viernes, 20 de enero de 2017

FORJADOR DE SUEÑOS



La vida a veces te sorprende con un giro inesperado, 
una sonrisa del destino. [1]

Todo lo que quieras pedir, pídelo en mi nombre y nada te será negado.

Sueña, fíjate una meta, ten ilusiones, deja volar tu imaginación, desea. En una palabra, ten al menos una esperanza.

Para no desilusionarse de la vida? Para no morir de antemano?

El sueño, la ilusión, la meta, la imaginación hermanas del horizonte, de aquel que se ve en la distancia, pero al que nunca se llega, porque a más acercamiento, más alejamiento y no miento, inténtelo o eso parece, pues de pronto lo que pasa es que siempre mantiene la distancia, distante, tan solo para verse de lejos, a lo lejos, demasiado lejos, siempre, como Moisés, que tardó cuarenta años en llegar a la tierra prometida, pareciera que tomó el camino más largo, en venganza porque de antemano le había sido negada la entrada, pobre Moisés, tanto esfuerzo para nada, al menos lo inmortalizó Miguel Ángel.

Pon tu alma en el deseo, pídeselo en silencio al universo y déjalo ir, olvídalo, ya el universo se encargará de atender tu pedido, llenos de confianza en vos oh Señor! (dentro de ochenta años, dice la ironía)… seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza y de que en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica… Ajá!

Tipo: Frase proverbial
Idioma: Español
Enunciado: De ilusión también se vive
Ideas clave: Esperanza
Significado: Con esta frase se apostilla las esperanzas que mantienen la ilusión que no siempre se cumple. Se trata de una frase consolatoria empleada cuando la realidad no ha proporcionado lo que anhelamos [2].

            Pero pareciera que es una necesidad del alma contar con la ilusión, con la esperanza, con frases positivas para poder sobrellevar la cruda realidad. O será que por el exceso de calificativos a los que nos acostumbramos hemos olvidado la objetividad con que debe discurrir nuestro camino por este mundo?

Y al contrario, cuando la desgracia llega o el destino se impone o simplemente cuando suceden cosas que han de suceder: Por algo te pasó. El Señor tiene mejores cosas para ti. Si una puerta se cierra… Me resbala! No era para mí. Ya vendrán mejores oportunidades. Todo como mecanismos de defensa ante la desgracia.

Cómo comprender la necesidad actual de forjar ilusiones, cuando cada día es igual al anterior y al siguiente, con variaciones que no varían en el fondo nada?

Simplemente, no tengo respuesta, parece que es otra pregunta retórica que me hago y para lograr sobrevivir, seguir pensando en el Baloto, rogar al universo, poner en él todos los sueños supeditados, toda la esperanza de vida y toda la ilusión de que llegue, a tiempo, porque a destiempo, ya para qué?

«—Es un gallo contante y sonante —dijo. Hizo cálculos mientras sorbía una cucharada de mazamorra—. Nos dará para comer tres años.
—La ilusión no se come —dijo ella.
—No se come, pero alimenta —replicó el coronel—. Es algo así como las pastillas milagrosas de mi compadre Sabas»[3]








[1] José Ramón Alonso. La nariz de Charles Dickens y otras historias de neurociencia.
[2] http://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58450&Lng=0
[3] García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba

miércoles, 18 de enero de 2017

LECTOR ES



Hablaré de ti, lector. Me entrego al placer de imaginar que ya te has habituado más o menos a detener la vistas en esta página, que algunas veces la has aplaudido y has hablado de ella a los amigos, que otras veces no has estado de acuerdo y has dicho que, en definitiva, estas columnas apenas han ocupado un espacio mínimo de tu vida. Eso es lo máximo que puedo desear. Pero ahora quisiera que bajaras un poco más al fondo y que hicieras conmigo el descubrimiento de lo que representa para quien escribe, la pública exhibición de lo que siente y de lo que piensa, de lo que proyecta y de lo que ha realizado ya, o de aquello en lo que ya ha fracasado. Sobre todo el cronista que hace de la materia de la vida, de la suya y de la ajena, de este mundo y del otro, puente de comunicación y comunicación en sí, creo yo que a mucho se atreve y mucho arriesga. No puede ser un reflejo indiferente, un componedor de noticias que, hasta cuando relatan catástrofes, tienen siempre algo de impersonal y distante. Tiene que afirmarse en cada palabra que escriba, de tal modo que a la tercera línea se han acabado los secretos y el lector no tiene más remedio que adoptar una de estas dos actitudes: o sienta al cronista en su mesa, como hace con los amigos, o le da con la puerta en las narices, como se hace con los inoportunos, dejándolo rasguear desolado la bandurria.  (…) y soy testigo sonriente de sus alegrías, si las tiene, o intento comprender sus tristezas, si es que las cosas le van mal. Y podemos recordar los casos que le he ido contado estos días, le diré todo lo que entonces no pude decirle y, sobre todo, me quedaré callado oyéndole hablar de su propia vida, que, como la nao del romance, también tiene mucho que contar. Sabré qué mallas y qué nudos teje su existencia que no es la mía, la que ando contando aquí, y una vez más descubriré, siempre con el mismo asombro, que todas las vidas son extraordinarias, que todas son una hermosa y terrible historia. Nos quedaremos callados y pensativos, oyendo el reloj que va matando los segundos apenas nacen para que podamos decir nosotros el tiempo que vivimos.
Saramago. Navideñamente crónica.


En estos días andaba pensando en quienes me leían. Los pocos, quienes ya me conocen, los muchos que me desconocen, aunque hablar de los muchos, resulta pretencioso decirlo, pues cualquiera pensaría que el grupo de lectores es de miles, cuando es muy selecto, por lo pocos. Como sea, el objeto no es quejarme, era reflexionar sobre el lector que puede estar periódicamente leyendo mi blog con la paciencia o aún la impaciencia, según el tema.

Afortunadamente vino en mi ayuda Saramago, en Las maletas del viajero, que recoge una serie de apuntamientos, diría yo o como él dice, anotaciones que no llegaron a volverse novela.

No es mucho lo que he de agregar a la disertación transcrita, digamos que simplemente sea un homenaje a quienes me leen, habitual o esporádicamente, porque pienso que lo mejor para el ego de cualquier escritor, es ser leído, saberse leído, en mi caso, no importa la magnitud y además, que les haya podido conmover la lectura o los haya irritado o les haya puesto a pensar; en cualquiera de esos casos, basta saber que el escritor no es tan malo, desde que hace que su lector tenga una pasión, cualquiera que ella sea.

Solo resta repetir con Saramago, a manera de despedida, por hoy: Nos quedaremos callados y pensativos, oyendo el reloj que va matando los segundos apenas nacen para que podamos decir nosotros el tiempo que vivimos.


Mientras, deliberadamente, mataba, apenas nacidas, las ideas que preferían caminos coherentes.
Y si alguna cosa deseo realmente en estas ocasiones, es hallar las palabras mínimas, brevísimas, las onomatopeyas, si es posible, que me expliquen el mundo desde el comienzo. Porque, en cuanto al futuro, puedo marcar tres fechas para distraerme: una, en la que probablemente estaré vivo; otra, en la que quizá no lo esté ya; la tercera, en la que seguro que no voy a estarlo. Y hasta ese día, trabajar siempre, incluso para cosas que no he de ver.
Y adiviné quiénes eran, lo que eran, cómo eran. Eran los personajes errados, los que viven por imitación interpuesta, los alienados por opción.


Saramago. Los personajes errados 


lunes, 16 de enero de 2017

EL ORGANIZADOR DE SUEÑOS



Sueña el rey que es rey,
y vive con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso,
que recibe prestado,
en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son
.[1]



Soñé que organizaba los sueños. No de los que dan ilusión a la vida, de esos esperanzadores que dan esperanzas pero nada más. No de éstos, de los otros. De esos locos, sin sentido, que alborotan y dan realidades dentro del sueño o que sumados indistintamente, se vuelven dictadores y terminan en pesadillas, generan miedo.

Y los había de todos los tipos, estaban allí desordenados, sabía que había que ordenarlos, no sé por qué, pero había que darles vida coherente, arreglarlos para el final, para que cuando volvieran a aparecer supieran comportarse, supieran su destino, comprendieran el final.

Era organizarlos para que tuvieran sentido, para que no maltrataran a su arribo.

Parecían ideas de hiperactivo. Un sueño saltaba sin sentido de allí para allá. Sin sentido era la vida de los sueños y yo en la distancia, no sabía que era su dueño, ni que era un sueño. Hasta que lo comprendí. Decidí ordenarlos, es decir, decidí darles órdenes y aconductarlos. Usté por aquí, usté para allá, usté quietecito, usté no se me alborote, usté en el taburete. El de allí, pues para acá, el de acá va para acullá –así sonara palabra rara-.

Y los sueños fueron tomando forma, parecían códigos ordenados según tamaño, parecía biblioteca especializada a la que a cualquier docto le daría orgullo exhibir.

Sin embargo, dejaron de ser ellos, dejaron de ser sueños, al tener dueño y se volvieron aburridos, doctos, académicos. Dios me libre! Pasad por acá. Qué queréis señor? Ah! Es por allí, incluye final. Pesadillas? Perdonad, es mejor no abrir, allí se revuelve la conciencia mayor, la del pánico, la del susto, la del miedo, las que infunden horror. Os advierto, es mejor no acercarse. Volved aquí, dejad de mirar de reojo que esa es la caja de Pandora. Os lo he advertido, pero humano sois, dice el académico. Y dicho eso el académico desaparece (cosa tan rara!).

Dejemos a Pandora quieta, que ya una vez le fue mal por el mal que trajo al mundo, en cualquiera de las versiones que de ella hay.

Volviendo al asunto, dejando la pesadilla alejada y a Pandora vigilante (pues así se llamaba una perra criolla que de niño tuvimos, honor a ella), decía, volver los ojos a los sueños ordenados.

Parecían obras de teatro, al mejor estilo de Lope o de Calderón, de esas que en mi niñez no logré acabar, aquellas que iniciaban con detalle de personajes, dos puntos. Papeles o roles, dos puntos. Escenografía, dos puntos. Tema, otros puntos. Sale fulano, entra zutano, congoja de mengano. Quienes han leído teatro me entienden. Todo calibrado, todo previamente decidido. Y viendo todo ese orden, pensé en el caos, en el caos propio del sueño, del que es dueño, en donde no hay papeles, todo se improvisa, personajes, lugares, libreto, actores sin escenario ni temática predefinida, simplemente caos, dentro de un orden, supongo, o al menos eso dicen, que el caos tiene su orden y Heisenberg otra vez, indeterminación, incertidumbre.

Y pensé en que no hay como los sueños en que el personaje aparece y luego, por encanto, desaparece, sin darnos cuenta, sin saberlo, ignorándolo, pero aceptándolo, como dogma, como auto de fe. En donde el paisaje hace otro tanto, en donde el sueño se convierte en pesadilla, en cuestión de milisegundos, pero que parecen una eternidad y sin razón se despierta, asustado, trémulo, acongojado, generando desvelo y eso desvela y su argumento se pierde en la imaginación. Continuará, pareciera decir sueño o pesadilla, pero nunca lo hará, porque ya despierto, ya desvelado, aparece la vida que continuará, que seguirá, pero tal vez no como creemos, tal vez diferente y sueños e ilusiones se construirán, como ilusión de previo desencanto, invasora de esperanza para que no nos consuman de vida, para que sobrevivamos, como es debido.

Sueños que no sabemos si se cumplirán y más cuando soñamos con el mañana, cuando se vuelva realidad, olvidando que era sueño de antaño, lo que impide que nos sorprendamos si en el horizonte le vemos.

Sueños los unos, sueños los otros. No acepté el encargo, no era organizador de sueños, mejor dejarlos como son, con su incertidumbre, con su propia anarquía, quién era yo para meterme en esos vericuetos?


¿Qué os admira? ¿Qué os espanta, si fue mi maestro un sueño, y estoy temiendo en mis ansias que he de despertar y hallarme otra vez en mi cerrada prisión? Y cuando no sea, el soñarlo sólo basta; pues así llegué a saber que toda la dicha humana, en fin, pasa como sueño. Y quiero hoy aprovecharla el tiempo que me durare, pidiendo de nuestras faltas perdón, pues de pechos nobles es tan propio el perdonarlas.[2]





[1] Calderón de la Barca. La vida es sueño
[2] Calderón de la Barca. La vida es sueño.

viernes, 13 de enero de 2017

IBA A HABLAR DE EGOÍSMO [1]



Qué diré de lo que estarán diciendo aquellos que me miran a hurtadillas, si por mirada entendemos el relampagueo rápido que orientan hacia mí, si no es solo un movimiento tan involuntario e inconsciente como un parpadeo.
Saramago. Un brazo en el plato

En el anterior blog hablé del yo, del ego, del ello y de la multiplicidad de personalidades de las que gozamos, a nuestro pesar unas, otras también.

Como en el blog anterior, éste es su consecuencia, que acorté aquél en gracia de la brevedad, que no lo fue tanto, porque a veces me gusta explayarme. Hecha esta aclaración, inicio con esta transcripción encontrada en Internet[2]:

En el lenguaje coloquial, por último, se suele hacer referencia el ego como exceso de autoestima. Por ejemplo: “Este actor tiene tanto ego que, en algún momento, va a chocar contra una pared”.
Se conoce como egoísmo al amor excesivo que una persona tiene sobre sí misma y que la lleva a atender sólo su propio interés, sin interesarse por el bienestar ajeno. El egoísmo es, por lo tanto, lo opuesto al altruismo.
El egocentrismo, un término que hace referencia a centrarse en el ego (es decir, el yo), es la exagerada exaltación de la propia personalidad. El egocéntrico hace de su personalidad el centro de la atención.
En psicología, egocentrismo es la característica que define a una persona que cree que sus propias opiniones e intereses son más importantes que las de los demás. El término deriva del latín ego, que significa "yo". Una persona egocéntrica no puede "ponerse en los zapatos de los demás (quitándose primero los de él mismo)", y cree que todos buscan o deben buscar lo que él busca (o lo que él ve, en alguna forma, excede en lo que otros ve).
Jean Piaget (1896-1980) sostuvo que los niños pequeños son egocéntricos. Esto, de ninguna manera significa que sean egoístas, sino que no tienen todavía la suficiente habilidad mental para entender a otras personas que puedan tener diferentes opiniones y creencias con respecto a la de ellos.

Egoísmo. Buen tema para contradecir, digo, para tratar. He sostenido la relatividad de todo, y en los conceptos y en las palabras también hay dualidad, que pervierte su sentido, que perturba la oración, que conturba la sensación.

Siempre, desde los inicios de mis tiempos, la palabra egoísmo tenía una significación peyorativa pero a la vez hipócrita. Y me explico con ejemplos: No sea así, présteselo a su hermano! y Por qué se lo dio? No ve que ellos tienen más que nosotros?

De igual manera era el proceder social, cuando de voz alta se trataba, el consejo era que no fuera egoísta, hay que compartir con los demás. En círculos cerrados, el chisme dejaba el veneno que él mismo contenía.

Y viene la dualidad de la palabra, entendida como autoestima. Dirán que son palabras diferentes, la una menos afortunada que la otra, según se vea. Pero…

Autoestima quiere decir en mi simplismo, la estima que uno tiene frente a uno mismo, buena, mala o regular, es cómo se ve uno en el espejo de su propio ser, influido claro está, de cómo lo ven los demás a uno, si es motivo de burla, de envidia, de respeto y en cómo combinan todos esos factores para determinar cómo anda la estima de uno mismo.

A los inicios de la era del internet[3], los mensajes sobre la autoestima era la trabajada. Sé tu mismo! Los demás te ven cómo te ves tú mismo! Y así eran los mensajes, siendo de los más difundidos aquel gato que se miraba en el espejo y se ve como un león. Las cosas cambiaron y el discurso cambió a partir de redes sociales. Se proclamaba que ser egoísta no era pecado, se cambió el esquema y son tantos los mensajes que se cuelan en Facebook, invitando a quererse a uno mismo, a sentir que uno es el importante, que lo que vale es uno, sobre todo los mensajes están redirigidos a las mujeres. (Un paréntesis. No sé si se habrán dado cuenta que en Facebook la gran mayoría de mensajes, al menos de los que leo desde mi cuenta, son hechos y dirigidos para mujeres en su 90%, a veces, siguiendo su propio pensamiento, me siento discriminado, son excluyentes, pero qué se le va a hacer, ya estamos escaseando, cuando seamos la minoría notoria podremos exigir nuestros derechos a la igualdad).

            En aras a la precisión, porque de lo contrario termina ésto como un tratado, escrito por un… lo que sea, menos letrado en el tema, no creo que el egoísmo deba considerarse pecado ni irregularidad mental. Aunque la incongruencia con que escribí, el enredo que formé y la conclusión, incongruente y enredada, he de reconocerlo, hace que por hoy culmine superficialmente, como lo ha sido todo este artículo.

Y me sustento sobre lo escrito, al menos desde mi punto de vista; para uno qué debe ser lo más importante en este mundo? La familia? (cada uno toma su camino); La pareja? (algún día terminará, así sea con su defunción); los hijos? (cada uno toma su camino). Quién más queda?

Y si se quiere, eso me llevó a pensar que siempre se es egoísta, pero dado el estigma planteado, el concepto se camufla para que no resulte evidente. Nada más piense que va a llevar un ponqué de regalo, cuál escoje? El que le gusta a uno, apenas natural. Por el bien de la familia se va a comprar un carro, cuál se elige? Quién lo decidió, a pesar de aparentar democracia? Vamos a cine? Qué tal si vemos…? (Hipocresía? egoísmo manipulado para el goce del egoísta?)

            Para concluir, retomo la idea con una pregunta final: para bien o para mal, como se quiera ver, qué es lo más importante en la vida si no es uno mismo?

A este respecto, afortunadamente para la humanidad, el egoísmo individual ha resultado más fuerte que la locura colectiva.[4]



Tomado de Facebook



[1] Si se quiere, puede oírse Egoísmo, de Julio Miranda. Me encanta esa canción. https://www.youtube.com/watch?v=1I1zLJ-lZO0
[3] Quizás en este punto el lector esperará una definición del pecado. Sin embargo, esto no tiene dificultad: pecado es lo que desagrada a los que dirigen la educación. B. Russell. Por qué no soy cristiano.
[4] B. Russell. Por qué no soy cristiano.

miércoles, 11 de enero de 2017

YO, ELLO Y SUPERYO


Un hombre es un hombre, y un hombre está hecho de generosidades y egoísmos, de coraje y de debilidades, de coherencias e incoherencias: si una mitad de ti esperaba que no sucediera, la otra mitad lo deseaba hasta el espasmo.
Oriana Fallaci. Un Hombre.


Me voy a atrever a meterme en un tema en el que soy totalmente neófito, en el cual, cada vez que trato de ahondar termino en un enredo mental que prefiero dejar las cosas quietas. Habrán notado que dentro de mi simplismo, mental y estructural, hablo de mis diferentes personalidades como acompañantes permanentes de mi vida, quienes de alguna manera me obligan o me limitan a realizar determinadas acciones.

Sin embargo, una vez más trataré de pensar en voz alta sobre el tema, con el mayor simplismo posible, luego de haberme enredado en la profundidad investigativa que puede tener Internet[1] y que por eso mismo le reconozcan los sabedores del tema, ante quienes no me disculpo de antemano, porque parto de un simplismo propio de una mente que no tiene el conocimiento suficiente y que puede estar imbuido por mitos y tabúes adquiridos a lo largo del tiempo.

El ego es, para la psicología, la instancia psíquica a través de la cual el individuo se reconoce como yo y es consciente de su propia identidad. El ego, por lo tanto, es el punto de referencia de los fenómenos físicos y media entre la realidad del mundo exterior, los ideales del superyó y los instintos del ello.

El ego para el psicoanálisis freudiano el ello (id) está compuesto por los deseos y los impulsos. Es decir, soy yo. El superyó (superego), en cambio, está formado por la moral y las reglas que un sujeto respeta en la sociedad. Es decir que soy el yo decente o el gamín, según se vea, aunque no olvidemos que en todo caso, llevamos un enorme gamín cuando se meten con nosotros o con lo nuestro. El yo (ego), por último, es el equilibrio que permite que el hombre pueda satisfacer sus necesidades dentro de los parámetros sociales. Y como ven, este último resulta contradictorio porque el ego va con el ello, pero el yo, también, pero esta vez con el ego, siendo el ello freudiano y el ego, mío? y curiosamente no veo, en ninguna parte el mí, parte importante de mí mismo.

Yo es ego, es yo; ello es mi instinto y mis ideales están en manos del superyó. El primero, deseo e impulso, se impone, neutraliza o permite generalmente la expresión del cavernario o atávico que me une con los antepasados más remotos o con los sujetos que conviven en el presente de mi entorno. Parece que de esta manera ya escribo como todo un académico, diciendo dulces palabras científicas cuyo enredo nadie se atreve a contradecir so pena de que le llamen bruto.

Entonces, volviendo a mi simplismo, los que saben dicen que tenemos una trinidad en la cabeza, tres locas encerradas en una celda llamada cráneo, cada cual tratando de imponerse a su antojo, cada una tratando de delatar al otro para lograr salir victoriosa, una intercediendo, siendo intermediaria para que salgan las tres y no una de ellas, otra siguiéndole el juego, pero solo para luego hacer zancadilla y vencer ella sola, todas a una y una contra todas y a todo ésto, quién soy yo?

Por el momento, la última pregunta, por demás afectadamente insulsa y sin sentido, aparentando ser lo que no es, tratando de decir quién es sin serlo, no es del caso contestar y dejarla para luego, para cuando adquiera conciencia de su propia realidad. Esto mencionado por la tangente a la mejor forma como lo haría Saramago.

Y como Freud fue el que comenzó con el enredo y aún persiste su teoría, de cualquier manera, démosle la palabra, claro que a través de lo investigado en Internet, aclaro, para que vean que mi simplismo da para investigar superficialmente[2] un tema en que además de lego, soy ignorante, como he advertido varias veces.

Aunque algunas corrientes rechazan esta división de la mente en tres personas diferenciadas, para Sigmund Freud la personalidad humana está compuesta tanto por los elementos conscientes como por los impulsos inconscientes.
El ego, que evoluciona con la edad, intenta cumplir con los deseos del ello de manera realista y conciliándolos con las exigencias del superyó. El yo, por lo tanto, cambia con el paso del tiempo y de acuerdo al mundo externo.
Freud cree que el ego trasciende el sentido de uno mismo para convertirse en un sistema de funciones psíquicas de defensa, funcionamiento intelectual, síntesis de la información y memoria, entre otras. El yo supone el primer paso del propio reconocimiento para experimentar alegría, castigo o culpabilidad.

Ajá! Y uno se pregunta, con los tantos lóbulos cerebrales que se tienen, sé que cada uno está en su sitio, en algún vértice del triángulo, acordándome que el atávico está en el bulbo raquídeo, es decir, si no estoy mal, en el tronco de donde se desprende el resto, es decir que todo está cabeza abajo, si se tiene un triángulo invertido, como me imagino. Pero… cuando creo que voy por buen camino, el pero aparece y mi deseo no es profundizar sino simplemente dar mi punto de vista.

Deseos y sentimientos, amores y desamores (que son sentimiento, aclaro), intelecto y superstición, tabú e ignorancia, pasiones y afectos, ansias y deseos, egoísmo y altruismo, ying y yang, bueno y malo. Dioses y diablos, ángeles y demonios, de todo eso estamos compuestos, aunque me retrotraigo al estamos y lo cambio por el estoy, para que cualquier culpa caiga directamente sobre mí, el cual volvió a aparecer, como debe ser. (Otro párrafo enredado? Pero me salió bien!)

Digo que toda esa diversidad que hay dentro de la cabeza y pretenden que sean de tres y no de uno (buen juego de palabras, me digo).

Decía entonces que en la cabeza tenemos una personalidad múltiple, pensando en que de pronto somos esquizofrénicos a nuestra manera humana, y es así como algunas personas nos conocen como amables y sinceras, otras odiosas y rencorosas, religiosas o ateas, en el mejor de los casos, decentes o gamines, porque solo han visto, generalmente una sola de las posibles facetas que nos acompañan.

Entonces quién soy? La pregunta en este lugar sí resulta oportuna, aunque ligeramente descortés, pues es una respuesta que sólo yo puedo darme, dentro de mi propia intimidad, siempre que sea sincero conmigo mismo. Porque de igual manera me puedo mentir a mí mismo y darme una respuesta que me libere de una carga que en últimas resulta pecaminosa. Para ello se requeriría de sinceridad y más que eso, de objetividad. Y nótese que aquí salió a relucir mí mismo, que no sé en dónde ubicarlo dentro de la trinidad mencionada.

Ese mí mismo puede ser atávico, si la pregunta indiscreta hace referencia a la genética original, desde el de dónde vinimos para saber quiénes somos. Puede venir del ego, ese que se reconoce o aparenta reconocerse dentro de su realidad. O también puede provenir de ese superyó que fue educado en sociedad. Pero también puede ser que tenga personalidad autónoma, sin ser trinitaria, sin depender de las otras, siendo ella misma, siendo el mí mismo.

Eso lo deduzco, dentro de mi simplicidad, por aquello que a lo largo de mi camino he podido corroborar, con Einstein –si se me perdona la osadía de comparación-, que todo es relativo: lo que soy puede que no sea, puede ser que sea lo que no soy, para que otros me acepten, para adaptarme a ellos, para vengarme de ellos. Y de esa forma, soy sin serlo, puedo ser sin saberlo, ser como soy, darme a conocer con espejo, con fantasma, sin que sepan lo que realmente soy. Soy el que soy, también el que aparento ser, soy eso y mucho más, no solo soy trinidad, puedo ser mucho más, el bueno y el malo, el envidioso y el generoso, puedo ser sin ser y viceversa, si se me permite la reversa, soy eso y mucho más, aún lo que escondo, lo que oculto, lo que no quiero ver, lo que no quiero mostrar, lo que no soy. Y me estoy repitiendo, a pesar de saber que soy único, a pesar de todo lo que soy.

Jamás hallé compañera más sociable que la soledad.
Henry David Thoreau


Foto: JHB (D.R.A.)


[2] Hablando de superficialidad, de pensamiento, palabra y obra, viene a cuento: Lo que ha venido pasando, de manera generalizada (es mí inferencia), en Latinoamérica es una ligereza al momento de opinar. La causa raíz de esa ligereza puede ser la desinformación y no por la que se le aduce a los medios de comunicación, sino por la ausencia de lectura. … El punto realmente importante es qué tan bien informado estamos los ciudadanos y ojo no sólo los colombianos. Parece que es un mal endémico la superficialidad. Felipe Janica. Hay que leer. http://www.elespectador.com/opinion/hay-leer

lunes, 26 de diciembre de 2016

COLOMBIA, REALISMO MÁGICO.



Recordad siempre amigo que la vida no es como una pintura
que se construye a punta de brochazos suaves;
La vida es como una escultura
que se forja a punta de golpes de cincel y martillo.
Ivan Guirior


Una frase, invento de publicidad para turismo, nacida de labios del Nobel, del primero, que encierra toda la simbiosis de las diferentes regiones que le componen. De esa Colombia que resulta no es una sino múltiple, por las regiones, por los intereses, por la economía, por la gente, y que le hace en la misma medida diferente, totalmente diferente. De allí que sea mágico vivir en él.

Lo único común es el idioma aunque con diversidad de acentos: cantado, arrastrado, seco, folclórico, a media lengua, a la carrera completa. Es mejor no mencionar los modismos, que eso también es realismo mágico, sólo lo entienden quienes entre ellos conviven, vites? El lector que haya retenido de estas crónicas un cierto tono agridulce, que es ironía y negación de ella, pensar que estoy jugando con cosas serias o que por serias son tenidas. pues no estoy jugando, no señor[1].

Ser colombiano es cosa seria. Como somos tan realistas estamos convencidos que nos robaron el reinado de belleza y que la virreina es reina, a pesar de no serlo, pero en nuestros corazones siempre lo será! Probablemente la ironía es la única puerta de salida que me queda. La alternativa de la vehemencia con que tendría yo que interpelar a no se quién, no sé donde, por esta obstinación miope. Por esta falta de capacidad para criar piel nueva… Lo que son las cosas, me proponía hacer el elogio… y acabo por salir esto: un dolor en el corazón, una sensación de ser hoja pisada, una dura y pesada tristeza[2].

Campeones mundiales de peso gallo, liviano y… , claro hace más de treinta años, pero aún se le puede refregar a alguien, por aquello de la magia del tiempo. Porque nos encanta recordarlo, como si nosotros lo hubiéramos ganado, es decir, todos los colombianos, pero el único que se la jugó, que la sudó, fue el que ganó y por eso nos gustaría que Si ya es campeón del mundo en eso, de nada le servirán los títulos efímeros que apenas duran el tiempo de un suspiro, así que ha de exigir mucho más. Ha de pedir el título de campeón vitalicio, de campeón-jefe, de campeón para siempre jamás[3] -así seríamos verdaderos colombianos-. Por esa misma magia no olvidamos el 5-0 a pesar de que pasen los siglos, siempre se lo estaremos refregando a los argentinos, olvidando que en otras oportunidades la vergüenza fue nuestra –digo nuestra, por aquello que somos colombianos, cuando nos conviene, pero en tales casos, los buenos colombianos le echarán la culpa a la selección y al técnico de turno.- Y hablando de fútbol, que al parecer somos expertos los colombianos en echar pata, no entendido como sinónimo de caminar (entiéndase la ironía), somos colombianos por ese realismo mágico que hay en el deporte. Pierde la selección o cualquier equipo del que sea hincha y es culpa del técnico, del árbitro que nos robó el partido –y nótese que sigo hablando con el nosotros, del que mágicamente nos gusta paladear a los colombianos, cuando conviene-, culpa del mal tiempo o del presidente. Olvidan la magia que tienen –nótese que ahora uso el ellos- para quitarles el aire acondicionado a los contrincantes, cuando no mojan el pasto antes del inicio del partido, ah! Es que está tan seco… Fue Electricaribe! Sí señor... Somos –con ese plural de nosotros, nótese-, decía que somos expertos en escudarnos en excusas, en mentirnos –nótese que me incluyo- pues A diferencia de lo que afirman los ingenuos (todos lo somos una u otra vez), no basta decir la verdad. De poco servirá en el trato de la gente si no es creíble, y hasta debiera ser esa su primera cualidad. La verdad es sólo medio camino. La otra mitad se llama credibilidad. Por eso hay mentiras que pasan por verdades, y verdades que son tenidas por mentiras[4].

Y qué hablar de las regiones -Desahóguese el lector, y diga lo que piensa de toda esta comedia de engaños que va siendo nuestra vida[5]-. Pastusos y boyacenses con fama de pendejos y negociar con ellos, uno sale tumbado. Los paisas, por antonomasia considerados –por ellos mismos- como los vivos del paseo y mejores que el resto del mundo: Antioquia la más educada, dice el excluyente. Los costeños, el ajá los resume. Los del interior, nos consideran –nótese mi incluyente pero el excluyente correlativo de ellos- hipócritas, fríos. Y entonces uno se pregunta –uso el indeterminado- cómo puede ser el colombiano? Y en medio de mi ironía, con eufemismo incluido, propio de nosotros los colombianos –nótese el incluyente plural-, Sentí en mis ojos la conmoción emocionada, el saludable orgullo patriótico. Me di cuenta de que, pese a los desengaños, a las esperanzas frustradas, aún ardía en mí, como flamas votivas en el ara sagrada, insospechadas llamaradas de amor a la cuna natal. Claro que quedé muy contento, por eso pensé de inmediato que tenía que hacer partícipes a todos de mi alegría[6].

Y hablando de saludable orgullo patriótico, pensar en -Desahóguese el lector, y diga lo que piensa- los colombianos que no lo son, refiriéndome a todos aquellos hijos y nietos de inmigrantes –y aún el mismo emigrante- que con razón y a pesar de sus padres y abuelos no se consideran colombianos, porque ni conocen la tierrita ni hablan el idioma, pero resultan que los exaltan como tales porque fue el único colombiano que… gracias a él (o ella, ya ni supe el sexo de ese gringo-colombiano) la Nasa pudo llegar a Plutón (ja!) –hoy desposeído de su título, como tantos más y me refiero a Plutón…- porque fabricó la elipse que permitió el giro radial de la sonda transmisora… y solo aparece en nuestros periódicos –nótese el patriotismo- por falta de noticias, sinceramente. Y dígase lo que quiera, hay muchos colombianos que de corazón dejaron de serlo, porque fueron sinceros –o hipócritas, como quiera vérsele- y quieren a su país que le da de alimentar, el natal es otra historia que es mejor dejar en el olvido, a pesar de que a veces al oír el himno nacional derrame unas gotas de orina de la emoción del momento, que es transitorio y lavable. Muchos que no quieren volver. Al menos ellos son sinceros!

Y por eso, los extranjeros en este país, son más honestos cuando expresan libremente su amor por este país, más que al de ellos. Ellos no padecen de realismo mágico, se quedan con el realismo verdadero y sincero. Madre no es la que lo pare a uno sino la que lo alimenta! Y esto es una verdad desnuda. El que inventó la frase «la verdad desnuda» había percibido una importante relación. La desnudez escandaliza a la gente honrada y lo mismo sucede con la verdad. Cualesquiera que sean los intereses de uno, pronto se verá que la verdad es aleo que la gente bien no admite en su conciencia. Siempre que he tenido la desgracia de estar presente en un tribunal durante la audiencia de un caso del cual yo tenía algún conocimiento de primera mano, me ha sorprendido el hecho de que no hay una cruda verdad que pueda penetrar en esos augustos portales. La verdad que penetra en la sala de un tribunal no es la verdad desnuda sino la verdad con toga, tapadas sus partes menos decentes. En una palabra, la gente bien es la gente de mente sucia.

Y nos vanagloriamos de ser uno –uno, no el único, pero algo es algo- de los países más felices, no sé cómo lo miden, afortunadamente no me encuestaron a mí, porque el resultado habría sido otra cosa, de realismo mágico. Y que un Santodomingo se casó con la realeza europea, se imaginan? Un co lom bia no –que poco se la pasa por acá, que sólo es importante por la fortuna de dejó papi- se casó en las Europas… Quién te lo puede creer. –Nótese que para estos efectos el señor es co lom bia no, cos te ño, pero habla sin acento, porque ajá-. Como dijo García Márquez, si mal no estoy y con otras palabras, somos colombianos porque nos tocó nacer acá, todos hubiéramos querido ser gringos o europeos, pero la suerte fue otra. Pero eso sí, los que no se deben mencionar, no son colombianos, debemos olvidarlos, son una deshonra porque no ganaron. Pablo Escobar, Rodríguez Gacha, Rodríguez Orejuelas y tantos más. No mijito, esos sí que no son colombianos. Y ahora, al considerarnos con las manos limpias, nos molestamos supongo, porque ya no somos el primer exportador de mariguana y cocaína, nos dejaron atrás, todos reniegan y los primeros aquellos que se beneficiaron de ellos, incluidos los mejores policías del mundo –dice el grafiti, cuidado con la policía, es una familia muy grande!-.

            Según la filosofía einsteniana, todo es relativo. Para unos efectos, somos colombianos, para otros, mejor no. Nos quejamos porque sí y porque no. Si estamos aquí: qué vaina ser colombiano. Si estamos allá: yo? Colombiano? Es que… salvo que se trate de otro asunto y desde la lejura orinan patriotismo! (Así sin eufemismo? Al menos le hubiera echado vaselina, pero no tenía ganas, hoy estoy mágico).

            Lástima que hoy no se pueda ser ciudadano del mundo o aún judío errante, pero lo que sí tengo claro es que uno debe ser agradecido con la tierra que habita, sea o no su tierra natal, uno no puede ser desagradecido con este mundo, decían las abuelas y a ellas hay que respetarlas! Y no debemos olvidar la frase de Jaime Garzón: Colombia, un país de mierda!

            Y Desahóguese el lector, y diga lo que piensa de toda esta comedia de engaños que va siendo nuestra vida.

Amén! (Ojalá se pudiera sin la tilde y sin hipocresía y hasta sin eufemismo, si tuviéramos calzones! –nótese que usé el primer pronombre del plural-)

Hay dos formas de hacer el mal,
la honesta, franca y directa
que es haciendo el mal;
y la solapada, soterrada e hipócrita,
que es haciendo el bien.
 Ivan Guirior

Foto: JHB (D.R.A.)




[1] Saramago. Elogio de la col portuguesa
[2] Saramago. Ob. Cit.
[3] Saramago. Los cohetes de lágrimas
[4] Saramago. No sabía que había que hacerlo.
[5] Saramago. El crimen de la pistola
[6] Saramago. Los cohetes de lágrimas