lunes, 10 de julio de 2017

PONTIFICANDO SIN VERGÜENZA


Si la muerte está cargada de superstición —la luz al final del túnel, el Purgatorio…—, la vida no es la excepción.(1)

A raíz de algunos artículos publicados y de mis reacciones al compartir en redes sociales tales mensajes en contra de quienes considero andan equivocados, particularmente contra Uribe y todo lo que él representa, me di cuenta de que cuando uno predica tolerancia, termina siendo intolerante en igual o mayor grado que los vecinos criticados e igualmente uno termina insultando, pateando y siendo grosero, porque pareciera que el que más grita gana.

Modelo que se impuso en esta moderna sociedad y no lo digo como exculpando la parte de responsabilidad que me cabe. Y ello se ilustra con:

Siguiendo la temperatura y los avatares políticos de nuestra República, la conclusión es que este país es un paciente bipolar con dos caras no sólo completamente diferentes, sino radicalmente opuestas. Y por ser opuestas, la tolerancia de una hacia la otra es muy poca. Sólo se soportan pacíficamente cuando las aguas están calmadas, pero apenas surge algo que irrite el debate nacional, estalla el conflicto de un modo violento, grosero y cínico, y entonces lo que se aprecia es que esas dos mitades no sólo se culpan mutuamente de todos los males, se insultan y se agreden, sino que pura y simplemente se odian. Una mitad es el espejo rabioso de la otra.

…. Dos colombias que se odian, enfrentadas (por la tierra, en el caso del artículo). Es lo que somos. (…)  Por eso pretender que el país no esté polarizado es una utopía, como soñar que en un estadio las dos aficiones enfrentadas opinen lo mismo sobre las decisiones arbitrales.(2)

Mucho de ésto obedece a la intransigencia, heredada (de padres y abuelos) y adquirida a lo largo de nuestra vida, en que hemos vivido polarizados hacia un lado de la política, de la prensa, de la historia, de la sociedad o simplemente del otro y de los y por los mismos aspectos.

Los tradicionalistas no aceptan que el mundo se haya vuelto más complejo y que no sea fácil de juzgar con un “sí” o con un “no”. …
Los tradicionalistas quieren que volvamos al mundo de antes, cuando, creen ellos, todo era simple y de una sola pieza (en esto hay algo de ficción); un mundo en el que se obedecía a Dios y a su ejército de sacerdotes sin preguntar por qué y sin investigar lo que ocurría en la realidad. Un mundo tan ordenado como autoritario; tan cognitivamente ciego como humanamente rudo.
Pero hay que asumir los retos de la sociedad compleja que hoy tenemos; ello implica aceptar la diversidad familiar y los valores positivos que ella encarna. No se trata de hacer una defensa ciega, por supuesto, sino legitimada por la participación democrática, la defensa de las minorías y las evidencias científicas.
La semana pasada estuve en un evento sobre arte y periodismo en la Embajada de Holanda. Allí, el embajador leyó un poema de K. Michel que sugiere justamente esa relación entre lo simple y lo rudo, que he mencionado aquí a propósito de los defensores de una sociedad compuesta por familias católicas y heterosexuales. Ese poema dice lo siguiente:
“Siempre hay más de una opción / y antes de hacer (o dejar de hacer) / siempre se puede contar hasta basta. Para una pelea hacen falta dos ideas / para un beso cuatro labios / para un cuerpo cinco litros de sangre. Para hacer lluvia, un árbol / una casa, música, un sueño / se necesitan varios elementos. Y en las huellas de animales espantadizos / alrededor de un abrevadero encenegado / brillan por la noche un millón de estrellas. Para alguien que no piensa más / que con el uno (y no con el otro) / esa cifra es un martillo / y el mundo entero un clavo”.(3)

Naturalmente hay opciones, pero muchas con el velo de la sapiencia, del sentido común y de la honorabilidad velan el pensamiento ante situaciones que le atacan y como ante el otro, el contrario y el espejo no vale inteligencia, necesariamente termina uno dándose golpes contra la cabeza, contra la pared o contra el otro. Tal vez por eso dicen que pelear contra un estúpido uno siempre pierde. (Nótese cómo pontifiqué y cómo terminé igualmente en el juego que desde el inicio critiqué).

Se trata entonces de condicionamiento imposible de modificar? Lo intento, crean que lo intento, pero ante tanta estupidez (léase estupidez que considero yo como tal, puede que no se ajuste a cánones o a opiniones ajenas) y no me ha quedado otro camino que pontificar, porque la carrera ya la siento perdida.

Con el otro, con el espejo, con quien pueda mantener una paz relativa, de esa paz que se puede llamar de guerra fría, mientras no se caliente (si se permiten los juegos de palabras), puedo convivir siempre y cuando no empiece con estupideces, con roces políticos, sociosexuales o periodístico, que de alguna manera riñan contra la inteligencia, el sentido común o las buenas relaciones, porque allí, por proclividad adquirida, mi intransigencia es intransigente, así sea que no presente pelea, pero al callármela y comerme esa piedra, con eso, simplemente con eso ya no hay opción y aún contando hasta basta, como decía el poeta, mi cara reflejará lo que pienso, eso no lo dudo, eso no lo duden. (En parodia: y más que mis frases lo dice mi cara).

Qué vaina no? Uno pontificando…

En el juego del poder no hay inocentes. (4)



Foto: JHB. (D.R.A.)

[1] Ana Cristina Restrepo Jiménez Contra la maternidad. El Espectador.
[3] Mauricio García Villegas. Un martillo y un clavo. El Espectador.
[4] Julia Navarro. Historia de un canalla

viernes, 7 de julio de 2017

MINIMALISTA


Había hablado en blog anterior sobre el desprendimiento y aunque me enredé un tantico, resultó que después de escrito me dio por ver un documental de Netflix: Minimalismo: las cosas importantes (1).


Minimalismo donde más es menos y menos es más. Vivir con lo necesario y no requerir más de lo necesario. Cambiar el chip para desprenderse de la esclavitud del consumismo, de la compra de lo innecesario, del guardar lo inútil. Deshacerse de todo lo que no se requiere. Adoptar la teoría del vacío.

Y apareció, por arte de la nada, la ley o teoría del vacío con lo cual el desprendimiento, el minimalismo y el vacío nos lleva a lo mismo, no solo en lo externo sino en lo interno y en adoptar un estilo de vida semejante, si ello llega a ser posible.

Dice la ley del vacío (2):

¿Tienes el hábito de guardar cosas inútiles?, creyendo que un día (no sabes cuándo…Vas a necesitarlas?
¿Tienes el hábito de guardar ropas, zapatos, muebles, utensilios domésticos y cosas que ya no usas desde hace tiempo?
¿Y dentro tuyo?¿Tienes el hábito de guardar resentimientos, rencores, tristezas y miedos?
¡Sí tu casa está desordenada y llena de objetos que no utilizas! ¡esto va contra tu prosperidad!
Es preciso que dejes un espacio, un vacío, para que cosas nuevas lleguen a tu vida.
Es preciso que te deshagas de todo lo inútil que hay en tu casa y en tu vida, para que la prosperidad llegue.
La fuerza de ese vacío es lo que absorberá y atraerá todo lo que deseas.
Mientras estés material, o, emocionalmente cargado de sentimientos y cosas viejas e inútiles, no tendrás espacio para nuevas oportunidades…
Los bienes necesitan circular.
Limpia los cajones, los armarios, el garaje.
La actitud de guardar un montón de cosas que no utilizas, solo encadena tu vida.
No son los objetos los guardados los que estancan tu vida, sino el significado de la actitud de guardar.
Cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia…
Con esa idea, le estás enviando dos mensajes a tu cerebro y al Universo…
1º. Que no confías en el mañana.
2º. Que piensas que lo nuevo, lo mejor y la abundancia, no son para ti.
Por eso te encuentras bien guardando cosas inútiles.
En muchos libros mágicos- mentalistas podemos encontrar la frase de:
Las telarañas de tu hogar, son tus telarañas mentales.
Deshazte de lo que ya perdió valor por el paso del tiempo.
Regalos de personas que ya han desaparecido de tu entorno.
Deja entrar lo nuevo a tu casa…
Y dentro de ti mismo.
Practica la ley del vacío y deja que la prosperidad y la paz lleguen a ti.
 
Con esto y por hoy creo que sobran las palabras, sobran más comentarios y opiniones, sólo queda la reflexión, sólo eso queda.

—Señores, cualquiera que se enfrenta a una decisión difícil —dijo en voz baja y amenazadora— debe desterrar de su mente el odio y la ira, el afecto y la compasión. No resulta fácil discernir la verdad cuando uno se rinde a las emociones. (3)


Foto: JHB. (D.R.A.)



[1] Pueden verla en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=ljfL55DVxko. La recomiendo.
[2] Ley o teoría de Joseph Newton. http://pensarbien-fv.blogspot.com.co/2010/03/ley-del-vacio-joseph-newton.html
[3] Robert Harris. Conspiración. Saga: Cicerón - II

lunes, 3 de julio de 2017

MIEDO


Nacer con el miedo cosido a la piel. Crecer multiplicando ese miedo por millones. Heredar los temores de nuestras madres y nuestras abuelas, y temerle al infierno, al pecado, a dios y al diablo y a los hombres. Maldecir porque un día nos dicen que esos hombres son el demonio, y porque al día siguiente nos juran que sólo con un hombre podremos ser felices toda la vida, hasta que la muerte nos separe y más allá. Vestirnos por miedo a que nos tachen de no estar a la última moda, y vestirnos con miedo por agradar o ahuyentar a quien es al tiempo perdición y salvación. Desvestirnos porque es nuestro cuerpo y con nuestro cuerpo hacemos lo que nos dé la gana y no debe quedar duda de nuestra libertad, y caminar sobre las prendas después, culpándonos de nuestra desnudez.(1)

Nacemos y morimos con el miedo, a flor de piel, cosido en la piel como dice el poeta mencionado.

Nacemos en el miedo al no saber cómo nos va a ir en esta vida, enfrentándonos a lo desconocido, a la familia desconocida que nos adopta.

Vivimos en el miedo, en el constante miedo: a llegar tarde, a no haber hecho la tarea, a que el bus nos dejó, a que el trancón impidió, a que la leche se acabó, a que voy a llegar tarde, a que qué pasará mañana, será que tendré trabajo, será que lloverá, será que eligen a aquél otro? Aquél me quiere atracar? Y ese quiere pelea? Y por qué me mira mal? Y yo qué hice? Y él por qué no lo hizo?

Miedo a la incertidumbre, miedo al destino, simplemente miedo cuando nos enfrentamos a ellos y es el momento preciso en que tal duda surge, la piel se pone de gallina, el estrés adopta su posición, la mente se deprime.

Y con la misma incertidumbre, tememos a la muerte, a la ajena, a la propia, a pesar de ser indiferente la del otro, allá él, es su problema, será su miedo, será su perdición.

Palabras deprimentes (lo corriente en él, me dirán algunos) pero son sensaciones que uno tiene, sensaciones que uno palpa, caras que así lo reflejan, sentimientos que lo irradian y que lo toman a uno por sorpresa.

Deprimentes, pero reales. Tantas veces que sin misericordia nos ataca, nos revuelve y nos revuelca.

Vivimos en el miedo, nos ocultamos de él y a pesar de todo, subsiste en nosotros, atacándonos aún en sueños a pesar de nuestro querer. Negarlo? Sí, la mejor forma de evadirnos. No pararle bolas? Claro, la mejor manera de sufrir menos. Y como dijo el poeta (depresivo como yo? Tal vez, o tal vez también lo reflexionó en un momento en que no estábamos deprimidos): 

Jugar a que nos cazan, a que te cazo ratón, y hacer responsables al mundo y sus habitantes porque nos cazaron. Agredir por miedo a que nos agredan, besar por miedo a que nos besen, sonreír por miedo a que no nos sonrían, cumplir por miedo a quedar en la calle, callar por temor a dejar al descubierto nuestra ignorancia, y existir y sobrevivir por miedo a vivir. Creer que el matrimonio y los hijos nos salvan y salvar sólo a aquellos que piensan y viven como nosotros, y en lugar de nutrirnos de ideas, de vida, de descubrir, de nuestro bien y nuestro mal, repetirles a esos hijos, por temor a equivocarnos, lo que nos dijeron madres, tías y abuelas, o heredarles nuestra primera convicción porque es una convicción y a alguna convicción hay que aferrarse. Actuar por miedo al miedo. Decidir un camino por miedo a enfrentar un camino distinto. Aferrarse a un dios por temor, cumplir sus mandamientos por pánico y persignarnos todos los días para no caer en el infierno.
Ver en el otro una amenaza, porque nuestro respirar, caminar, hablar o bailar pueden ser una provocación, y sí, serán una posible provocación si vamos por la vida pensando cada segundo en provocaciones y amenazas y viendo enemigos en el bus, en el taxi, en el bar, en la calle, en el trabajo, en la playa y en el estadio y en la casa. Creer que el hombre es el fin de todas las cosas, el dador de protección, descendencia y placer, el poseedor del bien y del mal y del poder, y sentir que ese mismo hombre es un victimario.


Para concluír, solo repito con Julia Navarro: Pero el tiempo me ha enseñado que todos estamos predispuestos a creernos nuestras propias mentiras, siempre y cuando nos favorezcan (2) y al miedo, formando parte de nuestros fantasmas, aunque no nos favorezcan.

Foto: JHB. (D.R.A.)



(1) Fernando Araújo Vélez. Miedo. El Espectador.
(2) Julia Navarro. Historia de un canalla

viernes, 30 de junio de 2017

¿Qué no es necesario enseñar hoy día en la escuela? (Parte II) (1)

Siguiendo con la pregunta formulada, naturalmente hoy contesto que en materia de matemáticas fuera de las nociones básicas de la aritmética y la geometría –como en aquella época se estilaba- ellas fueron las que me han ayudado en todo este trajinar para saber cuánto gano, cuánto me queda y en cuánto me empeñaré y saber que las áreas se pueden calcular dependiendo de la figura geométrica. Pero pare de contar. Para quien es ingeniero, economista o calculista, para ellos la matemática habrá de ser fundamental. Y este párrafo me lleva a mi eterna respuesta: todo es relativo.

Otros me preguntarán para qué me sirvió saber tanto de Bolívar, Napoleón o Hitler? Qué obtuve sabiéndome el listado de presidentes, del santoral jesuítico o datos históricos o geográficos? Si he de ser sincero, tal vez de nada; tal vez el querer ser aceptado por ser culto? Sinceramente no lo sé, pero tampoco me arrepiento de la cultura y el conocimiento que he adquirido en toda mi vida. Diría lástima que no me enseñaron las cosas prácticas de la vida, tal vez sería culto con conocimiento práctico, pero de cualquier manera si no fue eso, la vida en su camino me ha enseñado y he aprendido de ella, bastante; algunas veces a trancazos, pero de cualquier manera todo lo aprendido a lo largo de mi vida tuvo su fruto, momentáneo, esporádico o permanente.

No me niego a la tecnología, contiene ese gustico que nos incita a involucrarnos de cualquier manera y ah! sí la he disfrutado –a pesar de no saber manejar un celular, me enredo cuando me piden un número y con eso digo todo-. Si la hubiera tenido en mi época hubiera sido genio. Hoy pienso ante tantas ideas prácticas: por qué no lo pensé yo antes?

Entonces, todo es relativo, aceptémoslo. Cosas muy buenas de la educación de antaño (hasta el detodito intelectual era bueno y más si se dejara que cada quien aprendiera lo que le correspondía, sin estar obligado a estudiar por una nota) y de hoy, la información a la mano, qué importa quién sea el presidente, basta consultarlo por internet y se sale de la duda. La cuestión termina siendo cómo equilibrar lo bueno de antaño, con lo bueno actual si todo es pasajero, todos somos pasajeros.

Por último, si mi voz tuviera valor –literal y no tan literal- siempre –ese siempre debe entenderse como parte del actual filosofar-, he pensado que los primeros siete o diez años –a pesar de la esponja cerebral que tanto pregonan profesores- deberían estar dedicados a formar al ser humano, no al hombre, al ser humano. Controlando y enseñando emociones, forjando acciones, compartiendo diferencias, cohabitando, viendo hacia dentro y de dentro a afuera –Innsaei(2)-.

Con Mónica hemos hecho el ensayo mental de cómo debería ser la educación actual, especialmente para los primeros años. La respuesta inicial fue hacer de los niños seres felices y luego decentes, lo que requeriría tener profesores felices y decentes, en toda la extensión de la palabra. Pero continuamos echando globos y como lluvia de ideas el uno dice: la respuesta es el yoga, la principal materia que se debería ver desde esos primeros años; el yoga ayuda a controlarse, a observarse y a observar al otro, a jugar con la motricidad, a concentrarse, a enfocarse, a ser elástico, a pensar en uno y en el otro, su reflejo, el prójimo, a ser virtuoso, concluiría yo. Pero suponíamos que no bastaría, sería importante enseñarles buenas maneras y costumbres, como correlacionarse decentemente, como respetarse y respetar más al diferente, que puede ser uno mismo, de esa manera se evitarían los gamines. Enseñar un poco de espejo, diría yo, cómo me veo, cómo me ven, cómo nos vemos para la convivencia social, cómo nos soportamos de la mejor manera. Qué tan difícil puede resultar enseñar a observar la naturaleza, sus procesos simples, su interacción, que sepan que los huevos no los pone Carulla, salen de la gallina y el pollito de la unión de padres (gallo y gallina, para no ser tergiversado). Enseñarles el amor predicado por los grandes filósofos (Gandhi, Russell, Confucio, Buda y Jesús, por qué no?), naturalmente sin meterse en las profundidades de la filosofía, sino como experiencias de vida. Enseñarles la felicidad, simplista, con el juego, con el compartir, con el día a día.

No sé si algún profesor se ha preguntado alguna vez qué debería cambiar, cómo debería cambiar él mismo y ponerse en los zapatos de sus alumnos, de todos y de ninguno en particular, aunque en particular de todo aquél que es diferente. La cuestión es que si el profesor no cambia, los niños tampoco y el futuro menos.

Pero naturalmente, si mi voz tuviera valor…

Mi querido amigo, sin derramar sangre la historia no avanza.(3)



Foto: JHB (D.R.A.)




[1] http://www.semana.com/educacion/articulo/julian-de-zubiria-que-es-necesario-ensenar-hoy-en-el-colegio/527540
[2] Un documental muy interesante pasado en Netflix. Corresponde a la palabra islandesa innsaei, de las difíciles de definir, que puede entenderse como el mar en el interior, según Wikipedia, o ver hacia dentro. https://www.youtube.com/watch?v=QNObzPFVJ2w
[3] Julia Navarro. Dime quién soy

miércoles, 28 de junio de 2017

¿Qué no es necesario enseñar hoy día en la escuela? (I)

Inicia el artículo cuyo título me apropio para este blog, diciendo: Es por eso que en estas notas responderemos a la pregunta: ¿qué podría dejar de enseñarse en la escuela sin que los niños y jóvenes tuvieran problema en su vida futura? Antes de responder, sería importante que usted como lector reflexionara sobre qué de lo que aprendió en la escuela, nunca volvió a necesitar en su vida. ¿Qué de ello fue claramente impertinente aprender? Es muy probable que la mayoría de contenidos que estudió, fueron olvidados con el paso del tiempo.(1)

Una primera lectura hizo estallido en mi cerebro pensando: Ah! Ahora quieren dejar de enseñar… y entonces, cómo ha de ser el hombre del futuro? Lo que llamamos cultura a dónde se va? Una persona culta… y cosas así.

Pero me detuve al retrotraerme a mi lejano pasado: mi niñez y mediana juventud. Mi proclividad a las matemáticas no fue muy notoria, pero pasaba raspando; en otras áreas era más afortunado. Entonces también recordé que en varias oportunidades me pregunté: en dónde está todo el álgebra, el cálculo, la trigonometría, aún la física y la química que tantos dolores de cabeza me dieron en su momento? No soy matemático y sólo me he podido imaginar a todos esos genios pensando en función del número, pero pare de contar.

Me gustaba el tema de las humanidades y recitaba bien acaeceres históricos y geográficos; la literatura la iba bien conmigo, siempre y cuando fuera yo el que la eligiera, no la que me impusieran –tal vez por eso fui reacio a leer el boom latinoamericano y los demasiado clásicos, por eso me excusaré de no haber leído a Shakespeare ni a los Cien años de soledad, aunque me empezó a gustar García Márquez luego que escribió el Otoño del patriarca, cuestión de gustos. Nada de Sábato, ni de Cortazar, Fuentes, aunque un tantico de Vargas Llosa reconozco-.

A partir de la lectura conocí un poco más de filosofía, religión –aún era bueno recitando el listado de santos jesuitas, papado y otros menesteres-. En una palabra todo lo que no tuviera relación directa con el pensamiento matemático, el que creo me fue negado o como diría mi papá, al que no le puse atención, a pesar de su exigencia.

Pero bueno, según el artículo Las matemáticas que se requieren a lo largo de la vida se aprenden en la primaria. De resto, es prácticamente nulo lo que queda y se usa con frecuencia. El extremo de impertinencia llega al estar calculando derivadas e integrales que más del 99.9% de los mortales nunca en su vida volvemos a utilizar. (…)En Lenguaje pasa algo similar. La mayor parte del tiempo escolar se desperdicia estudiando gramática, ortografía y una literatura descontextualizada. Sin embargo, pareciera que no nos damos cuenta de que la mitad de los jóvenes no puede inferir en las ideas que subyacen en una noticia deportiva de tan sólo un párrafo de extensión. (…) En Ciencias Naturales perdemos un tiempo muy extenso estudiando la tabla periódica, los símbolos químicos y los pesos atómicos; algo por completo impertinente en la era de Google e Internet. Es un tiempo totalmente desaprovechado en trivialidades, que a lo sumo nos sirve para responder exámenes del profesor de química y para resolver crucigramas. (…)En Ciencias Sociales no alcanza el tiempo para conocer la multiplicidad de nombres de accidentes geográficos de los diversos contextos regionales, nacionales e internacionales. Tampoco para intentar recordar presidentes, batallas o periodos históricos. (…) Sin ninguna duda, la educación requiere una revolución muchísimo más estructural de lo que piensan la mayoría de los ciudadanos.

A pesar de mi resistencia, tiene razón el articulista. Un ejemplo, en mis tiempos de incomprensión, es decir en los últimos años de bachillerato que terminé en un colegio a donde íbamos a dar… esos mismos. Regentado por Tito Tulio Roa (Gimnasio Boyacá, diferente al otro), de quien luego supe era un reconocido pedagogo de la época. En alguna oportunidad en una izada de bandera –los que no sepan que era eso, pueden buscarlo en internet, para ver si lo encuentran y si no lo encuentran, no existió, reza el dicho-. Allí Don Tito hizo un reconocimiento a un muchacho -cuyo nombre no recuerdo-, por algún escrito que había hecho –no sé si cuento, poema o lo que fuera, al parecer perfecto- y señaló que, si la memoria no me falla, había situaciones en la vida en que una persona era buena para una determinada materia y para otras –aludiendo a las matemáticas- no lo era, pero que hacía el reconocimiento público a ese estudiante porque debería sobresalir en el arte de las letras. No sé qué fue de él.

Y es así, algunos tenemos desarrollada la psicomotrocidad fina o la gruesa, cosa que en nuestra época no era importante y es más, debíamos ser derechos, se perseguía a los zurdos. Unos eran buenos para recitar y otros para cantar, unos calculando y otros pensando, pero a todos nos trataron iguales y nos exigieron lo mismo. Por eso tuvimos que aprender de todo.

Bueno o no el sistema, se puede preguntar hoy qué tanto se debe aprender en el colegio. El conocimiento se cambió por la información y su homónimo, la distracción. Es más el tiempo que se pasa en distracción que en conocimiento, sea cual sea el que le guste al que sea.


Foto: JHB (D.R.A.)


[1] http://www.semana.com/educacion/articulo/julian-de-zubiria-que-es-necesario-ensenar-hoy-en-el-colegio/527540

lunes, 26 de junio de 2017

DESPRENDIMIENTO



Para iniciar el blog tenía una idea, pero algo de su significancia me llamó la atención, lo que hizo que acudiera al doctor Google para precisar el significado y no terminara yo pregonando lo que no era.

Y acudiendo a esa ayuda, ésta como en los viejos tiempos de bachillerato, me llevó a la eterna definición de acción y efecto de, lo que no definía a la larga lo que se quería. Pero volviendo al cuento y para evitar más circunloquios(1) innecesarios transcribo: desprendimiento: nombre masculino 1. Acción de desprender o desprenderse. "desprendimiento de calor; desprendimiento de tierras; desprendimiento de gases" 2. Generosidad y desinterés que muestra una persona. "ya sé que no es grande el valor de esta joya, pero tu desprendimiento al ofrecérmela es como una gema de muchos quilates".

Lo que sinceramente no me dijo nada de lo que quería expresar. Entonces tocó recurrir a desprender: verbo transitivo 1. Hacer [una persona o una cosa] que una cosa material se separe de otra a la que está pegada o adherida. "se deberá desprender de toda la carga superflua si quiere seguir escalando; desprendió los botones de la camisa" 2. Hacer salir de sí misma [una cosa] algo que produce o que forma parte de ella. "las plantas desprenden agua al transpirar; esta carne desprende mucho jugo; puedes pintar las paredes y barnizar los muebles sin temor a que la casa desprenda ese fuerte olor que irrita las vías respiratorias; un hierro al rojo, una bombilla encendida y un cuerpo que arde desprenden luz; (fig) su mirada desprendía pasión; (fig) desprende alegría por todos los poros de su piel"

Este ejercicio, como explica el circunloquio, no me llevó a nada; di un rodeo para llegar a ningún lugar. Me toca entonces recomenzar, por donde pensaba, para ver en dónde termino.

El problema es que el rodeo me llevo a la distracción, la distracción al olvido y de éste a la inquietud de si no me estoy desorientando en este mundo, de manera innecesaria, como lo he repetido. Así empezarán los síntomas de locura o de senilidad?

Más que retomando, reiniciando. Por desprendimiento me refería básicamente a deshacerse de las cosas y de las personas, sin dolor, sin pesar, sin culpa. Dejar que cada cosa o persona siga su camino agradeciendo por lo que ha de ser reconocido y continuar el camino, como dije, sin culpa, como parte de la vida.

Y eso es lo que hacemos a lo largo de la vida sin darnos cuenta, como cuando dejamos a un lado los zapatos más queridos y cómodos, los compañeros de trabajo o de estudio que ya no son, como se deja a aquellos seres queridos que con los años sólo quedan en la memoria y en el recuerdo.

Sin embargo, cuando se hace algo de ello con plena conciencia, pareciera, al menos por el sentimiento tenido, que ese desprendimiento es a regañadientes, es abandono, es dejación y visto de esa forma genera el dolor, el pesar, la culpa.

Desprendimiento es entonces fluir y dejar fluir, con las cosas, con las personas, con uno mismo.

A esta reflexión se resumía el circunloquio dado, como he insistido, innecesariamente. Cosas de la edad, supongo.

Foto: JHB (D.R.A.)




(1) Figura retórica que consiste en expresar mediante un rodeo lo que puede decirse de forma más breve. Como anillo al dedo me cayó y así descresto con conocimiento, aunque… mi vida está llena de circunloquios? Me pregunto…

viernes, 23 de junio de 2017

PENDIENTES



Una o dos veces por semana
les doy media docena de mis segundos,
distraídamente. (1)

A partir de esa frase de Saramago, en donde la dama de los canarios se refería a la displicencia con que les trataba y la indiferencia con que les veía, me hizo reflexionar sobre la distante indiferencia que tenemos respecto de personas y cosas que en un momento pueden resultar importantes, pero que con el paso del tiempo, al ya tenerlas, al poseerlas, pasan a un segundo plano.

Cuántos no hemos comprado serrucho, martillo y hasta cincel por el deseo de tenerlos, para usarlos en un proyecto imaginado pero inacabado, en tenerlos para cumplir un deseo y terminar archivados, como al deseo que le dio origen. Tener en el computador una serie de programas que van a ser utilizados para cuando se necesiten, conocedores de antemano que se trata del solo hecho de saber que se tienen y que sabrá Dios que nunca se utilizarán. Basta mirar el C:archivos de programa; o mirar las carpetas en donde se han guardado infinidad de programas o de información que una vez guardados, allí quedaron en el olvido y no por olvido, simplemente archivados porque se sació el deseo de tenerlos, no para usarlos, solo para guardarlos.

El mejor ejemplo es el trasteo o la limpieza de fin de año. Empiezan a aparecer cosas que ni se recordaba que se tenían, unas inútiles, otras útiles pero inutilizadas por el transcurrir del tiempo. Y comenzar a tomar decisiones sobre su destino. No, dejemos éste que puede llegar a servir. Este lo guardo como recuerdo. Este lo hizo mi agüelita. Estas son mis calificaciones de kínder. Y lo que se sacó con el fin de ser desechado, como acto de desprendimiento, termina nuevamente en el lugar que ocupaba y la limpieza termina en acumulación.

Y nada qué decir de aquéllos que teníamos la maña, no la costumbre sino la maña, de recoger en el camino arandelas, tornillos, tuercas por el prurito de que algún día pueden servir, como lo hacía mi papá. Ya difunto no sé si se habrá dado cuenta que, de una parte, con su muerte todo se fue a la basura (porquerías que guardaba su papá, dijo mi mamá) y de la otra, que todo lo que recogió terminó en el óxido, es decir, en la inutilidad. Tal maña se me quitó cuando pensé que un tornillo o una tuerca cuando la fuera a necesitar no costaba mayor cosa (esa maña suya de estar botando para después necesitar, como si fuera rico, sentenció mi mamá. Quién la comprende?)

Triste realidad.

Entre los consejos de mi hermano mayor, a quien habrá que reconocerle el mayorazgo para que su síndrome de príncipe destronado no se vea más afectado, está aquél que nos ha repetido: si una cosa (objeto, archivo o documento para dar más precisión y evitar tergiversación innecesaria(2)) no ha sido utilizada, usada, usufructuada, aprovechada, empleada o aplicada dentro de los seis meses anteriores quiere decir que puede ser desechado, excluido, descartado, eliminado o simplemente botado. En una palabra, lo que no sirve que no estorbe. (Para unos efectos confieso que ha sido útil el consejo, en otros más me he abstenido de hacerlo por cuestiones sentimentales, porque sé que el deseo es mayor que la utilidad, o porque simplemente no he sido capaz de deshacerme de ellos. Son dilemas que no he podido superar).

En conclusión, como dice una máxima, cuyo autor desconozco, lo que poseemos nos posee. Y de qué manera.

Foto: JHB (D.R.A.)




[1] Saramago. La vieja dama de los canarios.
[2] Como aquellos que pensaron de inmediato si aplicaba a mujeres, esposas, novias, cuadros, porcelanas…