuestas.

Lo inició con temor, pensando únicamente en la pregunta que debía hacerle al sabio. Dudaba entre las mil y una formas en que debía formular la pregunta, porque había oído que si no lo hacía de la manera adecuada sería despachado, sin más juicio y pensaba que sus congéneres ya no le apreciarían. Esos fueron sus primeros pensamientos al empezar el ascenso. Luego, sus pensamientos se trocaron por la fatiga que hicieron surgir la duda de que no pudiera llegar a tiempo, luego por el temor a llegar a deshoras, más adelante… fue cuestión de supervivencia, a cada escalón subido, una ráfaga de viento demasiado fuerte le hacía tambalear y con ellos, sus pensamientos y aún sus propias indecisiones.

Cada paso, como ascenso a la gran montaña, le quitaba el aire, ahogaba sus pulmones, deshacía el oxígeno necesario. El ascenso se hacía cada vez más agitado, no podía más, creyó que no podía más y decidió regresar sin haber culminado.

No supo que sólo le faltaban 666 escalones y lo hubiera logrado. Al menos habría llegado a la cima.

El sabio que todo lo observaba, sospechó desde el inicio que ese aprendiz no llegaría, pero intuía que lo intentaría nuevamente, no juzgaba porque no le era dable hacerlo. Solo testimoniaba lo que su alma veía.

Meses después, movido por la curiosidad y el temor a quedarse como un aprendiz más, se decidió por intentarlo nuevamente. Le inquietaba la pregunta sobre su verdadero merecimiento de compartir la cumbre y eso no le daba descanso a su mente.

Volvió a tomar el camino que indicaba que era el de los iniciados. Y en su mente sólo tenía la preocupación de cómo formularle la pregunta al sabio que le esperaba arriba. A cada paso, una nueva forma de pregunta nacía y así surgieron 6.666 interrogantes que, esta vez, a pesar del abatimiento, cansancio y ahogamiento de la primera vez que se experimenta, hizo que lograra llegar. Por estar concentrado en la pregunta había olvidado la falta de oxígeno y el mismo cansancio.

En la cima fue recibido por el beatífico monje, quien le inquirió sobre el objetivo de su ascenso. El aprendiz, desubicado y más muerto que vivo, logró responderle:

-    -       Señor, lo he olvidado.
-    -       Baja y regresa cuando estés listo, simplemente respondió el sabio.

Y así fue, había fallado y sabía que no había derecho a réplica alguna; sin estar escrito, sabía que así era y así se debía aceptar, acatar con responsabilidad, sin excusas, sin eufemismos.

Regresó al convento, extenuando, quejándose en silencio por la estupidez en que había incurrido al olvidar la pregunta, pero no por ello perdió las esperanzas de volver a intentarlo.

Y así lo hizo el aprendiz una y otra vez, siempre preocupado por la pregunta que quería expresarle al sacerdote de la cima y siempre era despachado con la misma respuesta al olvidar el recuerdo de la pregunta que debía hacer:
-    
- -         Baja y regresa cuando estés listo. Fue la respuesta una y otra vez.

Algún día ya descorazonado se decidió por una nueva subida, porque sentía que tenía que intentarlo una vez más, con una sola pregunta, sin dudas, sabiendo que el monje le recibiría y le tendría respuesta.

Como siempre, el aprendiz tomó el camino de los iniciados, ya conocía la subida, por las tantas veces que lo había intentado, ya conocía en dónde comenzaba el jadeo, en dónde los vientos eran fuertes, en dónde esquivarlos, en dónde la falta de oxígeno se hacía más opresiva, pero también había aprendido a como contrarrestar todas estas arideces que le hacía la exigente subida y a concentrarse en el objetivo.

Durante el ascenso decidió dejar la pregunta para el final del camino, para los últimos pasos y así concentrarse en el camino y en el viaje que le esperaba. Para ello comenzó con el primer paso, al que decidió llamar uno y así fue en subida y se encontró al final que eran 6.666 escalones los que había subido. Mientras llevaba la cuenta, fue centrándose en los detalles, en la forma como los cielos le acompañaban, en los susurros del fuerte viento, en el paisaje que le rodeaba, sin centrarse en ver hacia delante y menos, hacia atrás. Un paso a la vez, un pensamiento a la vez, un número en sucesión.

Y llegó a la cima, donde le esperaba el monje. Al verle lo tuvo claro, la pregunta no importaba, no era lo importante, descubrió que no había pregunta y al no haber pregunta, la respuesta era intrascendente.
-    
- -      Maestro, he llegado, se limitó a decirle.

- -      Has llegado, estás listo. Respondió el monje y corriéndose, le abrió campo en su banca.


Foto: JHB (D.R.A.)

viernes, 19 de agosto de 2016

ENVIDIA

"Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces,
pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos."
 Martin L. King

Envidié lo que tienes, en el silencio lo envidié.

Envidias lo que tengo, en silencio lo envidias. Tu mirada te delata.

Envidias lo que soy, lo que he demostrado ser, lo que simplemente he mostrado.

Pero no sabes si ese soy yo, si disfruto lo que demuestro, lo que muestro.

Sí, alguna vez envidiaba, en silencio o de viva voz, te envidiaba.

Los años pasan y no en balde, no deben pasar en balde.

Así aprendí a no envidiarte, no valía la pena.

Pero no sabes que realmente no te envidio, no me interesa envidiarte. Ni tu vida, ni tus cosas, ni tus pensamientos, porque ellos no son mi vida, ni mis cosas, ni mis pensamientos. Son solo tuyos, para qué envidiarte?

Soy feliz con lo que hago, espero que tú también lo fueras.

Soy feliz con lo que tengo, esperaría que tú lo fueras, con lo tuyo, no con lo mío, porque ya no serías feliz, tal vez por eso me envidias.

Pero no me envidias por lo que tengo, porque crees que no tengo nada, la materialidad mía no te da envidia, al no tener yo nada que te produzca envidia.

Me envidias por el intangible que soy, eso que nunca tendrás. Por eso te da tristeza y a la vez enojo no poder tener eso, que yo sí tengo, que yo disfruto.

Por esa envidia tuya, me has dado el poder, ese poder que también es intangible de poderte ver que envidias algo que para ti ni siquiera vale la pena, porque ese intangible es mío, lo gané en franca lid y por eso me has dado el poder de verte sin envidia, sabiendo que nunca lo podrás tener, mientras me mires con envidia.

La envidia nubla la razón, no deja ver claridad, ni con claridad. Tomás de Aquino dijo que “la envidia es la tristeza del bien de otro”, o al menos eso dicen que dijo. Por eso tu envidia es tristeza al no poder tenerla.

No te has dado cuenta que por estar envidiándome, no puedes ver ni gozar lo que a mí me podría dar envidia de tu vida, aquellos intangibles que te podrían hacer mejor persona. Por eso no puedes apreciar ni gozar lo que es tuyo, realmente tuyo, por estar envidiándome.

Por eso no vives ni dejas vivir, eso te hace inferior.

No sabes el secreto que te podría liberar. Es sencillo: No me envidies, no envidies a nadie, todo lo que envidias de mí es intangible, por eso lo que es tuyo es tuyo, disfrútalo ‘sin mirar a quien’. Y si vez a alguien feliz, no lo envidies, emúlalo, así sabrás que la envidia. Si envidias a alguien que triunfó, no lo envidies, el triunfo, bueno o malo, es de él, nunca fue tuyo, aunque no te faltaran méritos, simplemente no fue tuyo y así lo selló el destino. Si no tuviste lo que envidiabas, era porque no era tuyo, por eso, déjalo ir, nunca fue tuyo, nunca lo será.


Por eso no me envidies, así sean intangibles, deja la aflicción, lo que fue, fue; lo que es, es y lo que será, será, aún a tu pesar, acéptalo y sé feliz, deja la envidia!

FOTO: JHB (D.R.A.)

miércoles, 17 de agosto de 2016

MIEDOS


"El hombre es mortal por sus temores
e inmortal por sus deseos."

 Pitágoras


Vivir en medio de temores. Grandes y pequeños. Temores insulsos, otros peligrosos, otros aterradores, peligrosamente ocultos y deseosos de ser olvidados, pero son los que más persiguen los sueños para evitar ser olvidados.

Hay temores que apena confesar, otros inconfesables, los más, ridículos sentimientos.

El temor del primer día, del primer amor, de la primera declaración. El temor de la despedida, el de la renuncia, el de la pérdida, el del qué dirán.

El temor al no saber si estamos ante la decisión adecuada, el temor a ser criticado, a ser derruido.

El temor nos acompaña, nos persigue y nos acaba.

El temor a que no resulte y si resulta, el temor a continuar.

El temor a que no haya timbre que anuncie que se puede seguir, porque el timbre fue el motor para enterrar el temor.

Y el miedo.

A revelarnos, con el temor de rebelarnos de esa parte insana que tenemos, que odiamos, que renegamos, que negamos.

Miedo a que lo descubran, a sentirnos descubiertos, a ser descubiertos.

Y el placer oculto del miedo?

Ese goce de liberar miedo, el verlo ir, liberando el placer de la huida. El placer de bajar de la montaña rusa, a pesar de que las piernas tiemblen de miedo ya superado y la bella sensación de haberlo vivido.

El pánico.

De que nos cojan en flagrancia. Que nos esculquen y encuentren lo que no deben encontrar.

El pánico de una encrucijada, de una sima vista desde la cima, el pensar que es la última oportunidad, que después no hay nada.

El de la última despedida, del estertor que nos separa de la vida, cuando ya no habrá vida.

Temor, miedo, pánico, recelo, aprensión, sospecha, desconfianza, duda, inseguridad, imaginación, espanto, pavor, alarma, susto, amenaza, intimidación, peligro, sorpresa, inquietud, desazón, intranquilidad, perturbación, turbación, grima, ansiedad, terror, horror, sobresalto, estremecimiento.

Todos sinónimos, la intensidad lo califica, lo demerita, lo acepta, lo intuye.

Y vivimos de eso, vivimos rodeados de miedos, infundimos miedos –cuando nos conviene-, nos hacemos los machos –cuando conviene- y los negamos –también  cuando nos conviene-.

Nos sometemos, nos ocultamos, los lloramos en la oscuridad del temor a ser descubiertos.

Todos, todos tenemos secretos qué ocultar, por eso el miedo nos gobierna, nos deprime y nos hace hipócritas, porque los negamos ante la evidencia de un rostro que lo refleja.

Nos enseñaron a ser ‘machos’, por eso nos mantenemos en la palabra oculta, ocultando ese miedo insaciable que nos quiere apoderar, para manipularnos, para hacernos llevar, para impedir que lleguemos, lleguemos a la liberación, la que odia al miedo.

Temor a la oscuridad, a la de la falta de luz, a la de los profundos sentimientos que en la oscuridad están, enterrados, que no se pueden desenterrar.

Salimos a la calle con temor. Con el temor a ser atropellados, miramos a derecha e izquierda, cuando basta un solo sentido, pero ya no tiene sentido no hacerlo, hay mucho irresponsable manejando e irrespetando, todo ésto no tiene sentido!

Tememos no regresar a casa, que no regresen a ella. El retraso se encarga de alimentar el miedo, el temor se acrecienta a medida que pasa el tiempo, el pánico se apodera, llegado el momento.

Y tememos a las insulsidades, si ellas son. A no ser el polvo que esperan, a no tenerlo del tamaño adecuado, como nuestro cerebro. A que no nos acepten. A que piensen que no somos lo que parece que ellos creen que somos. A no tener lo que otros creen que debemos tener. A no ser lo que ellos creen que somos.

Temor a no tener para el pan de cada día, para el bus que nos transporta, para una recarga, para un celular qué mostrar.

Pero  nunca tememos a no ser nosotros. No tememos a no cumplir con nuestros sueños, a ellos sí los traicionamos, sin rubor alguno.

Vivimos en medio de miedos, de temores que generan pánicos, eso somos, así nos enseñaron a vivir, no sabemos que hay otra forma de vivir, porque le tenemos miedo a descubrirlo.

Preferimos que sean un secreto al que no podemos rehuir, aunque quisiéramos, porque hasta la pesadilla aún en sueños resurge. Como dice el proverbio árabe: "Tu secreto debe pasar a ser parte de tu sangre."

Y cuando logramos vencer algún miedo o develar el secreto, sólo podemos concluir: Bien pendejo que fui! Tanto sufrimiento… para nada!

"(…) cada persona tiene que descubrir cuáles
son sus detonadores para poder vivir,
pues la combustión que se produce
al encenderse uno de ellos
es lo que nutre de energía el alma (…)”


Laura Esquivel. Agua para Chocolate.


Foto: JHB (D.R.A.)

lunes, 15 de agosto de 2016

Era un día gris


Era un día gris, las nubes con todas las tonalidades de grises, sobrepuestas unas a otras, expresando el espectáculo de un arco iris que quería salir; su gama de colores era muy tenue y en el fondo el sol intentando dejarse ver, haciéndose un lugar entre las nubes grises, obligándolas a vestirse de otro color y mientras, el arco iris iba tomando sus colores, las nubes ayudadas por el viento se iban dispersando a cada instante, dejando el paso al azul celeste. El arco iris seguía robando los rayos al sol para mostrarse majestuoso, para hacerse visible para quienes querían verle y el sol, comenzaba a calentar con sus rayos infinitos de luz.

En medio de ese calor de amanecer, de ese calor tímido con que comienza a empaparse la tierra, ese calor que impregna olor de lluvia en evaporación, en medio de todo ese juego de luz, de aromas y de calor, me encontraba aquella mañana en el prado recibiendo el día. Un día como cualquier otro, un día más para vivir o un día más para sobrevivir.

El sonido del viento ambientaba mi espectáculo, de ese viento que se lleva el aire frío de la madrugada y trae el tímido calor de un nuevo tímido día. El pensamiento flotaba a la par con las nubes, llevándose los pensamientos de ese ayer constituido por los segundos pasados y trayendo los pensamientos azules de los segundos que se iban convirtiendo en el presente.

Los pájaros ya habían arrullado el tierno amanecer, extendían sus alas a los rayos del sol dejando ir con el viento el frío de la noche y buscando el calor de la madre naturaleza. Apenas imperceptiblemente se comenzaba a notar el creciente despertar anunciado con el canto de las aves, con el despertar perezoso de los árboles y con el eterno devenir de las hormigas, de las moscas y aún de la gente.

Aunque eran pocas las personas que se veían, ya los rostros de esos pocos transeúntes iban anunciando cómo sería su día, algunas caras cabizbajas, otras meditabundas, algunas más angustiadas y una que otra con esa mirada de lunes en la mañana o de viernes en la tarde. Contemplándolos no le quedaba a uno cosa diferente a sonreír, a sonreír por su angustia, por su tristeza o por su letargo de lunes en la mañana o de viernes en la tarde.

Inesperadamente en la misma banca se sienta uno de esos personajes y a manera de saludo y de despedida sólo se limita a decir: Si le queda una hora de vida, qué haría?

Buena pregunta, me digo, muy buena pregunta. Qué haría yo si me quedara una hora de vida? Será lo mismo si me pregunto qué haré con esta hora antes de que se presente la muerte? Y qué es una hora? Acaso no es una medida de tiempo? Y qué es el tiempo? Una ilusión colectiva que nos obliga a andar y descansar? Qué haría yo si me quedara una hora de vida? Sólo preguntándome estas cosas quién sabe cuánto tiempo ha pasado ya, pero qué importa? Si lo irremediable ha de llegar, qué puedo hacer yo? Arreglar mis cosas? Cuáles? Ellas se arreglarán solas... Viene a mi mente aquella frase que en el portal de la iglesia estaba: Si te vas a quién dejarás tus cosas? Vaya a recordar uno cuál evangelista lo dijo y viéndolo bien, tal vez ni siquiera lo decía con esas palabras, pero esta oración fue la que se me grabó. Pues mis cosas quedarán para quien quiera recogerlas, de ellas serán y mis angustias se llevarán, para qué angustiarme ahora? Ya cuánto habrá pasado? Qué importa! El día ha aclarado, las antes grises nubes dieron lugar a un cielo azul, con los blancos y grises que va barriendo. De quién he de despedirme? La lista puede ser larga, la lista puede ser corta, pero quién quisiera despedirse de mí? Creo que todos harían una algarabía si supieran de mi despedida, palabras de tristeza, llantos incontrolables y tal vez... una que otra palabra de envidia. Así, quién desearía despedirse de mi? Y yo quisiera despedirme de ellos? Para qué, para sentir sus palmaditas de pesar en mis hombros, oír llantos que no deseo oír? Sí, para qué despedirse, ya les visitaré uno a uno y les haré saber que me fui pero que estoy. Sí, puede resultar triste que teniendo la oportunidad de despedirse no lo haga, pero es mejor así, realmente para qué despedirse... para qué angustiarme por ellos...

Cuánto tiempo habrá pasado? No quiero saberlo, quiero alejarme de esa ilusión, simplemente deseo que pase, al ritmo que deba pasarme, pero creo que ya ha pasado un buen tiempo, ya el sol está en su esplendor, ya el arco iris ha tomado toda su forma y está resplandeciendo al mismo ritmo del sol, se ve el violeta y el naranja, el amarillo y el rojo, por qué nunca los pinté? Ah, pero los disfruté, aún en aquella oportunidad en que me persiguieron sus colores por algunos días hasta el día en que sin estar le pude ver, cómo son las cosas...

Pensar que uno sólo tiene cosas y personas y ambas deben dejarse, qué quería decir el evangelista? Qué me quería decir? Tantos mensajes que nos llegan y tan pocos que entendemos, qué me habrá querido decir el evangelista...

Ese calor del sol me invade el cuerpo, siento que sus rayos se han desviado al arco iris y el arco iris a mi alma, así la estoy sintiendo. Qué haría yo si me quedara una hora de vida... sí, los habría dedicado a estos pensamientos y si supieran los demás lo que me ocurre ya sé que habrían pensado lo egoísta que fui, pero nunca sabrán que era mi vida, no la de ellos, nunca sabrán que eso lo hubiera deseado, nunca sabrán por qué no me despedí, nunca sabrán que era mejor disfrutar este día, porque mí epitafio ha de ser el mismo que alguien dijera:

Todos los días son buenos para morir!


23 de julio de 2003


Foto: JHB (D.R.A.)